El diputado por Temuco se ve tranquilo, aliviado. Se sacó un peso de encima. Después de 47 años de militancia renunció a la Democracia Cristiana, partido que integra desde los 14 años. Tomó la decisión luego de elaborar un intenso duelo, marcado por la desilusión y el desencanto: “La DC pasó a ser un partido orientado a sus propios intereses y cuotas de poder, se protegen entre ellos…”.
Lo que gatilló su “no más” fue el nulo apoyo prestado por su conglomerado ante una de sus iniciativas más importantes: la creación de la Comisión Investigadora Sename 2, para estudiar a fondo por qué las más de 200 recomendaciones efectuadas en su anterior versión (2014) siguen sin ser aplicadas. Su partido fue el único que se restó de votar pese a que la iniciativa recibió un respaldo transversal, desde la UDI hasta el PS. “Al momento de sufragar los diputados de mi partido salieron de la sala”, cuenta con amargura.

Esa fue la gota que rebasó el vaso —declara—. “Tuve que asumir que estaba en un espacio que no me resultaba grato, un partido que no me identificaba ni representaba, que estaba frenando mis expectativas en cuanto al futuro del país y mi compromiso con los asuntos públicos. Mi única salida era renunciar y hacerlo con todo”, dice sobre su partida que —a diferencia de Pepe Auth del PPD, y José Miguel Kast de la UDI, que en esos días abandonaron a sus respectivos partidos—, incluyó su marginación voluntaria de la bancada de diputados demócrata cristianos como también de todas las comisiones a las que pertenecía en su condición de miembro. “Fui más radical. Lo de Pepe Auth y José Miguel Kast fueron semirrenuncias. Ellos siguen haciendo uso de los derechos que les confiere estar en el partido”, dice en su estilo, sin pelos en la lengua.

Otra de las razones que lo llevaron a analizar su pertenencia fueron los ilícitos tributarios cometidos por dos de los hijos de Jorge Pizarro, entonces presidente de la DC. “Se resistió a renunciar hasta el último minuto, poniendo en riesgo al partido y dentro del conglomerado nadie habló del tema… Ese fue nuestro propio Caso Caval”.

Ahí Saffirio tampoco se quedó callado. Luego que Soquimich reconociera que Ventus (de propiedad de los hijos del senador) recibió aportes para campañas electorales, dijo: “El presidente de la DC no tiene autoridad moral para hablar de ningún tema; nos tiene embarcados en un conflicto muy severo”, señaló con dureza.

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—¿Cómo afectaron estos y otros dichos en su relación con los miembros del partido?
—Fueron momentos de angustia, pero verbalizar lo que sientes más allá de los costos es tremendamente liberador.
—¿Cómo lo trataban sus camaradas?
Silencio:
—Es que las relaciones personales son muy artificiales aquí dentro (dice dirigiendo la mirada a su entorno mientras en los jardines del Congreso el sol resplandece); se dan vínculos muy complejos, nada de francos ni transparentes. Son relaciones de tipo utilitario: “me relaciono contigo porque sé que eres parte de una determinada comisión y me interesa que en este proyecto que voy a presentar seas tú quien lo firme y defienda para que se transforme en ley…”. ¿Me entiendes?

—Entonces dice que son relaciones motivadas por el interés.
—Pero de tipo individual, no en razón de un fin colectivo, de partido o de coalición. Duele reconocerlo pero de alguna forma los 120 diputados somos 120 individualidades, cada uno con sus complejidades y los vínculos que establecen de manera no muy transparente; cuando conversas con un diputado o un senador siempre estás pensando qué es lo que desea obtener a cambio, qué busca…

—Donde se suelen cruzar los intereses empresariales, ¿o no?
—Ese es el gran drama. Se explicita una visión de un determinado problema, pero lo que subyace tras esa proposición es la protección o la defensa de una red de intereses vinculados a grupos empresariales o de redes de influencia económica.

—Casos como los de Jaime Orpis, acusado por la Fiscalía de haber sido “un empleado más de Corpesca”, ¿están más arraigados de lo que se cree?

—No sé a qué nivel, pero hay más intereses de lo que uno puede percibir. Y las raíces son mucho más profundas de lo que se piensa. Soquimich, por ejemplo… Fui diez años abogado de la Vicaría en Temuco y pude conocer la suerte de cientos de familias que vivieron la muerte, el desaparecimiento, las ejecuciones, las torturas. Sin embargo, algo ocurrió con los que vivieron el exilio fuera de Chile que dieron un giro en 180 grados, se transformaron y se dieron cuenta o se convencieron de que la política los podía conducir al dinero. A partir de ahí se empezó a instalar la idea de que para financiarse en política hay que “cerrar los ojos y extender la man, como me lo dijo Francisco Vidal en una de las frases más deplorables que he escuchado en los últimos años…

—Cuando habla de aquellas figuras que vivieron el exilio y que después se transformaron, ¿a quiénes se refiere?
—A aquellos que estuvieron comprometidos con el gobierno de Allende, con el cual yo fui un tenaz opositor siendo dirigente estudiantil, ¡y que se transformaron! Yo no sé si fui yo que no evolucioné o ellos derivaron en algo que no debió ser y se convirtieron en operadores, en millonarios, empezaron a sentir la exquisitez del dinero por sobre los principios y valores, y ahora están por todas partes.
Y reflexiona:
—¿Cómo se explica que la alcaldesa de Santiago mientras era presidenta del PPD, el partido haya pagado las cuentas de la luz, el sueldo de la secretaria, con platas provenientes de Julio Ponce Lerou, yerno de Pinochet, el hombre que hizo asesinar a su padre? ¿De qué estamos hablando?

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—Marcelo Rozas, miembro activo y muy poderoso de la DC, inició el vínculo con SQM hace más de tres décadas.
—Fue uno de los dueños de la revista Hoy en tiempos de democracia (un medio históricamente ligado a la DC), parte del grupo llamado ‘los salvadoreños’ que estuvo en el combate a la guerrilla en El Salvador y hoy es uno de los grandes operadores de la DC… Son nombres que no tienen figuración pública, pero que forman estas redes subterráneas.

—Según usted, hoy los partidos se mueven a través de dos fuerzas: los intereses económicos y la defensa de las cuotas de poder internas, parcelas que defienden a toda costa…
—Hoy, por ejemplo, los militantes no son vistos como lo que son: personas capaces de sostener posiciones políticas al interior de sus grupos. Son avaluadas en tanto instrumentos; cada cierto tiempo son subidos a un automóvil y llevados a los centros de votación durante los procesos de elección interna. Y ellos se han dejado utilizar porque, al formar parte de un partido, apuestan a la posibilidad de llegar a ser gobierno y, de conseguirlo, luego ser contratados como funcionarios públicos, subsecretarios, ministros, directores de una empresa del Estado o de secretarias, la lista es amplia… Eso desnaturalizó el sentido de estar en política.

—En cuanto a la DC, es sabido que sus parcelas de poder están, entre otros, en el Ministerio de Justicia con todas sus reparticiones…
—Alguien tiene que dirigir los servicios y también los ministerios, y en un gobierno de coalición evidentemente que hay ciertos perfiles que están más cerca de determinados sectores. No hay nada de malo. Pero cuando se concibe al aparato público como un botín de guerra después de un triunfo electoral presidencial, entonces impera la lógica de construir redes instalando a personas en determinados puestos clave, los que a su vez deben pagar favores sólo por haber sido instalados ahí… Esto permite a quienes lideran esta máquina el libre acceso a la toma de decisiones, como la adjudicación de contratos o licitaciones realizadas de forma irregular.

—¿Y acceso a los presupuestos?
—Sin duda. El Parlamento lo que aprueba es el presupuesto de la nación pero el que lo ejecuta es el gobierno a través de todas sus reparticiones públicas.
Y agrega:
—Estamos percibiendo los efectos de una sociedad de consumo en que el dinero es el gran Dios y para llegar a él todo vale.

Saffirio tiene una dura visión de su ex partido que, a su juicio, se ha convertido en una “mafia”. Llegó a esa conclusión tras un almuerzo de su bancada, con el diputado Fuad Chahín a la cabeza, realizado hace tres meses. “Relaté una serie de hechos vinculados al funcionamiento del Sename para justificar la existencia de una nueva comisión para que revise las 200 recomendaciones que hizo la primera instancia en 2014 y que, pese a haber sido aprobada por unanimidad, hasta ahora ninguna de ellas se ha aplicado. En esa mesa larga, de más de 20 personas, el diputado Ortiz de Concepción dijo que jamás lo aprobaría porque se ponía en peligro la candidatura al Parlamento de la militante DC Marcela Labraña (renunciada directora nacional del Sename tras el escándalo por la muerte de Lissette Villa, de 11 años). Otros fueron más astutos y dieron argumentos más elaborados, como que era preferible una sesión especial, lo que no es más que un saludo a la bandera… ¡Ese es el criterio bajo el que actúa la mafia! No importa lo que hagan los miembros de ‘la familia’, todo se perdona si es en bien de ‘la familia’, lo importante es protegerse entre ellos: lo que pase con los 15 mil niños que están bajo la tutela del Sename es secundario porque lo primero es y será siempre el partido.

—¿Por qué no hay interés en el Sename?
—No hay voluntad política, no les interesa a los partidos ni a los gobiernos. Hablamos de lactantes que están con medidas de protección o para ser dados en adopción, niños de 2 ó 3 años, que como va pasando el tiempo y nadie los adopta, se pasan la vida en centros del Sename bajo condiciones de vulnerabilidad y abuso. Pero a las instituciones no les interesa que esos niños egresen del sistema porque el Estado les paga una subvención por cada uno de ellos. Es aberrante, un estímulo perverso. Y los recursos que reciben estas instituciones de parte del Estado no son insuficientes. La Fundación Mi Casa, donde Enrique Correa es parte del directorio junto con la ex ministra del Sernam y muy ligada a la DC, María Josefina Bilbao; además de Loreto Ditzel, del círculo de Soledad Alvear y jefa de Protección del Sename cuando estalló el Caso Spiniak —a quienes se suma Delia del Gatto en la gerencia general, cargo que asumió al mes de haber dejado la dirección nacional del Sename— recibio 7.000 millones en 2015. Le sigue la Fundación León Bloy —ligada a personas de la Universidad Miguel de Cervantes, donde el rector es Gutenberg Martínez— que obtuvo 3.000 millones; la Fundación Rodelillo —con Tomás Walker Prieto como secretario del directorio— que percibió 126 millones. En fin, con ese volumen de recursos y los miembros con que cuentan en sus directivas, me pregunto: ¿será o no suficiente el dinero que entrega el Fisco? ¿Por qué entonces las graves condiciones denunciadas no se subsanan?

—En las fundaciones que menciona, ¿se han registrado anomalías?
—No me consta, pero tengo la impresión de que sí; he recibido denuncias a lo menos de la Fundación Mi Casa. Negocios inmobiliarios muy poco claros.

—¿Casos de abuso sexual también?
—De eso no tengo conocimiento.

—¿Cómo explica la aparición de Enrique Correa como parte del directorio de una fundación ligada al Sename?
—No lo entiendo, es como Dios: está en todas partes pero nadie lo ve; sus redes están por todos lados.
Y en una crítica frontal al dueño de Imaginacción, apunta:
—¿Cómo se puede calificar el rol de una persona que se declara progresista, humanista, de izquierda, revolucionario, demócrata, y que deriva en lo que es hoy? No es pecado que te guste el dinero, pero entonces abandona la política; y si te gusta la política, aprende a ser pobre.