Aceptó la entrevista sin demora, pero con condiciones: “Tengo como política contestar las preguntas por escrito (con contrapreguntas, por supuesto) o, alternativamente, revisar la redacción de las respuestas antes de publicarse. En ningún caso es para evadir preguntas o cambiar respuestas, sino porque me gusta usar la palabra precisa para cada concepto, con la finalidad de asegurar que las respuestas reflejen exactamente lo que quiero decir”.

No había opción. Rolf Lüders Schwarzenberg (77 años, casado con Marily Morales, cinco hijos) es un hombre pragmático, de formación alemana por los cuatro costados. De hablar pausado, responde como si estuviera dictando clases. Sobre la amplia mesa dibuja con el dedo índice círculos y curvas, explicando los altos y bajos de la economía.

—¿Qué nota le pone al mandato Piñera?
—Ha sido un buen gobierno; le pongo nota alta. Por lo anterior —incluso muchos en la oposición lo reconocen— me apena su bajo reconocimiento público. Poco me interesa si se le tilda de derecha o de izquierda. Me importa que propicie políticas que nos lleven al desarrollo, que asocio con una economía social de mercado, inserta en la economía internacional y responsable en materias fiscales y monetarias. En ningún momento se ha apartado de esos principios.

rolf-verticalCélebre integrante de los Chicago Boys, no le queda nada de boy, pero de la escuela Chicago es aún el exponente más ortodoxo. Neoliberal a ultranza, master en Economía, en Administración de Empresas y doctorado en Economía de esa universidad, admite que le gusta mucho cómo está el país, pero se niega a ver lo que no le agrada o no entiende. Tras el descontento social “hay mucho de envidia”, explica, “los ajustes de las AFP son de fácil corrección: hay que ahorrar más y por más años”; “la pobreza se combate con crecimiento” y “la equidad excede el ámbito económico”… son algunas de sus convicciones.
Lüders también sabe de altibajos. Tras la debacle financiera del ’83, como ex alto ejecutivo del grupo BHC fue declarado reo y detenido junto a otros cuatro ejecutivos de empresas relacionadas. Y como biministro, de Hacienda y Economía, de Pinochet, lideró la intervención de la banca.

—¿Dónde estaba hace 25 años?
—En Santiago, pero viajaba bastante. Era profesor de economía en la Universidad Católica y formaba parte del equipo directivo del Centro Internacional del Desarrollo Económico (Cinde), que agrupaba a unos 400 centros de investigación en economía y think tanks en todo el mundo. Tal como ahora, mi hobby era el campo.
Hoy, en la sede del Centro de Estudios Públicos, CEP, termina su libro sobre la historia económica de Chile, financiado por el centro, que debe salir a la venta en octubre. Después volverá a hacer clases.

—¿Le gusta el Chile de hoy? Casi todos los países latinoamericanos están en manos de la izquierda y varios con crecimientos importantes, como Perú y Brasil.

—Me gusta mucho más el de ahora que el de antes; definitivamente más próspero, con mucho menos pobres y la población —dicen las encuestas— está harto más satisfecha en lo personal. Es cierto que Perú, gobernado por la centroizquierda, crece aceleradamente, pero lo hace sobre la base de un esquema muy similar al nuestro. Colombia, con un gobierno más de centro, vive una experiencia parecida. Brasil, caso intermedio, todavía con vestigios de proteccionismo y mercados distorsionados y con un Estado hipertrofiado, crece menos rápido. Por el otro lado, Argentina y Venezuela, que aplican políticas populistas, están sufriendo graves problemas. Lo que demuestra que en América Latina no importa tanto si los gobiernos son de centroderecha o centroizquierda, sino el tipo de políticas económico-sociales que aplican.

—¿Admite que Chile es el resultado de los 20 años de gobierno concertacionista?
—No, pues. La mayor parte de las transformaciones de fondo se hicieron bajo el régimen militar, pero el modelo se ha ido perfeccionando. Las instituciones económicas son ahora mejores que cuando se fue Pinochet. Es notable la continuidad en la política económica, que se explica porque la conducción la han ejercido ministros de Hacienda de formación muy similar. Ha habido pocas alteraciones fundamentales en 20 años.