Dice que no ocuparía ningún cargo si Bachelet se lo ofreciera desde La Moneda. “Ese ciclo ya se cerró. No aceptaré nada, no me interesa”. Y advierte: “No hablo con ella ni por ella”. También dice que las presidenciales serán duras y de resultados estrechos, con la ex Presidenta como ganadora. “Michelle tiene una opción de triunfar en primera vuelta bajo la condición de que el mundo político que la apoya la favorezca con una actitud unitaria y generosa, con la resolución de los temas pendientes (programa y pacto parlamentario). Y, también, si se concentra en su campaña aceptando el desafío que planteó el 30 en la noche: transmitir un mensaje de esperanza y cambio a los electores chilenos”, afirma.

—¿Cómo se ve el panorama para noviembre con esta baraja del naipe?
—Las fuerzas que apoyarán su candidatura requieren enviar mensajes de que están entendiendo las señales que vienen de las urnas. Eso y sólo eso hará posible ganar en primera vuelta una elección donde habrá muchos candidatos. La Nueva Mayoría tiene dos tareas muy difíciles por delante: mantener su convivencia y diversidad, siendo productivos no sólo en lo programático sino que en el modo en que trata sus conflictos. Con su alta votación, Bachelet ganó muchos grados de libertad y no dudará en usarlos para mantener la coalición unida y con capacidad de gobernar, dando garantías a todos.

—¿A quién favoreció la alta participación en las primarias?

—Fue una consecuencia del peso de Michelle Bachelet en el escenario electoral, de su poderosa adhesión y del debut de este mecanismo para la definición de la candidatura de la derecha. Los datos son elocuentes. Reflejan la importancia de haber enfrentado esta campaña con propuestas de contenidos y no con estrategias publicitarias. Y demuestran el fracaso de las campañas negativas.

Wp-Solari-193—¿Alguna posibilidad de que Longueira le gane a Bachelet? RN no apuesta a eso.
—No creo que Longueira pueda ganar. Es el peor candidato para enfrentar a Bachelet. Pero su rol es otro: potenciar la lista parlamentaria UDI y mantener el peso de su bancada en el Congreso para enfrentar las reformas que vienen. Es muy difícil girar desde el discurso duro y autocomplaciente a uno que dispute votos de una clase media que es moderada, pero quiere cambios.

—¿Apoyarán a la candidata sus tres contendores y sus partidarios? ¿Cuánto los necesita?
—Sus tres contendores son los más interesados en respaldarla. Tanto para garantizar un futuro político personal, o porque quieren que sus ideas permeen el programa del futuro gobierno. Esas son las ventajas de estar del lado de la eventual ganadora. Hay muchos incentivos. Ella quiere gobernar con una mayoría no sólo amplia, sino también sólida. Eso requiere sumar y sumar.

—¿Qué pasa con los seguidores de Allamand y RN? Votarán por Longueira o, desaparecido el “centro” se inclinarán hacia Bachelet? Allamand ni siquiera le dio un abrazo en público a Longueira.
—Allamand no entendió que la primaria era una elección simultánea y que competía no sólo con Longueira, sino también con Velasco y Orrego por los mismos votos. Y entonces cometió el error de endurecer su discurso, haciendo indiferente votar por él o por Longueira. Y perdió una vez más, por un error estratégico autoinfligido. Pero, como siempre, terminará de portaestandarte de la campaña UDI. Sus votantes se dividirán, los candidatos a parlamentarios de RN pagarán el costo de su derrota y Andrés escribirá una versión actualizada de la travesía del desierto.

¿No más política?

Ricardo (el Chino) Solari sonríe poco, pero sabe de lo que habla. Como economista (de la Universidad de Chile), con una maestría de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), lleva 30 años trabajando en el ámbito de políticas públicas, reformas laborales, fondos de pensiones, empleo y otros temas que preocupan a los ciudadanos del mundo. Su interés se ha centrado en América Latina: colaboró con el Centro de Estudios Públicos (CEP), ha sido consultor de la Cepal y, actualmente, asesor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Viaja con frecuencia dentro y fuera de Chile, y le sigue el pulso a la política criolla. Mal que mal entró al Partido Socialista a los 15 años, fue  ministro del Trabajo de Ricardo Lagos y jefe de campaña de Michelle Bachelet. Tiene 58 años y, según dice, “una vida organizada, entretenida, muy diversa”. Padre de tres hijos, está casado (por segunda vez) con la periodista Milena Vodanovic.

Conoce a Bachelet desde los años de la Unidad Popular. Pero ahora, dice, no la ha visto. Curiosamente, no ocupó ningún cargo bajo su gobierno, aunque algo le ofrecieron (se niega a decir qué). Fue dirigente de la Federación de Estudiantes Secundarios (Feses), participó activamente en la campaña del No y en la elección de Aylwin. Bajo su mandato fue subsecretario del Ministerio Secretaría General de la Presidencia y durante el de Eduardo Frei, director del Banco del Estado.

—¿Cómo lee lo sucedido con BancoEstado y sus cláusulas abusivas aplicadas a miles de chilenos? Ahora tendrá que devolver unos 5 mil millones de pesos a los afectados.
—Para efectos netamente estadísticos, aclaro que fui director antes del período al que se alude. No se pueden hacer imposiciones unilaterales a los usuarios, sin consulta. Era razonable haber revisado profundamente esa política y no se hizo. No es correcto porque, además, se trata de los clientes —del sentido de su existencia— que, además, es un segmento cautivo porque ningún otro banco los acepta.

—¿Era de fácil solución?
—¡Sí, pues! La banca chilena tiene unas utilidades descomunales. La obstinación por mantener políticas y justificarlas con lo injustificable genera una irritación que va escalando con la sensación de que este es un sistema construido sobre la base del abuso.

—Jorge Awad, presidente de la Asociación de Bancos, se indignó.
—Su queja no tiene fundamento. Tuvo su día de furia, pero habrá llegado a la conclusión de que era la peor manera de ayudar al gremio. Este sector no puede sentirse perseguido con las rentabilidades que anota. Si lo que resulta de todo esto es que ya no existen más cláusulas abusivas en la banca, en el retail, en el sector inmobiliario, estamos avanzando hacia un país más moderno.

—Sobre el caso de los exonerados políticos, Evelyn Matthei dijo que se trató de “una máquina para defraudar”.
—Hay que investigar seriamente porque no debe haber falta de firmeza para sancionar a quienes abusan de leyes de reparación, que tienen un gran simbolismo. La ministra, siendo una mujer inteligente y capaz, hace rato que equivocó el rumbo. Tuvo la oportunidad de hacer una gestión sumamente concentrada en el desarrollo de una agenda que quedó totalmente botada, paralizada. Su desempeño en materia de realizaciones habrá sido igual a cero. En esto no hay dos opiniones: ha dedicado su tiempo a la comunicación política en una actitud de fuerte descalificación, con una agenda propia.

—¿Qué impacto tendrá en un año electoral el develar esta cultura del abuso?
—Podría haber una desafección que se traduzca en abstención. O un voto de confianza hacia Bachelet en el sentido de que ella sí puede cambiar las cosas. Luego vendrán las preguntas sobre si tendrá la fuerza para hacerlo, con quién lo hará.

—¿Y cuál es la respuesta?
—Yo no hablo con ella ni por ella. Los ciudadanos confían en Bachelet porque no está expuesta a ningún conflicto de interés y la lectura de su retorno fue asociada a una misión, más que una ambición.

Wp-Solari-193-2—Usted dijo que ella “nunca buscó una candidatura, ni en la primera oportunidad ni ahora, en ambos casos ha sido la adhesión ciudadana la que la ha llevado a esta situación”. Pareciera que casi vino a hacer un apostolado.
—¡Es que la política moderna tiene un componente de apostolado muy fuerte!

—Ricardo Lagos sostiene que a la política se va “a servir no a servirse”.
—Los cargos públicos implican servicio y sacrificio. Pero  nadie que se interese de verdad por los temas de su país  puede prescindir de pasar un periodo de su vida en el servicio público, ya no, como se decía antes, para devolver lo que la sociedad te ha dado, sino para vivir la infinita y  fascinante complejidad de gobernar en el mundo moderno. Aquello no tiene precio.
Agrega:
—En un contexto dominado por las comunicaciones, los efectos de tus actos son instantáneos, directos. Se corre el riesgo de estar permanentemente expuesto, aquí y en la quebrada del ají. La política es muy dura. Si uno pudiera hacer el registro de la cantidad de ataques que Bachelet ha recibido todos los días…

—¿Una campaña en contra de ella?
—¡No me cabe ninguna duda! Los candidatos de la derecha son personas agresivas que, por definición, han construido su fortaleza política desde el conflicto. Allamand tiene un record de participación en climas constructivos, pero es el autor del libro El Desalojo, que recomiendo leer. Lo conozco mucho, tengo una buena relación con él, pero nunca he logrado entender por qué apoyó el Sí en el Plebiscito.

—¿Y Longueira?
—Uno de los políticos más duros de la política chilena. Tiene un enfoque de las cosas  bastante unilateral.