Pepe Auth se siente distante del partido que contribuyó a formar hace ya 25 años. Histórico militante del PPD, hoy reconoce que su relación con este conglomerado —que nació en 1988 como un partido instrumental de cara al Plebiscito del Sí y el No— comenzó a enfriarse hace algunos años y se ha ido profundizando en el último tiempo, sobre todo tras los escándalos que han costado la salida del gobierno de dos de sus más destacados militantes: primero, el ex ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, investigado por la fiscalía por las boletas que giró al operador político Giorgio Martelli, para una supuesta precampaña de Bachelet. Y luego, la renuncia de Jorge Insunza a menos de un mes de haber asumido la Secretaría General de la Presidencia. 

Se suman los cuestionamientos al actual presidente del PPD, Jaime Quintana, que participó de un viaje pagado por SQM —en avión privado y hospedándose en el mejor hotel de San Pedro de Atacama— con el fin de conocer las instalaciones de la empresa del yerno de Pinochet. 

“He experimentado un distanciamiento espiritual muy difícil respecto de la conducción partidaria y sufro por el deterioro del posicionamiento del PPD que, sin embargo, es anterior a esta coyuntura”, aclara Auth en su oficina parlamentaria en el ex Congreso de Santiago. Su desazón es profunda: “Creo que la energía, la pasión, el proyecto que animó la creación del PPD tocó techo. Esa aspiración, aquel sueño que tuvimos de constituir un gran partido social demócrata, moderno, que conjugara la aspiración libertaria con la igualitaria, sin prejuicios estatistas y conservadores, se agotó. Ya no hay espacio para dos partidos en la centro izquierda diferenciados. Además, el PPD perdió su diferencia con el Partido Socialista…”, reconoce cabizbajo, cosa rara para este sociólogo quien suele verse de mejor ánimo.

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—¿En qué radica concretamente su principal diferencia en cuanto a la conducción de Quintana?

—He crecido bajo los colores del PPD, fui su presidente hasta 2009 y no comparto para nada esta izquierdización discursiva. La idea de que los últimos veinte años no fueron nada y que la política y las transformaciones comenzaban hoy, no me identifica. Como si el progresismo simplemente fuera la recuperación de la importancia del Estado sobre el mercado, en lugar de pensar de manera moderna, con una articulación nueva entre Estado, mercado y sociedad. El PPD ha retrocedido. Retomamos muchos rasgos anteriores y otros que ni siquiera nos pertenecían. Es como el narcisismo con espejo ajeno.

—¿Se lo planteó a Quintana?

—Hemos tenido un diálogo pero, para ser franco, ya no tengo la energía ni la disposición para jugarme a cambiar el actual estado de las cosas. Los cartuchos ya se agotaron.

—Y al ver lo sucedido con Rodrigo Peñailillo, sumado a la caída de Insunza, ¿cómo considera que se manejó esta crisis al interior del PPD?

—Me siento muy defraudado al constatar el estándar ético de mi dirigencia. Y el de mi compañero (Peñailillo) se deterioró de manera subrepticia, corrosiva, lenta, al punto de llegar a circunstancias como las que se están discutiendo hoy: una precampaña cuya existencia todavía no es posible visibilizar… ¿para qué se recauda tanto dinero?, ¿en qué se gastó? Y luego, lo que sucedió con un colega y amigo como Jorge Insunza al no identificar como conflicto de interés algo tan evidente como tener un contrato o prestarle un servicio a una empresa minera que es parte interesada en las decisiones que se toman en el Parlamento. No se pueden representar intereses particulares y aspirar a cuidar el interés general.

“Estoy decepcionado de Rodrigo Peñailillo”, sostiene ahora este sociólogo.“Tuve la oportunidad de conocerlo para la campaña de Bachelet; luego, en el ejercicio gubernamental, hicimos una complicidad muy fuerte para terminar con el binominal. Pero yo no lo conocía en profundidad, y tengo que decir lo que probablemente dirá la Presidenta, que estoy desilusionado…”.

—¿En qué se funda concretamente ese sentimiento?

—Más que en los aspectos que ya hemos conocido a través de la prensa, tiene que ver con lo que probablemente va a ocurrir. Creo que la mayor decepción con Peñailillo está por venir.

—¿Se refiere a los resultados que podría establecer la investigación de la Fiscalía?

—Prefiero esperar a que se decanten los acontecimientos, pero insisto: entre septiembre y abril de 2012 no había una opción a la Presidencia de la República; tampoco estaba la necesidad de hacer precampaña en pro de una candidatura que no existía. Yo no vi ninguna actividad que demandara recursos. Al revés, todos nosotros, los parlamentarios, los partidos, los alcaldes y concejales, todos pujábamos para que Bachelet volviera. Por último, ella tenía un posicionamiento completo, con un 99 por ciento de conocimiento en Chile y 60 por ciento de intención de voto y sin rivales. Entonces, ¿qué actividad podía requerir ella un año y medio antes de la elección, si ni siquiera era candidata? Para mí ese emprendimiento es completamente inexplicable e injustificado. Peor aún: que ese trabajo se haya hecho sin ningún vínculo institucional, a través de una especie de Pyme electoral, para constituir una suerte de Cámpora (agrupación política argentina que apoya la gestión del kirchnerismo), me parece, por decir lo menos, curioso. 

—¿Usted cree que todo este trabajo se hizo a espaldas de la Presidenta?

—Por supuesto. ¿Qué interés podría haber tenido ella en que se constituya una camporita? Que se haya actuado sin el conocimiento de la Presidenta es tremendamente decepcionante.

—¿Qué interés personal pudo haber tenido Peñailillo en armar esta “Pyme electoral”, como usted afirma, sin que lo supiera Bachelet?

—No lo sé, es tan delicado juzgar… La investigación tendrá que determinar si sólo había interés político u otro propósito.

Según Pepe Auth, tanto Rodrigo Peñailillo como Sebastián Dávalos, es decir, su hijo político y sanguíneo, respectivamente, traicionaron a Bachelet. “Le dieron en el plexo solar, sobre todo su familia. Eso la desestructuró y la debilitó al punto que le ha sido extremadamente difícil recuperarse. Estas dos situaciones la han fragilizado de tal forma que han alterado su voluntad, su fuerza y su presencia. Su power. La Presidenta está dañada. Probablemente ellos eran las dos personas, de las poquísimas en las que ella confiaba. Todos sabemos que Bachelet ha sido golpeada por la vida, no es de las que se entrega a diestra y siniestra; y por lo tanto sus confianzas son selectivas, profundas y duraderas. Entonces, darse cuenta que no puede tener fe en nadie porque hasta el más íntimo tiene agenda propia, y además completamente disociada de la suya, debe ser para ella un dolor muy fuerte”. 

—¿Cree que exista un vínculo entre esta doble traición y el excesivo secretismo con que la Presidenta ha manejado algunas decisiones recientes, como el cambio de gabinete, y que sin duda le ha traído costos?

—Lógicamente termina cometiendo errores por actuar sola. Si le hubiese preguntado al PPD sobre su intención de poner a Insunza, obviamente ellos le habrían ofrecido otros cinco nombres distintos. Primero, porque es un problema para un partido perder a un diputado; y, segundo, porque existían diversos artículos sobre el rol que ejerció él como lobbista. La dirigencia habría preguntado si efectivamente Insunza cortó definitivamente todos los vínculos laborales. Pero la soledad lleva a eso. Tienes que transferir confianza y poder; y ahí es donde veo el problema central: en el período anterior era la Presidenta quien traspasaba su legitimidad y credibilidad al conjunto del gabinete. Hoy es al revés: los ministros deberán trabajar para generar credibilidad propia y fortalecer además a la mandataria. Ella ya no está en las condiciones de empoderar a nadie. Así de cambiadas están las cosas.