Anoche se realizó el primero de los tres debates que tendrá Estados Unidos antes de elegir a su nuevo presidente el próximo 8 de noviembre. Sorpresas: 1) la experiencia de Clinton no le alcanzó para noquear a su novato rival y 2) Trump ha demostrado que sintoniza con un electorado anti-sistema, que no es muy sofisticado, que no busca respuestas complejas y a ellos les habló con una dialéctica simple, informal e imprecisa.

Cifras, dimes y diretes

Según lo indica la encuesta de CNN/ORC - que considera un universo de 521 votantes registrados que vieron el debate-, Hillary Clinton ganó el encuentro con un 62% de las preferencias, por sobre el 27% que se inclinó por Donald Trump.

Además, fue considerada como la líder más fuerte con un 56% de apoyo, sobre el 39% que obtuvo el empresario.

Las brechas entre ambos candidatos fueron amplias en temas como críticas al contrincante, en donde el 67% de los espectadores dijo que los reclamos de Clinton a Trump eran aceptables, respaldo que el candidato republicano obtuvo en un 31%.

La diferencia más pequeña se produjo en el ítem de sinceridad y autenticidad, donde Clinton ganó por un 53%, aunque con un margen de error, mientras Trump obtuvo un 40% de las preferencias.

primer-debate-presidencial-eeuu-hillary-clinton-trump-interior

Hillary Clinton 

Su comienzo fue flojo pero logró recuperarse sobre el final. Según las primeras encuestas, ella habría ganado el debate. Se trata de una mujer preparada, con más de 20 años de experiencia en oratoria. Si bien propuso un discurso empático, directo y lógico, su experiencia no le alcanzó para derrumbar a su improvisado rival, como muchos esperaban.

En este sentido, la candidata demócrata tuvo respuestas muy estudiadas, sólidas y articuladas. Sin embargo Trump fue mejor que ella al comienzo, cuando habló sobre comercio y creación de empleo. Es un tema que él domina y que es clave para los estadounidenses. Además, en esa primera media hora el candidato republicano lució moderado. Ella, en un principio, pareció muy ensayada y fría.

Con el correr de los minutos, Hillary se mostró más suelta y hasta con sonrisas cómplices con la audiencia, mientras Trump se notaba ofuscado. Y, además, Hillary tenía una respuesta para todo, lo tenía tan estudiado casi como cuando una pareja saca los “trapitos al sol” en el medio de un divorcio. Atacó con términos como “comentarios racistas” sobre el lugar de origen de Obama y evidentemente tenía su respuesta preparada sobre su presunta “falta de energía” para ser presidente, algo que inmediatamente dio vuelta para atacar a Trump sobre su maltrato a las mujeres.

Oportunidades perdidas: No se tocó el tema de la inmigración, tampoco el muro en la frontera, una idea de Trump que indigna a los hispanos.

En términos generales, ella fue mejor en el debate, es evidentemente más sólida y más presidenciable que el empresario.

Donald Trump 

El candidato republicano se mantuvo vivo durante todo el debate. Sin dudas, Trump tiene una sintonía especial con muchos que están frustrados con la economía y el sistema. Punto a favor para un empresario multimillonario que se jacta de saber de negocios. 

Pero con el correr de los minutos comenzó a notarse que Trump no se había preparado para este debate porque titubeó en respuestas sobre temas que seguro se expondrían. Por ejemplo, su cambio de opinión sobre el lugar de nacimiento de Barack Obama o su negativa a difundir su declaración de impuestos. Además, insólitamente, volvió a decir que él no había apoyado la guerra en Irak, cuando ya hay documentos que indican lo contrario.

Más allá de que sobre el final el magnate bombardeó a Clinton con una artillería de frases huecas, sin explicaciones razonables, a Trump parece no preocuparle. De hecho, el empresario ha demostrado que empatiza con un electorado anti-sistema, que no es muy sofisticado, que no busca respuestas complejas y que está enojado con la clase política porque su calidad de vida ha descendido. 

Oportunidades perdidas: Trump perdió la oportunidad de atacar a Hillary en dos temas: el escándalo por el mal uso de los mails (solo hubo una mención y él no insistió sobre eso) y también la desafortunada frase “canasta de deplorables” con la que ella calificó hace semanas al 50% de los votantes del empresario. 

En términos generales, ella fue mejor en el debate, es evidentemente más sólida y más presidenciable que el empresario. El demostró sus conocidas debilidades, pero no fue un desastre. Nada es definitivo y tampoco las encuestas consideran que este debate haya sido decisivo para el electorado que está convencido pero sí colabora con los dubitativos: empiezan a funcionar como una forma de encarrilamiento. Hay que esperar a los dos que restan.