Cuenta la leyenda que Ananda, el discípulo principal de Buda, predicó y vivió aquí. Que un diente de Siddharta Gautama está en esta isla de los mil nombres y que fue en Anuradhapura donde Buda tuvo su iluminación.
Muchos ni siquiera saben que Sri Lanka —conocida antes como Ceilán, durante la colonización inglesa— es una isla situada en el océano Indico, entre India y las Islas Maldivas. Menos, que el navegante Marco Polo la llamó la isla más bella del mundo y que fue la estrella en la ruta de las especias, que lo llevó a China luego de once años de viaje.

Lo cierto es que Sri Lanka (República Democrática Socialista de Sri Lanka, 20 millones de habitantes), independiente de Gran Bretaña desde 1948, es un sitio de contrastes que recién ahora vuelve a ser reconocido en los circuitos turísticos internacionales. Ha superado décadas de conflicto étnico entre el gobierno nacional y el movimiento insurgente Tigres de Liberación del Eelam Tamil y ahora sus templos, playas y su capital, Colombo, están preparados para volar las cabezas de sus visitantes, pero esta vez a punta de pura belleza epifánica y budismo contemplativo.

Los que la recorren, entienden por qué los primeros navegantes chinos la denominaron “la tierra sin dolor” o que en India se la conoce como Lanka, “la resplandeciente”. Arabes, indios, portugueses, holandeses, malayos y británicos se interesaron en dominarla por ser el lugar donde brota el mejor té del planeta, el de Ceilán y donde la canela es aroma nacional.
Hollywood ha aprovechado su vegetación salvaje, inmortalizada en El puente sobre el río Kwai o El camino del elefante, protagonizada por una joven Elizabeth Taylor. Tarzán e Indiana Jones también timbraron su pasaporte acá.
Arrasada por el tsunami asiático en 2004, Sri Lanka mira impasible como el mundo corre a su alrededor. Para quienes quieren lujos, en Colombo y Kandy encontrarán excelentes joyerías, con rubíes, topacios, cuarzos y zafiros, la piedra nacional.
Saliendo unos pocos kilómetros de la ciudad aparece Pinnawela, la ciudad de los elefantes, más allá está Dambulla, con su apoteósico Buda esculpido.

Las maravillas siguen con Matale, Anuradhapura y Kandy, la ciudad espiritual de la isla y corazón internacional del budismo, donde está el templo del Diente de Buda y otras construcciones religiosas como el templo de Kataragama y de Vishnu. La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988.
Mezcla de arquitectura victoriana, con toda la potencia del budismo, Kandy es una buena muestra de lo que es Sri Lanka: una tierra bendita, llena de peregrinos, elefantes y aromas eternos.

Restoranes y más:

Semondu: En Colombo, el lugar donde hay que comer se llama Semondu. Ofrecen una fusión de comida local con internacional en un local de una pulcra elegancia. Ubicada en la antigua zona holandesa del centro de la capital, la mezcla de sabores logra hacerte recordar a Marco Polo y su ruta de las especias. http://semondu.com.

Jade Green Tea Centre & Restaurant: Arroz y curry, menta, langostinos frescos y el mejor té del mundo se reúnen en este sencillo pero muy recomendado lugar, donde la comida local es la reina. Ubicado en la ciudad de Ella, un imperdible de Sri Lanka.

White House: En las colinas de Kandy, la ciudad espiritual del país está este restorán, Bakery y Café, todo en uno, donde los sabores indios y chinos se condensan en una oferta difícil de olvidar.

Soya centre: También en Kandy se encuentra este sitio muy bien considerado por los locales, donde la soya domina el menú. Helados de soya, sándwiches y todo tipo de preparaciones que una mente occidental no alcanza a procesar.

Reservas: Orfanato de Elefantes

A orillas del río Maha Oya en Rambukana, una pequeña localidad en el camino entre Colombo y Kandy, se encuentra el famoso Orfanato de Elefantes, considerada la mayor reserva de paquidermos en cautiverio del mundo, con casi 100 ejemplares. Este espectáculo de orejas y trompas fue creado en 1975 y allí se encargan de proteger a elefantes heridos y huérfanos, los que son entrenados hasta la adultez para luego ser vendidos para su uso en la industria maderera o son donados para ser reyes en las procesiones religiosas, no sin polémicas con los animalistas de por medio.Transformada en una de las mayores atracciones de la isla, sobre todo para los niños, los visitantes incluso le pueden ofrecer mamadera a los paquidermos menores de tres años. Todo en un sitio que intenta recrear pulcramente el hábitat de los elefantes salvajes.

Herencia arquitectónica:

Anuradhapura, ciudad de templos: La que alguna vez fuera la capital de los reinos cingaleses durante mil años, fue por siglos una de las mayores civilizaciones de Asia.  Esta ciudad sagrada se estableció en torno a un retoño del “árbol de la iluminación” —la higuera de Buda— traído desde la India en el siglo III a.C. por Sanghamitta.
Aunque tiene heridas de guerra, Anuradhapura, conserva casi intactos restos

El mejor té del mundo:

Sri Lanka, Ceilán hasta 1972, es el cuarto país productor de té del mundo, pero problemas políticos le quitaron el cetro de primer productor mundial, que tuvo por años. Así y todo, el sector constituye una de las principales fuentes de ingresos y emplea a más de un millón de personas directa o indirectamente.
El té negro de Ceilán, el mismo que probablemente tiene en su despensa —debe fijarse si el envase tiene el logo del león que garantiza la denominación de origen comprobada por la Junta del Té de Sri Lanka—, también es el más bebido en Estados Unidos, Inglaterra y Canadá.

Característico por su gusto exótico y aromático y un toque de cítrico, su color como infusión es rojizo ámbar. Lo de “negro” proviene del proceso de manipulación después de sacar las hojas de la planta. Las hojas se dejan oxidar, lo que da inicio al proceso de fermentación.
Según expertos catadores, las  bajas temperaturas, los vientos y las lluvias en la sierra central de Sri Lanka, crean un clima que favorece la producción de té de altísima calidad. La recolección se hace a mano, una gran proporción de la fuerza laboral son mujeres jóvenes de la etnia tamil (la edad mínima para trabajar es de doce años), a menudo con condiciones laborales muy malas. Con gran habilidad arrancan por lo general dos hojas y una yema para producir un té que el mismísimo dios chino Shennong —quien lo descubrió después que unas hojas divinas aterrizaran en el agua que el propio dios había colocado en plena ebullición—, quedaría en éxtasis.

Las primeras plantas de té llegaron a Ceilán en 1824, traídas por los británicos. En 1867, el plantador James Taylor hizo su primera cosecha en la hacienda de Loolecondera. Algunos años después, las hojas de Ceilán eran el elíxir de los reyes británicos. Y luego, de todo el mundo.
Para los amantes del té, es muy recomendable visitar las plantaciones de Nuwara Eliya, donde se puede observar el proceso completo, desde la recolección en adelante, para terminar con una cata de otro planeta.

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