NUEVA YORK ERA UNA FIESTA: La Gran Manzana atrae turistas durante todo el año, pero es el fin de semana del Maratón cuando la ciudad se ve invadida por una horda deportiva sin precedentes. Por unos días de septiembre, en los bares y restoranes sólo se habla de correr, y en los parques no se ven niños ni perros sino hombres y mujeres corriendo casi al estilo Forrest Gump.
Para Soledad Reyes (45), integrante del club TYM Triatlón, lo ideal es llegar dos días antes de la carrera, con el fin de recorrer la ciudad y evitar imprevistos. ¿Dónde alojar? The Kimberly Hotel ofrece paquetes especiales para los maratonistas.
Dependiendo de la hora de arribo, Reyes aconseja almorzar en Café Metro o conseguir una cena en el Cipriani Downtown, “cuyas pastas son la mejor opción”, tanto deportiva como gourmand.
Por la noche, la Avenida Broadway llama. Basta atravesar Times Square para llegar a una de las calles más reconocibles de Manhattan y sentirte, por unos minutos, más Woody Allen que nunca. Si te organizas con tiempo, asistir a la ópera o al musical de moda es parte del rito.
Para los que debutan en Nueva York, el servicio New York Sightseeing puede brindarles, en un solo tour, esa familiaridad tan deseada. Si no, nunca está de más una vuelta por Madison o la Quinta Avenida, donde se encuentran las más famosas tiendas de ropa. Sobre todo si lo que se persigue es lucir elegante y sofisticada.

Como nadie quiere perder el training, “el día anterior a la carrera se puede salir al Central Park y recorrer el perímetro de 10K del parque o realizar un calentamiento alrededor del embalse Jacqueline Kennedy”.
Para los católicos, asistir a la misa de las cinco de la tarde en la Catedral Saint Patrick es una alternativa. “El oficio es dedicado a los corredores y luego son bendecidos por el cura. Al término se entregan recuerdos y la gente te aplaude”, relata Reyes.
Terminar la jornada con unas pastas en Little Italy de Manhattan es el mejor cierre a la espera del gran día.
Para el post-maratón, un desayuno en Le Pain Quotidien conjuga la elegancia con el uso de elementos orgánicos en la fabricación del pan. Cerca del mediodía, un paseo por la Zona Cero, donde se levanta el memorial a las víctimas del 11/S, es un requisito.
Por la noche, una cena en el Balthazar, cuyo estilo cosmopolita, calidez y elegante decoración simulan un bistrot francés del barrio Opera de París. “Es ideal para ir a celebrar”, recomienda Soledad Reyes. No olvide reservar.

LONDRES UN CORAZÓN GRANDE: cuando John Disley y Chris Brasher comenzaron con la idea de crear un maratón en Londres, su única duda era si la capital británica tendría el corazón y la hospitalidad para recibir al mundo. Hoy, en su trigésima edición, el de Londres es uno de los cinco mejores maratones, sin contar que recauda más de 40 millones de libras para obras benéficas.
Abril se llena de atletas, con un promedio de 50 mil asistentes. David Farcas (46), ingeniero industrial de varias maratones, sabe que hay que llegar al menos dos días antes y que Hyde Park es el sitio ideal para elongar los músculos. Es ahí donde los maratonistas practican con las camisetas de sus respectivos países.

Tan imperdible como contemplar Londres desde el London Eye es ir a la Expo del maratón. “Además de retirar los números y chips, están a la venta todo tipo de productos. Hay charlas y es el momento propicio para conocer a los campeones del mundo. Es como si un futbolista se encontrara con Messi en la cancha del Barcelona”, explica Farcas.
El panorama sabatino se reserva para los tours en los tradicionales buses rojos o sobre el Támesis. Por la noche, la tradición obliga: pastas. “En Londres hay muchos restoranes italianos y todos son muy buenos. Si no quiere pastas, los bares ofrecen descuentos y menús especiales para los atletas”, dice el ingeniero. Recién entonces, amerita el descanso. La gran mañana se avecina.

CHICAGO WHAT A WONDERFUL WORLD: La ciudad de los vientos es el paraíso de los ciclistas. Más de 160 kilómetros de ciclovías la convierten también en un lugar privilegiado para los deportistas que cada año concurren al Maratón de Chicago. Se celebra el primer domingo de octubre y reúne cerca de 50 mil personas. Si Nueva York se convierte en una fiesta, Chicago es un concierto. Rosario Ureta (42), de TYM Triatlón, recomienda el circuito por la orilla del lago Michigan, uno de los más grandes de Norteamérica. Caminar sobre su arena, que a cada paso suena debido al alto nivel de cuarzo, es toda una experiencia.

Conocida por el blues y el gospel, Chicago también es célebre por sus bares de jazz, como el Green Mill. La leyenda dice que era el favorito de Al Capone y se rumorea que incluso llegó a esconder whisky en el subsuelo del lugar. Su ambiente —ofrece techos bajos, luz al mínimo y mucho ruido— y el hecho de dar espectáculos en vivo lo convierten en un lugar de gran demanda.
A pesar de que tiene un rápido sistema de trenes, la mejor manera de conocer la ciudad es navegando por el río. Las embarcaciones suelen salir del puerto Navy Pier y del embarcadero ubicado al lado del Chicago Tribune. El viaje dura algo más de una hora y permite pasar revista a toda su historia arquitectónica con parada en los principales monumentos.
“Como debemos ir a dormir temprano, por la noche vale la pena ir a las pizzerías Due o Uno, que son las preferidas por el presidente Obama”, afirma Ureta. Allí preparan las pizzas en sartén y con un grosor de 4 centímetros.
Para el día después de la carrera, el panorama es Magnificent Mile. En la Avenida Michigan, concentra grandes tiendas y edificios, siendo uno de los lugares más caros y selectos de Chicago. Si prefiere ahorrar, no importa: haga el paseo y al final del recorrido se encontrará con la Hancock Tower, cuyo observatorio ofrece una vista inenarrable de la ciudad. No hay mejor manera de despedir Chicago que observándola en todo su esplendor.

BUENOS AIRES LA INICIACIÓN DEL RUNNER: Las callecitas de Buenos Aires no sólo se conocen por el tango y la milonga, sino también por lo que ofrecen para los corredores. Doce mil personas suelen apuntarse para el mes de octubre en la patria del Obelisco. “Quedarse en el tradicional hotel Pampa, que está cerca de la partida de la carrera, te da la posibilidad de levantarte temprano y salir el sábado a trotar por los bosques de Palermo”, cuenta la maratonista y periodista de El Mercurio, Patricia Vildósola (52). Si lo prefieres, puedes entrenar por el costado del tren de la costa que va recorriendo el Río de la Plata.
“Por la tarde y si no quieres caminar, vale la pena realizar un tour por el Teatro Colón donde te muestran ese mundo increíble que existe tras bambalinas de toda la actividad musical”, cuenta Vildósola. El teatro, que reabrió sus puertas el año 2010 permite contemplar la elegancia y el esplendor de una Argentina marcada por las artes. Finalizando la jornada, nada mejor que pasear por Palermo y terminar con un reponedor plato de pastas en el restorán  Gardelito de la calle Thames.

El lunes después del maratón y para los amantes del deporte, un tour por el estadio Alberto J. Armando, La Bombonera, es un buen panorama. El recorrido ofrece revivir los momentos más importantes de Boca Juniors, con una visita guiada por las gradas, salón de trofeos y vestuarios, permitiendo conocer la historia de algunos de los ídolos del fútbol argentino.
Y como ningún viaje está completo sin el shopping, no puede dejar de visitar Barrio Palermo y Villa Francia, donde se encuentran los mejores outlets de ropa de origen argentino y marcas exclusivas. Aquí los fanáticos de la moda pueden encontrar fácilmente las mismas prendas de los centros comerciales a precios muy inferiores. La elegancia y buen gusto al alcance de su bolsillo.
Para cerrar la experiencia post-maratón, tomar el tren e ir a Tigre para abordar una lancha colectivera y recorrer los canales argentinos es un “must”. Terminar con una cena en el restorán Los Inmortales, que prepara las mejores pizzas de Buenos Aires. Un broche con final de tango para el maratón trasandino.