A fines de 2014, la calma del diario Süddeutsche Zeitung, el segundo más leído de Alemania, se vio interrumpida cuando Bastian Obermayer, periodista de la sección de investigación, recibió un correo electrónico de un anónimo. “Hola, aquí John Doe ¿les interesan unos datos?”. John Doe es la manera en la que en Norteamérica uno se refiere a alguien anónimo, lo que en español se conoce como NN. El equivalente femenino es Jane Doe. “Nos interesan mucho”, respondió Obermayer, sin saber de qué datos se trataba. “Hay un par de condiciones, eso sí”. La fuente no quería compensación económica ni nada a cambio, sólo unas garantías de seguridad. “Mi vida corre peligro. Nos comunicaremos sólo con archivos encriptados, nunca nos reuniremos y la decisión sobre lo que se publicará será de ustedes”. “¿De cuántos datos estamos hablando?”, preguntó el periodista. “Son más de lo que han visto nunca”, respondió John Doe.

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Ese intercambio de correos dio inicio a la mayor filtración de datos que haya enfrentado el periodismo de investigación. Durante los siguientes meses, el diario alemán recibió 11,5 millones de documentos —2,4 terabyts, 46 veces el tamaño de Wikileaks—, por lo que se trabajó junto al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y más de 100 medios de todo el mundo para peinar los datos y sacar en limpio la información. En ella se evidenciaba el ocultamiento de propiedades de empresas, activos, ganancias y evasión tributaria de jefes de Estado, personalidades del fútbol y del arte, pasando por dictadores y traficantes de armas, a través de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca. Los datos filtrados cubren desde 1977 hasta 2015 y permiten una mirada detallada del mundo off shore. “¿Por qué haces esto?”, le preguntó el periodista a la fuente. “Quiero que se conozcan estos crímenes”, respondió.

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¿Quiénes son Ramón Fonseca y Jürgen Mossack y cómo se gestó el caso que tiene a los poderosos bajo la lupa?

Jürgen Mossack es un inmigrante alemán cuyo padre fue miembro de las Waffen SS, el ala armada del partido Nazi. Se mudó junto a su familia a Panamá en los ’60, donde, según archivos de inteligencia, su padre se ofreció a trabajar como espía para la CIA en la lucha contra el comunismo cubano. Conocido por ser de perfil bajo, se graduó de abogado en 1973, trabajó en Londres y luego volvió a Panamá para abrir un despacho de abogados. No conocía a Ramón Fonseca. Fonseca, por su parte, cultivaba un perfil más social. Intentó ser sacerdote. Luego estudió en el London School of Economics y trabajó en Naciones Unidas “para salvar al mundo”, como dijo en una entrevista. Es también un conocido escritor. Como novelista, ganó dos veces el premio más importante de Panamá (Premio Ricardo Miró) y es súper ventas en Perú, Venezuela y Panamá. Una de sus obras, Mister Politicus, trata sobre los complejos procesos de los que se valen “funcionarios inescrupulosos para afincarse en el poder y satisfacer sus detestables ambiciones”, según sus palabras. En 1978, los pequeños despachos de abogados se fusionaron y crearon el bufete Mossack Fonseca y Co., “líder global en servicios integrales de carácter legal y fiduciario”, como dice su página web. A lo largo de tres décadas, el grupo se expandió hasta tener 500 empleados y 40 oficinas en todo el mundo. El despacho ayudaba a sus clientes a esconder sus riquezas en cuentas bancarias y establecían esquemas para la evasión de impuestos, a través de servicios o empresas fantasma. Sus clientes podían ser deportistas, políticos, jefes de Estado, criminales y traficantes de armas. De hecho, se les vincula con el círculo cercano de Gadaffi, Mugabe y empresas que patrocinan la guerra en Siria. Mauricio Macri, Putin, Messi y Mario Vargas Llosa, en una lista infinita de personajes que creaban sociedades en paraísos fiscales para evitar el pago de impuestos. En Chile, nombres como Iván Zamorano o el empresario Alfredo Ovalle también aparecen. Quien más aporta nombres y vínculos es el Partido Comunista chino. Toda la cúpula superior está salpicada y no encontraron mejor solución que mandar a borrar toda la información relacionada a los Papeles de Panamá de los buscadores y de Weibo, el Twitter chino. “Esto demuestra que lo que une al Partido Comunista chino no es el deseo de llegar al paraíso de los trabajadores unidos, al decir de Marx, sino un ánimo de enriquecimiento de sus líderes a costa del proletariado. Es un método parecido al que se usó para derribar la mafia y Al Capone, atacarlo por las declaraciones de impuestos y mediante la denuncia de sus delitos tributarios”, dice Walter Sánchez, director del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. ¿Cómo y por qué se filtró tanta información de una estructura que venía funcionando así hace casi 40 años? Para Putin, empleados de organizaciones oficiales estadounidenses. Aunque reconoció que se trata de información fiable, “sabemos que el diario alemán pertenece a un holding de medios de la estadounidense Goldman Sachs”, dijo el lider ruso. Para Sánchez, “la versión oficial genera muchas sospechas y nadie sabe para quién trabaja. Una primera lectura es que detrás de esta operación —y razón por la que no aparecen estadounidenses en la lista— es porque existe una estrategia oculta para instalar estos refugios en territorio estadounidense, como Nevada u otros Estados”.

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Mientras tanto, desde Mossack Fonseca se defienden asegurando que no han cometido delito alguno. “Al final de la tormenta el cielo será azul y la gente se dará cuenta de que el único crimen es hackear”, dijo Fonseca en una entrevista que dio vía Whatsapp. Y ejemplificó. “Somos una fábrica de autos que le vende su auto a un distribuidor (político, por ejemplo), y él se lo vende a una señora que lo choca. La fábrica no es responsable con lo que se hizo con el auto”.

Los periodistas que siguen trabajando en la investigación —CIPER en el caso chileno—, aseguran que esto es sólo el comienzo, y que en cinco años más podría haber nuevos descubrimientos y más involucrados si se juntan todas las piezas del puzzle.

Hoy, en tanto, Ramón Fonseca está trabajando en su última novela, “sobre un periodista investigador que es honesto y busca la verdad sin intereses ocultos”.