Todas las entrevistas y perfiles de Paula Vial (43) comienzan con el dato anecdótico de que mide 1.70 metro y que le gustan los zapatos con tacones que superen los diez centímetros. Y este texto no es la excepción: es lo primero que una le mira cuando llega a la cafatería con su pelo suelto, largo y ondulado.

—Mi pololo hasta los contó.

—¿Y cuántos pares tiene?
—No me acuerdo.

—¿Más de cincuenta?
—Más de cincuenta.

—¿Más de cien?
—Creo que por ahí. Tengo una clienta que tiene más de 300. Me da vergüenza el exceso. Hace dos años me mudé de departamento y estuve mal durante muchos días porque tenía demasiada ropa, zapatos, carteras. Fue una cosa que no pude aguantar. Mirar y decir: qué horror. Me encanta cambiarme, pero fue mucho. Me deshice de las cosas que no usaba —terminé armando una cuestión que parecía una tienda— y se las regalé todas a las presas del COF. Desde esa época he tratado de estar más moderada y, cada cierto rato, reviso y me deshago.

—Para poder comprarse más, reconózcalo.
—Lo reconozco. Pero por lo menos no voy acumulando.
No cree en Dios. Ha probado la marihuana y piensa que no se debe criminalizar el consumo. Se considera feminista. Está a favor de la despenalización del aborto. Defiende el matrimonio homosexual.

La abogada se define como una librepensadora y su declaración de principios probablemente es similar a la de una porción importante de chilenos. Pero a diferencia del común de la gente, la ex Defensora Nacional —con un hijo de 10, divorciada y con nueva pareja— estaba predestinada a una vida conservadora. Viene de una familia tradicional y numerosa —es la mayor de seis hermanos, las cuatro mayores mujeres—, fue educada en colegios de niñas tanto de Chile como de Argentina, asistió a misa todos los domingos de su niñez y adolescencia y, cuando egresó del Huelén, nunca se preguntó si podía estudiar en otra universidad que no fuera la Católica: “Vivía en una burbuja”.

—¿Qué le pasó en el camino?

—Empecé a cuestionarme muchas cosas.

Su vida pública comenzó en 2003, cuando a los 33 años se convirtió en la primera mujer a cargo de una defensoría regional. Terminaba su doctorado en Derecho Penal en la Universidad Complutense de Madrid cuando supo del nuevo puesto y regresó para instalarse junto a su marido en Rancagua. Cinco años después se convirtió en Defensora Nacional, la primera mujer en asumir ese cargo que lidera a unos mil profesionales, la mayoría hombres. “Yo creo que Chile necesita tener más mujeres en los cargos de autoridad”, reflexiona.

—Bachelet ha sido criticada por no haber incorporado a más ministras, subsecretarias e intendentas.
—Sí, qué atroz. Yo no sé qué pasó. Me da pena. Mi opción es la de la paridad, ni siquiera la ley de cuotas. Creo que debería ser mitad hombres y mitad mujeres.
—Había altas expectativas, sobre todo por su paso por ONU Mujeres.

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—Entiendo que deben haber razones para ello, pero creo que es un debe que la Presidenta no haya nombrado en igualdad o, al menos, a un mayor número de mujeres. No tengo respuestas, me sorprendió. Pensé que había una opción, porque creo que candidatas hay para tirar a la chuña.

Desde la época de la Defensoría Nacional —cuando comenzó a estar del lado de los acusados, los malos de la película— Paula Vial se transformó en una abogada de un creciente liderazgo y protagonismo en causas que desafiaban el poder y al establishment. En su caso es curioso: como ella reconoce, proviene justamente de esa elite: “Pero soy la oveja negra”, dice una mañana de febrero mientras se toma un café cortado en el Tavelli del Drugstore.
Hoy dispara desde distintas tribunas: tiene una columna en el medio electrónico El Post y en The Clinic —donde la retratan con el dibujo de la Mujer Maravilla— y es panelista de Radio Futuro y del programa Ciudadanos de CNN.

—¿Por qué el gobierno de Piñera no la mantuvo como Defensora en 2011?

—Jamás pensé que me fueran a mantener y me pareció natural: la época de la renovación tocó en un gobierno con un signo distinto. Me reconozco de oposición, absolutamente. Además, una defensa muy activa no es popular y no era probablemente lo que quería este régimen. La defensoría, lamentablemente, sigue siendo una institución no autónoma que depende del Ministerio de Justicia. Aunque yo no lo viví así, siempre existe el riesgo de intervención.

—¿Sufrió presiones?
—No, pero recibí comentarios de molestia en alguna reunión del consejo por parte del entonces ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, aunque nunca tuvimos mucha relación. La forma en que enfrentaron la delincuencia fue poco afortunada y, por lo demás, poco exitosa.
Cuando dejó de ser Defensora Nacional, junto a otros dos juristas —entre ellos su nueva pareja, Fernando Abarca— fundó el bufete Vial & Asociados. Desde esa trinchera se ha involucrado en casos de alta connotación pública, como la defensa del hermano del animador Sergio Lagos, Manuel, que en mayo de 2013 fue detenido por tener medio kilo de marihuana. Pero fue en septiembre pasado cuando esta mujer que conoce como pocos las cárceles y los bajos fondos, comenzó a asomarse en un mundo que hasta entonces no dominaba: a través del Caso Cascadas, ha debido conocer en profundidad la plaza financiera local y cómo se mueve la trama del poder en su interior.

Un proceso inédito en Chile, por el nivel de intereses que está en juego, que empezó a desencadenarse cuando la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS), después de una investigación de casi dos años, formalizó en septiembre a cuatro ejecutivos por infringir la Ley de Mercado de Valores y la Ley de Sociedades Anónimas. Entre ellos, el empresario Julio Ponce Lerou, ex yerno de Augusto Pinochet y controlador de SQM, una de las principales productoras mundiales de litio.
De acuerdo a un informe de la SVS, el mecanismo utilizado por Ponce Lerou entre 2009 y 2011 consistía en realizar operaciones bursátiles que lo beneficiaban a costa de los accionistas minoritarios de las sociedades Cascadas. De comprobarse su culpabilidad, arriesga diez años de presidio.
El empresario, sin embargo, no se quedó con las manos cruzadas después de ser formalizado: se querelló contra el superintendente, Fernando Coloma, por prevaricación administrativa y abusos contra particulares. La abogada Paula Vial asumió su defensa: “La querella no tiene ningún sustento y la estrategia que él ha seguido es la de un poderoso. Ponce Lerou ha desplegado una arremetida en todos los frentes judiciales posibles con el objetivo de dilatar el proceso y desviar la atención”.

—¿Dice que busca amedrentar al superintendente?
—De todas maneras. La estrategia de su defensa es global: entregar señales de que no se metan mucho, de que ojalá haya temor.

—Ponce Lerou vinculó a Piñera en el Caso Cascadas y el propio Presidente dijo que podría estar entre los perjudicados.
—Coloma ha sido una autoridad súper valiente e independiente y por eso resulta sorprendente que lo traten de lo contrario, de abyecto al Presidente. Sólo entrar en el conflicto es incompatible con la idea de proteger a una determinada autoridad. Si no, no te metes.

—¿Cómo es el mundo del mercado bursátil?
—Es un mundo bien cerrado, críptico, una especie de club de elite donde participan algunos y, por lo mismo, con un riesgo latente y evidente de falta de respeto a la igualdad y a ciertas herramientas básicas en cualquier democracia.

—Usted conoce las entrañas del poder judicial, político y económico chileno. ¿Cómo funcionan estas redes?

—El poder en Chile funciona como House of Cards, una serie de TV que me encanta.

—¿Quién sería el maquiavélico Frank Underwood, el senador demócrata que interpreta Kevin Spacey?

—Está lleno, de mujeres y hombres. Hay menos ingenuidad en los movimientos de lo que se piensa, no se dan puntadas sin hilo. Todos son de esa forma: se conocen, se sonríen. En todo ámbito las decisiones tienen consecuencias diversas y, por lo tanto, lo que esta gente estratégica hace es intentar medir todos esos efectos y que ninguno se le escape.

Paula Vial observa el poder con distancia y su mirada hacia el mundo de la influencia comenzó a cambiar mientras era estudiante de Derecho en la UC y escogió hacer su práctica de seis meses en la Penitenciaría.

Lo primero que se replanteó fue su relación con la religión: “Pensé que mi fe tenía que ver con mi formación y fue un proceso. Me fui alejando de los ritos hasta que llegó un momento en que me pregunté seriamente si creía que existía este Dios y no, no lo veo. Me cuesta creer en otra vida, no me represento el mundo de esa forma”.
Lo segundo que meditó fue su definición política: toda su familia —incluidos primos y tíos— son de derecha. Ella, sin embargo, ahora se instala “en el ala izquierda de la DC”.

—Es raro ser simpatizante de la DC y considerarse agnóstica.

—Por eso probablemente no milito, no sé si me aceptarían.

—Usted ayudó en la presidencial a Claudio Orrego, ¿y no se espantó con el ‘Creo en Dios, ¿y qué?’ que usó en la campaña?

—Casi me mato cuando vi ese cartel.
Hace quince años no se habría espantado: parecía destinada a una vida formal.
La familia materna de Paula Vial Reynal es argentina, acaudalada y posee paños importantes de tierra. Nacida en Buenos Aires en 1970, la abogada creció en un fundo de 1.500 hectáreas cercano a la capital trasandina conocido con el nombre de ‘La casualidad’. Cada vez que sueña —y lo hace poco— regresan a su memoria los recuerdos de ese campo donde vivió una infancia plácida y protegida.

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Su padre, chileno, también se dedicaba a la agricultura. Su abuelo era abogado —nunca ejerció— y fue diputado por el Partido Conservador. Durante el gobierno de Frei Montalva le expropiaron el fundo Las Masas, en Llay-Llay: “No es una época que recuerden con alegría”. Pero el papá de Paula Vial logró varias décadas después comprar parte de esas tierras que, hasta la actualidad, le pertenecen.
Entre uno y otro fundo, a uno y otro lado de los Andes, se hizo mayor. Fue una alumna excelente en los colegios en los que se educó en Argentina y Chile. En Santiago estuvo entre segundo y sexto básico en Las Ursulinas de Vitacura. Luego regresó para cursar el Cuarto Medio en el Huelén, del Opus Dei.

—No debe haber sido fácil para sus padres su alejamiento del catolicismo.
—Mi mamá es conservadora, quizá por la vida que ha llevado, pero es bastante intelectual y tiene una aproximación distinta a los cambios. Pero mi papá es más cuadrado y cerrado. No le ha quedado otra opción que aceptar muchas cosas que han ido pasando en su familia: desde que yo dejara de creer en Dios hasta mi divorcio.

—¿Y cómo es su familia?
—La que yo fundé es distinta. Somos mi pololo, sus tres niños, mi hijo y yo. Esto no siempre es fácil de comprender.