En su casa, antigua y luminosa, en pleno corazón del barrio de Ñuñoa, no existe un solo rincón vacío; todo está copado por libros y los más diversos objetos. En el comedor, un grupo de guitarreras de Quinchamalí descansa sobre una antigua cocina a leña. Y en la chimenea, una colorida colección con figuras de la Virgen conforman un altar hecho a su medida, la muestra perfecta de uno de sus temas recurrentes: la imagen de María como el ícono de la mujer chilena. Un tema que Sonia Montecino abordó en profundidad en Madres y huachos (1991, Catalonia), a lo que se suma una larga lista de libros que van desde el mestizaje, mitos de la cultura mapuche y la gastronomía popular y que sumado a su extensa tarea académica le valió en 2013 el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales.

Tampoco se desconecta de los temas de género y el rol de las mujeres, mucho menos hoy, cuando observa que el feminismo en Chile atraviesa por una nueva efervescencia que se ha ido tomado las redes sociales y los medios de comunicación. 

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Comenzó a sentirse el año pasado con la creciente indignación frente a la imparable tasa de femicidios que todavía no da señas de aminorar. Siguió con la presentación de Natalia Valdebenito en el Festival de Viña del Mar, donde se declaró abiertamente feminista y llamó a los hombres a terminar con la violencia hacia las mujeres. Y para el día internacional de la Mujer en las redes sociales se expandió la indignación frente a la campaña de una marca de detergente que invitaba a las consumidoras a celebrar con la casa limpia… Cuando La Cuarta llevó en portada la noticia del asesinato de una joven colombiana bajo el título ‘El amor y los celos la mataron’, la furia hirvió en el timeline de Twitter y en cuestión de minutos el hashtag #LaCuartaFemicida se había instalado como tendencia. Pero fue la discusión de la ley de despenalización del aborto en tres causales en la Cámara de Diputados lo que de manera transversal levantó las voces frente a la pobreza de los argumentos expuestos en el hemiciclo, sobre todo de parte de los hombres. Aquí a Sonia Montecino se le frunce el entrecejo, de la rabia. “¿Qué se creen estos tipos? Cuál de todos peor. Se creen intocables pero son profundamente ignorantes. ¿Cómo la sociedad les ha otorgado poder a estas personas?”, cuestiona.

“Ahora estamos en un auge del discurso feminista, pero con una característica distinta a la de otras épocas, cuando era más politizado. Hoy la discusión está puesta en las redes; ahí opera hoy la comunidad”, observa ella, muy activa con sus cuentas de Facebook y Twitter. 

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Sin embargo, el cambio de posición que han experimentado las mujeres a todo nivel, que sean más independientes y autónomas, ha llevado a que, según afirma esta antropóloga, los hombres se hayan vuelto “más resistentes y violentos” que hace una década. “A diferencia de otros países como Guatemala o México donde son grupos de hombres o pandillas los que matan a las mujeres, en Chile son sus parejas. Y eso tiene que ver con algo más profundo: la masculinidad se está viendo afectada por el cambio de posición que han experimentado las mujeres, por eso ellos reaccionan a través de la fuerza: ‘Te quiero controlar, tengo celos, no quiero que hagas esto, tú no me obedeces, entonces te mato’. No pueden aceptar que las mujeres estemos en otra. Hoy un 30 por ciento declara haber sufrido golpes, la mayoría de parte de sus parejas”.

Pero no se trata sólo de violencia física. Montecino denuncia que hay otros niveles de agresión tanto o más dolorosos. “Me refiero al silencio, que es otra forma muy cruel. A nivel político, incluso académico, las mujeres hablan, están ahí diciendo cosas potentes, pero no existen, son invisibilizadas”.

—¿Le ha pasado?

—Obviamente, y mucho. En la última versión de Puerto de Ideas fui la que inauguró este ciclo de charlas. El público era bien diverso. Pero al final de mi exposición se acercaron casi puras mujeres y algunos jóvenes, pero ningún hombre… Y los había, muchos. Claro, hablé de esta idea mía de que el hombre se expresa a través del monólogo y las mujeres dialogan. ¡Por eso no se acercaron! (ríe).

—¿Cree que eso le suceda también a la Presidenta?

—Es muy interesante el análisis de su figura porque ella representa una cosa muy chilena; una suerte de madre soltera que cría sola a sus hijos. Toda esta cosa de la Virgen María de la que hablé en mi libro Madres y huachos, el ícono mariano que encarnamos todas las mujeres, te guste o no, seas o no católica. Y lo que pasa con la Presidenta es bien paradojal, porque quienes normalmente están en el poder son hombres, y ella se estrelló contra toda esta estructura que está armada de otra forma, con todos estos juegos, grupos y presiones. Un lugar donde la mujer está devaluada. 

—Da la impresión de que, a diferencia de su anterior gobierno, donde terminó su mandato con altos niveles de aprobación, en esta pasada la ‘gran madre’ falló al no lograr contener las ambiciones de su hijo y su nuera. 

—Por un lado algunos empatizaron con ella y dijeron: “Bueno, a todas nos ha pasado tener un hijo pastel”, como lo mencionó Natalia Valdebenito en su rutina en Viña. Pero por otro se hizo evidente algo que está en Madres y huachos: que esta mujer que es la que cría sola a sus hijos es la culpable de sus malos actos… Por eso aplaudí cuando esta misma humorista agregó: “¿Y dónde está el papá? Si el cabro también tiene un papá…”. Porque a la mujer se le achaca todo. En la población, el cabro chico es drogadicto ¿y quién tiene la culpa?, la madre.

—Y por lo mismo se le exigió a la Presidenta  que reaccionara de manera más enérgica.

—Que mandara a la cresta al hijo, que lo fusilara en la plaza. Pero las madres jamás haríamos eso porque somos marianas y vamos a sufrir, pero nunca hacemos un escarmiento público con nuestros hijos.

—Algo que sí  haría un hombre.

—Exacto. Porque el padre representa la ley, el ejemplo. Y demuestra toda su virilidad a través de la sanción pública.

—Entonces surge esta imagen de Lagos como el padre castigador, duro.

—Claro, el padre, el dedo, el falo. El padre ausente que se hace presente con toda su autoridad y que viene a poner orden. Además que siempre ha estado este rollo tan chileno del caos; en la época de la UP había desorden y también hubo que imponerse por la fuerza. Ahora el desorden es femenino y son los masculinos los que vienen a enrielar las cosas.

Sin embargo, más allá del análisis simbólico de la figura de Michelle Bachelet, y al momento de dar un vistazo a las reformas, esta antropóloga sentencia: “Desde mi perspectiva, las transformaciones lideradas por su gobierno no han tenido una perspectiva de género. Mira la reforma educacional, ¿queremos construir personas en igualdad de sexos? Eso no está. Y en la reforma laboral ocurre lo mismo; toda la discusión está centrada en aspectos sindicales, pero hasta ahora no hemos oído nada respecto a la igualdad entre mujeres y hombres, a pesar de que en Chile representamos la mitad de la masa trabajadora, muchas son jefas de hogar y sin embargo seguimos ganando menos. El discurso femenino no está representado”.

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—Hasta ahora el único proyecto ha sido la despenalización del aborto, que además fue abordado políticamente desde un punto de vista muy masculino. El ministro del Interior incluso desautorizó el trabajo liderado desde la Presidencia y manifestó públicamente sus “dudas” respecto de la tercera causal, es decir, el aborto por violación. 

—Exactamente, y ahí volvemos a esta imagen patriarcal de la mujer mariana, aquella que debe sacrificarse por su hijo y morir. Que no puede pensar en ella sino que en la vida que lleva dentro de su cuerpo. Qué puedo decir: es el resultado de una sociedad retrógrada. Porque siguen siendo los hombres quienes tienen el poder. Y ellos no escuchan, no logran hacer sintonía, salvo figuras más jóvenes como Gabriel Boric, que se ha asesorado por mujeres para construir su discurso. Pero los otros no se la pueden y la discusión lo retrató el pauperismo intelectual y una profunda falta de densidad cultural. El diputado Hasbún, por ejemplo, dijo que con esta ley se iba a terminar la Teletón porque se viabilizaba la eugenesia… Y, ¿cómo se llama ese otro que hizo una comparación espantosa con la dictadura y los derechos humanos? (dice por el diputado de RN René Manuel García, quien argumentó que en dictadura se “mataba a las personas grandes” pero en el proyecto del gobierno se las “mataba antes de nacer”). Lo encontré siniestro. Súmale todas las discusiones que se han dado a través de El Mercurio; cartas van, cartas vienen. Como si las mujeres no fueran conscientes de sus actos y hubiera que protegerlas, pero sí son válidas para ir a votar, para tomar créditos hipotecarios, pagar impuestos… Por un lado asistimos a una mayor liberalidad de la sociedad chilena, donde la conyugalidad ya no es un requisito para el vínculo sexual ni para la procreación, y se aceptan nuevas organizaciones familiares, como la recién aprobada ley de Acuerdo de Vida en Común (AUC). 

—Sin embargo, el aborto es penado con cárcel. 

—Estamos como los musulmanes. Te aseguro que la gran mayoría de las mujeres se han hecho aborto, ya sean de clases populares, medias o altas, pero ninguna tiene la libertad para hablar de estas cosas porque corre el riesgo de ser encarcelada. O sea, ¿qué mujer se atrevería? Y en los medios toda esta discusión se presenta en blanco o negro, o eres pro vida o estás por la muerte. ¡Si esta es una sociedad medieval, qué digo, ni colonial! Este país es de un neo-colonialismo mental. Chile está más abierto a aceptar las homosexualidades y sus nuevas construcciones de género que a la opción de las mujeres a decidir libremente erl aborto.

—Aunque la visión sobre las elites cambió y la Iglesia, los partidos políticos han sido sumamente cuestionados.

—Hoy estas fisuras nos muestran una oportunidad.