Sus cielos son azules, perfectos. La tierra hace juego con los colores del atardecer y el pueblo parece un escenario como sacado de otro planeta. Imposible no apreciar el encanto de este lugar, ubicado a 1.670  kilómetros al norte de Santiago y considerado la capital arqueológica de Chile.
Hace tiempo que dejó de ser la joya conocida nada más que por mochileros.  Hoy por las calles del pueblo y sus infartantes escenarios naturales circulan turistas provenientes de todas partes del mundo, como también estrellas de la televisión y productores de cine. De hecho, en los días en que CARAS se encontraba recorriendo esta zona, la productora publicitaria de los automóviles Jaguar estaba filmando un comercial nada menos que con Kate Moss, según comentaban los locales. También la National Geographic efectuaba un reportaje. Y un canal de Brasil realizaba una teleserie ambientada en los tiempos de Jesucristo. Toda una muestra de lo inspirador que resultan sus paisajes, que evocan imágenes de otro tiempo, pero también cargadas de sofisticación y glamour. Todo en uno.

Las expediciones están a la orden del día y hay para todos los gustos, aunque se necesita buen estado físico, soportar la altura y la dureza del clima.
El centro de operaciones está en el pueblo, una especie de oasis en medio del desierto, con paredes amuralladas, caminos de tierra y un encanto que lo convierten en un lugar irrepetible. Está hecho para los turistas; gran parte de los que aquí operan hablan varios idiomas; los precios y las cartas de los restoranes están en inglés y se aceptan dólares en la mayoría de las partes. Sólo hay que darse una vuelta por Caracoles, la calle principal, para tener a mano toda la oferta de la que es capaz San Pedro: agencias de turismo, arriendo de bicicletas y tablas para deslizarse cuesta abajo por la arena; restoranes, tiendas de artesanía, bares, boutiques…

Hay que visitar la iglesia, rodeada por un muro de adobe con tres puertas coronadas por un arco. Es la más grande de la región. Fue sede parroquial antes de 1641, pero sus actuales muros son de 1744 y fueron reparados entre 1839 y 1843.
La mayoría de los hoteles se encuentran a pocas cuadras y ofrecen entre sus servicios expediciones a varios de los hitos geográficos más impactantes: Géiseres del Tatio, a cuatro mil metros sobre el nivel del mar donde emergen imponentes fumarolas a través de las fisuras en la corteza terrestre; el Valle de la Luna, una depresión rodeada de dunas desérticas y cerros con impresionantes crestas filosas, que se encuentra sobre la Cordillera de la Sal; y el Salar de Atacama: reserva natural de flamencos, con una vista magnífica de las montañas y volcanes que se coronan de nieve durante el invierno.Un lugar increíble para visitar y ser admirado por su gran belleza.

Restoranes y más:

Adobe: Una de las paradas imperdonables de San Pedro. En una noche cualquiera alrededor del fogón puede encontrarse con un conocido decorador, un arquitecto top o un actor famoso. La comida es excelente. Recomendamos el quinotto, los ajíes rellenos con prietas y las pizzas a la piedra. Caracoles 211.

Sendero de Coyo: Comida autóctona y orgánica, eso es lo que ofrece este restorán  cuya carta es la mejor muestra de la gastronomía local: carne de llamo, guanaco y cordero, junto con quínoa y verduras cultivadas en su propio huerto. Todo es preparado por la dueña, Daniela Vega. Vale la pena darse una vuelta por el jardín y dormir la siesta en las hamacas. 56 55 53 9449.

Heladería Tierra del sol: Al más fiel estilo italiano, todos sus productos son hechos con leche o agua, sin mantequilla, aditivos o colorantes. Imperdible es el helado de maracuyá, chocolate-naranja y, obvio, el de chañar, coca, quínoa y rica rica, típicos de la gastronomía local. Caracoles 101.

La casona: Es como estar en El Liguria, pero con piso de barro y muros de adobe. Pura onda, sobre todo de noche, con un borgoña bien helado y un sándwich de lengua, uno de sus imperdibles, junto con las empanadas y las parrillas. Para instalarse con amigos después de un día de excursiones y no moverse más. Caracoles 195-B.

El ´Tesoro`de le paige

“En San Pedro encontré por fin la razón de mi vida, en este pequeño y gran oasis de la puna chilena”, señaló el sacerdote belga Gustavo Le Paige, sin duda uno de los hombres más influyentes  en la historia del lugar.
Fue amigo del padre Alberto Hurtado, su copadrino de ordenación sacerdotal en Lovaina, Bélgica. Y aunque Hurtado murió antes de que Le Paige arribara a Chile, fue él quien lo sugirió como párroco de Chuquicamata, pero lo rechazó por ser demasiado occidentalizada. Buscaba un grupo humano en contacto viviente con la naturaleza. Quiso vivir entre los más pobres y lo encontró en Atacama, el que transformó en su hogar por 25 años.

El sacerdote se obsesionó por estudiar a los atacameños desde sus orígenes y se transformó en un buen conocedor de la cultura preincaica. Estaba decidido a que los atacameños tomaran conciencia de sus ancestros, creadores de ricas y valiosas expresiones culturales, los lickan antai, quienes ofrecieron dura resistencia en el pucará de Quítor a los invasores españoles capitaneados por Francisco de Aguirre.
El sacerdote logró reunir una gran colección de tesoros indígenas que encontró en más de 300 sitios arqueológicos, pucarás, recintos habitacionales y cementerios. En 1957 inauguró en plena casa parroquial el primer museo que lleva su nombre y que creó “para revelar a San Pedro y su cultura al mundo entero”.
Este humilde y pequeño sacerdote católico de sotana gris y rostro curtido por el desierto transformó a San Pedro en el baluarte del conocimiento arqueológico del Norte Grande. “Mi gran anhelo es dar a conocer la milenaria cultura de San Pedro”, solía decir.
Escribió cuatro libros, además de una veintena de artículos para revistas especializadas.
Después de luchar contra un cáncer implacable, murió el 19 de mayo de 1980 en Santiago. Hasta el final insistió en pasar sus últimos días entre sus queridos atacameños.
Dirección: Gustavo Le Paige 380.

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