“No hay nada positivo que dar a conocer. Es verdad, la Unión tuvo un domingo muy difícil”, con estas palabras Angela Merkel partió la conferencia de prensa post elecciones federales (que eligieron gobernadores locales), el pasado domingo 13 de marzo. En efecto su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), sufrió una baja de más del 10 por ciento en los tres estados donde la colectividad es fuerte: Baden Wurtemberg, Sajonia-Anhalt y Renania del Palatinado. Estos comicios —que son los primeros de un total de ocho que se realizarán durante 2016 y 2017— podrían ser el comienzo de la debacle para la canciller alemana, que gracias a su política de refugiados ha ido perdiendo el apoyo de sus seguidores.

Por eso, una vez finalizados los recuentos comenzaron las especulaciones sobre cuánto tiempo le queda a Merkel en el poder. Muchos esperan una renuncia al estilo de su antecesor, el socialista Gerhard Schröder, quien le dio término definitivo a su corta carrera como canciller después de que, el 2004, su partido perdiera las elecciones en Renania del Norte Westfalia, el estado más importante para la socialdemocracia.

Todo es ‘culpa’ de la política de inmigración, que pasó a ser el centro de discusión en la campaña electoral —más allá que cualquier tema— y que incluso llegó a enfrentar entre ellos a miembros de la propia CDU.

“Creo que Angela Merkel políticamente no sobrevivirá las elecciones. Esta crisis con los refugiados es tan fundamental para Alemania y desatará tantos problemas que al final la responsabilidad caerá sobre ella. La canciller alteró el tratado Schengen de fronteras de la unión europea para ayudar a las personas que huían de la guerra de Siria”, señala Frank Schäffler, representante del Partido Liberal alemán y columnista del FAZ (Frankfurter Allgemeine Zeitung).

Por su parte, Michael Feldkamp, historiador y cientista político agrega: “Las elecciones comunales en Hessen, el domingo 6 de marzo pasado, ya dieron la señal de que mucha gente no está satisfecha con la gestión de Merkel. Especialmente en la política local el tema de los refugiados pesa más que otros problemas. Los votantes saben muy bien que en una elección comunal o de estados federales, como la de la semana pasada, sus votos son un impulso para Berlín, para el gobierno del país. Y de paso es una manera de castigar a la canciller y a su partido”.

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La CDU como partido mayoritario en Alemania ha mantenido siempre un apoyo cercano al 30 por ciento de votación, tanto en los estados federales como en el gobierno central, que es el mismo porcentaje que obtienen los cancilleres de la CDU cuando son elegidos. Pues hoy esto cambió, y el partido de gobierno apenas se alza con el 12% de aprobación.

Lo complicado es que la Constitución alemana permite que si el jefe de gobierno pierde el apoyo ciudadano, su periodo puede finalizar anticipadamente. Esto porque los parlamentarios están obligados a obedecer el deseo de la población. La renuncia se concreta de acuerdo a un voto de desconfianza construido (el Konstruktives Misstrauensvotum), lo que significa que se llama —según protocolo especial— al Parlamento para una sesión extraordinaria. Allí los parlamentarios deben votar si continúa el canciller en su mando o simplemente se llama a nuevas elecciones. Este proceso puede durar hasta seis meses. En Alemania esto ha ocurrido en dos ocasiones anteriores: Helmut Schmidt (SPD) que fue cambiado por Helmut Kohl (CDU) y Gerhard Schröder (SPD) reemplazado por Angela Merkel (CDU). El trámite es rápido. Una vez que el Parlamento vota, se llama a elecciones inmediatamente.

Pero a Merkel se le achaca también la responsabilidad del resurgimiento de la ultraderecha.

El surgimiento del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) es el fantasma que persigue hoy a Angela Merkel. Un conglomerado que se gestó por la motivación de un grupo de profesores y economistas preocupados por la política financiera de Merkel en pro de salvar de la quiebra a los bancos griegos. Estas ayudas que se realizaron a nivel de Europa y en las que Alemania llevaba la carga más alta, desató el primer conflicto, especialmente en los círculos intelectuales. Así el AfD nació con la animosidad de darle un vuelco al ambiente político, sin embargo, muy pronto los representantes de extrema derecha se unieron a él, cambiando el sentido y dándole incluso una tendencia xenofóbica, lo que llevó a que profesores y economistas abandonaran la agrupación, incluyendo a su fundador, el profesor de economía de la Universidad de Hamburgo, Bernd Lucke. El AfD disminuyó su peso político e incluso se pensó que estaba pronto a desaparecer. Sin embargo, en septiembre del 2015 con la llegada de los refugiados sirios y la ‘gran’ acogida del gobierno alemán, el descontento en los habitantes comenzó a aumentar y con ello el AfD empezó su renacimiento a tal punto que en pocos meses alcanzó altos porcentajes. Hasta gente del partido de la canciller se cambiaron de bando y se unieron a las filas de la Alternativa para Alemania. De esta manera, Alternativa entró al Parlamento en tres estados federales alcanzando porcentajes más altos que los partidos tradicionales y ubicándose incluso en segunda mayoría en algunos estados.

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Entonces hay una doble condena a Merkel: por un lado se repudia su política de refugiados y por otro se le acusa de haber permitido el florecimiento de la extrema derecha.

“El pecado de Merkel es ser consecuente, cuando se propone algo no cambia de opinión. Ejemplo de ello son los conflictos que ha tenido con la Unión Europea al determinar que ningún país del grupo puede abandonar el euro. Y en Alemania por el manejo en el cambio de la energía nuclear por la renovable. Esto último lo llevó a cabo hasta sus últimas consecuencias y paró simplemente todas las centrales nucleares sin importar nada y no sabemos cuán altos serán los costos. En la crisis de los refugiados es exactamente lo mismo. Ella avanza sin transar. No quiso poner límites. No se sabe si vienen 5 millones o seis millones o un millón de sirios. A esto se une que Angela Merkel nunca fue considerada una conservadora por la propia CDU, por sus ideas podría perfectamente haber sido candidata de los socialistas, pero fue reconocida porque el partido ganaba elecciones con ella. Ahora todo cambió porque la gente ya no está de su lado, y a la vez el partido sufre un quiebre, está perdiendo elecciones en todos los estados y ella es la única responsable. La pregunta importante hoy es: o dimite por propia voluntad o alguien tendrá que levantarse y decir: ‘¡es suficiente, basta!’ y vendrá el golpe en el partido como fue con el primer canciller alemán, Konrad Adenauer, quien luego de varios periodos fue el propio partido el que le solicitó la renuncia”, agrega Frank Schäffler.

En septiembre próximo se realizarán las siguientes elecciones federales en Berlín y Mecklenburg vor Pommern. Y en la primavera de 2017 será el turno de tres estados más, antes de las generales para canciller, de septiembre de 2017; esto si todo sigue su curso normal. No se sabe cómo será la situación en esa fecha, pero de seguir la tendencia en los apoyos ciudadanos y la terquedad de Merkel, todo parece indicar que la mujer más poderosa del mundo podrá estar de regreso en su natal Brandenburgo antes de lo pensado.