Pertenecen a una misma generación política aunque se encuentran en veredas opuestas y, como lo aseguran en esta entrevista, ahora se proyectan como naturales adversarios ideológicos. Porque lo que está en juego es la batalla cultural nada menos que por instalar el proyecto ideológico que marcará el rumbo del país en los próximos años. Y aquí los dos partidos que la “rompieron” en las pasadas elecciones de noviembre, Revolución Democrática (RD, parte del Frente Amplio, que logró 8 parlamentarios y un senador de un total de 20 figuras electas por el conglomerado) y Evolución Política (Evópoli, que logró 2 cupos senatoriales y 6 parlamentarios) tienen mucho que decir.

En este rincón, Sebastián Depolo, sociólogo, fundador de RD, y uno de los ideólogos del Frente Amplio, coordinador de la campaña de la candidata que sorprendió en la pasada primera vuelta, Beatriz Sánchez. En el otro rincón, Hernán Larraín Matte (abogado y cientista político), uno de los fundadores de Evópoli, consejero del Centro de Estudios Horizontal y miembro estratégico en la campaña de Felipe Kast tanto para las primarias presidenciales de octubre como en el rol de coordinador general de la parlamentaria de Evopoli, donde Kast fue elegido senador en La Araucanía con la primera mayoría. En fin, dos partidos jóvenes que con disciplina y sobre todo, porfía, se declararon como los dos triunfadores durante la última presidencial y parlamentaria. Por eso sentencian: “La vieja política se jubiló”.Y advierten que en las elecciones del 19 de noviembre la gente apostó por una renovación profunda, lo que se vio en las urnas al castigar a figuras como Ignacio Walker, Andrés Zaldívar, Osvaldo Andrade, Camilo Escalona o Fulvio Rossi, que no fueron electos…

Hoy la tensión se concentra en la segunda vuelta de este 17 de diciembre. Claro que aquí los caminos son divergentes: Evópoli desde el día uno manifestó su respaldo a Sebastián Piñera y se sumó activamente a la campaña, con Felipe Kast como uno de los voceros. Revolución Democrática, en cambio, asumió una postura radical, en las antípodas de Fuerza de Mayoría, el conglomerado liderado por Alejandro Guillier, el candidato que pasó a la segunda vuelta y que ahora necesita los votos de buena parte del FA para vencer a su oponente.

Porque los directivos del FA pretenden desterrar el proyecto político que encarnó la Concertación y luego la Nueva Mayoría, e instalar en su lugar cambios profundos, como el fin de las AFP, la derogación del CAE, un nuevo sistema de salud solidario, entre otros.

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“Los votos no son de los partidos sino de las personas —reitera Depolo—. Es responsabilidad del candidato que va a la segunda vuelta la de conquistar a nuestro electorado”. Y categórico anuncia que, de ser electo el candidato oficialista, el Frente Amplio de ningún caso será parte del gobierno. “Y tampoco estamos buscando ese espacio”.

—Eso a diferencia de comienzos del segundo gobierno de Bachelet, cuando asumieron cargos en el Ministerio de Educación. Pero después no estuvieron de acuerdo con el curso que tomó la reforma y se fueron…

—SD: Por eso la decisión ahora es no ser parte y trabajar para que el siguiente gobierno sea del FA. Esa es nuestra apuesta.

—Algunos dicen que detrás de esa postura está la tesis de que al FA le conviene que gane Piñera…

—SD: Ese es el debate en el que estamos: cuál sería el mejor escenario. No es sólo un asunto estratégico: tenemos que preocuparnos del futuro de Chile. Y aquí el proyecto más antagónico para nosotros es el que encarna Piñera.
Dos serían las tesis sobre la mesa, según Depolo: que continúe agudizándose la crisis de la centro-izquierda (“lo que a la larga se reflejará en una creciente incapacidad de gobernar a Chile”). Y la otra es que las ideas de la centroderecha vayan paulatinamente retrocediendo dentro de la ciudadanía para abrir paso al proyecto del FA. “Yo sé que el foco está puesto en el Frente Amplio, pero no nos olvidemos de que la preferencia en la primera vuelta fue por Sebastián Piñera, lo que refleja dos escenarios muy distintos de lo que queremos como país…”.

Hernán Larraín Matte, sin esperar preguntas, interviene: “Claramente tenemos una diferencia bien profunda respecto de cómo entendemos la política. Porque nuestra estrategia es trabajar en unidad con nuestra coalición, aportando diversidad para hacer una transformación desde dentro. Por lo mismo para nosotros es fundamental ser parte de la segunda vuelta aportando diversidad y apertura a nuestra coalición. Para que Chile pueda elegir lo mejor para el futuro”.

Y mirando fijo a su interlocutor, instala su idea más provocadora: “En Evópoli hemos insistido por mucho tiempo que nuestro adversario en términos ideológicos es el FA, no la Nueva Mayoría, como muchas veces insistió la derecha tradicional. Y la primera vuelta lo demostró. Evópoli tiene la capacidad, los liderazgos, la densidad ideológica y conceptual para hacerle frente a esta nueva izquierda. Los proyectos ideológicos en lucha durante la próxima década hoy están encarnados en el FA versus Evópoli. Y los otros partidos tradicionales no tienen la caja de herramientas conceptual para darles respuesta. Aquí la batalla ideológica es entre nosotros”.

NUEVO IGUAL LIMPIO

Larraín Matte fundamenta los diagnósticos en pugna. “El FA dice que aquí hay un modelo económico que fracasó y que genera un malestar social; y nosotros decimos que Chile es lo que es hoy precisamente gracias a una economía abierta y un sistema que ha permitido un enorme progreso. Para nosotros lo que fracasó es la política, un Estado mediocre, que no ha sido capaz de ir corrigiendo las deficiencias que el desarrollo y la modernización han ido construyendo. En este país hay pobreza, niños en el Sename, gente que muere esperando una operación, consultorios de muy baja calidad… Y para que Chile sea un país justo no podemos caer en una visión anticapitalista, antimercado, que es el sustrato ideológico del FA”.

—De ser este el escenario, ¿en Evópoli se sienten apoyados por Piñera? Da la impresión de que él nunca los ha tragado… Cosa de ver cómo cortó la cartilla parlamentaria, donde ud fue uno de los eliminados.

—HL: En política nadie regala nada (ríe). Hay que trabajar duro; los espacios se ganan con votos, con ideas y propuestas. Logramos constituirnos como partido, estuvimos presentes en la elección municipal como el que sacó más votos de los emergentes; levantamos un candidato presidencial y estuvimos en primarias; fuimos con un elenco acotado a las parlamentarias y sacamos 2 senadores y 6 diputados. Hemos ampliado la centroderecha hacia un mundo que no se sentía representado.

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—Mirando este nuevo Congreso, ¿cómo ven la correlación de fuerzas?

—HL: Es mucho más diverso, parecido al Chile de hoy. Ningún sector contará con mayoría absoluta y habrá mucho debate y visiones antagónicas. Refleja una cierta madurez social donde las diferencias están representadas, un mundo que ya no es tan binominal. Sebastián Piñera requerirá de una altísima capacidad de articular y construir consensos.

—SD: Aunque seguimos en una crisis de confianza; el Congreso sigue siendo la institución peor evaluada. Tenemos que recuperarlo. Y esta función de diálogo y debate democrático lo comparto; el Congreso debiera ser el lugar de la discusión de las ideas y de una política mucho más luminosa. Hay que oxigenar, abrir las ventanas para que se limpie.

Y perciben desafíos comunes. “Hay una demanda transversal —apunta Larraín—. La gente asocia lo nuevo con lo limpio y tendremos que probar que efectivamente somos capaces de tener prácticas sanas. A eso nos debemos”.