El piano de Alejandro Guzmán (Maldita banda) acompaña al grupo que canta una canción de Fito Páez. Instalados junto a una chimenea y un buen vino, la música es el mejor panorama después del asado de cordero al palo, que el aguacero que cae no logró boicotear. Es pleno diciembre en Puerto Fuy, pero nadie se da por enterado de que está llegando el verano, porque en medio de la selva húmeda, la lluvia siempre está presente refrescando el ambiente y potenciando el verde eterno. Cerca de la piscina las hot tubs esperan a los que quieran terminar el día relajados, metidos en el agua caliente con una vista impactante.

Son los placeres del Marina Fuy, un hotel boutique con 22 habitaciones en el borde del lago Pirehueico, literalmente donde termina el camino y nace el río Fuy. Al otro lado de la cordillera, después de cruzar 26 kilómetros de agua en la barcaza del capitán Enrique Alsina (90 minutos) y unos ocho por tierra, está el paso Hua Hum que lleva a San Martín de los Andes, ciudad emblemática de la Patagonia argentina que merece una visita. Pero quedémonos en Chile, donde este lodge de montaña demuestra que el lujo puede ser sustentable. De hecho, acaba de ganar el premio Merito Turístico 2012 y también el sello como destino siete lagos otorgado por la Municipalidad de Panguipulli. Esto por su compromiso medioambiental y humano. “No arrojamos residuos al lago, los aceites son capturados en una cámara desgrasadora y retirados hacia una tratadora, clasificamos los desechos, separando lo orgánico, ahorramos energía y gas con paneles solares y toda la luminaria es led para disminuir el consumo. Además, el 95 por ciento de los empleados son de Puerto Fuy, los hemos capacitado desde cero. Compramos las materias primas aquí: quesos, mermeladas, verduras, telares…”, señala Carlos Gómez, gerente general.

LLEGAR AL FIN DEL MUNDO DEMORA TRES HORAS desde el aeropuerto de Temuco. Un recorrido que pasa por Lanco, Panguipulli bordeando el lago del mismo nombre, campos, bosques y luego ingresa a la reserva Huilo Huilo con sus construcciones de cuento. Cuando el camino parece no tener más sorpresas aparece Puerto Fuy, una localidad con 1.200 habitantes que cuelga sobre el lago Pirehueico. Un destino virgen, con selva patagónica, sin lanchas ni motos de agua, donde el silencio y el viento son dueños del paisaje.
El Marina Fuy partió hace cinco años como un club house a orillas del lago. “No se había construido nada, todo el turismo estaba en los bosques de la reserva Huilo Huilo. Consideramos con mi marido (Víctor Petermann) que tenía perspectivas, por eso construimos algunas habitaciones y decidimos que los recursos humanos serían sólo del lugar”, cuenta Paula Munilla, dueña del hotel.

La tranquilidad y el imponente paisaje hicieron el resto, creando una demanda que los obligó a crecer. Pero resolvieron hacerlo sobre dos pilares fundamentales hasta hoy: lo social y lo sustentable. “El tema social es muy importante y prioritario. Eso implica incorporar a las personas al desafío turístico. Los he visto partir de cero y luego poner sus propios negocios. Hoy están capacitados para trabajar en cualquier hotel. La gente entendió el turismo y lo incorporó como fuente de ingreso para sus familias. Se profesionalizó”, explica Munilla. El segundo fundamento es la conservación. “Nuestro proyecto es sustentable. Nos obliga a preservar la naturaleza. No hay contaminación ni siquiera acústica. Es un área virgen, protegida”, agrega.  En este concepto también entra la arquitectura de Rodrigo Verdugo: rústica con inspiración provenzal, utiliza maderas nativas y piedra laja de la zona. Las vistas están volcadas hacia el lago y el volcán Micho Choshuenco. En el exterior la piscina, un quincho y la terraza con tinas calientes se complementan con una extensa playa lacustre. El gran muelle y otro flotante, permite que las embarcaciones tengan mejor accesibilidad al hotel.

Con sólo tres pisos, la escala da calidez y acogida al visitante. En esto es fundamental la decoración, en la que se involucró directamente la dueña. Paula Munilla ya tenía una colección de objetos y muebles de distintas partes del mundo, la que completó escogiendo mobiliario y detalles que fueron dándole un carácter y personalidad únicos al recinto. “Podríamos decir que es una decoración totalmente ecléctica porque recoge culturas diversas”, explica. Por ejemplo, conviven muebles coloniales, españoles, escritorios, mesas de principios del siglo pasado, mimetizados con trofeos de ornamentas de ciervo, muebles escoceses y  platería. En las diferentes salas destacan pieles de venados de Finlandia, tapices, relojes, fuentes y objetos franceses. Hay esculturas compradas en Israel, alfombras marroquíes y una colección de joyas y ornamentas de caballos mapuches. En el bar llama la atención una serie de lámparas turcas. También encontramos mobiliario moderno siguiendo una línea en cuero color chocolate, mesas de centro que combinan las maderas del sur: encino, raulí, lingue. El punto de reunión es el winter garden, que con sus muebles parisinos integra el interior con la terraza exterior hacia el lago. Un sitio muy acogedor climatizado, ideal para el invierno.

En este ambiente el restorán Agua Fuy rescata los sabores sureños en una carta breve, pero contundente. Jabalí, faisán, cordero, salmón, trucha del Fuy se mezclan con productos autóctonos, entre los que destacan las setas cultivadas por el chef Gerald Müller en un huerto propio que incluye otras verduras y hongos de todos los tipos. Imperdibles los desayunos con pan amasado, mermelada casera, kuchen de frutas frescas. Y los elaborados platos dulces y salados de una cocina que da el título gourmet al hotel.

Sur-de-lujo03EL ESPECTÁCULO EXTERNO ES SOBRECOGEDOR. Y la mejor manera de vivirlo es recorriendo sus senderos y bosques. El hotel dispone cada día de una parrilla de actividades guiadas para todos los gustos. Desde febrero habrá una aplicación digital con los horarios y sitios de interés. El trekking es una delicia y una forma de observar aves, flora y fauna nativa. Existen caminatas guiadas y existen suficientes y claras señalizaciones para aventurarse sin preocupaciones. Hay paseos y clases de kayak, pesca con mosca, rafting, navegación en yate.

Circuitos en mountain bike y cabalgatas. Los fanáticos de la nieve pueden acceder al centro Mocho-Choshuenco, donde se practica esquí, snowboard, randoneé, motoski y tubbing todo el año. Además, hay acceso a todas las actividades y circuitos de Huilo-Huilo incluida una visita al museo de los volcanes, o a la fábrica de cerveza Petermann, donde se pueden catar las distintas variedades acompañadas de una pizza. En abril estará funcionando un teleférico que permitirá trepar los cerros llenos de árboles de la reserva para mirar Puerto Fuy desde lo alto. Una postal de lujo.

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