La llaman ‘la nueva Hermógenes Pérez de Arce’, algo que para Tere Marinovic (39, nueve hijos, licenciada en filosofía) “es el piropo más grande que me pueden decir”. Y no porque tengan algún parecido físico ni sea también una defensora acérrima de Pinochet, sino porque ambos son directos, provocadores, tienen los mismos principios y convicciones —ultraconservadores—, y son capaces de incomodar a la propia derecha con tal de decir las cosas por su nombre.
Casada con el abogado UC Cristián Zúñiga y “muy cercana al Opus Dei”, Marinovic ha levantado polvo y revueltas en Twitter por sus columnas políticamente incorrectas en El Mostrador, donde se ha declarado contraria a la Ley Antidiscriminación, del Sernam (porque supone la minusvalía femenina) y a favor de la virginidad.
Con la Araucanía ardiendo, no tuvo tapujos en decir que los mapuches son malcriados y la derecha cobarde.
Luego, que la homosexualidad es una anomalía que se puede reparar. Y en medio de la protesta estudiantil afirmó que el Estado no tiene por qué pagar la educación de un niño.

Sin duda, cuando la tendencia apunta a disminuir desigualdades, sus palabras enronchan.
La tildan de homofóbica, hueca y facha. Rolando Jiménez, presidente del Movilh, asegura que es frívola por mostrarse contraria al matrimonio homosexual tan importante para ellos, que vincula con los derechos humanos y a la dignidad. “Hace poco nos topamos en un programa de TV, y fuera de cámara me dijo que estos temas le importaban ¡un carajo!”.
Por otro lado, están los que admiran su valentía para decir lo que muchos piensan y callan por miedo a la respuesta.
Marinovic es una nueva líder de opinión y hoy se le ve en foros y programas de debates. Fue, también, expositora en Mujeres al timón, organizado por Icare y Mujeres empresarias.
Mirko Macari, director de El Mostrador, quien revisa sus escritos cada semana, concuerda en que una de sus fortalezas está en que habla desde el plano de las ideas, con razonamiento, sin ofensas. “Razona desde el sentido común. Lo que expone le sale de la guata, de sus inquietudes, de la emoción. Un medio cobra valor con esa libertad creativa que interpreta a mucha gente e interpela a otras”.

HIJA DE LOS ABOGADOS IVÁN MARINOVIC Y TERESA VIAL, desde niña Teté —la mayor de cinco hermanos— mostró su carácter: era intensa, aguda, apasionada, impulsiva, confrontacional, pero a la vez reflexiva. No se trataba de una líder que arrastrara gente, pero tenía muy buenas amigas en Las Ursulinas, a pesar de que su manera de pensar y de ser para muchos resultaba desagradable. Ex compañeras la recuerdan graciosa, divertida, vanidosa, profunda, buena para el garabato, irreverente y de posturas extremas, que no dudaba en expresar. También fumadora empedernida, vicio que no abandonó ni en sus embarazos. “Siempre decía lo que pensaba. De repente salía con unas cosas que nos dejaba a todas para adentro, y ni se inmutaba, seguía conversando”.

Nieta mayor del reconocido abogado, filósofo y ex rector de la U. de Chile Juan de Dios Vial Larraín —designado por el gobierno militar— heredó de él la retórica, su base católica y conservadora (ambos tienen nueve hijos) y la curiosidad por temas humanos y existenciales. Por eso cada vez que lo visitaba se ‘perdía’ algún ejemplar de su enorme biblioteca. “Y eran textos de Aristóteles o Heidegger”, recuerda el académico quien le dedicó su libro La filosofía de Aristóteles como teología del acto: “Para Teresa (tercera) que siempre me preguntaba ¿qué es la metafísica?”.
Sus preguntas eran sobre la vida, muerte, inmortalidad del alma (asuntos que la apasionan hasta hoy). “Soy muy parecida a mi papá; un hombre interesado por la vida, la política, el dolor humano. De eso siempre se discutía en la mesa”, recuerda Teresa. El ambiente también influyó en sus cuatro hermanos: Magdalena, profesora de literatura; Iván; economista; Francisco, ingeniero civil y Nicolás, abogado.
Tras estudiar tres meses Literatura en la UC, el ’91 se cambió a Licenciatura en Filosofía en la U. de Los Andes, donde tuvo como profesor de Platón a nada menos que a su abuelo materno. “No dudé en ponerle un 7, lo que se presentaba como un problema. Pero yo decía que esas notas no eran para mi nieta, sino para una muy buena alumna. Dio para comentarios entre profesores y estudiantes”.
Juan de Dios no oculta su admiración por la mayor de sesenta y tantos nietos, y se enorgullece de la notoriedad que ha alcanzado gracias a su pluma, pero le molesta que la tachen de ultraconservadora y derechista. “Es muy franca, libre, independiente, equilibrada, se atreve a decir lo que muchos piensan. Inteligencia y atrevimiento; dos rasgos poco comunes en estos días. Si hay algo que tenemos en común, es la independencia de pensamiento y el amor por la libertad de juicio”.
Marinovic luego cursó un doctorado en Filosofía en la UC, y por cinco años fue profesora de Teología (hasta 2010) en la U. de Los Andes, donde no faltaron las polémicas por su temperamento y sus puntos de vista sin pelos en la lengua.

A SUS ALUMNOS LES DECÍA QUE ERA BUENO LLEGAR VIRGEN al matrimonio, pero no porque la Iglesia lo imponía, sino porque era la manera de crear una relación más estable con la persona que se ama, una entrega en cuerpo y alma. Con eso despertaba controversia especialmente en los más jóvenes que la veían algo retrógrada, recuerda Daniel Crespo, ex ayudante, quien guarda los mejores recuerdos de Marinovic. “Conmigo fue muy jugada, gran persona. Como profesora tenía gran conocimiento, un carácter fuerte, ideas muy claras. Estudiaba y leía mucho a distintos autores: después se fue acercando a los temas sociales”. Exigente, para las pruebas pedía lecturas adicionales, y solía meterse en las patas de los caballos cuando entraba en asuntos morales y opinaba; por ejemplo, diciendo que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer. Pero ella defiende su postura: respeta que los homosexuales tengan derechos, pero se opone a que el Estado intervenga para bendecir o prohibir relaciones.

Sus polémicas no paran ahí. Algunos alumnos la recuerdan mandona, que pasaba materia como sacada textual de los libros y no daba espacio para diálogos. Otros afirman que su pesadez superaba largamente su simpatía y espíritu pedagógico. Conocida fue su discusión con un estudiante que le exigió que no fumara en clases, a lo que Teresa respondió, ‘¿Por qué tan talibán?’.
“No permitía que alguien llegara tarde o los echaba. Un día expulsó de clases a un compañero porque se atrasó ocho minutos; él no quiso salir, así es que ella se fue y dejó el curso botado. Al final la universidad le encontró razón a ella, y mi amigo optó por no volver a sus clases”, cuenta un ex alumno.

ESPERABA A SU NOVENA HIJA, cuando en septiembre de 2010 decidió dejar las clases y escribir, para estar más tranquila. Desde niña ha plasmado en papel lo que piensa. “Así ordeno mi cabeza y me desahogo”, explica.
Comenzó a redactar columnas sobre distintos temas —relacionados a valores y contingencia—, para algún día publicarlas en algún medio y así influir en su sector. “Sentía que la derecha más conservadora no estaba siendo representada en el espacio público. Quería demostrarle que podemos expresar nuestras opiniones sin complejos. El chileno es acomplejado, ambiguo en sus convicciones y en su manera de expresarlas. Esto es aún más fuerte en la derecha, que casi pide perdón por su manera de pensar. En el fondo, le faltan fundamentos a sus creencias, que no se las creen ni ellos mismos, y después tenemos los resultados nefastos como los que vemos en el mandato de Piñera: un gobierno súper ambiguo en lo ideológico, ni fu ni fa”.
Llamó a Qué pasa, le publicaron una columna, pero no le garantizaron continuidad. Convencida de que para influir requería presencia constante, escribió a Macari, de El Mostrador, presentándose como una conservadora de derecha, bastante cuica. “Cuando leí su columna dije esto es un hit, y la publiqué (se titulaba El glamour llegó al Sernam y hablaba de feminismo). El resto de la prensa no la pescaba por su estilo más directo, insolente. Su valor es decir lo que piensa, frente a muchos chilenos que no se atreven porque es políticamente incorrecto. Se engañan los que creen que no hay quienes piensen como ella; por ejemplo, que los homosexuales son anómalos”, afirma Macari. En el diario on line no le pagan por su trabajo.

Luego vino su columna de los ‘mapuches malcriados’, que reventó la web con más de 1.200 comentarios con todo tipo de insultos y ofensas. Ahí perdió de golpe el anonimato, quedó en primera línea y —reconoce— le cambió la vida.
Macari comenta que su columnista no es la mujer de derecha conservadora promedio, que cuida las formas, se preocupa del que dirán, que no tiene muchas ideas y defiende un modo de vida. “Para Teresa son más importantes sus principios, ideas que tiene más que ver con su formación intelectual que una forma de vida. Valora la cosa pública, que se discuta lo que opina, no le gusta farandulizar temas, y por eso casi no da entrevistas”. Y cuenta que ha sido sencillo trabajar con ella. “Me resulta muy simpática, provocadora, habla fuerte, es divertida… Como todos los columnistas, manda su trabajo, lo evaluamos y lo subimos al sitio. No le he devuelto muchas cosas, si quiero hacer un cambio, le consulto. Ella elige los temas, a veces me pregunta, le doy ideas aunque, por lo general, llega con otras”.
En el fondo, Marinovic se ríe de sí y de su entorno, de los que viven en La Dehesa, San Carlos de Apoquindo, luego del resto, incluyendo su marido y sus hijos, dice un profesor filósofo y amigo.
Hermógenes Pérez de Arce confidencia que para su sector la irrupción de Marinovic ha sido una grata sorpresa, porque escribe bien y se expresa con claridad. “Su aporte es el del punto de vista de derecha, que casi no tiene voceros en los medios, pues  los derechistas se esmeran en disimular que lo son. No sé lo que quiere provocar, pero suele suscitar la indignación del pensamiento políticamente correcto. Aunque pueda ser fatal para ella, diré que me representa ciento por ciento”.

¿LOGRA SU OBJETIVO? “Es difícil medirlo. En mi entorno están desde los que me insultan hasta los que me aplauden. Marcar opinión se consigue en largo plazo”, admite Marinovic. Sin embargo, los costos de ser polémica han sido inmediatos. Incluso hay quienes cuentan que a su marido, un abogado independiente, de muy bajo perfil —con quien lleva 15 años casada— no le ha sido fácil sobrellevar la sobreexposición de su mujer. Mientras otras voces afirman que siempre han sido muy distintos: ella mucho más explosiva y extrovertida y él más conciliador. “Se produce un shock normal cuando dejas el anonimato. Cambia la forma en que la gente te trata, yo también estoy diferente. Curiosamente no me dañan las críticas, ni me angustian. Sin embargo, la adrenalina afecta la personalidad y la vida. He tratado de no sobrepasar los límites para que no se altere mi entorno familiar. Imagínate que dejé de hacer clases para estar con ellos y opté por algo que resultó mucho más invasivo. Ha sido una lucha para que esta exposición no arrase conmigo”.
Desde su refugio en Puyehue donde está de vacaciones con sus niños, revela que le habría encantado un cargo público, “pero tomé otro camino. Con nueve hijos resulta complicado compatibilizar un trabajo de esa naturaleza”.
—Los hijos crecen.
—¡Ah bueno!, cada día tiene su afán.