El comedor de diario —en la cocina de su casa— es el lugar escogido por Sebastián Piñera para hacer esta entrevista. Dice que hoy es su lugar favorito para trabajar y hasta ahí baja todas las noches cuando su mujer, Cecilia Morel, le pide apagar la luz para dormir.

“Aquí me siento cómodo, me gusta trabajar con la camisa desabrochada, sin polera, sin que nadie me moleste… ¿No es cierto Martita?”, comenta saludando cariñosamente a su empleada, quien le prepara un té.

“Estos son mis únicos utensilios de trabajo”, dice mostrando sus lápices rojo y azul, la regla y un block de notas.

Fue en esta misma mesa donde a mediados de marzo, Piñera recibió el sí definitivo de su familia para volver a ser candidato presidencial.

“Escuchamos a mucha gente antes de tomar esta decisión, porque cuando dejamos La Moneda, conversamos con Cecilia, y nuestra intención era no volver a postular a la presidencia. Pero en estos años, al ver lo que estaba pasando con nuestro país, el grado de deterioro, de estancamiento, de frustración y de mediocridad, nos hizo revisar la decisión. En Chile hoy tenemos un muy mal gobierno, pero un gran país y queremos reemplazar este mal gobierno y recuperar este gran país”.

Piñera tiene clara su estrategia. A diferencia de su campaña anterior, donde buscó el centro y al electorado de la Concertación disconforme, ahora sabe que los votos de la derecha le son suficientes para ganar. Por ello, su mensaje apunta a polarizar la elección.

“En noviembre Chile va a enfrentar una encrucijada y deberá elegir entre dos caminos: uno el que representa la Nueva Mayoría o eventualmente el Frente Amplio que, a mi juicio, es el equivocado, es más de lo mismo, significa profundizar el estancamiento, la frustración y continuar con un país que no crece, que no crea trabajos, que no mejora los salarios y que no enfrenta con voluntad la delincuencia. El otro camino lo representamos nosotros y significa recuperar el liderazgo y el dinamismo de Chile y volver a crecer con fuerza, crear buenos empleos, enfrentar la delincuencia, mejorar las pensiones, integrar a la gran clase media y a los adultos mayores…”.

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—Si están claros los dos caminos, por qué la gente no está motivada con esta elección y los analistas pronostican una gran abstención.

—En Chile, desde el Plebiscito de 1988, cuando se logró la más alta participación, ésta ha venido cayendo. Es un fenómeno permanente que no nos puede dejar indiferentes.Pienso que ya hemos tocado el punto más bajo y espero que en esta elección voten más chilenos y chilenas que en la última. Hoy existe mucho descontento.

—Pero no está capitalizando aquel malestar porque hace rato que se mantiene en torno al 25% de apoyo en las encuestas.

—Tenemos un 26% de apoyo, pero hay un 40% que contesta que no sabe y no responde. Si usted lleva esa cifra a base 100 estamos por sobre el 40% y muy por encima del resto de los contendores. No estamos estancados, estamos liderando esta competencia y todavía nos queda un largo camino por recorrer, no sólo para ganar las elecciones, lo más difícil viene después que es gobernar bien a nuestro país.

—Muchos lo acusan de haberse acercado a la derecha más dura, a la UDI de Jacqueline van Rysselberghe…

—Unos me dicen que estoy muy frío, otros que estoy muy caliente, unos que estoy muy al norte, otros muy al sur… Es parte de la política. He sido muy consecuente con valores y principios básicos: democracia, libertad, derechos humanos, justicia social, el progreso y la tolerancia.

—En Mega dijo que estaría dispuesto a analizar el matrimonio homosexual.

—Soy una persona tolerante, respeto todo tipo de amores y de familias. La diversidad es un valor y si soy presidente no discriminaremos a nadie por su religión, su etnia, su género o sus preferencias. El tema del matrimonio requiere más argumentación, porque la institución actual del matrimonio es entre un hombre y una mujer, por eso creamos el acuerdo de vida en pareja para darle protección y dignidad a otro tipo de relaciones. En muchos países del mundo, como Francia, existe esta doble institucionalidad.

—De llegar a La Moneda, ¿cómo enfrentará la polarización que existe hoy en el país?

—Tengo fe y confianza en los chilenos y optimismo y esperanza en nuestro futuro. Tenemos una firme convicción de que con buenas políticas públicas vamos a poner a Chile nuevamente en marcha. Además, La Moneda fue una tremenda escuela y hoy soy una persona que valora mucho más el diálogo y los acuerdos. Si soy electo, haré un gran esfuerzo para ser un gobernante de unidad. Salvador Allende dijo “no soy presidente de todos los chienos”. Un presidente siempre es de todos los chilenos.

Desde que decidió ser candidato, Sebastián Piñera no ha tenido que enfrentarse a los candidatos de su sector (Manuel José Ossandón y Felipe Kast) ni a los de la centroizquierda. Sus negocios, su patrimonio, su fideicomiso son los temas con los que diariamente debe lidiar.

—Ciper Chile publicó un reportaje sobre nuevas sociedades financieras suyas constituidas con sus hijos y nietos, cuando ellos eran menores de edad.

—En los años ’80, cuando partí en el mundo empresarial, yo constituí una sociedad con mi mujer y mis hijos. Efectivamente en algunos casos hemos extendido las sociedades a los nietos, lo que es una acción o un concepto que es perfectamente legítimo, legal y sano.

—Pero el tema de fondo es que este tipo de informaciones no dejan de aparecer…

—En el tema de fondo, yo le puedo asegurar que si hubiera querido o quisiera dedicarme a defender mis legítimos intereses personales o familiares nunca habría sido senador, nunca hubiera sido presidente y hoy no sería candidato. La única razón por la que fui presidente y quiero volver a serlo es porque siento que tenemos la capacidad de poner a Chile en marcha otra vez.

—Estas informaciones vuelven a poner en duda la verdadera separación de su patrimonio personal, al de su esposa y al de sus hijos que continúan ligados a sus empresas…

—Esto lo he explicado un millón de veces. En esta oportunidad, yo y mi mujer separamos agua con mis hijos y nos salimos de la sociedad que teníamos con ellos. Siempre hemos cumplido con la letra y el espíritu de la ley de buena fe. En 2009 no existía ley y, a pesar de ello, yo me desligué de la gestión y administración de mis empresas en abril de 2009, un año antes de ser presidente. Constituimos fideicomiso ciego para la administración de todas las acciones de sociedades anónimas chilenas y vendí una serie de empresas como Lan, Clínica Las Condes, Chilevisión… Este año decidimos ir más allá de la ley y detallé con mayor rigurosidad lo que la ley exige de mis intereses y mi patrimonio. Adicionalmente, yo y mi mujer hicimos fideicomiso ciego en todas las sociedades en Chile y en el extranjero. Y mis hijos, que son independientes, en todas las acciones en sociedades anónimas en Chile.

—¿Ya no existen en su poder empresas que tenga que vender como en 2009?

—No, porque las más emblemáticas ya fueron vendidas y mis inversiones hoy están mucho más diversificadas. Además, de acuerdo a la nueva ley, cuando uno entrega acciones a un fideicomisario que va a administrar ese patrimonio, él tiene la obligación de vender esas acciones y después de ello, invertir libremente. Eso genera un efecto tributario muy significativo que es parte de las obligaciones que debo asumir.

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—¿Influyeron las acusaciones contra su hijo (Exalmar) en la decisión de querer volver a La Moneda?

—Sin duda que sí, porque en esta campaña los ataques ya no se limitan al candidato, sino que hay algunos que se han especializado en atacar a la familia, a los hijos y a todo lo que esté alrededor de uno. Y eso duele mucho. Pero esos ataques no nos quiebran y no nos debilitan. Al revés, han generado el efecto contrario y nos han dado más fuerza y mayor voluntad para enfrentar esta elección, porque muchos de esos ataques son sin ningún fundamento, sin ningún antecedente y muchos de ellos son miserables.

—Hoy existe un cierto derrotismo en la centroizquierda, ¿ello lo favorece o desfavorece?

—Prefiero no hablar de un eventual derrotismo en la Nueva Mayoría, lo que sí, nosotros no debemos caer bajo ningún punto de vista en el triunfalismo. Esta elección no está ganada. Por eso, llamo a todos nuestros partidarios, simpatizantes y adherentes a no bajar los brazos y a no caer en un triunfalismo absurdo, porque al fin y al cabo creo que esta será una elección estrecha y tenemos que salir a conquistar corazones y voluntades no sólo para ganar las elecciones sino que para tener el apoyo necesario para hacer un buen gobierno.

—De ganar las primarias, ¿con quién cree que se enfrentará en una primera vuelta presidencial?

—Hace un mes le hubiera respondido inmediatamente Alejandro Guillier, pero hoy es posible que tenga alguna opción el Frente Amplio.

—¿Cuáles serán sus tres prioridades si llega a La Moneda?

—Mi objetivo es que Chile logre situarse entre los 30 países con mayor desarrollo humano del mundo. Nuestro programa se basa en cuatro principios que vamos a promover con fuerza: libertad, justicia, progreso y solidaridad. Y tiene seis prioridades: combatir la delincuencia y el narcotráfico, recuperar el dinamismo y liderazgo de la economía, enfrentar la grave crisis de la salud, mejorar de verdad la calidad de la educación; las pensiones y medidas a favor de la clase media.

—¿Podría adelantar alguna medida más puntual?

—Voy a hacer una profunda reforma a nuestras policías: cambios operativos en Carabineros y la PDI.
Es momento de tomar las fotos y el silencio de su amplio jardín se ve interrumpido por martilleos y ruidos de máquinas de una construcción de edificios justo al lado de su casa en el barrio San Damián, en Las Condes.

Por el césped se pasea con dificultad Tatán, un perro al que encontró moribundo en la carretera, tras ser atropellado en enero en Peralillo, cuando los incendios forestales arrasaban con todo en la zona.

“Le ha tocado dura la vida al pobre Tatán…”, comenta Piñera acariciando a su perro.

“El apoyo y lealtad de Cecilia es admirable”

—¿Le costó convencer a su señora para volver a ser candidato?

—La política se ha puesto muy dura, áspera, agria, muchas descalificaciones, mentiras y, desde ese punto de vista, cuando aceptas una candidatura, no sólo se involucra uno, sino que toda la familia. Pero también sentíamos que millones de personas tenían puestas en nosotros sus esperanzas de una vida mejor, tomamos la decisión de ir a la elección y mi mujer me ha apoyado con un cariño y una ternura que aprecio y agradezco. El apoyo y lealtad de Cecilia es admirable.

—¿Es verdad que sus hijos no querían que volviera a ser candidato presidencial?

—Sí, es cierto, en verdad, ellos hacían notar que la política ya no era como antes.

—La política siempre ha sido dura.

—Sí, pero cuando recuperamos la democracia, la política tenía un sentido de nobleza, de grandeza, de misión, de responsabilidad. Eso se ha ido perdiendo y tenemos que recuperarlo. Si todo el mundo piensa —y repite— que la política y los políticos es algo malo, que no vale la pena, que son puros incompetentes y corruptos, vamos
a terminar con una mala política.  ¿Quién va a querer pertenecer a ese club? Los que no tienen ninguna otra opción, los que se sienten cómodos con esa definición.