¡Quién lo hubiera imaginado! Más parecen viejos amigos, de esos que no se ven hace tiempo, que dos que pretenden el sillón presidencial. Se saludan haciendo chocar las manos y a partir de ese momento no paran de hablar mientras recorren la población La Faena de Peñalolén. Aunque pertenecen a mundos partidarios muy distintos, tienen algo en común: han vivido la pobreza en terreno y entraron en política para buscar una transformación social.

Tanto para Claudio Orrego (abogado, 47 años, casado, cuatro hijos, ex alcalde de Peñalolén, candidato presidencial de la DC) como para Pablo Longueira (ingeniero, 55 años, casado, siete hijos, ex ministro de Economía y postulante de la UDI), la historia viene del colegio. Claudio salió del Saint George y desde muy joven sintió el llamado popular. Pablo estudió en el San Ignacio donde lo marcó a fuego aquella frase: “entrar para aprender y egresar para servir”. A la larga cada uno ha armado su trayectoria en estrecho contacto con la calle, con los pies en el barro, sintonizados con el mundo popular.

Fueron cuatro o cinco años comprometido a fondo, incluso apadriné al hijo del dirigente de un campamento; él, después de pasar toda la vida en La Pintana se tituló de abogado, igual que mi hijo mayor

“Yo, la verdad, incluso pensé ser cura, pero me gustaban demasiado las mujeres y la política”, confiesa el candidato DC. “¿En serio?”, le contesta la alternativa presidencial UDI, como riendo. “Sí, verdad, tenía dudas vocacionales. Me crié en una familia y en un colegio de una fe muy encarnada, muy traducida en el trabajo, en el apostolado. Desde la enseñanza básica participé en el Pequeño Cottolengo, en clubes del adulto mayor, en el Pedro Aguirre Cerda, por misiones, por colonias urbanas. Y el hito que me marcó de por vida fue cuando se salió el Canal San Carlos en 1982, un mes después de la muerte de mi padre. El canal arrasó con toda Lo Hermida; los curas de mi colegio eran de ese sector y con ellos estuvimos casi un mes sacando barro. Uno no puede decir que cree, que ama a un Dios, si no es capaz de comprometerse con los pobres que tiene al lado. Así es que decidí dar un paso más y me vine a vivir a la población La Faena, por más de tres años. Soy abogado de la Católica, hice un master en Harvard, pero ese tiempo en la población fue lejos el aprendizaje más importante de mi vida. Me marcó muchísimo, selló a sangre y fuego mi compromiso”.
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Pablo Longueira lo mira atentamente. El también vivió una historia similar, una vocación que empezó en la casa y continuó a lo largo de los años. “De niños vivimos en una parcela en Melipilla y creo que la ruralidad, el campo, sumado al compromiso social profundo de mis padres, nos moldeó como hijos. Estudiamos en el San Ignacio, donde tuve muchas experiencias marcadoras, como trabajar de obrero en una fábrica y, simultáneamente, vivir en la población Los Nogales, en Estación Central. Sin quererlo me fui involucrando. Cuando entré a Ingeniería en la Universidad de Chile nunca imaginé que iba a dedicar mi vida a esto, pero me convertí en presidente del Centro de Alumnos y luego presidente de la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad de Chile. Si tuvo una habilidad Jaime Guzmán fue haber captado mi vocación social y me invitó a formar un partido de derecha comprometido con la pobreza. Y la verdad es que el desafío me cautivó. A través del Departamento Poblacional de la UDI hicimos un trabajo político, de formación de equipos, de cuadros, de comités en todas las poblaciones a lo largo del país; eso me vinculó con los campamentos más grandes de la época, como el Silva Henríquez. Volqué toda mi energía a erradicarlos. Fueron cuatro o cinco años comprometido a fondo, incluso apadriné al hijo del dirigente de un campamento; él, después de pasar toda la vida en La Pintana se tituló de abogado, igual que mi hijo mayor”, cuenta Longueira.

Dos caminos

Cada uno tomó rutas distintas. Orrego se involucró activamente en los derechos humanos, y Longueira asumió una férrea defensa de la imagen de Augusto Pinochet.

Cada uno tomó rutas distintas. Orrego se involucró activamente en los derechos humanos, y Longueira asumió una férrea defensa de la imagen de Augusto Pinochet.
Las experiencias públicas tampoco fueron las mismas: Orrego ‘pololeó’ con varios partidos antes de matricularse en la DC, luego de que éste le diera un cupo para las municipales de 1996 por Peñalolén. Tenía 26 años y descubrió el sabor de la derrota: “Perdí por 900 votos, un trago amargo que me mostró la dureza de la política. Pero me convertí en concejal durante cuatro años, fundé la corporación Encuentro y en 2004 volví a postular y salí electo dos períodos seguidos”.

Longueira se fue por el camino parlamentario, siempre representando a zonas populares: tres períodos en San Bernardo, seguido por Conchalí, Renca y, por último, Huechuraba, “una comuna con mucha pobreza y poblaciones duras, como La Pincoya —cuenta—. En esa zona nunca había ganado alguien de derecha, pero logré la primera mayoría”. Más tarde se convirtió en senador por Santiago, que involucra desde la zona oriente y hasta el sector popular de la zona sur. Y para no perder contacto en terreno, empezó como profesor voluntario de Infocap. “Uno aprende tanto o más que los alumnos. Estamos hablando de familias que viven la pobreza más dura en Chile, gente de esfuerzo, de sacrificio, que luchan diariamente para salir adelante. Eso te mantiene conectado con las vivencias y los cambios que experimentan las familias. Nunca habría abrazado la política sin contenido; necesito esa conexión”.

Detrás del desencanto

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La pasión les brota por los poros. Orrego interviene: “A Chile le sobran economistas y le faltan buenos políticos, sobre todo gente con barro en los zapatos que sepa; cuando diseñas un modelo de vivienda, de transporte o lo que sea, de repente crees que los gallos quieren una cancha y no, te exigen una plaza; a otros les dices que vas a hacer una plaza y te dicen, “no, constrúyanos una sede”. Esa experiencia te la da el día a día. Es una gran escuela de humildad. O sea, hay tipos que tienen como 35 doctorados y 45 mil ecuaciones para decir lo que la gente necesita, cuando esto es pura oreja, ¡escuchar! Eso no sólo te ablanda el alma, cambia tu cabeza y puede moldear la manera de mirar las políticas públicas que hace mucho tiempo se vienen haciendo de arriba para abajo”.

Longueira no puede estar más de acuerdo: “La capacidad de ponerte en el lugar del otro resulta fundamental. En el Ministerio de Economía me pasó; siempre me echaban tallas, porque entre todas las cosas que hicimos, tenía mis programas regalones; uno era Emprender en libertad, que aplicamos a las reas de la Cárcel de Mujeres de Santiago; fui solo un día sábado, recorrí, conversé con muchas y llegué a la convicción de que la mayoría nunca debió estar ahí. Más del 70 por ciento había llegado por microtráfico; si hubieran tenido oportunidad en la vida jamás estarían ahí. Todas madres, muchas abuelas. Hicimos un programa de capacitación y les entregamos los primeros certificados en una ceremonia maravillosa donde lloraron todos, hasta el camarógrafo. Si no has estado en este mundo no tienes cómo percibir que ahí existe una injusticia inmensa”.

Orrego apunta convencido: “Si algo le falta a la política es pasión. Que a uno le brillen los ojos y no sólo el bolsillo o la calculadora. ¿Por qué la gente está desencantada? Porque muchos políticos andan calculando con la última encuesta qué es lo que les conviene decir. Pero uno siente que se esté jugando la vida en lo que hace, y que además es algo que nace del alma, no de si me conviene o no. Eso se nota”.

A Chile le sobran economistas y le faltan buenos políticos, sobre todo gente con barro en los zapatos…

Plan maestro

Los dos están conscientes de que Chile ha cambiado, que las luchas ya no son las mismas, que de tener a un país con un 40 por ciento de pobreza hoy las cifras bordean el 14 por ciento, a lo que se suma una importante expansión de la clase media.

En este escenario, Longueira dice que se necesita focalizar las políticas de inversión a partir de la infancia “porque es justo el período donde se genera la desigualdad. Después ya no tienes cómo recuperarlos. Además, debemos crear una Subsecretaría de Educación que se encargue de conducir las políticas. En cuanto a la educación superior, también se necesitan cambios; hoy muchos terminan trabajando en algo que no fue lo que estudiaron, a lo que dedicaron recursos y tiempo; debe existir mayor conexión entre las carreras y las necesidades del mercado, para que se generen mayores oportunidades. Si hay algo vital para una sociedad es la movilidad, que sientas que con tu esfuerzo puedes llegar a ser lo que quieras. Eso se logra con educación y emprendimiento”.

Orrego observa atento, plenamente de acuerdo. “Estamos siguiendo un pésimo modelo que es el español, donde todo el sistema escolar se orienta a la universidad, por eso allá más de la mitad de los mayores de 19 años está cesante. Los alemanes, en cambio, están focalizados en la formación dual, universitaria y técnica; no olvidemos que allá las pyme emplean entre el 60 y 80 por ciento de las personas, quienes producen el 40 por ciento del PIB, no como acá, que con suerte llegan al 8 por ciento. Todos los años se hace una mesa entre el gobierno y representantes de empresarios para ver cuáles son los oficios con mayor demanda; hacia allá orientan sus mallas curriculares, de manera que cuando los jóvenes egresen, encuentren trabajo. En Chile, según la Sofofa, faltan 700 mil técnicos, gente que no se está formando. Y la minería requiere 20 mil personas, tal vez más. En esto hay una falla de mercado, es donde uno esperaría un rol del Estado. Estamos perdiendo plata a manos llenas. No existe vínculo, falta de visión”.

El candidato UDI está convencido de que para dar un nuevo paso hacia el desarrollo resulta fundamental vincular al sector donde se forma el capital humano con el mundo del emprendimiento”.

Como si fueran socios…

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Longueira y Orrego tienen más coincidencias: dicen que las Pyme están en boca de todos pero en manos de nadie. Que hay situaciones injustas, como que las grandes empresas pueden acceder a créditos con tasas de interés de hasta un 3 por ciento, mientras a la pequeña y mediana empresa le pueden cobrar hasta 45 por ciento.

Orrego propone una reforma tributaria donde exista una factura de compra, no de venta. Que quien compra pague el impuesto. “Además, muchas de las grandes firmas se demoran en los pagos. Incluso dentro del Estado, algo que tú denunciaste, Pablo… Tu ex colega Mañalich, ¿sabes cuál es la deuda hospitalaria que tienen las instituciones de salud pública hoy? 120 mil millones de pesos. Eso significa que el tipo que fabrica los apósitos está quebrado. Si queremos que la microempresa pase a pequeña, la pequeña a mediana y ojalá alguna mediana pase a grande, necesitamos una cancha más pareja. Pablo, tenemos que discutir límites de mercado. O sea, cuando tienes tres actores que acaparan el 93 por ciento de cualquier mercado, ¿qué posibilidades existen de que uno pequeño compita? Al final esto parece un sistema pronegocio más que promercado”.

Además, muchas de las grandes firmas se demoran en los pagos. Incluso dentro del Estado, algo que tú denunciaste, Pablo…

Pablo Longueira va más allá y desde su experiencia en terreno como ex ministro de Economía, sostiene que para que las personas tengan oportunidades es fundamental la regionalización, “que las decisiones se tomen a nivel local, que las inversiones relevantes del país generen beneficios en los lugares donde se localizan”. Pero ante todo Pablo Longueira cree en el emprendimiento. “Es una gran herramienta para abrir oportunidades, porque hay muchas personas que no pudieron o no podrán optar a la educación formal. Esto se logra por la vía de un oficio, de una buena capacitación, asesorías; uno de los proyectos más importantes que realizamos en el ministerio de Economía es tener en las 100 ciudades más importantes del país Centros de Apoyo a los emprendedores. Piensa que el 98 por ciento de las compañías del país son Pyme. Las grandes compañías están en otras lides. Para sacar a familias de la pobreza se requieren de otros instrumentos; eso nos ha faltado”.

Pero Orrego no sólo piensa que no se ha buscado nuevos instrumentos sino que ha sido un gobierno soberbio, que desde el primer día generó expectativas desmedidas. “En la reconstrucción, por ejemplo, si este gobierno hubiera dicho: “Señores, nos demoraremos cinco años porque fue un terremoto horrible, el más grande de la historia de Chile, la gente habría entendido”. Pero no, y ahora estamos en el último año y no se pudo. Las personas se frustran. Segundo: hay abusos, públicos y privados, en el consultorio, en Freirina. Eso indigna. Además, malas prácticas, y cuando la gente ve eso, se irrita, da lo mismo si se trata de una manipulación estadística o el abuso de los exonerados. Porque si yo tengo 80 lucas de pensión de invalidez, y alguien recibió por un favor político 160 lucas, me da rabia, ¿dónde está la igualdad de oportunidades?”.

Y Longueira remata: “Se necesita hacer buena política, lo que implica escuchar. Conectar con la gente”.