“Estamos frente a una crisis de la democracia y del sistema político”, sostiene Sebastián Depolo, coordinador nacional de Revolución Democrática (RD), fuerza surgida del movimiento estudiantil de 2012 y que hace unos meses se constituyó oficialmente como partido. Con la percepción del sector político por el suelo —y los peores niveles en tiempos de democracia, según lo reflejó la última encuesta CEP—, ni siquiera RD se libró del castigo ciudadano: su principal líder, el diputado Giorgio Jackson, cayó 9 puntos (del primer lugar al tercero), aunque se mantuvo entre los cinco políticos mejor evaluados después de Alejandro Guillier y Gabriel Boric.

“Es el costo de haberse institucionalizado, la gente odia a los partidos. Ese es nuestro desafío, demostrar que las cosas se pueden hacer distinto”, reconoce este sociólogo. Atribuye el malestar de la ciudadanía —y que reflejó con crudeza la última CEP— en que el sistema político “no está dando respuestas a las demandas más sentidas por la gente. Fue lo que vimos en la última marcha del domingo 21 de agosto”, dice sobre la masiva asistencia al llamado de No + AFP. “Claramente la política no da el ancho a lo que los ciudadanos están pidiendo”.

Hoy los líderes de RD apuntan a crear lo que él llama un Frente Amplio de izquierda, que ya suma al Movimiento Autonomista de Boric, la Izquierda Libertaria, Nueva Democracia, Convergencia de Izquierdas y el Partido Humanista. “Es fundamental que los nuevos actores políticos empecemos a construir una alternativa para hacer frente a esta crisis. Hay que cambiar el modelo de desarrollo, pasar de un Estado subsidiario a uno garante de derecho social, y lo otro supone también un relanzamiento del proyecto político de la izquierda en Chile”, asegura. Y mirando a la actual Nueva Mayoría, sostiene: “El sistema político está en Narnia, congelado en el pacto de la transición del año ’90 y con las mismas reglas del juego; siguen pegados, con nostalgia de la Concertación y los tiempos en que tenían la capacidad de generar acuerdos. La Nueva Mayoría no fue capaz de solventar un programa de transformaciones porque no tenía la convicción. Y fueron oportunistas; se subieron al carro de la victoria con Michelle Bachelet porque la gente quería que volviera a ser Presidente; se tomaron fotos con ella y se comprometieron a apoyar las transformaciones. Pero eso nunca sucedió y la dejaron sola”.

—Ustedes también fueron parte del gobierno, pero se marcharon una vez que constituyeron el partido. ¿No fue también una deslealtad?

—Sí, asumo las críticas… Decidimos ser parte del gobierno para empujar la reforma educacional, claro que fuera de la Nueva Mayoría. Fuimos parte a pesar de los costos, incluso en el momento más bajo de la aprobación a la reforma, lo que nos generó un fuerte debate interno. Pero en la Nueva Mayoría había sectores que creían en cosas muy distintas a nuestro proyecto, por lo que ser partido político y estar en el gobierno se nos hizo insostenible. Por eso nos fuimos. Había que construir una alternativa junto a otros movimientos, a otra gente, pero sobre todo frente a la ciudadanía.

“En RD nos gustaría que el impulso de transformaciones de la Presidenta lo representara una coalición nueva, que de verdad crea en los cambios. Estamos trabajando para que eso ocurra”, adelanta Depolo en cuanto a la creación del Frente Amplio y que recientemente concretó un pacto para tener representación en las próximas municipales. “Nos gustaría que las organizaciones que se sienten de izquierda nos ayuden a construir este nuevo proyecto”.

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—¿Incluye al Partido Comunista?

—No me imagino un Frente Amplio sin el PC. Pero ellos tienen que tomar la decisión.

—Entiendo que ya hubo conversaciones.

—Tenemos bastante cercanía, sobre todo con las diputadas Camila Vallejo y Karol Cariola. Pero soy súper respetuoso. La pregunta que yo le hago al PC es que si están en una coalición que intenta expulsarlos, donde no los quieren y que lo más probable es que ésta gire cada vez más hacia el centro, ¿es ése el espacio donde quieren estar?

Y respondiéndose él mismo, agrega:

—Desconozco las tensiones internas. Quizá todavía ven una luz de esperanza en esta construcción mayoritaria con las fuerzas de centro, aunque eso no es, en todo caso, lo que nosotros vemos… Con Teillier nos gustaría tener conversaciones más formales. Que ellos apostaran por un proyecto de izquierda porque el ímpetu transformador de la Nueva Mayoría se terminó; no tienen nada que ofrecer salvo retrocesos. El llamado ‘realismo sin renuncia’ se convirtió en una lápida para el proyecto transformador; las reformas se volvieron tibias y empezó a caer el apoyo de la izquierda.

—En ese sentido, ¿usted cree que el PC no cuajó dentro de la NM, que ha sido algo así como un perro verde dentro de la coalición?

—El PC es distinto, tiene presencia en el movimiento social.

—El ex ministro Jorge Burgos criticó la fuerte influencia del PC en el gobierno…

—Eso es sobredimensionar su incidencia. Más bien, creo que tras las palabras de Burgos —y de muchos viudos de la ex Concertación— se enconde otra estrategia: apuestan a que la siguiente elección presidencial esté enfocada a lo que llaman la ‘estabilidad del país’, con una agenda conservadora, sin los grandes cambios que prometieron. Todos los cálculos los están haciendo con miras a 2017 y no les interesa apoyar a este gobierno, más bien desahuciaron, lo que es una deslealtad profunda.

—¿Y el chivo expiatorio es el PC?

—En gran medida. Cuando dicen que el gobierno se izquierdizó y que la influencia del PC es nociva para el país, lo que quieren es un giro de timón. O sea, aquí hubo una sobrerreacción de los poderes establecidos a un proceso de cambio. Si hasta el informe Bloomberg dijo que “los empresarios chilenos son rarísimos porque ven socialismo en todos lados”. Creo que hay una reacción visceral de la elite económica a cualquier intento de transformación en Chile.

—¿Estuvo de acuerdo con esa tesis de Lagos de que esta es la peor crisis institucional desde el Golpe de Estado?

—No. Lo que la gente quiere es plebiscitos, referéndums, consultas, ser parte de la toma de decisiones, que no exista esta representación fría. Pero lo que Lagos entiende es que la crisis institucional nos lleva a una salida donde los únicos salvadores son las elites establecidas y donde seguramente cree que la respuesta es él. No, la respuesta somos todos.

—Pero usted se reunió con Lagos, ¿fue un error de su parte?

—Defiendo el derecho a debatir, a hablar con todas las personas y lamento la interpretación que se le dio, como una suerte de acercamiento político con alguien que refleja tantas diferencias respecto de nuestro proyecto. Fui bastante ingenuo… Me sentí utilizado por parte de un entorno que intenta a todas luces levantar figuras del pasado para resolver el problema en el que estamos.

—Llama la atención que en la conformación del Frente Amplio se mencione a figuras como la de Navarro, Martner, Aguiló…

—No nos ha gustado la forma en que ciertos ex diputados, académicos, han tratado de tomar la bandera de la construcción de una nueva fuerza sin tener la fuerza ni reconocer que han sido parte del problema. Navarro está en el Parlamento desde el ’90, yo estaba en octavo básico. Entonces una cosa es conversar y otra es el descuelgue de personajes. No nos atrae y tampoco estamos disponibles. Un proyecto de nueva izquierda pasa por la renovación de rostros y también por un programa presidencial propio, con una lista parlamentaria que empuje estas dos propuestas. De momento, en esta nueva alternativa política para Chile, contemplamos una alianza de apoyo mutuo en miras a las elecciones municipales de octubre. Ese será nuestro punto de partida.