-Después de lo que pasó ¿Se arrepiente de haber aceptado una precandidatura presidencial?
-Esa idea no surgió de mí, sino se gente de Renovación Nacional que ya estaba muy dividida; gente más cercana a Jarpa y gente del sector Allamand que pensó en mi, porque yo tenía muy buenas relaciones con ambos grupos. Ellos creyeron que podía despertar unidad dentro del partido y, si bien tenía escasas posibilidades de ganar la presidencia, podía crear una fuerza y una mística importante.

-Pero colocar su nombre fue casi como poner una bomba dentro de RN, ¿no?
-En dos meses de campaña, con casi nada de equipo, llegue a tener en las encuestas más de lo que tienen hoy los cuatro precandidatos juntos de la centroderecha…

-Usted llegó al 10 por ciento…
-Casi un diez por ciento, que fue como una explosión, una cosa inesperada. Mi precandidatura provocó un tremendo incremento en la adhesión a RN. De hecho, lo llevó a uno de los más altos niveles que ha tenido en las encuestas.

-Mirando atrás, ¿descarta para siempre la posibilidad de aspirar otra vez a la presidencia de la república?
-Ni lo descarto ni lo ambiciono. No pienso en ello. Yo estoy en política por ideas. Soy hija de militar y los militares van hacia donde se les mande.

-Usted vivió lo peor de la cosa pública: pasar de un cariño muy grande a un rechazo casi violento. ¿Cómo lo soportó?
-Lo que la gente sentía hacia mi era, básicamente, cariño. mezclado un un reconocimiento de que soy una persona dedicada y trabajadora. Pero me preocupaba sentir a veces un cariño poco racional, poco ligado a lo que a lo que realmente es un ser humano, había como un endiosamiento…Siempre pensé que había como una visión idealizada que podía ser muy peligrosa. Estuve muy cociente de que ese cariño podía transformarse rápidamente, si yo hacia algo que no le gustaba a la gente en una especie de odio. Eso me preocupó porque siempre he considerado que es mejor el prestigio que esa fama tan volátil y expuesta a los caprichos de la gente.

-Fue un cariño que voló, de la noche a la mañana.
-Si, sentí en un momento que ese cariño se convirtió en una especie de censura desproporcionada con los hechos mismos, aunque también resulta de una campaña de infamias que se lanzó en mi contra en forma muy coordinada y dirigida, yo diría grosera.

-Mucha gente le quitó el saludo ¿Cómo lo asumió?
-Con algunas personas no nos saludamos. Mantuve la calma siempre, porque en nuestra familia nos educaron así. Mi papá y mi mamá siempre nos inculcaron el respeto de ciertos valores esenciales. Mis padres nos enseñaron que la vida o Dios te dan y te quitan muchas cosas, pero si uno tiene un cierto respeto a sí misma, a ciertos valores esenciales, uno tiene la fortaleza interior para resistir, tanto los periodos buenos como malos.

“NO ES UNA PASION”
-En los momentos más duros, ¿no le dieron ganas de dejar para siempre las cosas políticas?
-Una vez en un seminario dijo que yo estaba pensando en irme del país y me dio mucha risa.

-¿No le dijeron que quería cambiarse la cara, también?
-(Se ríe). Creo que muchos pensaron que yo estaba tan en el suelo, que quería cambiarme de nombre y hacerme la cirugía estética. No podía creer, a veces, lo que leía.

-¿Y ahí no pensó en dejar la política?
-Yo podría dejarla: la política no tiene el sentido principal de mi vida. No es una pasión, como lo es para mucha gente, y podría ser muy feliz en muchas otras cosas también. Sin embargo uno no se va de una actividad en un momento como ése. Sinceramente, yo sentí muy injusto todo lo que sucedió y todas las barbaridades que dijeron de mi. Soy una persona común y corriente, que creo muy fuertemente en el proyecto de darle una cierta dignidad a la gente y de crear las condiciones para que se desenvuelva mejor. Tengo la capacidad de convencer y de comunicar esas ideas, principalmente porque creo en ellas, y tengo la valentía de defenderlas. Eso soy, punto. No soy más y tampoco menos que eso.

-¿Cómo la ha recibido el electorado de San Antonio?
-Hay gente que me pregunta directamente qué pasó. Y yo les explico que fue y por qué, cuales fueron mis pensamientos, mis emociones, por qué tomé las decisiones que tomé, cuál era la información con la que contaba y cuales eran los objetivos que yo tenia que lograr. Son pocas personas. La mayoría tienen una impresión que va más allá de la información que recibieron, y creo que tiene mucho que ver con mirarle los ojos a la persona y con una inteligencia muy profunda que casi entra en la piel. Gente que cree en mi, haya oído lo que haya oído.

-¿Hay personas que no va a perdonar nunca?
-No hay nada que no perdone nunca, pero hay cosas que no voy a olvidar nunca. Creo que perdoné hace bastante tiempo. No quiero parecer como arrogante, como que yo tengo que perdonar. Quiero decir que aquí, probablemente, todos nos herimos. Pero no lo voy a olvidar en el sentido de que uno no vuelve a dar la espalda cuando la han tratado mal.

-¿Qué de nuevo aprendió para desenvolverse en la política?
-Lo que aprendí es a ser muchísimo más cauta. Siempre confío demasiado en la gente y entrego mucho, demasiado rápido. Pero creo que hora voy a ser, lo cual es una pena, un poco más desconfiada…

LAS APLANADORAS

-¿Hasta qué punto este episodio suyo con Sebastián Piñera influyó en la crisis de la derecha?
-Yo creo que no influyo. Mirando hacia atrás, uno se da cuenta que el problema fue la falta de experiencia política que llevó a mucha gente a pensar que podía haber visorias totales de una corriente dentro de un partido, o de un partido sobre otro partido, dentro del sector de la centroderecha. Y la verdad es que los triunfos totales no existen y si existen son tremendamente costosos. Entonces, esta idea de llevar un candidato que representa a una corriente o a un partido con el objetivo de de pasarle la aplanadora a otra corriente o a otro partido, igual habría generado los problemas que hoy estamos viviendo . Porque a nadie le gusta sentir de que lo han barrido para afuera de la cancha.

-¿Por qué toda esta competencia tan terrible?
-Creo que existe una incapacidad muy fuerte para negociar dentro de la derecha. Yo no lo atribuiría a una persona en particular, sino completamente a la falta de experiencia. Basta mirar a la Concertación para ver que ellos se dan cuenta de que mantener esa alianza, aun con problemas, es mejor que desmembrarse y tratar de ganar sobre otro. En la derecha, en cambio, primero RN trató de hacer desaparecer a la UDI, justo después de haber sido electo el primer parlamento. Después del asesinato de Jaime Guzmán, también la UDI se sintió excesivamente optimista y pensó que podía desligarse de RN. Asimismo, hubo actitudes triunfalistas de las distintas corrientes de RN.
“Y lo que yo he aprendido a estas alturas es que, si no hacemos un esfuerzo ,uy sinceros por trabajar todos juntos, si no tenemos esa madurez, entonces no nos merecemos llegar al poder, no nos merecemos nada: ni somos personas confiables, ni somos un sector en el que el país pueda confiar. Lo que ha sucedido tiene que hacernos madurar mucho. Y creo que el pacto parlamentario que se acaba de lograr es una buena señal”

-¿No le molesta nada en ese pacto?
-Si, creo que el RN se debiera haber tenido un mayor respeto por las distintas corrientes dentro del partido. Temo que eso, en el futuro, pueda ser fuente de mayores problemas. Pero ése es un problema de RN y no es un problema mío.

-Le pareció demasiado fuerte que se entregara la séptima región, zona de Jarpa, a la UDI y UCC?
-No solamente la séptima: fue la sexta, la séptima entera y la octava. Fue toda una zona geográfica tradicional y agrícola, en que el jarpismo es muy fuerte. Creo que ése fue un error grave.

-A su juicio, ¿fue una actitud intencionada de la corriente no jarpista?
-No voy a calificar intenciones, porque uno no contribuye para nada a sanar heridas con ese tipo de comentarios. Lo que sí digo es que fue un error muy grave.

-A raíz de esa entrega de la zona arpista, muchos hablan de adiós político de Jarpa…
-Lo que pasa en que, en Renovación Nacional, el número de consejeros que van al consejo general depende del porcentaje de votos que obtengan los partidarios de cada zona y distrito. Al no llevar candidatos en la sexta, séptima y octava, la presencia de esas regiones en el consejo se va a ver muy disminuida. Y eso lo van a resentir, específicamente, los sectores que representan toda una corriente…

-La del jarpismo…
-Exactamente, una corriente que va a estar subrepresentada dentro del partido. Yo no quiero entrar a por qué ni como se llegó a ese resultado. Solamente estoy diciendo que, si aspiramos a tener una derecha con buenas relaciones, con cooperación en vez de confrontación, a poder unir estas distintas distintas corrientes en un solo gran bloque- como lo ha podido hacer exitosamente la Concertación-, ese resultado final es un error.

LA UCC

-¿No le preocupa la incorporación de la UCC al sector?
-Hay que tomar en cuenta que estamos sujetos al sistema binominal mayoritario, en que se eligen dos parlamentarios por distrito y por región y, por lo tanto, pasar de un 33 a un 32 por ciento de la votación hace toda la diferencia entre tener un diputado y no tener ninguno. Por 50 votos, por 10 votos, por un uno por ciento que obtenga una lista paralela, la centroderecha puede perder una representación muy importante en el parlamento. Por eso, siempre me ha parecido un error dejar a la UCC, al Partido del Sur y al Partido Nacional afuera. Podían restar los votos suficientes para provocar una tremenda avalancha en favor de la Concertación, lo que sería muy negativo para lo equilibrios necesarios para una sana conducción del país.

-¿Unirse a ellos sería una forma de aglutinar hasta el último voto de derecha?
-Exactamente, la otra parte del problema es que los pactos deben ser a largo plazo y no solamente para una elección. Creo que eso va a depender muy fuertemente de cómo es el comportamiento de los socios, de aquí en adelante.

-Y es una incógnita el comportamiento de los socios de la UCC…
-La Concertación fue una incógnita cuando recién se formó, cuando no se sabía si el socialismo almeydista que entraba en la cámara iba a votar junto al PAC o con los radicales o con la DC en ciertos proyectos. Pero, ¿qué hace la Concertación? Previo a cualquier ley importante, se produce un debate al interior del pacto para tratar de aunar criterios o, por lo menos, de disminuir al mínimo las diferencias, de tal manera de no quebrar el bloque. Y eso funciona.  Creo que nosotros, si pensamos en este pacto como un bloque de la oposición, vamos a tener esa misma discusión conjunta antes de las votaciones, para no mostrar más un flanco en que el gobierno busca, alternativamente, a la UDI o a RN para sacar adelante los proyectos en que necesita algunos votos más.

-¿Confía en que la oposición logre actuar así?
-Sí, porque estuvimos tan al borde de un caos y de un desbande de la derecha, tan al borde de que cada uno de fuera con su lista, tan cerca del precipicio, que todos hemos mirado hacia al interior, hemos visto nuestros errores y estamos dispuestos a enmendar el camino.

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EL CANDIDATO

-Eso no se veía hasta este fin de semana: ni luces de un único presidenciable en la derecha…
-Hay algunas personas que dicen que no importa, teniendo ya una lista parlamentaria unida, que vayamos desunidos en las presidenciales. Después de lo que he aprendido, creo que ese es un profundo error. Y pienso que si la derecha va con dos candidatos presidenciales, podemos desandar todo lo que se ha andado en la lista parlamentaria única.

-¿Por qué tanto?
-Porque me imagino como serían las peleas y las desconfianzas, por ejemplo, por el financiamiento. El sistema binominal mayoritario tiende a que la pelea se produzca al interior de las mismas listas, más que entre una lista y otra. Entonces, si esta animosidad se ve además agravada porque uno de los candidatos a parlamentario está apoyado por y apoyando a un candidato presidencial distinto, esto puede ser una lucha intestina que puede destruir a la centroderecha.

-¿Cómo se explica usted la actitud de José Piñera?
-Yo entendería que un candidato que ha desarrollado muy fuertemente en las encuestas, pero que ve que sus posibilidades de ser nominado por el sector están my disminuidas por el poder de los partidos políticos y por la forma en que se elige al candidato, pelee por seguir hasta el final, porque, efectivamente, puede que sea el mejor candidato. Pero en la centroderecha, hoy, no hay ningún candidato que se haya disparado en las encuestas como para justificar irse por un camino propio.

-Jose Piñera no vacila en decir que él es el mejor candidato…
-Yo respeto mucho a Jose Piñera, tengo gran admiración por su inteligencia, por su imaginación, por todo lo que ha hecho. Sin embargo, creo que el camino que al que estamos llegando, en el que Jose Piñera no acepta un mecanismo, puede provocar muchos más costos que beneficios para el sector.

-Hay, en la derecha, quienes dicen que si se lleva a más candidatos presidenciales, pueden lograr quitarle la primera mayoría a Frei para ir a segunda vuelta…
-Es posible que obliguen a Frei a una segunda vuelta. ¿Y? ¿Qué sacan? O sea, ¿cuál es el beneficio? En cambio, el costo de la desunión, de los reproches, de los rencores, es algo que nadie está midiendo en un verdadera magnitud.

-Usted ya tiene su candidato…
-Yo soy cercana a Feliú, le tengo mucho cariño, pero no me voy a abanderizar por nadie, sencillamente porque he visto los tremendos costos que significa hacerlo. No voy a decir por quién voy a votar ni voy a apoyar públicamente a nadie. Voy a votar en forma muy seria, de acuerdo al que yo crea que es el mejor candidato de la centro derecha.

-¿Le costó mucho renuncias a RN?
.No; después de lo que sucedió, era lo lógico. En el fondo, sentí que era todo tan descabellado, que había dejado de tener sentido. Porque uno entra en un partido por ideas, por equipos, por amistades, por relaciones personales y ésas ya se habían cortado. Lo que sí me pasa ahora, por ejemplo, es que mucha gente que es de RN en el distrito 15 está conmigo, aunque son tiroteadas por el partido para que trabajen por el candidato de RN. Entonces, hay ahí un conflicto que yo no voy a tratar de atizar para nada.

DESPUES DE RN

-Después de su renuncia, la primera propuesta que le hicieron vino del Partido del Sur…
-No, no… Eduardo Díaz, como persona, me apoyó tremendamente durante todo el proceso. Incluso, el día en que se alegaba mi causa tomó un bus, viajo toda la noche y estuvo presente en primera fila para contarme el alegato. Esas son cosas que, humanamente, se agradecen mucho. Porque, además, fue un gesto que no recibí de nadie de la dirigencia de RN. Y, bueno, Eduardo Diaz me dijo: “Tu nos dices si quieres ser candidata a diputada o a senadora y por dónde. Nosotros te apoyamos”. Pero nunca concretamos nada.

-¿Y cómo se inició su relación con la UDI?
-A fines de enero hubo ya unos contactos y supe que la UDI estaba dispuesta a darme un cupo. En todo el proceso, la UDI una actitud muy leal conmigo.

-¿Y ésa si fue una decisión que le costó?
-Yo tenia relaciones de mucho cariño con RN y si esas relaciones se hubieran mantenido, claro que me habría costado mucho. Pero, desde el momento que esa relación de cariño y de confianza con la mesa directiva se había roto absolutamente, no me costó, en el sentido de que también la UDI es un representante de las ideas que a mi me llevaron a participar en política.

-¿Y en qué condiciones aceptó ir de diputada por la UDI?
-Yo le dije que estaba dispuesta a ir por cualquier lugar que fuera bueno para el pacto. Y todos estuvimos de acuerdo en que no debía ir en competencia con un diputado actual de RN. Eso yo no lo hubiese hecho jamás. Y tampoco ellos me lo hubieran pedido nunca, porque no era el ánimo provocar ninguna dificultad. Siempre expresé que prefería un distrito o una región en que la centroderecha no tuviera representante, pero lo dejé en completa libertad de acción. Debo decir que recibí una actitud muy generosa de parte de la UDI, en un momento muy difícil para mí.

-Hay gente de RN que encontró atroz esa decisión suya de ir con la UDI…
-Deben ser muy pocos. En general, siento un gran apoyo de los militantes y simpatizantes de RN, muchos de los cuales están trabajando en mi candidatura.

-Y cuando enfrente una votación en el congreso en que usted concuerda más con la posición de RN que con la UDI, ¿qué va a hacer?
-Lo que más agradezco a la UDI es que me haya dado  un cupo y no me haya puesto condiciones. Obviamente que han ido generando una cercanía y lazos de confianza. Por lo tanto, las votaciones de importancia las voy a discutir con ellos. Pero soy independiente y voy a votar de acuerdo a lo que yo estime que es conveniente para el país.

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EL TEMA MILITAR

-¿Cómo analiza usted la crisis entre el gobierno y lo militares que estalló el 28 de mayo pasado?
-Pienso que, realmente, hubo un momento en que un sector se sintió muy triunfalista y muy poderoso frente a los militares. Y que, de verdad, hubo hostigamiento.

-¿De qué parte del gobierno?
-No. No creo que haya sido una actividad deliberada del gobierno, sino de un grupos, de diversas personas de distintos ámbitos, no sólo de la Concertación. Haya sido campaña o no, fue percibida por los militares como una actividad de hostigamiento.

-¿Y qué le parece la forma en que han derivado los hechos?
-Veo que hoy se despejaron varios temas menores y creo que también se despejo esa cierta actitud de que al Ejercito se le podían cobrar cuentas excesivas y que se ha llegado, otra vez, a una situación que siempre debió haber existido: La de reconocer que existen temas pendientes y que tienes que existir el dialogo, y tratar de ir abriendo diversos y nuevos caminos para, de a poco, llegar a un momento en que las heridas y los problemas ya realmente no existan.

-¿Llama “cuentas excesivas” a querer seguir a fondo con los juicios de más de 800 desaparecidos, para que se diga dónde están, quiénes los asesinaron?
-Siempre he reconocido como algo muy doloroso el tema de los detenidos-desaparecidos. A mí me criticaron mucho algunos sectores de la centroderecha por decirlo. Porque muchas veces me he puesto en el cada de qué habría hecho yo si mi padre o mi hermano, o mi marido o mi hijo hubiesen desaparecido. Y me cuesta pensar que podría tener una actitud de perdón y de olvido. Cuando lo dije, me criticaron, porque yo sólo parecía tener sentimientos por el problema de los detenidos-desaparecidos y desapego hacia el régimen de las Fuerzas Armadas. Y eso no es cierto.

-¿Se pone también en la situación de los militares?
-Por supuesto, es lo que tenemos que hacer todos, ponernos en la situación de ambas partes. Y entender también lo que dicen los militares: recibimos un país que estaba quebrado, política, económica, social y moralmente. Nos llamaron, había una situación de violencia de hecho. Habían ciertos movimientos y partidos que trajeron la violencia a la vida nacional, como una forma de lucha dentro de la política. Nosotros tuvimos que enfrentar esto sin experiencia y con una situación muy dura, hicimos las cosas de una cierta forma y, efectivamente, hubo problemas. Pero, primero, ¿existían vías alternativas? Por ejemplo, en Perú, la guerrilla de Sendero Luminoso ha provocado 50 mil muertos. Así es que no minimicemos el riesgo que significa el terrorismo. Eso dicen los militares. Entonces, yo les encuentro razón cuando dicen: no juzguen con la perspectiva actual, cuando tenemos un país en calma, tranquilo y próspero, acciones que se cometieron en el 73, cuando el peligro del terrorismo y de la guerrilla era un problema real.

-El punto es que los desaparecidos no fueron guerrilleros que murieron en un enfrentamiento, sino prisioneros…
-Eso es verdad. Pero hay otro elemento: cuando yo llegue a Chile, a fines del 74, escuché gente perfectamente cuerda y educada un comentario que me horrorizaba: “el único comunista bueno es el comunista muerto”. Era una sociedad que estaba totalmente desquiciada. Esto mismo que hoy se juzga como algo tremendo, en el 74 era algo que mucha gente, quizás la mayoría, no sólo justificaba, sino que alentaba. Yo, personalmente, le oí decir a muchos de esos mismos señores que salen a reclamar por los derechos humano, que eran pocos los comunistas que habían muerto, que debían ser muchos más. Así es que no me parece justo cargarle la mano a los militares por una situación de desquiciamiento que existía en el país. Lo que quiero decir es que no fue un problema de los militares, fue un problema de toda la sociedad.

-¿Cómo se resuelve el problema de que los familiares, al menos, sepan dónde están sus deudos?
-Desgraciadamente, nunca vamos a saber donde están muchos de esos cuerpos.

-¿Por qué?
-Yo he tratado de ponerme en la lógica de lo que ocurría en el 74-75 y creo que la mayor parte no se va a encontrar nunca. Lo más probable es que se hayan preocupado de que nunca más se vuelvan a encontrar. Y creo, además, que nadie sabe dónde está la mayor parte. Si hubiesen más Pisagua, ya los habrían descubierto. Y a veces pienso que una costa tan larga…A mí me da mucha pena, pero creo que esas pobres familias nunca van a saber.