Unos pensaron que sus parejas tienen ‘mala mano’, pero otros supondrán que son casos de voracidad estética… y que sus fotos debieran estar en la entrada de las clínicas como una seria ­—y tenebrosa— manera de advertir a los futuros pacientes sobre los riesgos de abusar de ciertos tratamientos y sustancias.

SI MEG RYAN RECIBIÓ UN E-MAIL DE SU CIRUJANO diciendo que ya era suficiente, evidentemente entró en la bandeja de correo no deseado. La chica angelical que protagonizó algunas de las comedias románticas más taquilleras de Hollywood parece un monstruo. Una estatua de cera. De todos los labios deformes que existen en Hollywood, los de ella se llevan el primer puesto. Atrás quedó la sweety girl de los ’90. Su cara muestra desproporciones y demasiado bótox, ácido hialurónico y colágeno. Al filo de los 50, Meg está con el rockero John Mellencamp, quien acaba de terminar un matrimonio de 20 años. ¿Qué les depara el futuro? Esperemos que no más pabellones.

Otra abanderada de esta camada devota de los excesos es Melanie Griffith porque, mientras su marido, Antonio Banderas, cierra contratos millonarios con la industria cosmética como rostro de perfumes con su nombre, la otrora candidata al Oscar como mejor actriz (en 1988 por su papel en Secretaria Ejecutiva) no para de afearse. El mantiene su sex appeal intacto; ella, cada vez más parecida a una ardilla. Pómulos de historieta y ojos que parecen no cerrarse jamás han transformado su mirada dulce en una ¡de miedo! El primer error lo cometió en la década de los ’90, cuando pretendió arreglarse los labios. Da lo mismo si fue un implante o un container de colágeno: su boca carnosa se ve flácida e irreal. Hoy Melanie no tiene ni una arruga, pero tampoco ni una gracia.

Otro caso es el de Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas —casados hace 13 años—, quienes renovaron sus votos matrimoniales en 2012. Las imágenes del evento no son precisamente las de un happy end. El cuerpo de Catherine sigue siendo escultural, pero la cara es un homenaje al exceso: rellenos, bótox y una frente más lisa que autopista recién pavimentada transformaron a la ex bomba hot en tema obligado entre cirujanos plásticos de farándula. ¿Lo peor? Le gusta peinarse con moño, con el pelo tirante, y eso hace aún más evidentes sus ‘errores de pabellón’. Douglas, algo avejentado, conserva ese qué sé yo. Se hizo un lifting facial, se blanqueó los dientes y sigue siendo un galán.
Portia di Rossi y Ellen Degeneres conforman una de las parejas gay más queridas de Hollywood. Rubias, estilosas y talentosas, hace años que caminan de la mano en las diferentes alfombras rojas. Se casaron formalmente en 2008 y desde entonces algo cambió… sobre todo en la cara de Portia. Basta ver la portada de la revista People con la foto del matrimonio y compararla con la más reciente, en la entrega de los Emmy 2012. La actriz que saltó a la fama cuando ingresó al elenco de Ally McBeal y lideraba entre las más bonitas según revistas como Maxim y People, encabeza otro tipo de ranking. Tantos tratamientos se ha hecho, que ¡da susto mirarla a los ojos! Sus cejas están demasiado distanciadas y perfiladas, los pómulos se rigidizaron y la boca parece obra de un buen caricaturista de Marvel. Suele equivocar su maquillaje marcando exageradamente las mejillas, y pocas veces acierta con el peinado. Ellen, en cambio, fiel a su estilo descontracturado y casual, parece haberse detenido en el tiempo. Sus looks sobrios y elegantes siempre son correctos. No le teme al paso del tiempo. Algo que, en Hollywood, es mucho decir.

CON UN MARIDO TAN ESTUPENDO COMO EL MÚSICO KEITH URBAN, en algún punto suena lógica la necesidad de Nicole Kidman de perpetuar su juventud. El problema es que se le fue la mano y ahora se parece más al Guasón de Batman que a Gatúbela. Ya en 2008 el cirujano Martin Braun había declarado al Daily Mail que ella abusaba tanto del bótox y las inyecciones de colágeno que apenas conservaba expresión. “Parece un murciélago”, declaró. Han pasado cinco años y la cosa empeoró: ya no queda ni un centímetro de su cara que no tenga retoque, partiendo por la nariz respingada. El, en cambio, se ve radiante. Con su barba prolijamente desprolija, sus ojos celestes y pelo liso, en la entrega de los Globos de Oro acaparó miradas. Para ella, en cambio, llovieron críticas, a pesar del acertado vestido negro de Alexander McQueen.

SE HABLA DEL “SÍNDROME SAR-KOZY” cuando el hombre se somete a retoques para no desentonar con su joven mujer. El ex presidente de Francia da nombre a la ‘patología’, pero no es el único. El actor Matthew McConaughey también es de la partida. Obvio, si se casó con una perfecta ‘garota de Ipanema’: la modelo brasileña Camila Alves, que parece llevar en sus venas el elixir de la eterna juventud. Tiene tres hijos y sigue espléndida. Pelo largo, piel apenas morena y una mirada felina la convierten en una de las mujeres más atractivas. Y él no quiere desentonar. Cuando asumió que se empezaba a quedar pelado se hizo un implante. Su representante dijo que se trataba de un producto capilar, pero el crecimiento fue tan notorio que nadie le creyó. Para peor, perdió más de 20 kilos para interpretar a un enfermo de Sida en el cine y ahora es piel y huesos. Dijo que ya comenzó una dieta para recuperar algo de músculo. Así que en su proceso de transformación, este es sólo el comienzo. Mal comienzo, por cierto.