Al aterrizar en el aeropuerto de Kilimanjaro se aprecian dos tipos de pasajeros, los que llevan pesadas mochilas, coloridas parkas y parten hacia Moshi decididos a escalar la montaña más alta del continente y los que uniformados de kaki vamos hacia Arusha para emprender un safari.

Esperamos más de lo acostumbrado por el equipaje, pero si uno llega a Tanzania con el ritmo acelerado de Occidente pronto un lugareño le recordará que aquí todo es pole pole, es decir, “tranquilo, no hay prisa” en swahili, el idioma que junto con el inglés es el oficial. Calma y paciencia se requieren también para ver a ‘los grandes cinco’, frase que invoca a los grandes mamíferos de Africa: rinoceronte, león, leopardo, elefante y búfalo, uno de los motivos más habituales para venir a este misceláneo país. Para ello existen 21 reservas protegidas que cubren más de un tercio del territorio, siendo Serengeti y Ngorongoro las más populares, esta última por rodear el famoso cráter del mismo nombre, hogar de alrededor de 30 mil criaturas salvajes y que contiene la más alta densidad de animales de Africa.

Además, por muchos años esta región fue considerada la cuna de la humanidad cuando en 1961 en el cañón de Olduvai se encontraron fósiles homínidos de más de dos millones de años, de los más antiguos jamás hallados. Fue habitado siglos más tarde por tribus bantúes y luego invadidas por una sucesión de pueblos colonizadores que no siempre tuvieron las mejores intenciones siendo ruta clave para el comercio de marfil y esclavos. Sin embargo, portugueses, árabes, alemanes y británicos otorgaron a Tanzania algo de esa amalgama de costumbres, arquitectura y religiones que hoy la hacen tan atractiva. En 1964 luego de lograr la independencia de Gran Bretaña, vino la unificación de la parte continental, Tanganika, Zanzíbar y el archipiélago de tres islas, formando la república que hoy conocemos.

Hoteles y más:

Rivertrees lodge: A los pies del monte Meru y con vista al Kilimanjaro, este hotel en las cercanías de Arusha es el lugar ideal para comenzar un safari. Tiene varias casas, un excelente menú que cambia cada noche y una gran piscina. Dato anecdótico: Bono y su mujer Ali se alojan aquí cuando vienen a hacer avisos publicitarios para Louis Vuitton. www.rivertrees.com

Tent with a view: Esta compañía tiene varios lodge en sitios claves. Uno en el parque nacional Sadani, el único en la costa donde se puede disfrutar de playa y safari al mismo tiempo. Otro en el corazón de la reserva Selous donde desde la habitación se ven cada atardecer elefantes tomando agua en la laguna de enfrente. Y el último es The Zanzibari, un resort y spa ideal para relajarse. www.saadani.com/index.htm

Livingstone beach restaurant: A orillas del mar en Stone town la vista es ideal para tomar un aperitivo. La comida es una fusión de Oriente y Occidente mezclando curry con papas fritas. Sus samosas son de las mejores en la isla.

Volcán extinto

Crater de Ngorongoro: Los Masai bautizaron así el lugar pues al acarrear el ganado cuesta abajo, las campanillas de las vacas sonaban algo así como ngorogorogoro. En el clásico 4×4 se descienden los 600 metros de ésta, la caldera volcánica más grande del mundo, para encontrar en sus 20 kilómetros de extensión diferentes tipos de hábitat, llanuras, bosques, sabana y lagos que cobijan la mayor cantidad y variedad de especies del continente africano. Es aquí donde logramos ver uno de los mamíferos más amenazados del planeta: el escaso rinoceronte negro. Reino también de gacelas, ñus, flamencos, garzas, hienas, avestruces y más. El impactante paisaje desde uno de los hoteles a orillas del cráter lo hará comprender de inmediato por qué a este volcán extinto se le han colgado estos dos apelativos: ‘Jardín del Edén’ y ‘Octava maravilla del mundo’.

Reservas

Selous game: La reserva de animales más grande de Africa es del tamaño de Suiza y queda en el sur de Tanzania, lejos de la aglomeración de Land Rovers que pueblan las reservas del norte. Su nombre se lo debe al explorador y soldado británico Frederick Selous, quien murió allí durante la Primera Guerra Mundial. Cuenta con mayor cantidad de leones que cualquier otra reserva y con la mitad de la población de elefantes del continente. El lugar donde es más factible además  divisar el escaso perro salvaje. El río Rufiji provee de agua a la reserva y allí es posible realizar un safari acuático para ver cientos de cocodrilos e hipopótamos. A 45 minutos en avioneta desde Dar Es Salam también se puede ir en un pintoresco tren que llega a Kisaki, la localidad más próxima dos veces a la semana.

Los últimos guerreros
La bienvenida al  manyatta (aldea) es con una danza. Pronto me encuentro bailando con el grupo de las mujeres. Cantan a un ritmo lento y casi en murmullo. Sólo hombros y cuello se mueven y levantando de esta manera un ancho collar de mostacillas que cada una usa de adorno. Luego viene el baile de  los hombres. Ellos saltan y emiten agudos gritos mientras el pelo largo y cubierto en ocre de los guerreros jóvenes se agita por los aires.

El pueblo Masai migró desde la zona del Nilo hace 300 años y ahora habita el sur de Kenia y el norte de Tanzania. Su fama de fieros guerreros se debe al terror que causaban entre los exploradores europeos del siglo XIX. Era sin duda la más temida de las tribus y su destreza con la lanza los convirtió en míticos cazadores. Hoy la caza no es parte de su estilo de vida principalmente porque está prohibida, aunque cazar un león forma parte de la iniciación de un joven Masai hasta el día de hoy siendo la melena del macho el trofeo. Hoy este pueblo se ha convertido en uno de pastores seminómades cuya riqueza se mide según la cantidad de ganado que les pertenezca y los hijos que tengan con sus múltiples esposas pues son polígamos aunque no celosos. Su mujer puede tener relaciones sexuales con otro guerrero siempre que vaya a dormir a su cabaña cada noche y cuide de los hijos. De todo esto y mucho más nos enteramos en la visita a la choza de nuestro anfitrión, el jefe del manyatta, quien habla maas, swahili  e inglés.

La vivienda  está construida de ramas, paja y bosta de vaca. Nos sentamos en lo que es la cama principal, una  piel de res sobre el suelo, mientras él calienta agua en una pequeña fogata para tomar un chai, observo en el rincón más grande de la pequeña choza a un ternero recién nacido, así lo protegen durante los primeros días de vida, me explica el jefe. El ganado es el mayor bien que poseen así que merece este sitio de honor. Luego recorremos la aldea, que como todas las de su tipo está cercada de ramas de acacia para protegerla de eventuales ataques de leones u otros predadores. Los niños nos siguen alegres y un trío de mujeres construye una nueva cabaña. Esto más el acarreo de agua y leña son tareas femeninas. Antes de irnos compramos un par de objetos artesanales elaborados por los habitantes del manyatta. Todo lo que se recauda por concepto de turismo se reparte entre los pobladores o se invierte en algo de bien comunitario.