El ataque militar de hace solo un año atrás involucró 58 misiles en respuesta a un supuesto uso de gas sarín del régimen sirio contra civiles. Según lo aseguró en conferencia de prensa el secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, a pesar de ese “llamado de atención” de 2017, Siria continuó empleando armas químicas. “Asad no recibió el mensaje del año pasado”, sentenció el funcionario.

Pentagon Press Briefing On Operations In Syria

El bombardeo lo encabezó nuevamente el gobierno de Estados Unidos junto a Theresa May y el presidente francés Emmanuel Macron. Fue estratégicamente coordinado para derribar supuestas infraestructuras de armas químicas de Siria, que incluyeron un centro de investigación, instalaciones de almacenamiento y puestos de comando.

President Trump Announces Military Action Against Syria During Address To The Nation

El significado de lo que pasó el viernes por la noche es clave. Entenderlo, revela el entramado de intereses que hoy enfrenta el mundo y la complejidad del accionar de las partes. Incluso, sin haber aún pruebas fehacientes de que el ataque químico tenga como perpetrador al gobierno sirio.

“El bombardeo es una señal mediática que intenta comunicar el supuesto traspaso de una línea intransable para occidente —uso de armas químicas—. Esto significa que los participantes quieren disuadir al gobierno de Al Asad de no volver a ocupar este tipo de armas en el futuro”, dice Guido Larson, analista internacional de la facultad de gobierno de la Universidad del Desarrollo.

Por su parte, Alberto Rojas, Director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae, agrega: “El accionar contra los blancos militares no es, necesariamente, una señal de que Washington vaya a involucrarse en la búsqueda de la solución al conflicto. Eso es un tema aparte, en el cual la Casa Blanca no parece estar muy interesada”. Además, el experto sostiene que “el bombardeo es un mensaje para Moscú para que no siga apoyando a Bashar al Asad. Pero eso, claramente, es algo a lo que el presidente Vladimir Putin no parece estar dispuesto”.

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Al no haber pruebas sobre la real utilización de armas químicas por parte del gobierno sirio, “el ataque es dependiente de la narrativa que estos países (Estados Unidos, Reino Unido y Francia) han intentado generar, a pesar de que la información provista por fuentes abiertas apunta a que la acción es de responsabilidad de Damasco”, asegura Larson. Pero también aclara: “No hay que olvidar que EE.UU. observa la presencia de Teherán en Siria como una amenaza, fundamentalmente porque desbalancea el equilibrio de poder regional, y porque en medio de todo esto se encuentran las negociaciones del programa nuclear iraní. Por lo mismo, si bien hay objetivos declarados por parte de occidente, hay otros subyacentes que siguen siendo muy importantes”.

The UK Joins America And France In Airstrikes On Syria

Si bien no se atacaron bases militares, ni tampoco blancos de relevancia estratégica, no parece haber tampoco señal de que el gobierno americano, Francia o Gran Bretaña estén dispuestos a un incremento sustancial de su participación en el conflicto; por tanto, “el escenario parece que no se alterará de manera sustantiva”, enuncia el académico de la UDD.

MOSCÚ, EL FOCO DE TODAS LAS MIRADAS

Más allá de que la respuesta de Rusia era predecible, es fundamental leer la reacción del gobierno de Putin, para realizar una mirada internacional completa.

“La respuesta natural es no hacer nada en términos militares y hacer mucho en términos comunicacionales, porque Moscú también sabe que no puede arriesgar un conflicto abierto con Occidente, ni tampoco la profundización de su involucramiento en Siria”, asegura Larson.

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Por su parte, Rojas agrega: “El presidente ruso tiene como principal objetivo que su país mantenga intacto su perfil como superpotencia y eso implica que defienda su esfera de influencia mundial, la cual tarde o temprano colisiona con la de EE.UU. Lo vemos en Siria, lo vimos en Ucrania y otros temas similares. Y eso ha masificado la idea de que el mundo avanza hacia una Nueva Guerra Fría, con sus propias dinámicas”.

“No hay que descartar que Rusia pueda responder bajo otro tipo de mecanismos, por ejemplo, mediante sabotaje o ataques en el ciberespacio”, finaliza Larson.