Casi 700 millones de mujeres, la población femenina más grande del mundo y, también, de las más misteriosas. La mayoría siempre dos pasos más atrás de sus maridos y acostumbradas a hablar sólo cuando se les pregunta algo. ¿Puede una mujer en China convertirse en una figura y superar la fama de su pareja? Imposible… Salvo que a los catorce años seas una artista vestida de hanfu, perlas y abanicos, cantando ópera tradicional. Una cocotte oriental de piel blanca y boca roja. En otras palabras, Peng Liyuan. Nadie lo discute.

Desde niña adoraba cantar con plumas y abanicos. Una ‘pizpireta’ que creció en una casa comunista.

Ella rompió de una vez con la tradición con la misma fuerza con la que Vogue irrumpió en ese país como una señal de cambio. Las chinas quieren abrirse al mundo, ser cada día más atractivas y tienen las mismas ansias de liberación de su actual primera dama, la misma que está casada hace 26 años con el presidente Xi Jinping.
La ven como la encarnación de ojos rasgados de Carla Bruni, una Michelle Obama que suelta una carcajada fuera de protocolo, o una Kate Middleton que encanta a las nuevas generaciones. Los más ortodoxos también la aceptan como una Evita Perón que canta viejas canciones cantonesas dignas de Broadway.

La mujer del presidente de la segunda potencia del mundo agotó las portadas de revistas y diarios hace un par de meses cuando apareció fotografiada elegante y sonriendo, en una gira oficial por Rusia y África. Su imagen está lejos de su antecesora, Liu Yongqing, la señora del ex presidente Hu Jintao, a quien se le vio menos de cuatro veces durante diez años de mandato. A las anteriores ni siquiera le divisaron la nariz.

Todo indicaba que Peng tendría el mismo destino. No estuvo junto a Xi durante el pasado Congreso del Partido Comunista. Tampoco cuando lo nombraron secretario general. Ni durante la reunión de la Asamblea Nacional Popular donde lo designaron como presidente. Muchos ni se sorprendieron; era otra primera dama al margen. Pero no era más que una coartada. Esta mujer de pelo tomado, maquillaje perfecto y famosa por su voz considerada como una de las más potentes de la ópera china, en algún momento daría la nota alta. Y para lograrlo esperó la primera gira internacional. Lejos de su tierra.

Ese viaje disipó cualquier duda. La prensa china, como nunca en la historia, entregó detalles de sus trajes, zapatos y accesorios. Fotos a página completa la mostraron imponente, revelaron su sonrisa, su forma de caminar y, sobre todo, su fuerte capacidad diplomática.
El pueblo lo agradeció. Y los más viejos recordaron la figura de Mao Tsé-tung, el único que alguna vez mostró a su mujer con orgullo. Sólo que esta vez no se trataba de la despiadada Jiang Qing, culpada de muchos de los males de la Revolución Cultural, sino de una mujer que —además de ser una diva con voz de soprano—, se preocupa del destino de su país.

Todo indicaba que Peng tendría el mismo destino. No estuvo junto a Xi durante el pasado Congreso del Partido Comunista. Tampoco cuando lo nombraron secretario general.

La gira con su marido parece haber desatado la ‘Pengmanía’. Cuando aterrizó en Moscú, se generaron un millón de comentarios en Weibo, el popular microblog chino. Sólo alabanzas y palabras de orgullo de parte de millones de mujeres que decían sentirse representadas con ‘inteligencia’ y ‘buen gusto’.
En la industria de la moda también causó impacto. Sus vestidos comenzaron a ser imitados y las multitiendas siguen mostrando publicidades que ofrecen colecciones bajo el slogan ‘Estilo Peng Liyuan’. Las búsquedas en Taobao —el portal de compra online más importante de China— marcaron más de cinco millones de entradas para zapatos, abrigos, bufandas y bolsos que siguen la línea de la primera dama.

A diferencia de las chinas adineradas, que prefieren llevar diseños de modistos occidentales de lujo, Peng apostó por el diseño local. Su decisión significó un fuerte empuje para las marcas locales. Como lo que ocurrió con Liwai, una etiqueta que le diseñó en forma exclusiva un bolso y una serie de trajes de día. La fama de la etiqueta creció al punto que en cosa de días su tienda online se bloqueó por la cantidad de usuarios que querían alguno de los modelos.
Comparada con Evita, ella se siente ‘feliz’. Ha dicho que con la Perón la une un pasado artístico, de lírica y vodevil. Mezcla de escenarios, cafés nocturnos e intensa vida social.

Reconoce que desde niña adoraba cantar con plumas y abanicos. Una ‘pizpireta’. Peng creció con esfuerzo y austeridad, su padre fue un profesor de clase media y su madre dueña de casa. Eran ilustrados, pero nunca ascendieron socialmente. De ahí que el pasado artístico no es lo único que la une con Eva Perón, sino también su compromiso social, al punto de promover conciencia frente al Sida, una enfermedad tradicionalmente estigmatizada en su país. Además, lucha contra el cigarrillo.

Como para una novela

Está orgullosa de su pasado y se ríe de cómo se ha tejido una imagen para ‘novelar’ su historia, escribió el Telegraph de Londres.

Está orgullosa de su pasado y se ríe de cómo se ha tejido una imagen para ‘novelar’ su historia, escribió el Telegraph de Londres. La miran con sigilo: una fuerza femenina de Oriente que viene del país más grande del mundo. Una cantante-bailarina de Pekín que basta buscarla en YouTube como ‘cantaretta’ para que aparezca con sus mejores performances y cantos tradicionales. Una mezcla de voz de cisne, emplumada, una ‘flor de loto’ del bel canto que ahora usa unas chaquetas cortas, correctos pañuelos y zapatos con taco. ¿Será cierto que los servicios secretos del Partido Comunista chino estén borrando su pasado?
Imposible, sería tiempo perdido.