Son las 9 de la mañana de un lunes y vamos camino hacia Ninhue, localidad campesina de 6 mil habitantes, a 38 kilómetros de la Ruta 5 Sur hacia la costa, provincia de Ñuble. Allí se instaló Alfredo Sfeir-Younis (65, divorciado, tres hijos de 31, 37 y 38 años —Alfredo, María José y Francisca— y una nieta, Jesús, su chochera) a su regreso al país, en enero de 2010, para saciarse de un Chile profundo del que tenía añoranzas, tras 40 años viviendo en Europa y EE.UU. Aunque es reacio a mostrar su casa y el predio “porque se llena de personas buscando consejos y curiosos”, nos recibe con amabilidad.

Aunque es reacio a mostrar su casa y el predio “porque se llena de personas buscando consejos y curiosos”, nos recibe con amabilidad.

El currículo de este hombre de ropajes místicos, que peina su blanca y larga cabellera con cuidadas trenzas, es imponente. Hijo de inmigrantes libaneses, con estudios en el colegio San Ignacio y en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, más tarde hizo maestrías y doctorados en las universidades de Rhode Island, Wisconsin y Harvard, en EE.UU. En 1976 se transformó en el economista pionero en materias ambientales del Banco Mundial, llegando a ser director de sus oficinas en Nueva York, Ginebra y su representante especial ante Naciones Unidas y la Organización Mundial de Comercio.

Hasta 2005, cuando se pensionó. Hoy es asesor y consultor internacional en economía, medio ambiente, espiritualidad y ética. En esas dos últimas materias, no se queda corto. En 2005 fundó el Instituto Zambuling Para la Transformación Humana (IZTH) en Washington DC, con filiales en Portugal, Bélgica y Chile, para “promover un nuevo paradigma entre espiritualidad, política y economía”.

Maestro lama budista y sacerdote maya, es discípulo, entre otros, de Maharishi Mahesh Yogi (el maestro espiritual de los Beatles, conocido como el gurú de la risa tonta por su tendencia a reír siempre) y del lama Gangchen Rimpoché (budista tántrico tibetano, cuya escuela de sanación es mundialmente reconocida). Así es que Sfeir también es Cho Tab Khen Zambuling (Lama Océano de Amor), y su candidatura presidencial, inscrita con más de 40 mil firmas en el Servicio Electoral el 21 de agosto, como miembro del Partido Ecologista Verde, igualmente tiene un norte espiritual.

Cómo no. Hace unos días se discutía dentro de su comando la posibilidad de crear, al mismo nivel de las comisiones dedicadas a educación, economía, salud y otras, una ‘comisión espiritual’.

Hijo del amigo dentista de Eduardo Frei Montalva (“la única persona que me mete el dedo en la boca”, decía Frei), desde una camioneta desciende Sfeir a nuestro encuentro. Y, ¡sorpresa! aparece vestido de huaso. “Me acomoda esta ropa acá; visto así lo mismo que me pongo overol para hacer tareas del campo o llevo túnicas en la ciudad”.

—¿Por qué usa túnica?
—Es cómoda, nace de las prácticas espirituales, de poder sentarte en posición yoga. Pero hay que ir más allá de la ropa; el hábito no hace al monje.

Camino a su predio, relata que a través de Google tuvo la primera noticia de Ninhue y, “fue amor a primera vista”: la imagen de una casona de más de dos siglos, que más tarde adquirió, lo sedujo. Al llegar al pueblo, el encanto fue mayor: la cuna de Arturo Prat era un lugar apacible y con calles flanqueadas por naranjos, gente que trabajaba la tierra y realizaba rica artesanía en mimbre.

‘Tierra de Paz. Potrerillo de la luna’, dice un letrero a la entrada. El primer nombre se lo puso él; el segundo, lo heredó de los antiguos dueños (los Benavente, una familia pudiente de la zona). La casa colonial es enorme, algunas imágenes de budas en los jardines dan cuenta de la apropiación que ha hecho el nuevo habitante, que no gusta de tocar la historia de los sitios, así es que todo eso convive con imágenes de la virgen en alguna pared, como seña de la devoción de sus ex propietarios. Incluso está incólume la casa de Patán, el perro que un día vivió allí, aunque él no tiene ninguno. “Nunca toco lo que había antes en un lugar”. Pero sí tiene caballos y uno que es su mascota, llamado ‘El Futuro’. “Venía bautizado cuando lo compré, y me pareció un presagio maravilloso”.

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—¿Veo que también tiene ovejas?
—Son doce. Las traje porque quería poblar de animales y han sido un dolor de cabeza… Se comen hasta las flores.
Tampoco se han movido los cuatro trabajadores que estaban cuando compró el predio. Con ellos se reparte la cosecha de cebollas, ajíes y berenjenas.

También es vegano. Y no consume alcohol. Hace yoga regularmente y sale a correr, costumbre que adquirió tras dejar de fumar en los ochenta y que se tomó muy en serio, corriendo siete maratones, incluidas las de Washington y Nueva York.

Cuando no está en campaña pasa mucho tiempo leyendo en una gran biblioteca donde tiene su escritorio, junto a una cálida chimenea. Es lector diverso, desde la filosofía de Descartes a la autoayuda del médico indio Deepak Chopra (“me gusta mucho, lo sigo”), y Osho.

—Cómo le explicaría a la gente quién es Alfredo Sfeir. ¿Un excéntrico?
—No soy raro. Es como si le dijeras a una mapuche, que viene vestida de mapuche, usted es rara. Hay que tener cuidado con las palabras, a veces ofenden. He llegado a Santiago con sombrero huaso y me han gritado: ‘¡Se te quedó el caballo, tal por cual! Soy lo más normal que hay. Simple, comprometido con lo que hago, no me gusta farandulear las cosas, tomo en serio a todo el mundo. Tú me hablas y yo te escucho. Me encanta servir y esta candidatura es una candidatura de servicio.

—¿Qué propone?
—Hago una campaña de visión, sobre la necesidad de una preservación positiva de la naturaleza y de cambio del sistema neoliberal. Planteo un modelo de economía sustentable, empoderada. Una mirada alternativa al país, más valórica, cerca de los problemas de la gente y no una visión atomizada de la tasa de crecimiento. Soy economista, también sé de eso, no quiero ser mal interpretado: creo que el crecimiento, el comercio internacional, ganar plata es importante, pero es vital saber bajo qué códigos se inserta todo eso.

—¿Dónde ha funcionado el modelo que plantea?
—No tiene nada de nuevo: es sustentabilidad económica, ecológica, social. Hacemos una economía basada en nuestros recursos: agua, tierra, mar, ríos, minerales. Por lo tanto, cuando hablo de sustentabilidad, digo que hay que explotar recursos de manera diferente.

—¿Fin a la economía extractiva que tenemos?
—Correcto. Porque acá sacas y sacas… Hay que parar.

—Su meta es un equilibrio entre espiritualidad, economía y política. ¿Es posible reconciliar eso?
—No sólo se puede, si no lo hacemos tenemos que preguntarnos cuál será el resultado. Seguir con lo que sucede hoy: que unos pocos tienen todo y la mayoría no tiene nada. A la política y la economía actual hay que cambiarles los valores, y ahí está la visión nuestra.

He llegado a Santiago con sombrero huaso y me han gritado: ‘¡Se te quedó el caballo, tal por cual!

—¿Cómo pretende hacerlo en un mundo con un capitalismo tan instalado?
—Lo primero es intervenir el mercado a través de incentivos y políticas para preservar nichos ecológicos fundamentales para Chile. Sólo algunos ejemplos de cambio: la modificación que se necesita en el Código de Aguas, en la gestación de políticas nacionales para el sector energético, y en la política de manejo pesquero equitativa y sustentable. Todo con una gran participación ciudadana.  

—¿Asamblea-constituyente, sí o no?
—Quiero una constitución ciudadana.

—¿Estatizaría el agua, propiedad hoy en un 90 por ciento de privados?
—Estoy planteando una reforma constitucional donde todos los recursos naturales del país sean de la ciudadanía, también el agua. Y el Estado sea garante y administrador de ellos. El agua es un bien estratégico, debemos entrar en una nueva forma de propiedad y administración.

—¿Qué opina de HidroAysén y la carretera eléctrica?
—¡No a HidroAysén!

—¿Y sobre las AFP cuál es su postura?
—Propongo una AFP estatal. Además tiene que existir una jubilación ética.

—¿Qué plantea para los territorios mapuches?
—Elaboré una lista de diez medidas para resolver el problema de los pueblos mapuches. Ellos estaban mucho antes que nosotros aquí, esta tierra es suya. Es una propuesta para dialogar.

—Marihuana.
—Hay que legalizar el consumo, la producción privada de la marihuana. Pero con mucho cuidado: estamos proponiendo una autoridad pública con respecto al comercio, porque aquí hay niños, hay otras cosas involucradas…

—¿Qué piensa de Michelle Bachelet?
—He visto a varias Bachelet. La que actúa como estadista. La que confunden los partidos políticos y no la dejan hacer lo que ella quiere. La que no defiende su gobierno mucho más. Y he visto a la Michelle Bachelet un poco más programática. Pero ha sido muchas; llegó sin los partidos y a la semana estaba con ellos.

—¿Ante una segunda vuelta en que usted quede fuera, llamaría a votar por ella?
—No es una pregunta que pueda responder ahora. Tendría que ver cuáles son las circunstancias, qué es lo que está pasando.

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—En estos días los derechos humanos han estado en la agenda como nunca. ¿Es suficiente con cerrar el Penal Cordillera?
—El Penal Cordillera y Punta Peuco reflejan la falta de igualdad que existe ante la ley, particularmente con quienes violaron los derechos humanos en todos los frentes de nuestra sociedad. Pienso que el traslado a Punta Peuco debe ser el primer paso de muchas otras acciones que hay que tomar para alcanzar la igualdad ante la ley y en la aplicación de todos los derechos humanos.

—En la última encuesta CEP no está mencionado, ¿qué reflexión hace?
—Una pésima encuesta, sobre la que todos los candidatos, excepto la ex Presidenta, están en desacuerdo. Lo más importante es que se abre claramente la posibilidad de una segunda vuelta para nosotros.

—¿Cree de verdad que podría llegar a ser Presidente?
—Sé que para mucha gente parece imposible que yo llegue a La Moneda. Yo estoy convencido que sí. A partir de 2011 hay una ciudadanía bastante activa, no la puedes hacer lesa. Hay como cinco millones de votantes que nadie sabe qué es lo que va a pasar con ellos.

—Es el único de los candidatos a la Presidencia que vive en regiones. ¿Va a tomar la bandera de la descentralización?
—Sí. Tenemos que gobernar en las regiones, con ellas y por ellas. Cuando sea Presidente, voy a ir a la Isla de Pascua, pediré una oficina en la municipalidad y estaré ahí un par de semanas, escuchando cómo se inserta esta cultura con nosotros…

—¿Un gobierno itinerante?
—No es mala idea.