Directos, irónicos, peso pesado dentro del mundo de la política, entre Ricardo Lagos Weber y Osvaldo Andrade existe una especial complicidad. Mal que mal ambos fueron ministros del primer gobierno de Michelle Bachelet (Lagos como su vocero, y Andrade lideró la cartera de Trabajo) y hoy se vuelven a juntar para asumir un desafío común: la presidencia del Senado y de la Cámara de Diputados respectivamente, tarea que asumirán a partir de la segunda quincena de marzo “si es que todo sale bien”, como se apresuran en señalar, porque la nominación —producto de un acuerdo político transversal— debe ser ratificada.

De ideas políticas claras y matriculados con el progresismo dentro de sus respectivas colectividades (Lagos es PPD y Andrade, PS), ambos de carácter potente, tienen claro que lo suyo es “una responsabilidad institucional”. Claro que no pierden el humor. “Hemos conversado con Ricardo e incluso estoy dispuesto a terminar con la ironía… Aunque no sé hasta cuándo me durará el compromiso”, dice Andrade. Y Lagos en su estilo, admite: “No creo que algún día pueda superar mi eterna actitud de adolescente…”. Y más serio, mirando a su compañero, agrega: “Pero del punto de vista de las responsabilidades deberemos cumplir un rol. Ya estamos sintiendo el peso. En los pasillos hasta los funcionarios del Congreso te lo dicen”.

Asumen esta exigencia en el peor momento político de nuestra historia, con un Poder Legislativo desprestigiado ante la opinión pública. De acuerdo a la encuesta de Adimark de marzo, la desaprobación de la Cámara alcanzó un 87 por ciento mientras que la del Senado llegó al 89 por ciento… En la calle los parlamentarios enfrentan furiosas miradas y más de algún duro comentario, después de que los casos Penta, Soquimich y Corpesca enardecieran a la opinión pública y dejaran en evidencia un sistema de financiamiento irregular, tráfico de influencias e incluso cohecho, investigaciones que hoy lidera el Ministerio Público. Se suma el reclamo ciudadano ante el uso de privilegios, como autos de lujo, viajes en período distrital o el llamado Bancongreso, donde parlamentarios accedían a créditos blandos utilizando fondos públicos.

Ad portas del cierre de su administración, el presidente saliente de la Cámara de Diputados, Marco Antonio Núñez (PPD), presentó un proyecto para declarar un nuevo estatuto donde, entre otras medidas, se termina con los vuelos en primera clase, la acumulación de millas, los dobles viáticos e impone vacaciones de 15 días hábiles —al igual que cualquier trabajador— eliminando el nunca bien visto receso legislativo de febrero. Y al cierre de esta edición Patricio Walker (DC), actual presidente el Senado, anunció un proyecto con reglas aún más radicales: “No va a quedar ningún privilegio en el Senado de la República”, adelantó.

“Pretendemos nivelar la tarea parlamentaria a la de cualquier otro trabajador”, sostiene ahora Andrade en lo que será su énfasis como futuro presidente de la Cámara Baja. Y Lagos Weber añade: “Tenemos que abrir el Congreso, que la ciudadanía sepa lo que hacemos y salir de este prejuicio de que se trata de una cuestión cerrada, opaca, donde vivimos sólo de lujos y que no trabajamos”.

—OA: Efectivamente hay un conjunto de privilegios que son excesivos, como los dobles viáticos o el servicio de escoltas, cosas que la gente lo siente como una provocación. Ahí hay mucho por hacer. Por cierto, algunos privilegios son razonables, como el fuero parlamentario, que es parte de la naturaleza del cargo.

—RL: Este concepto de privilegio admite ciertas revisiones, una nueva lectura y así acercarnos a lo que es la vida cotidiana de un chileno que trabaja todos los días y que tiene desafíos permanentes. La labor parlamentaria debe profesionalizarse y terminar con esta idea que tiene la gente de que los parlamentarios son flojos…

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—O que parten de vacaciones en semana distrital, como ocurrió con el senador Jorge Pizarro…

—RL: Bueno… Ese tipo de temas demandan hoy una mirada distinta. La semana distrital hay que respetarla.

—OA: Hay que regularizar la situación y construir un estatuto que nos acerque a la cotidianidad de un trabajador chileno.

—RL: Porque a nosotros no nos hacen cotizaciones previsionales y no tenemos jubilación especial. Nuestra situación es muy peculiar porque no somos empleados, no tenemos contrato ni empleador. No tengo que rendir cuentas, salvo a la ciudadanía. Y por eso es que hay que introducir, a mi juicio, una revisión y ver cómo nos acercamos al día a día del trabajador chileno.

—OA: Esa es la línea que tenemos con Ricardo, que la gente entienda que uno también es un trabajador. Con ciertos derechos, pero también con obligaciones. Y que además, cada cuatro años, nos sometemos al veredicto ciudadano.

—¿Les parece suficiente con un nuevo estatuto?

—OA: Faltan muchas cosas, aquí no hay una bala de plata que de un solo tiro lo solucione todo… ¡Claro que se puede hacer más! El debate no se ha agotado. Se generó el ambiente y en buena hora porque ¿hoy quién se atrevería a oponerse? Será tarea nuestra profundizar y hacer nuevas propuestas. La gente no tiene que vernos como una casta. Hay que cambiar la tendencia, configurar un nuevo cuadro en la opinión pública para que en el próximo Festival de Viña no se vayan al chancho con nosotros.

Giorgio Jackson y Camila Vallejo propusieron el proyecto Realismo sin privilegios. Plantearon reducir los sueldos desde ministros de Estado hasta parlamentarios. ¿Están de acuerdo con ajustar la dieta? La gente dice que se suben el sueldo entre ustedes…

—OA: Pero no es cierto.

—RL: Nuestro sueldo está fijado por la Constitución.

—OA: Se reajusta anualmente junto con el resto del sector público. Pero este año se congeló para aquellos con cargos altos, incluidos nosotros.

—RL: Y eso se hizo precisamente por el ambiente. Como nuestra dieta equivale a la de un ministro de Estado, que es alta, un aumento del cinco por ciento es significativo.

—OA: Propongo persistir en ese esfuerzo; no basta con haber evitado el reajuste este año; tiene que ser por un buen tiempo más.

Más allá de sincerar los privilegios, según Osvaldo Andrade todavía queda un tramo fundamental: “Los partidos deben pronunciarse formal y públicamente sobre las irregularidades cometidas y, junto con ello, comprometerse a que aquellos que incurrieron en esos actos no puedan repostular en ningún cargo”.

“Esto es fundamental” —apunta Ricardo Lagos Weber—. “No me cabe duda de que cuando enfrentemos los próximos procesos electorales, cuando hablemos de una nueva coalición y de proyectar la Nueva Mayoría, estos temas van a estar ahí, y será urgente abordarlos si queremos recuperar la sintonía con la ciudadanía. Tenemos que hacernos cargo. Este malestar no se va a ir de la noche a la mañana. Y si seguimos con el mismo discurso, haciéndonos los lesos, no lo vamos a lograr. Ya ha habido una reacción, pero ésta tiene que ser aún más potente”.

Osvaldo Andrade profundiza: “Tenemos que enfrentar el problema de la corrupción; no se trata de trasladar la responsabilidad al Ministerio Público o quedarnos en la formalidad de si se cometieron o no delitos. Eso lo verá la Justicia. Mi punto es que hay un conjunto de anomalías que tal vez no sean constitutivas de delito, pero que son irregularidades, y frente a eso también tenemos que actuar. En el último congreso del PS resolvimos que una persona que cometió actos irresponsables no podrá ser candidato, y para eso no se requiere estar sancionados penalmente; también frente a las trucherías debemos ser implacables”.

—RL: Hemos aprobado una legislación cuyas sanciones van desde tremendas multas hasta pérdida del escaño para aquellos que no respeten las normas de financiamiento. Nos estamos fijando un estándar distinto y, dado el cuadro de deterioro que existe, debemos ser aún más exigentes con nosotros; cada uno en su fuero interno tendrá que determinar si tiene una dificultad para repostular y luego deberán ser las colectividades políticas las que decidan.

—OA: Pero fíjese las dos polaridades que hemos visto. Jovino Novoa fue sancionado por la Justicia como autor de un delito que él incluso reconoció y que consistió en utilizar un conjunto de mecanismos e irregularidades para obtener financiamiento. Pero su partido lo disculpó señalando que esa plata no era para él, sino que para financiar a otros candidatos. Perdóneme (dice molesto): eso produjo un tremendo daño a todo el espectro político. O sea ¿porque este caballero se disfrazó de Robin Hood entonces hay que perdonarlo? Es una señal tremendamente grave.

—En esa misma lógica José Miguel Insulza salió a defender a Pablo Longueira; lo calificó de “hombre de Estado” y dijo que era normal entregar información a empresarios una vez que se supo que le había enviado mails con datos clave a Patricio Contesse mientras él era senador. ¿También produjo un daño?

—OA: ¡Por supuesto! La actitud de José Miguel también merece reproche. Nuestra opinión no va a cambiar porque se trata de alguien de nuestro sector. Aquí el estándar debe ser para todos.

—RL: No se entiende su actuación. Aunque fuera cierto que Longueira es un hombre de Estado y que ayudó al proceso político, aunque fuera verdad que el traspaso de información entre políticos y empresarios era una práctica compartida, hoy los hechos que supuestamente se le atribuyen son de una naturaleza tal que esa explicación de José Miguel francamente no calza. Pero Longueira es su amigo, le tiene respeto y probablemente trató de ayudarlo, creo, pero ésa no fue la mejor fórmula.

—Posiblemente durante este año se produzcan nuevos casos de cohecho, ¿son partidarios de anular las leyes redactadas en tales circunstancias?

—OA: Si fue aprobada por cien parlamentarios y sólo uno de ellos cometió cohecho, ¿por qué habríamos?

—¿Y si tiene vicios?

—OA: Entonces mejorémosla. O sea, si a mí me llegara la situación como presidente de la Cámara, respecto a la nulidad de la Ley de Pesca, yo la declararía inconstitucional.

—RL: Que es lo que procedía, por lo demás.

—OA: A lo que estoy dispuesto es a que redactemos una nueva ley que se haga cargo de estos problemas. Así se opera en democracia. De lo contrario el precedente institucional podría ser nefasto.

—RL: Son los tribunales los que pueden anular una ley, no el Parlamento.

Bacheletistas confesos, no dudan en asegurar que apoyarán a su ex jefa ya iniciado su ‘segundo tiempo’ de gobierno.

“Trabajar en el anterior mandato de Michelle Bachelet nos marcó; la primera mujer Presidenta en Chile, socialista. La apoyo ahora y antes; por eso hablo de ‘mi’ gobierno y no de ‘este’ gobierno como otros que votaron por ella y ahora se hacen los lesos”, dice Lagos Weber.

“Fuimos ministros suyos y tenemos una relación de afecto y de mucha consideración por sus ideas y propuestas —agrega Andrade—. Colaboraremos de manera sustantiva a la buena gestión del gobierno”.

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“Que por lo demás ha sido muy exitoso —dice Lagos Weber—. El 11 de marzo cumplimos dos años de gobierno y tenemos aprobadas un número de reformas sustantivo: Reforma Tributaria, fin del binominal, se lanzó el proceso constituyente. En educación se eliminó la exclusión, se acabó el copago y se puso fin al lucro. Comenzamos el proceso de la gratuidad en la educación superior. Y vamos a tener una reforma laboral. Se aprobó la ley de Interrupción del embarazo y ya está okey el Acuerdo de Unión Civil. O sea, desde el punto de vista de gestión sacamos nota azul. Y eso que estamos con una estimación de crecimiento todos los días a la baja; con una debilidad del sistema político nunca antes visto; con una Presidenta a quien el Caso Caval le pegó en el plexo solar… Si no, tendríamos un tótem que hubiera permitido enfrentar esto de mejor manera. Y, pese a todo, mira lo que hemos logrado”.

—¿Cómo pretenden alinear a la coalición tras una Presidenta con los más bajos niveles de respaldo del último tiempo?

—OA: Lo que nos va a ordenar será el concepto de la lealtad; fuimos electos con Bachelet, ella hizo campaña con nosotros, se tomó fotos…

Y la lealtad no se muestra cuando la persona está en el peak de su popularidad sino cuando hay dificultades. Además, nosotros fuimos a NY a convencerla de que se viniera…

Lagos Weber asiente: “No es ningún secreto. Con Andrade fuimos invitados por la ex ministra Matthei a Washington, a una actividad de capacitación organizado por el BID. Después nos tomamos un tren y partimos a Nueva York a verla; estuvimos con ella en una rica cena en un restorán mexicano… Sin embargo, no mostró pierna”.

“Tenía dudas —dice Andrade—. Aunque tampoco fuimos a interpelarla. Por eso ser leales para nosotros significa tanto. Y como tenemos una relación de amistad, también sentimos que podemos hablar con ella con mucha sinceridad. Yo soy de la generación de Bachelet, una generación de sobrevivientes. Y que haya llegado a la presidencia es una reivindicación a nuestra historia donde casi todos nuestros dirigentes están muertos. Lo menos que puedo tener es lealtad con ella y con esa historia”.

—A propósito, usted acusó a Jorge Burgos de deslealtad por la forma en que manejó el impasse de la Araucanía… ¿Qué le parece el rol que está jugando como ministro del Interior y jefe del gabinete político?

—OA: Nosotros lo único que le pedimos a Burgos es que haga su pega.

Se queda pensando y agrega:

—Mire, a Ricardo le consta: yo tuve muchas discrepancias con el ministro de Hacienda (Andrés Velasco) mientras estuve en Trabajo y muchas veces ella lo respaldó a él y no a mí. ¿Y por esa razón iba a amurrarme o irme enojado para la casa? Discúlpeme, en eso no consiste este trabajo. Por eso digo que Burgos tiene que hacer su pega y creo que en el último tiempo la está haciendo bien.

—RL: Hay que apoyarlo.

—OA: Vamos a colaborar con el gobierno y con la Presidenta. Cuando proponemos que la agenda legislativa sea los once meses (y que no todo se concentre en el llamado ‘frenesí legislativo’ de enero), buscamos construir un muy buen acuerdo con el ministro Nicolás Eyzaguirre para que tengamos una agenda con responsabilidades específicas; y contemos con un interlocutor claro. Cuando decimos que queremos entendernos de la mejor manera con nuestro gobierno, por supuesto que el ministro del Interior juega un papel fundamental. Los ministros duramos lo que la Presidenta determina. Y cuando ella estima que alguien no lo está haciendo bien, se va.