Le ha costado ‘rehabilitarse’ de la adicción que produce el poder. Tras 15 años en política activa como diputado UDI por tres períodos, subsecretario de Hacienda y ministro de Energía, a Rodrigo Alvarez (46, casado con Pamela Serra, cinco hijos) no le resultó fácil salir de la primera línea para convertirse en un ciudadano común. No alcanzó a prepararse mentalmente ni a allanar el camino por  lo abrupta de su renuncia a la cartera de Energía en marzo pasado, luego de que fuera excluido de la negociación en el conflicto de Aisén, lo que provocó un verdadero terremoto político al interior de la Alianza.
Pero mateo y planificado como es, a las dos semanas ya tenía su futuro laboral resuelto. Se integró al estudio de abogados de su amigo Rodrigo Pérez de Arce —que se especializa en materias tributarias, corporativas y de libre competencia—, y retomó las clases en la Facultad de Derecho de la U. Católica.

Ya han pasado siete meses desde entonces, y el ex parlamentario admite que le ha ido tomando el gustito a mirar la política desde afuera, por lo que cree que este paréntesis se extenderá por largo tiempo.“Hace muy bien tomar distancia desde el punto de vista profesional, personal y familiar”,  dice, aunque reconoce que no les pierde pisada a los movimientos del gobierno y de la Concertación.

COMO HOMBRE DE CONFIANZA DE LUKSIC, en septiembre se incorporó al directorio de Canal 13, que lo obligó a dejar sus libros de historia de lado para ver televisión a toda hora, ante el asombro de su mujer que no le cree que está trabajando. Además, hace unas semanas debutó como el flamante nuevo presidente de la Asociación de Concesionarios de Obras de Infraestructura Pública (Copsa), donde se impuso como desafío fortalecer la institución, responder mejor a las actuales concesiones y a las expectativas de los usuarios, e impulsar el gran proyecto de inversión de concesiones que tiene el gobierno, que bordea los 8 mil millones de dólares.
—¿En qué parte de su proceso de ‘rehabilitación’ se encuentra?
—Quince años en política, cuesta dejarla. Es mi vocación. Es difícil no ser parte de los debates públicos, de la resolución de materias, de la toma de decisiones en infinidades de temas… Eso no quita que siga muy atento. Continúo hablando con muchos de mis amigos, y aconsejo en privado sobre lo que estimo se está haciendo bien o mal.
—¿Aún dolido por cómo salió del gobierno?
—No… El proceso y la  manera en que salí fueron dolorosos, porque te enfrentas a amigos y a personas con las que has trabajado y llevado bien. Pero cuando decidí renunciar, sabía que debía retomar rápido mis actividades y no mirar para atrás.
—El gremialismo reclamó que si Rodrigo Ubilla fuera UDI le habrían pedido la renuncia por el caso sobreprecios, en comparación a su salida.
—Es un error equiparar ambas situaciones. Para empezar, yo renuncié sin consultar al partido, por responsabilidad política y porque creía que éticamente era lo que correspondía.
—¿Coincide en que La Moneda blindó a Ubilla?
—No tengo todos los antecedentes para opinar. Parte de mi rehabilitación ha sido concentrarme en mis actividades, y pretendo mantener esa lejanía. No tuve intención de ser candidato en las municipales; tampoco en las próximas parlamentarias.
—¿Esperaba los bajos resultados que obtuvo el gobierno en las recientes elecciones?
—El dato más preocupante fue el nivel de abstención, y las causas van desde el desencanto, el desinterés de participar en los debates públicos, la indiferencia por los resultados hasta el rechazo por la forma de hacer política de todos los sectores.
—Sin embargo, fue la Alianza la más castigada.
—Quedaron en evidencia algunos problemas de estrategia política y de comunicación. Este gobierno ha hecho una gestión extraordinaria en desarrollo, crecimiento, en políticas públicas y sociales, pero le ha faltado ser más claro en los objetivos, en la toma y aplicación de definiciones, y en la capacidad de mostrar sus buenos resultados.  Y eso termina alejando a la gente.
—¿Mejorará la estrategia política con la salida de Rodrigo Hinzpeter de Interior?
—Espero que Andrés Chadwick haga una gran labor. Se necesitan acuerdos en muchas áreas, es el momento de alcanzarlos.
“Jamás di por muerta a la Concertación, tuvo un buen resultado electoral, pero queda mucho por escribir de lado y lado. Cada coalición tendrá que revisar qué pasó, quiénes participaron y se abstuvieron, el nuevo factor de voto voluntario, y procesarlo para las presidenciales”.
—La UDI fue la más castigada…
—Lo más complejo fueron las derrotas simbólicas como la de mi amigo Pablo Zalaquett en Santiago donde había hecho una gran gestión.
—¿Pecó de exitista?
—Hubo varios errores, pero lo del balcón fue innecesario. El exitismo es lo más dañino, la gente lo percibe mal y al final puedes vivir malas sorpresas como las que ocurrieron.
—¿Cambió el escenario político a partir de las municipales?
—Un resultado electoral como éste produce consecuencias, cambios de apoyo, de estrategias, sensaciones de triunfo como también de incertidumbre, pero me quedo con lo que decían algunos ‘analistas’ antes de estos comicios, que las municipales no tienen relación con la elección presidencial, aunque varios se olvidaron de sus palabras.
—¿Y le queda tiempo al gobierno?
—Un año en política es demasiado para que cada coalición desarrolle sus estrategias y presente sus mejores alternativas.

—¿ES LAURENCE GOLBORNE LA MEJOR ALTERNATIVA DE LA ALIANZA?
—Somos muy amigos, es una persona notable, y fue brillante en tres ministerios. No hay dudas de que es una gran carta presidencial.
—¿Qué le parece su decisión de lanzar su candidatura y desafiar a Bachelet?
—La historia muestra cuan cambiantes y activos son los escenarios políticos.
—La gran complicación de La Moneda ante la salida de ministros candidatos, es que no contaba con mucha gente que quiera trabajar en el gobierno.
—Es lamentable para éste y para quienes tienen vocación de servicio y no puedan hacerlo.  Desconozco la causas. Quizás es natural que cuando queda menos tiempo, no todos estén disponibles para asumir responsabilidades.
—¿Habría regresado al gabinete?
—No, y nadie me ha llamado. No tengo intención de desempeñarme en ningún cargo público por un buen tiempo.
—Como presidente de Copsa pretende impulsar un plan millonario de inversión del gobierno,  sin embargo, funcionarios del Ministerio de OO.PP. sostienen que desde adentro hay una tendencia a paralizar los proyectos. ¿Qué hay de cierto?
—Desde el año pasado se han acelerado las concesiones. Recordemos el impacto que significó el terremoto, y el primer año y medio de gobierno los recursos a Vivienda y Obras Públicas —que eran gigantescos— iban destinados a recuperar infraestructura. Ahora tenemos un plan mayor, con muchos miles de millones de dólares, donde vi al ministro Golborne y al director  de concesiones Emilio Pellegrini muy decididos, trabajando con mucha diligencia y cumpliendo los plazos.
—¿Cree que un período presidencial de cuatro años es suficiente para echar a andar proyectos de envergadura?
—En Chile hay una continuidad de estado absoluta. Hay obras a largo plazo que comprometen a varios gobiernos. Y otras más cortas, o modificaciones a proyectos que requiere un par de años.
—¿El canal de Chacao comenzará a construirse en esta administración?
—Está en la etapa de una primera licitación, de diseño y de proyección, pero es una obra gigantesca que probablemente tendrá el compromiso de un par de gobiernos.
—¿Dónde está puesto el foco entonces?
—Desde la autopista de Vespucio, carreteras, hasta nuevos aeropuertos y hospitales.

NO SABE MUCHO DE TV, aun así aceptó la invitación conjunta del rector de la Universidad Católica Ignacio Sánchez y de Andrónico Luksic para integrar el nuevo directorio de Canal 13. “Siento profundo afecto por ambos. Ignacio es el rector de la universidad de donde soy profesor; y a Andrónico lo conozco hace muchos años de actividades gremiales, sociales. Hay muchas materias jurídicas, comerciales y  de inversión que desarrollar, además del componente televisivo que es muy interesante. Llegué junto a Alejandro Jadresic y Nicolás Eyzaguirre (quien asumió como presidente del directorio) en un momento en que el canal está número uno. La idea es seguir fortaleciéndolo”.
—¿De qué manera?, ¿tiene alguna función específica dentro del directorio?
—La función de todos los directores es tomar las decisiones fundamentales que tiene una empresa. Cada uno viene de áreas distintas y aportamos desde nuestras capacidades. Y me llama la atención que aunque representan a los diversos accionistas, hay una búsqueda permanente de acuerdos y de visión conjunta para que siga siendo un mejor canal.
—¿Y cuál es su relación con la TV?
—Soy más de lectura. Para sorpresa de mi señora, cada vez que me encuentra viendo tele le digo que estoy trabajando; ¡dudo que me crea! Trato de ver en mis espacios libres durante el día.  Me encanta ver películas, series como Friends, Downtown Abbey pero no pretendo ni remotamente convertirme en un experto en estas materias.
—Le debe tocar trasnochar harto ahora que los realitys del 13 terminan casi de madrugada.
—Suelo dormirme muy tarde. Con mi señora acordamos que en la pieza podía leer hasta la hora que quisiera, pero se me olvido agregar a la cláusula la TV. Así es que tengo que partir para otro lado.
—¿Estuvo de acuerdo con que la Iglesia vendiera parte de sus acciones del canal?
—La sociedad entre la universidad y Andrónico Luksic ha sido excelente para ambos. El canal se había transformado en una situación muy compleja en términos financieros.
—Da la sensación de que tras la venta, la estación se desató; con un Yerko Puchento más deslenguado; el reality Pareja perfecta ha generado varias denuncias al CNTV por el bullying de sus participantes, ¿quién pone hoy los límites?
—Son etapas. Vino el cambio de administración, de ser un canal con dificultades, se ha hecho un trabajo empresarial magnífico, y claramente hay que ir analizando los contenidos, determinados programas hasta situaciones puntuales que se pueden dar. Ahora viene un largo camino de consolidación, de abarcar otras áreas y desarrollar nuevos proyectos.
—Para muchos la rutina de Yerko Puchento en la primera edición de Vértigo sobrepasó los límites; denigró a sus invitadas y terminó riéndose de los ejecutivos de otros canales, ¿lo vio?
—Sí. Fue una situación nueva, extraordinaria, de un personaje que apareció después de mucho tiempo. El segundo capítulo tuvo una recepción distinta, por eso lo justo y correcto será evaluar el ciclo y la actuación completa de esa persona, y no en forma aislada. En todo caso, creo que siempre es bueno saber reírse de uno mismo…
—¿Cuál es el límite?
—Tenemos una línea editorial y está el respeto que se merecen muchas personas e instituciones más allá de sus posiciones y convicciones.
—¿Cómo opera la revisión de contenidos?, ¿tiene usted acceso previo a los libretos?
—No, es materia de la dirección ejecutiva, de cada programa y de quienes participan en ellos.
—¿Es susceptible hoy intervenir o censurar algún libreto de Jorge López, por ejemplo?
—No, y tampoco lo compartiría. El canal tiene su visión y política editorial, y es deber de quienes trabajan en éste de conocerlas. En un momento nos tocará evaluar la programación completa, pero no hay que olvidar que esta es una empresa de accionistas, por tanto hay que ver 20 mil cosas más, desde proyectos de inversión, decisiones económicas y jurídicas, estrategias futuras. Es un mercado altamente competitivo…
—Da la impresión de que la danza de millones manda hoy por sobre la calidad de los contenidos.
—No. Debe haber siempre un delicado balance entre contenidos y los espacios de entretención, y parte de nuestra tarea como directorio es ir construyéndolo. A través de recursos y asignaciones debemos generar programas distintos, y tener una adecuada mezcla de entretención, deporte, algo de farándula y prensa. Nuestra marca es un activo histórico, y económicamente muy relevante. En estos procesos de madurez debemos buscar no sólo el éxito, también mantener la calidad a largo plazo.
—¿Qué programa de su canal lo deja satisfecho?
—Las noticias, el matinal, Los 80, hasta los programas de farándula hemos tenido la capacidad de hacerlos con éxito.

“NUESTRO SELLO HOY ES LA BÚSQUEDA DE CALIDAD. Estamos en una etapa fuerte de transformación y de crecimiento. La gestión de René Cortázar y ahora de Nicolás Eyzaguirre son indispensables para un buen desarrollo. A ambos los conocí en el mundo político, y les tengo un respeto enorme. Nicolás está en una etapa de aprendizaje acelerado del mundo televisivo”.
—¿En qué se ha notado su mano?
—El tendrá que ir definiendo qué sello impondrá. Sólo puedo decir que ha conducido magníficamente el directorio. Tiene una presencia importante, está muy involucrado en todas las decisiones, preocupado de asumir este nuevo rol en forma tan notable como cuando estuvo en el FMI, en el Banco Mundial o en el Ministerio de Hacienda.
—Pero vislumbrará hacia dónde apunta.
—Por ahora consolidar el canal en otras áreas y horarios en que ya es exitoso y producir TV de calidad en todas las ofertas. En esto, no sólo tiene nuestro respaldo; en el proceso que encabeza están todas las personas comprometidas.
—René Cortázar antes de irse dijo que quería transformar el noticiero en el mejor de Chile. ¿Por qué les ha costado tanto conseguir el liderazgo?
—La marca del siete también es muy poderosa, potente, recordada y con equipos históricos. Son procesos que demoran, cuesta que los equipos se afiaten, encontrar exactamente lo que está buscando la ciudadanía en las noticias. Es un proceso de aprendizaje. Se está haciendo un trabajo serio, y desde el directorio seguiremos colaborando en esa área que es muy influyente y relevante para un canal.

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