Si en las últimas semanas la descripción más común para referirse al partido de la Falange era que “se caía a pedazos”, o que se hundía como el Titanic —tal como lo pronunció Mariana Aylwin, tan dada a visualizar catástrofes, aunque ahora sí le achuntó—, hoy la novedad es que Carolina Goic, la presidenta del partido y carta presidencial, encontró un adhesivo para que la Democracia Cristiana no siga desarmándose. Y en una de esas hasta logra fortalecerla…

Ya sea porque cada milímetro de esta teleserie haya sido calculado como en más impactante capítulo de House of Cards, o que se trate un giro a todas luces genuino, la senadora por Magallanes hizo del llamado “rinconazo” el mejor escenario para marcar un golpe de autoridad y, de esta forma, lograr lo que antes parecía imposible: subir en las encuestas (creció de un 3% al 6% en intención de voto, según la Cadem) y, lo más importante, rescatar a su partido —aunque sea momentáneamente— de una de las peores crisis de su historia.

Goic recurrió a la misma estrategia que en el funeral de Patricio Aylwin le sirvió para catapultarse como alternativa presidencial: fijar la altura moral de la que los políticos —a decir de la gente— hoy adolecen. Como la sucesora de Jorge Pizarro, quien renunció a contrapelo, pese a estar formalizado por el Ministerio Público por las famosas “asesorías verbales” en la que involucró a uno de sus hijos en el llamado Caso SQM, Goic pidió perdón en la ceremonia del Cementerio General y llamó a mejorar los estándares éticos.

Hoy, “arrinconada”, sacó de su cartera el mismo pegamento moral para salvar al partido de una evidente autodestrucción al declarar —luego de tres días de reflexión— que no avalará la repostulación del diputado Ricardo Rincón y que, con el jurista Patricio Zapata, se abocarían a evaluar con lupa los antecedentes de cada postulante al Parlamento.

¿Dispondrá la DC de figuras inmaculadas? ¿No será este estándar una trampa para que, ante el menor tropiezo, la candidata se pise los pies (tal como le sucedió, valga el ejemplo, a Andrés Velasco)? ¿Se prestará esta nueva moral para avivar todavía más la hoguera interna? Todo esto y más en el próximo capítulo de la teleserie falangista, porque si hay algo claro es que el culebrón —por éxito de rating y el devenir político mismo— tiene para largo.