Me declaro una #TheresaMayLover. Nunca he estado de acuerdo con el Brexit, pero la figura de la primera ministra británica y residente vip del número 10 de Downing Street me parece un personaje fascinante.

A estas alturas la mujer más observada, analizada, estudiada y sobre todo, criticada del momento, más allá de su postura política —que desde luego no comparto—, considero que la primera ministra —la segunda mujer en ese cargo desde los tiempos de Margaret Thatcher— es sin duda la figura política y líder feminista más interesante.

La firmeza con la que May ha enfrentado la cruda tormenta política en la que se sumergió tras su decisión de mantener a firme el voto que los mismos británicos manifestaron en las urnas (y que 52% versus un 48%) optaron por salirse de la Unión Europea, es encomiable. Con buena parte de la  clase política arrepentida de dar este paso —con legítimas razones—, la primera ministra se expuso a una moción de censura en la Cámara de los Comunes para desautorizar el acuerdo de Brexit al que llegó tras arduos 17 meses de negociaciones con la UE. Lo peor es que de los 432 diputados que conforman la cámara, 116 militantes de su propio partido optaron por quitarle piso político. La votación fue estrecha y May se salvó, pero aún queda mucho por ver.

Aplaudo a Theresa May porque ha dado muestras de su liderazgo, en un puesto donde ser mujer es una carga extra. Si Theresa fuera hombre, ¿habría tenido que tolerar que una figura como el laborista Jeremy Corby  murmurara “mujer estúpida” cuando se discutía aplazar el voto sobre el Brexit?

Corbyn fue sorprendido por las cámaras de TV, y la May dando muestras de su inteligencia política, replicó: “En el centenario de la obtención del derecho a voto para las mujeres (en Reino Unido) todo el mundo debería alentar a las mujeres a venir a esta cámara (…) y utilizar por lo tanto un lenguaje adecuado para referirse a sus miembros femeninos”. Punto.

Eso por mencionar un hecho reciente. Porque desde siempre la May ha tenido que dar la cara —y varias explicaciones— ante aspectos que los hombres nunca dan: por qué no tuvo hijos; o su relación con su marido —que al igual como la Merkel o la propia Thatcher— hoy figuran en un silencioso segundo plano, algo que algunos tanto sorprende; o por su forma de vestir, sus zapatos, y un sinfín de cosas que  para ellos jamás es tema.

Por estas razones y más me declaro una #TheresaMayLover. Celebro a quienes a pesar de los obstáculos, incluida la carga de género, se mantienen firmes y hacen valer su opinión como líder político y también como mujer. Bravo por eso.

 

 

 

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