Cuando Ricardo Lagos Weber nombra a su padre ya no lo hace más pronunciando los dos apellidos —“Lagos Escobar”—, como para marcar cierta distancia. Hoy es, simplemente, “Lagos”. O hasta “mi viejo” si la emoción lo amerita. Luego de casi siete años en un cargo de elección popular, no necesita matar al padre, por usar un término freudiano.

Más bien en estos días su misión es ponderarlo, incorporarlo a su propia historia. Resucitarlo.

Soy bien distinto a Lagos, así que no tengo problemas con eso. Me quiere mucho y cuento con su apoyo”, dice el senador por Valparaíso que ya no usa el pelo largo. En esta entrevista hace un balance de su año como presidente del Senado y se refiere con una mezcla de orgullo y ternura a la decisión del ex mandatario de lanzar su candidatura presidencial. “¿Crees que Lagos se iba a mandar solo?; ¿que mi mamá no iba a opinar?”, ríe antes de cambiar a un tono más sombrío cuando recuerda los costos filiales de la política: “Los empecé a vivir para el plebiscito del ’88 cuando en la franja publicitaria del Sí utilizaron a mi mamá biológica (Carmen Weber). Nadie se hizo cargo de ese asunto hasta el día de hoy; algunos han ido a darme explicaciones de que no están involucrados, pero en fin …”.

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—¿Lo más duro del 2016?

—La reforma laboral que terminó en el Tribunal Constitucional. Desde el punto de vista político, que nadie en la Nueva Mayoría (NM) votara a favor de la propuesta del gobierno para el reajuste al sector público y luego sí lo hicieran con un arreglo por aquí y otro por allá, nada sustancial.

—¿Peligra la continuidad de la Nueva Mayoría?

—Todavía le veo futuro, pero soy más pesimista. Es que cuando veo tanta descalificación… Mira, este gobierno que es mi gobierno, aprobó la ley de inclusión escolar, el Acuerdo de Unión Civil, la reforma tributaria, la gratuidad, el fin del sistema binominal. ¡Iniciamos el proceso constituyente!… pero nos fue mal ante la opinión pública.

—¿Por qué?

—Porque fue tal el desangramiento interno, en la NM, que ante la percepción pública, lo que quedó fue una reforma borrosa, que no aporta. Además, todo ocurrió en paralelo a la crisis de credibilidad, incluyendo la caída de la popularidad de la Presidenta por el tema de financiamiento irregular de la política que golpeó a todos. Pero este gobierno, en lugar de desfondarse, mantuvo el aguante y sacó adelante las reformas. Otro gobierno, otro país, se desfonda. “Fueron unos cabros que estaban en el segundo piso y que ni siquiera eran del partido”, dice sobre las pifias que recibió Lagos en el pleno del Partido Socialista. No estaba presente, pero preguntó y eso le contaron.

—¿Le dolió?

—No es tema. Si hay un político en Chile que hoy no es pifiado, es raro.

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José Miguel Insulza salió al camino.

—Todos los que quieren conducir a Chile, tienen el derecho. Apoyé a Insulza el año que ganó Piñera y me enteré por el diario un día sábado que él ya no era candidato. Estuvimos con él un jueves y el viernes nos dejó botados. Hace rato que tiene ganas de ser presidente.

—¿Deslealtad?

—¿Por qué deslealtad?

—Su padre ya se había lanzado.

—Perdón, como Lagos se la jugó, otros agarraron valor y se la jugaron también. Ponlo así: si Lagos se atreve con sus años, su historia y con todas las críticas, dijeron: “¿cómo yo no me voy a atrever?”. Y en buena hora porque aquí no sobra nadie. Lo que está en juego no son las lealtades personales, sino una competencia por ver quién va a tener el mayor respaldo para liderar a la centro-izquierda chilena.

—¿Es un cálculo mezquino que el PPD aún no lo proclame?, aunque fue aclamado en la directiva nacional ampliada.

—Entiendo que en el PPD hay más de un candidato (el otro es Jorge Tarud). Hay un proceso partidario que culminará con el Consejo Nacional en enero. Si hay dos candidatos, ¿qué haces? ¿Pasas la máquina y mandas a guardar a uno de ellos?

—Quizás esperan ver cómo viene la CEP.

—Bueno, ese es Chile y ya. Supón que es así, ¿qué hacemos?

—La política es sin llorar.

If you can’t stand the heat get out of the kitchen (H.S. Truman). Así de sencillo. Entonces, no es que sea sin llorar. Uno puede llorar. Cómo uno no va a llorar si a veces dan pena las cosas que ocurren.

—¿Como cuáles?

—No es pena la palabra, porque se parece a lástima, pero fue fuerte cuando iba manejando y escuché a la Presidenta Bachelet hablar del Caso Caval y se le quebró la voz. Esas cosas conmueven. El otro día veía a Lagos en la tele y se quebró cuando habló de sus nietos. Somos humanos también.

—¿Cómo ve a su padre cuando no despega en las encuestas?

—Veo a un hombre con convicciones que quiere mucho a Chile. Dijo que está disponible en la medida en que se aúnen voluntades y que en democracia se puede ganar o perder… y que perder en democracia no es ningún demérito.

—Es un enorme esfuerzo para un hombre de 79 años.

—78 años (corrige). Mira, si muchos otros políticos tuvieran su energía, voluntad, carácter e inteligencia, estaríamos mejor. Además, Lagos está top físicamente, con una extraordinaria claridad mental y muy tranquilo porque cree que tomó la decisión correcta. Lo que a él le mortificaría hubiese sido no haber dado este paso y haberse quedado con la duda. Puede que le vaya o no bien, pero lo que no van a poder decir es que Lagos no arriesgó capital político. Su decisión fue un tapaboca para quienes insinuaron eso. Ellos ya perdieron. Hoy día la tiene cuesta arriba y, cuando dio el paso adelante, también la tenía cuesta arriba.

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—¿Alguien en su familia le ha dicho que no siga?

—Todos lo apoyan. Te lo digo yo que soy su hijo: nos reunimos mi mamá, mis hermanos —todos— cuando nos comunicó su decisión que yo ya conocía. Además, ya pasamos por esto. Sabemos que es duro; que son intrusivos porque, al final, cuando uno decide dar un paso así adelante arrastras a los tuyos, para bien o para mal.

—A diferencia de la suya, la familia de Piñera no está muy convencida.

—No comento sobre otras familias. Lo que sí puedo decir es que Lagos le hace mejor a Chile. Por lo menos, el conflicto que no va a tener es qué hace con su patrimonio y qué hace en política. (Lagos) no tiene empresas. El problema de Piñera es su pulsión hacia los negocios que lo tiene dando explicaciones cada cierto tiempo: Chilevisión, Lan, Cascadas, las inversiones en Perú. Debería haber tomado todas sus empresas, venderlas, juntar capital y ponerlo en bonos del tesoro norteamericano al 2.5% . Así se habría concentrado sólo en lo público, pero por alguna razón no lo logra.

—Parece que a quienes lo tienen liderando las encuestas no les importa.

—A su electorado no, pero yo no soy parte de él. Los seres humanos somos distintos y eso, al final, se traduce en corrientes políticas, de opinión y de apoyo. “Alejandro Guillier, desde el punto de vista político, no tiene historia”, comenta sobre la irrupción en las encuestas del senador y ex conductor de televisión. Lagos Weber hace una pausa imperceptible, pero que para su estilo atolondrado equivale a minutos de reflexión.

Luego agrega: “Es una persona afable, bonachón, con mucha credibilidad de imagen. ¿Cuál es la critica que se le va a hacer? Eso puede ser una virtud, pero Chile requiere gente con experiencia probada; que sepamos cuáles son sus luces y sombras. Chile requiere carácter”.

—Usted lo conoce como colega en el Senado.

—Se sienta al lado mío, de hecho. Y, bien (se encoge de hombros), es un senador no diría que particularmente rutilante.

—¿Rutilante?

—Senadores como los de antaño… pero hoy no tenemos ningún senador rutilante. (Guillier) es un senador promedio: asiste, tiene sus proyectos de ley, intereses, vota favorablemente algunas cosas, otras no vota.

—¿Ha sido leal al gobierno?

—En general, sí. Lo que me llamó la atención fue que, para la primera votación en el Senado del reajuste al sector público, él no votó. Salió de la sala y lo criticó. Yo esperaba que, si el reajuste era malo, lo rechazara en la sala, pero no se pronunció. Cuando llegó el proyecto definitivo, lo aprobó. Habló en contra, pero lo aprobó. No tengo críticas.

—¿Es una incógnita?

—Ese es el punto. Puede ser a favor o en contra; tiene de dulce y de agraz.

—En EE.UU. votaron por una incógnita.

—Sí, ganó Trump a Hillary por el sistema electoral norteamericano. Eso no está en discusión. Pero el producto conocido (Hillary) sacó casi tres millones de votos populares más.

—¿El producto conocido ‘la lleva’?

—No he dicho eso. Lo que digo es que sabemos lo que es Lagos y eso tiene un valor.