A comienzos de año se viralizaron en las redes sociales las imágenes de seis gigantes olvidados que se escondían en paisajes naturales en las afueras de Copenhagen. Los fines de semana de la primavera europea se transformaron en el mejor momento para ir a la caza del tesoro que eran estos personajes y pronto el panorama de las familias, colegios, clubes o grupos de amigos daneses se transformó también en el panorama obligado de los turistas que llegaban a ese país. Más de medio año le tomó a Thomas Dambo (37) y a un grupo de voluntarios dar vida a estas criaturas que tienen un aire de trolls y que son parte de la tradición y mitología nórdica. Se trata de esculturas de gran formato y para darles vida se usó —como en la mayor parte de los proyectos de Dambo— madera reciclada.

Todo sirve y tiene una segunda vida en sus manos: pallets usados, madera de desecho de construcciones, rejas de madera… solo la creatividad pone el límite. “Parecía natural para este proyecto pensarlo como una forma de sacar a la gente al aire libre y redescubrir la hermosa naturaleza en la que vive”, cuenta Thomas. “Muchos han olvidado esa curiosidad por explorar los lugares donde viven: a medida que envejecemos empezamos a vivir nuestras vidas en un triángulo que se forma entre nuestra casa, el trabajo y el supermercado”, agrega.

La ruta para descubrir estos dulces gigantes se transformó así en una aventura divertida y casi mística por zonas alejadas de los caminos turísticos habituales. Es así como ahora debajo de un puente, escondidos entre los árboles de tupidos bosques o en las laderas de pequeñas colinas esperan los gigantes Thomas, Trine, Louis —en cuyo interior se puede dormir—, Oscar, que fue bautizado con el nombre de un artista chileno que colaboró también en su construcción, Teddy y la pequeña Tilde, en cuyo interior sorprenden 28 casitas de pájaros que van a acoger con el tiempo a las aves silvestres del campo.

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CIUDADES PARA PÁJAROS

Su trabajo y su nombre son reconocidos a nivel mundial cuando se habla de intervenciones urbanas. A Chile llegó invitado para participar en uno de los seminarios y workshop de la Semana de la Madera, en agosto pasado, y durante su permanencia en nuestro país revisó por última vez su proyecto HappyWall instalado en un mall santiaguino y que también fue llevado a La Serena. La idea es que la gente pase y escriba en la estructura lo que siente con los 289 bloques de madera que forman el muro de miles de pixeles, y que ya ha estado en Copenhague, Río de Janeiro, Las Vegas, Hollywood y Roskilde. “Es una oportunidad para que las personas se expresen libremente y dar también una impresión visual de sus sentimientos y de su experiencia en la ciudad”, destaca el artista.

“No sabía mucho sobre Chile antes de venir, pero mi intuición y conocimiento del tema de reutilización de la madera y otros materiales de desecho, me hizo imaginar que en Chile también sería necesario impulsar ese tipo de proyectos. Ahora sé que voy a volver y me gustaría ver lo que podemos hacer acá en el tema de la reutilización”, explica. Las creaciones de Dambo están en Alemania, Puerto Rico, Estados Unidos y Australia. Otra de sus instalaciones reconocidas es su Happy City Birds. Más de 4 mil pequeñas y coloridas casas de pájaro realizadas con madera reciclada —naturalmente—, han sido instaladas en ciudades como Copenhague, Aarhus, Berlín y Beirut, pensando en dar la posibilidad a las aves de las grandes metrópolis de tener también un acogedor espacio para protegerse y anidar.

EL ARTE DE RECICLAR

Desde niño Thomas Dambo dio rienda suelta a su creatividad enlazándola con el uso de materiales reciclados. Casas de madera en los árboles, figuras, escenarios para aventuras con sus amigos de juegos, todo lo hizo realidad con el carrito con el que iba a buscar lo que los demás botaban. “Creo que debemos cuidar más nuestro planeta y ser mejores en el reciclaje es una gran parte de esto. Espero que mi arte inspire a las personas a ver el gran potencial en reutilizar y cuidar lo mejor de nuestro ambiente”. Y agrega: “Hago una campaña de publicidad para destacar valores positivos en relación con lo que se desecha y hacerlo divertido, interesante, sexy y entretenido, por eso me gusta nombrar mis proyectos con nombres que también tengan ese sentido, happy, happy, happy. Quiero que la gente vea y experimente mis creaciones igual como ven otras cosas que les parecen interesantes y divertidas, cómo viven una buena película, un concierto o una exhibición. Intento hacer competir los desechos en igualdad de condiciones con otras experiencias para atraer la atención de la gente y eso genera proyectos grandes, positivos, divertidos e interactivos que quieren mostrar que el reciclaje puede ser mucho más que basura”, declara entusiasmado.

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Tras estudiar carpintería y diseño, se motivó en crear obras de arte con los desechos que los otros botan en vertederos o las maderas que descartan en las construcciones, transformándose en un verdadero artista urbano. “Me gusta involucrar a las personas locales, las escuelas, organizaciones e industrias, en lo que hago para que compartan una experiencia positiva y vean cómo pueden crear algo hermoso, con la reutilización de sus propios desechos”, cuenta el artista que trabaja durante todo el año en diversos talleres para colegios, empresas y diversas organizaciones, así como participa con frecuencia de encuentros y seminarios que buscan generar conciencia sobre la forma en cómo habitamos el planeta y cómo el reciclaje puede ser también una fuente rica de inspiración para la creación de nuevas piezas o estructuras únicas y creativas.

“Me gustaría que recuerden mis proyectos y los valores que quiero promover a través de ellos, no es importante que me recuerden a mí. ¡De hecho, disfruto al hacer mis proyectos y eso me satisface!”, comenta, mientras piensa ya en las nuevas ideas para una intervención urbana que prepara para Chicago. ¡Su creatividad nunca duerme!