Muchos corren en círculos. Muchos otros –la mayoría, creo– o no están interesados o no entienden de qué se trata el fallo del tribunal de La Haya. Mal que mal, ¿en qué nos afecta, a los simples mortales, este fallo? Poco o nada, me atrevería a decir. Pero claro, el chovinismo campea a lado y lado de la frontera, terreno fértil para declaraciones altisonantes y, muchas veces, derechamente estúpidas.

No pretendo aquí hacer un análisis de los posibles escenarios. Si eso le interesa, en internet va a encontrar mucha información al respecto. En realidad, divagaré un poco sobre las posibles reacciones al fallo del lunes. Veamos.

Gobierno de Chile: si el fallo es positivo, será un triunfo que probablemente Sebastián Piñera tratará de capitalizar en cuatro años más. Es posible que imprima el fallo, lo meta en una bolsa Ziploc y lo pasee por el mundo, mientras Cecilia Morel le pide una y otra vez “no lo muestres”. No sería primera vez. Si es negativo, la contención de daños irá por el lado de “esto es un asunto de Estado”, recalcando que el equipo de defensa y la estrategia fueron definidos por el gobierno anterior. Suena conocido.

Gobierno de Perú: si el fallo es positivo (para ellos, claro), embanderarán hasta los carros de cuyes asados. Si es negativo, lo mismo. Al final la bronca -entendible– con Chile no pasa por un fallo. Si ganan, en todo caso, van a hacer una tremenda fiesta, mucho mejor comida y regada que lo que podríamos hacer acá.

Jorge Tarud: va a pedir, otra vez, majaderamente, que se convoque a un plebiscito para decidir si se acata o no el fallo. Eso si no nos beneficia, porque si es favorable a Chile, calleuque el loro. Aunque no va a abstenerse de decir que él fue, junto a Iván Moreira, quien se preocupó de esto desde el principio.

Iván Moreira: si el fallo es negativo, se va a sumar a Tarud en sus declaraciones, asomado detrás de él en cuanto aparezca una cámara, con el cuello estirado para asegurarse de aparecer en el mono. Si es positivo, va a tuitear “esto es lo que devía pasar, La Haiga hactuó conforme a derecho. Viva Chile, viva mi General”.

Andrés Chadwick: si el fallo es positivo, va a aparecer declarando que siempre tuvimos la razón y que es un fallo apegado a derecho. Si es negativo, dirá que pese a los reparos, Chile acatará el fallo. En cualquiera de los dos casos, acompañará sus declaraciones con un tiritón de pera, voz quebrada y profusión de pucheros. Se convertirá en meme rápidamente.

Pablo Longueira: independientemente del resultado, saldrá de la pieza oscura, leerá el diario, volverá a su pieza y apagará la luz hasta nuevo aviso.

Patricio Mery: dirá que es un complot de la CIA, porque todos sabemos que la CIA maneja La Haya.

Nicolás Eyzaguirre: dirá que los jueces de La Haya eran unos idiotas en el colegio, y que llegaron a sus cargos gracias a sus contactos. Luego se retractará.

Michelle Bachelet: dirá “paso”.

Twitter: enloquecerá en medio de consignas chovinistas. A un lado de la línea divisoria dirán “nos cagaron”, al otro “los cagamos”, acompañadas ambas visiones de gruesos epítetos.

Y todo seguirá igual. Seguiremos siendo pueblos vecinos, al final-final del mundo, seguiremos con esa eterna y estúpida rivalidad que encontrará dónde aparecer –partidos de fútbol, Copa Davis o lo que sea– y los chovinistas de siempre seguirán con el odio. Eso no lo va a resolver el fallo.

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