Aquel miércoles 13 de julio, cuando Theresa May (59) cruzó el umbral de la puerta del numero 10 de Downing Street como primera ministra del Reino Unido, el sueño de una joven se estaba haciendo realidad.

Ya a los 12 años, la adolescente Theresa se hizo simpatizante del Partido Conservador y expresaba su deseo de ser un día primera ministra de su país. En realidad aspiraba a ser la primera mujer en ese cargo y según cuenta Pat Frankland, su amiga desde los tiempos universitarios, se molestó cuando Margaret Thatcher se le adelantó. 

May ha tomado las riendas en medio de una de las más violentas crisis políticas de Gran Bretaña, consecuencia del referéndum llamado por el gobierno del que ella misma era parte. En las casi tres semanas que siguieron al triunfo del Brexit, al que May se oponía, el Reino Unido no solo sobrellevó la renuncia de su primer ministro, sino también deserciones varias de candidatos en la carrera a coronarse como jefe conservador, una dura ofensiva al líder del laborista partido opositor, la destitución de ocho ministros y la creación de tres nuevos departamentos de gobierno. Su acelerado nombramiento trajo aires de calma a un tormentoso ambiente y a pesar de que en rigor no fue elegida en votación por los 150 mil miembros de su partido, ni menos aun por elección democrática general, Theresa May ha tenido un cálido recibimiento por parte del pueblo británico, ya cansado y reacio a exponerse a otra elección luego del desgaste post referéndum. Pero ¿quién es esta mujer de 59 años que la prensa local ya ha bautizado como la dama de acero?

Theresa Brasier, su nombre de soltera, es la hija única de un párroco anglicano al que era muy unida y quien le habría legado un sentido de justicia social y altruismo que la actual primera ministra ha traslucido cuando en entrevista a The Times ha dicho acerca de su infancia: “Tú no pensabas en ti mismo, sino en el prójimo”. La muerte de sus padres, ocurridas con solo un año de diferencia, habiendo fallecido primero Hubert Brasier en un accidente automovilístico y luego Zaidee Brasier de esclerosis múltiple, fue un gran golpe que se hizo más tolerable gracias al apoyo de su esposo, el banquero Philip John May, a quien Theresa ha llamado en diversas ocasiones “mi roca” apelando a su capacidad de contenerla. Ella y Philip May habían contraído matrimonio un año antes de la tragedia de su padre luego de haberse conocido en la Universidad de Oxford, donde ella estudió Geografía.

En 1976, en una fiesta universitaria los presentó Benazir Bhutto, la primera ministra de Pakistán que murió asesinada el 2007. No se separaron más. Theresa, dos años mayor que Philip, obtuvo su primer trabajo en el Bank of England aunque pronto se impuso su ambición política y postuló a un cargo de consejera por el Partido Conservador. Fueron sus primeros pasos antes de obtener un asiento en el Parlamento en 1997 hasta convertirse, bajo el alero del mandato de David Cameron, en ministra del Interior.

INTERNA-THERESA-II

Si hay algo que distancia a la nueva mandataria de su predecesor y la mayoría de sus compañeros de partido, es el hecho de haber estudiado en colegios estatales y no privados. “El fin de la pandilla de Eton”, han escrito varios medios ingleses. El pasado familiar de Theresa May también es un cambio radical en la tradición conservadora, habiendo sido su bisabuelo un mayordomo y dos de sus abuelas sirvientas. Aquellos que la conocen no se sorprendieron cuando en su discurso inicial prometió: “Serias reformas sociales” y una estrategia industrial más cercana a los partidos Demócrata Liberal o Laborista, con los trabajadores como miembros del directorio de las compañías y recortes en sueldos ejecutivos. Su abierto apoyo a la legislación y aprobación del matrimonio gay, legalizado durante el gobierno de Cameron, y la dura lucha que ha librado porque se acorte la brecha entre el salario de hombres y mujeres son puntos que la acercan a ciertos sectores que usualmente no simpatizarían con un “tory” como llaman aquí coloquialmente a los conservadores.

Sin embargo, está la otra cara de la moneda. Aquella que le ha hecho ganarse el apodo, en estos pocas semanas como gobernante, de la Dama de Acero. Aquella que llevó a cabo la reestructuración de gabinete más implacable de la que se tenga memoria en el Reino Unido a solo horas de haber tomado el mando. El nombramiento de Boris Johnson, del que nunca ha sido cercana, como ministro del Exterior y de Amber Rudd en el puesto que ella ocupaba en la cartera del Interior, habla de su prudencia al manejar las dos facciones de su dividido partido: el de los Brexiters y el de los que votaron por permanecer en la Unión Europea, además de asegurarse que haya equidad de mujeres en su gabinete como la feminista que siempre ha declarado ser. 

Como tal, su mayor logro dentro de su partido ha sido la creación de Women2Win, una agrupación fundada por May, que promueve la elección de más mujeres del Partido Conservador como miembros del Parlamento y que como consecuencia ha incrementado el número de parlamentarias conservadoras mujeres de 13 a 68 en diecinueve años. Por otro lado, en materias como inmigración y libertades civiles, ha sido calificada como un verdadero halcón que va por su presa y durante su periodo como ministra del Interior fue fuertemente criticada por medidas como ordenar que vehículos con mensajes como “vuelvan a casa o serán detenidos” transitarán por algunos barrios en referencia a los inmigrantes ilegales.

INTERNA-THERESA  

Una mujer de contrastes que algunos ven como contradicciones. Con un bajo perfil que cultiva con extrema cautela, ha definido sus polémicas elecciones de vestuario como su “manera de romper el hielo”. Los primeros pasos de Theresa May haciendo un claro guiño al mundo fashion fueron los ya emblemáticos zapatos animal print que usó el año 2002 mientras dirigía ese recordado discurso que se transformó en uno de los puntos álgidos de su carrera al emplazar a sus correligionarios a cambiar la visión de los conservadores como el “Nasty Party” (partido antipático). Para el día de su investidura también usó tacones bajos leopard print de su marca favorita, LK Bennett, favoritos también de Kate Middleton con quien igual comparte el gusto por los diseños de la inglesa Amanda Wakeley, creadora del traje que usó aquel primer día como Primera Ministra. 

Pero la moda será uno de los asuntos más fáciles que la señora May deberá resolver. Sus mayores desafíos son la separación de Gran Bretaña de Europa unificando al mismo tiempo no solo a los cuatro países que conforman el Reino Unido, sino también su desintegrado partido. Deberá ganar a los millones de ciudadanos descontentos que votaron por el Brexit como una forma de protesta al no ver mejoras en sus expectativas de los últimos años. Y es en esto adonde pondrá sus primeros esfuerzos, pues ya ha dicho que no activará el proceso para salir de la Unión Europea este año. “Gobernaré para la mayoría y no para unos pocos privilegiados. Abordaré las profundas divisiones que afectan al país”, prometió. Y ya sabemos que cuando May se propone algo, puede demorar, pero lo logra.