Tenés medialunas con dulce de leche?”. “Te pido una lágrima en jarrito; pura leche y una gotita de café”. Estas frases no se escuchan en el bar Nucha de Palermo Soho. Aunque lo parezca, no. Es el Bonafide del mall Portal La Dehesa, uno de los lugares preferidos por los inmigrantes argentinos que llegaron en los últimos años. Se trata de una nueva oleada inmigratoria que tiene poco que ver con “los buscas” que vinieron tras la crisis de 2001 y el “corralito” a ver “qué onda pasaba en Chile”.

Los nuevos trasandinos con RUT chileno son profesionales jóvenes que llegaron a Santiago expatriados, luego de que muchas empresas internacionales decidieran instalar aquí sus casas matrices. No necesitan hacer filas eternas en extranjería porque tienen estudios de abogados que hacen la parte gruesa del trámite. Además, la mayoría de las carreras universitarias no necesitan revalidación acá. ¿El sueldo? Para el mismo cargo, dicen, en dólares es más del doble. Es cuestión de caminar por la zona de Nueva Las Condes para darse cuenta. Ellos van a trabajar con pantalones de vestir y zapatillas Gola o Converse. Ellas prefieren los zapatos de taco bajo y el oversize con transparencias. El clasismo es lo que más les llama la atención. “La importancia que le dan a la elección de los colegios y la ridiculez de postular a un chico al jardín como si se tratara del MIT, es algo que jamás vamos a entender. No lo padecemos… más bien nos reímos del asunto”, coinciden.

CON CERCA DE 65 MIL RESIDENTES, según estimaciones del Ministerio del Interior, son definitivamente una de las colonias más importantes del país. Pero de ese total hay un grupo cada vez más grande que no viene a buscar una oportunidad, ni a bailar en la televisión, sino que son profesionales exitosos que se ven seducidos por tentadoras ofertas laborales. Rondan los 35 a 40 años, tenían buenos trabajos al otro lado de la cordillera y sobre todo, estaban muy bien evaluados en su desempeño. Entonces, reciben una tentadora oferta laboral con la condición de traer camas y petacas a Chile, dejando sus casas en barrios como zona Norte o de Pilar. La oleada ha ido en aumento los últimos diez años y se han ido instalando, por datos de amigos o de sus empresas, en barrios del sector oriente de Santiago. Si no, vaya a dar una vuelta por los mall de La Dehesa o el Club de Golf Santa Martina y de seguro escuchará uno que otro “che” que se lo demuestre.

La sicóloga especialista en head hunting, Ana María Krebs, partner de Stanton Chase International y de Krebs Consultores, señala que efectivamente “en los últimos años ha habido una inmigración constante de profesionales argentinos altamente calificados”. Según Krebs, esto ha ocurrido en distintas industrias, pero especialmente en retail, transporte y agencias de publicidad.

“Ellos destacan por su creatividad, flexibilidad y habilidades comunicacionales y además, porque un gran porcentaje habla inglés avanzado y tiene experiencia global. Esto hace que las empresas los consideren como una muy buena carta a la hora de buscar talentos que agreguen valor real a la organización”. Además, agrega que “hoy, dada la crisis política en Argentina y económica en Europa, el segmento de profesionales ABC1 de Argentina considera a Chile una alternativa real como destino de desarrollo profesional y familiar”.

LA INESTABILIDAD POLÍTICA Y ECONÓMICA del país vecino, además de la inseguridad, son motivos claves a la hora de aceptar ofertas laborales. Carlos Rivero, gerente de Transformación del Negocio de Banco Santander, avecindado en Chile desde 2006, asegura que estas crisis son cíclicas y que no es nada para alarmarse. “Argentina cada diez años cae en crisis. Y somos lo que somos porque hemos aprendido a vivir con ellas, a superarlas. Es lo que es, y trae sus cosas buenas y malas”. De aquí, todos rescatan lo contrario. Podemos estar muy cerca, pero a nivel de estabilidad, es casi un mundo de diferencia, o al menos, así lo ven.
Algo que les sorprende es la importancia que se le da al tema de la elección de los colegios para los hijos. “En Argentina pesa más el lugar donde quieres vivir. Eso es lo que se prioriza y luego se ve el colegio. Acá es al revés. Lo que más te preguntan cuando llegan compatriotas nuevos es por dónde vivir, los colegios y los créditos. Ahí les digo que vean primero lo del colegio porque aquí es lo más complicado, lo demás se verá según eso”, cuenta Ricardo Cerdán, argentino y presidente de Accenture en Chile. Por datos de amigos o de colegas termina la mayoría matriculando a los hijos en colegios del sector, ojalá bilingües y laicos como el Nido de Aguilas, Santiago College, Craighouse o Mayflower. Y por consecuencia, instalándose en La Dehesa o San Carlos de Apoquindo, sectores que se han ido adaptando a la comunidad argentina.

LO QUE MÁS EXTRAÑAN ES JUNTARSE A PARRILLAR O A TOMAR UN MATE con los amigos íntimos o la familia, pero el desarraigo no se siente tan fuerte a tan solo una hora cuarenta minutos en avión.
Aquí están cómodos y adaptados en una ciudad que consideran tranquila, segura, ordenada y en constante progreso.
No saben cuánto tiempo estarán y por lo que se ve, no les preocupa demasiado. Si en los supermercados del barrio alto ya es casi obligatorio disponer de dulce de leche y fernet. Y son sus seres queridos lo que más extrañan y no ese “qué sé yo” (como decía Piazzola) de Buenos Aires, que puede estar más inserta en el mundo, tener más onda y glamour, pero la solidez institucional, tranquilidad y seguridad que encuentran Santiago les sienta bien.

“Quizá si me hubiera venido más joven hubiera extrañado los boliches y la vida nocturna porteña. Pero en la etapa que estoy ahora, no extraño nada…”, cuenta Rivero. “Que fuera en Chile no fue tema…”, asegura. Había venido junto a su pareja el 2002 por varios meses y les había gustado. Era una ciudad que les parecía familiar, tranquila y segura, ideal para lo que estaban viviendo. “Nos costó muy poco adaptarnos. Nos hicimos amigos rápido. Primero fueron los del barrio, que en ese entonces era por Plaza Perú… Llevábamos al bebé a la plaza y volvíamos con invitaciones a comer”, recuerda. Hoy viven en La Dehesa, pero mantuvo amistades y han llegado nuevos por el colegio de los hijos, el barrio o el trabajo. “El lugar lo hacen las personas con las que estás, y tengo la suerte de que he conocido mucha gente linda”, dice.

Maite de la Arena es otro ejemplo de esta migración sui generis. Gerenta general de P&G en Chile, lleva un año y medio en Santiago y no se queja. “Si bien con directores o gerentes de otras partes me costó un poco más la integración, porque creo que hay un poco más de machismo, me fui acostumbrando. Y en la empresa me recibieron muy bien desde el principio. Mi mayor miedo era la inserción de mi familia, y eso por suerte no costó nada. Mis tres hijos a los cuantos meses, ya estaban felices y con amigos”, dice aliviada.
Para Ricardo Cerdán, el tema es un poco más complejo. A pesar de tener amigos chilenos, extraña la soltura de sus compatriotas y quizá por eso su grupo más cercano en Santiago lo componen en su mayoría trasandinos. “Siento que aquí es más complicado armar un panorama, la gente se planifica más y son más formales. Entre argentinos se puede dar una parrilla a último minuto y ahí se verá… Son más relajados a mi parecer”, opina.

El ejecutivo ya había vivido en Chile entre 1990 y 1995, y se impresionó cuando volvió unos años después. “La transformación fue realmente impactante. Ha habido una evolución muy positiva en todos los ámbitos. En los ’90 todo era muy cerrado, lo notabas hasta con la tele. Ahora se está abriendo más, se nota una ciudad en progreso. Por otro lado en esa época casi no había argentinos viviendo acá, ¡ahora está lleno!”, agrega con una sonrisa que no puede disimular.

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