“Han dicho de todo… Que soy un traidor, un desertor… Pueden insultarme. Aquí estoy”. Con estas palabras el senador Manuel José Ossandón, el Cote, como lo llaman sus amigos y adversarios, recibe en su nueva página web, mjo.cl. Es parte de una campaña con la que busca enfrentar a los que le tienen sangre en el ojo y, de paso, subir su bajo nivel de conocimiento público (de apenas un 50 por ciento). Figura incómoda en la derecha, resistido desde que entró en la carrera presidencial con miras al 2017 y el rival más fuerte de Sebastián Piñera, se le apunta como su más seguro adversario de cara a una eventual primaria.

“En RN soy lejos el que cuenta con más apoyo de las bases. Le gano a Piñera y al que me pongan”, dijo en El Mercurio después del batatazo del CEP de noviembre de 2015 donde se ubicó entre los primeros cinco políticos con mayor evaluación positiva, sólo a cuatro puntos del ex mandatario quien, eso sí, lo duplica en conocimiento. Y desafiante, agregó: “Demostraré que un técnico agrícola del Inacap puede ser alcalde, senador, también presidente y hacerlo bien”. Los egresados del instituto técnico incendiaron molestos el timeline de Twitter. Otros, los más agudos, leyeron en sus palabras aquella permanente rivalidad con Piñera, a quien ha acusado de “gobernar sólo con egresados de Harvard”.

Sus dichos también suelen prender ácidas sonrisas entre la izquierda, que en la última CEP lo reconoció como uno de sus personajes favoritos. “Como dice el refrán: ataca a mis adversarios y serás querido…”, observa el parlamentario del PPD, Pepe Auth, sobre la llegada que tiene el senador por Santiago Oriente entre ese sector. Aunque advierte un problema: “Tiene un nivel de conservadurismo tan alto que está lejos de interpretar a la mayoría de los chilenos; eso además de una imagen aristocrática de la que difícilmente podrá desprenderse”.

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Un analista de derecha, que prefirió no dar su nombre, agrega: “El irrumpió con éxito en el escenario presidencial de derecha con una estrategia muy intensa y una crítica al sector por su falta de calle y su desconexión con la ciudadanía. Además, cuenta con un patrimonio personal que le ha dado autonomía de intereses corporativos, a través de un discurso en que la derecha debe ser intolerante a las malas prácticas. Sin embargo, ha enervado la relación con los partidos, parlamentarios y dirigentes de su sector. Son muchos los que le tienen mala onda…”. Como un ex ministro de Piñera, quien entrevistado por CARAS apunta: “Representa a la derecha patronal; se siente con la autonomía del niño rico que dispara porque no tiene que construir alianzas con nadie, de ahí las resistencias…”.

El cuarto de seis hermanos (Roberto, abogado y ex directivo de RN; Rafael, ingeniero agrónomo; Ignacio, ingeniero comercial; Ximena, egresada de pedagogía en inglés y diputada por La Granja, Macul, San Joaquín y La Florida; y María Olga, también profesora) Manuel José Ossandón Irarrázaval se crió en el fundo de Pirque, por más de un siglo en manos familiares. Antes fue parte de la hacienda de su bisabuelo, de quien no sólo heredó los genes políticos, también una profunda admiración: fue alcalde de Chimbarongo (1918); diputado por San Fernando (1924); ministro de Agricultura en el segundo período presidencial de Arturo Alessandri Palma, consejero del Banco Nacional y del Banco Hipotecario y presidente del Partido Liberal.

Su otro bisabuelo, Carlos Ossandón Barros, fue uno de los fundadores de Zapallar. Regidor y alcalde de la zona, su residencia de estilo italiano, con una imponente torre, es parte del patrimonio urbano del balneario. En 1935 adquirió a través de un remate público —donde fue el único postor— la hacienda Zapallar, lo que lo convirtió en ‘dueño’ de casi todo el pueblo. Al morir donó parte de esos terrenos al arzobispado de San Felipe, que más tarde dio lugar al cementerio y a las parroquias de Papudo y Zapallar. También era un declarado fanático del tenis, pasión que traspasó a su descendencia.

“Pero nosotros nunca tuvimos mucha plata…”, aclara Ximena Ossandón, más conocida como Nona, hermana menor del senador. Recordada por calificar de “reguleque” el sueldo (de 3.7 millones) que recibía como vicepresidenta de la Junji. Esta madre de nueve hijos y miembro del Opus Dei no se olvida de los veraneos familiares. “Lo pasábamos arriba del caballo o jugando tenis en el Club Santiago. Zapallar era nuestro lugar de vacaciones; primero íbamos a la casa de mi abuelo Roberto y luego arrendábamos. Nunca vivimos en la abundancia; yo empecé a viajar de grandecita”.

Doña Ximena Irarrázaval Correa, a sus 82 años, es toda una figura dentro del clan: abuela de más de cuarenta nietos y con una energía desbordante, es dueña de la fábrica que lleva su nombre y que abastece a algunas de las pastelerías más clásicas de Santiago, como Las Violetas y Las Bezanilla. “Mis dos suegros eran ricos, pero recién casados no recibimos nada. Roberto, mi marido, heredó el fundo de su mamá, hija de Máximo Valdés Fontecilla y ella con la reforma agraria a su vez la dividió entre sus 10 hijos. Para nosotros, con 6 niños, era para morirse de hambre… Así que partí mi negocio del manjar con una olla de cobre y un cucharón de madera…”.
El padre del senador, Roberto Ossandón Valdés (82 años) administró el fundo que recibió en herencia; producían cebollas, maíz, nueces y, especialmente, ciruelas. Luego creó Asprocica, que por años fue la mayor exportadora del rubro.

En suma, a los Ossandón Irarrázaval se les atribuye un patrimonio cercano a los 40 millones de dólares. Sin embargo, para la hermana del ex edil ni se compara con el de sus primos, los Ossandón Larraín (estimado en 200 millones de dólares), hoy enredados en un serio conflicto familiar, que tiene al padre y a uno de los hijos enfrentados con una querella por fraude al fisco. “Pero nosotros no tenemos nada que ver”, sostiene Nona.

“El Cote no aguanta pelos en el lomo”, describe Francisco Escobar, el amigo huaso de Ossandón desde que tenían 12 años, cuando eran vecinos en Pirque. Ya entonces era bueno para andar a caballo, pasión que aún mantiene: es dueño de varios ejemplares de caballos árabes y mestizos. Jugó polo y fue campeón nacional de enduro, deportes donde hoy se destacan dos de sus ocho hijos, Nicolás y Manuel José.

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Desordenado, estudió en el Trewhela’s, el San Ignacio y los Sagrados Corazones de Manquehue. Fue el único de los hermanos que no entró a la universidad. Inquieto, su padre lo matriculó en el Inacap en Admistración y explotación de predios agrícolas. “Era una carrera que se impartía a hijos de agricultores”, dice Gastón García, ex profesor suyo del Inacap.

Su sueño era convertirse en un hombre rico. “Pero parece que su papá no quedó muy contento con su rol de administrador y le pidió que postulara a alcalde de Pirque —cuenta una fuente—. Era de esa generación que decía: si no sirves para los negocios dedícate a la política…”. Lo que nadie imaginó fue que iniciaría una meteórica carrera: fue electo con el 21.86% de los votos, cifra que triplicó en 1996. En 2000 RN lo lanzó en Puente Alto, una comuna históricamente de izquierda. Ganó en tres períodos, el último (2008) con un 70.10%, segunda mayoría nacional.

Ossandón fue convocado a la campaña de Sebastián Piñera y llegó a formar parte del comando junto a su hermano mayor, Roberto. “Manuel José quería ser ministro de Vivienda y Roberto esperaba llegar a Interior —cuenta Jaime Mañalich, ex titular de Salud—. El Cote venía desde hace mucho tiempo con sueños presidenciales…”.

Pero una vez electo Piñera puso a Rodrigo Hinzpeter en Interior y a Magdalena Matte en Vivienda. Tampoco lo consideró para Desarrollo Social (su otra opción) donde nombró a Felipe Kast. Traicionado en sus expectativas, Ossandón dejó de apoyar al gobierno. “Le pegó a Magdalena Matte de todas las formas posibles; en el Caso Kodama sus críticas fueron tan fuertes que ella no aguantó más y renunció”, asegura Mañalich. Otra vez el nombre de Ossandón se escuchó por los pasillos de La Moneda, a instancias de Carlos Larraín, entonces presidente de RN quien siempre vio en él a su delfín. Pero Sebastián Piñera escogió a Rodrigo Pérez Mackenna. “El nunca quiso que fuera Ossandón porque sabía que quería usar el puesto para figurar”, admite Mañalich.

No son las únicas versiones. En el entorno del ex Presidente señalan éste que siempre despreció al senador, aunque nombró a su hermana menor, Ximena, en la Junji, y a Roberto en la presidencia de la Polla Chilena de Beneficencia.
“Piñera le abrió la puerta para que entrara su gente, y él pudo armar un camino distinto, pero ha hecho un camino torcido, pasando por encima de los amigos, de su sector, incluso del ex Presidente”, opina una fuente. Otros apuntan a que en realidad está obsesionado con Piñera, que su único objetivo es debilitarlo y medirse con él en primarias. Y hay quienes optan por un análisis de frentón sicólogico: “En su familia son todos profesionales y él se mueve entre una elite social donde mucha gente lo miraba mal porque era porro y salió del Inacap. Tiene un trauma”.

Su estilo le ha generado una potente cercanía con Carlos Larraín. Comparten historias similares: pertenecen a familias ligadas a la oligarquía terrateniente, son campechanos, deslenguados, millonarios, casados con mujeres bien posicionadas económicamente y muy conservadores. Tienen también a los mismos rivales, desde Sebastián Piñera y Rodrigo Hinzpeter, pasando por la líder de Amplitud, Lily Pérez, hasta algunas figuras históricas de la UDI, como Jovino Novoa.

“Muchas de sus reuniones son en la casa de Larraín. Incluso gente que trabajó con él cuando presidía RN ahora es parte del equipo de campaña de Ossandón”, dice un observador.
En total, una decena de personas integran su equipo que hoy respalda la carrera presidencial del senador por Santiago Oriente, entre ellos Samuel Valenzuela, cientista político, quien trabajó en RN con Carlos Larraín, al igual que Rodrigo Navarro, hoy su jefe de prensa.

“Tiene redes que creó desde el municipio de Puente Alto. Y también escucha a economistas y gente del mundo empresarial, como Vittorio Corvo, Rodrigo de Castro y Juan Andrés Fontaine”, comenta Leopoldo Pérez, diputado de RN . Otro de sus asesores informales es el cientista político Patricio Navia, casado con Macarena Donoso, quien colabora en la ONG del senador RN, Sirve a Chile, “Pero oficialmente Navia trabajaba con MEO. En algún momento parece que les escribía los tweets a los dos, porque muchas veces ambos aparecían con las mismas frases en el timeline…”, cuenta una fuente.

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Entre sus detractores no le perdonan su frialdad. “Su ambición no tiene límites. Es capaz de pasar sin miramientos sobre sus afectos”, asegura una fuente en el off y uno de los decepcionados del técnico agrícola. Como Lily Pérez, con quien trabajó estrechamente en la creación de la Asociación de Municipalidades. Sin embargo, de los afectos la senadora pasó a la rabia cuando él la criticó por renunciar a RN y partir a Amplitud. “Lo único que ha hecho es tirar mierda con ventilador”, dijo el ex edil. Furiosa, ella reaccionó: “El ha traspasado todos los límites de la decencia. Actúa por odio y no por proyectos”. Y agregó: “Es imposible olvidar cuando él ponía las manos al fuego por Karadima y decía que los homosexuales son enfermos”. Lily Pérez no quiso refererirse a su otrora amigo. “No vale la pena, sería darle en el gusto”, dijo a CARAS.

Quien sí tiene palabras para calificar a su ex amigo es el periodista Juan Carlos Cruz, denunciante del Caso Karadima. Entonces tenía 19 años y era seminarista. Se veían en las misas dominicales y en reuniones con el sacerdote, actividades a las que luego se sumaron Ximena y Roberto Ossandón. “Tan amigos éramos que Incluso me invitó a su postura de argollas, ceremonia que ofició el propio Karadima”, cuenta Cruz.

“Acá hay manos negras que pretenden lavar la imagen de alguna parte de la Iglesia a costa de un hombre inocente, que más encima no puede defenderse”, dijo Ossandón cuando el caso estalló en los medios, aunque luego, ante el peso de las evidecias, su opinión cambió. Sin embargo, volvió a desatar la ira de los demandantes cuando en una entrevista con el abogado y analista político, Jorge Navarrete, en el sitio web elpost.cl, se refirió con dureza a Juan Carlos Cruz: “El fue amigo, al único que invité a mi puesta de argollas, para que veas el cariño que le tenía. En la foto aparezco de novio con él al lado. Entonces, que me vengan a decir que abusaron de Cruz, no… Viejo pelúo. Que sean homosexuales y se hayan metido en forros que no corresponden, ese es otro tema. Soy súper franco. Y si a mí, a esa edad, alguien me toca alguna presa, es porque me gusta o sino le aforro”.

“El ha dicho que le ha pedido perdón a las víctimas pero el me ofendió y nunca tuvo los cojones de llamarme. Me decepcionó —dice Cruz al teléfono desde su casa en Filadelfia—. Tan católicos que se dicen. Ahora quiere ser presidente y ha cambiado su discurso. Obvio”.

Hoy el senador sigue yendo a misa dominical aunque prefiere parroquias de barrios populares en Puente Alto.

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Su rol como miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Senado —presidida por Jacqueline Van Rysselberghe, con quien forma dupla— no es visto con simpatía por los movimientos de la diversidad sexual. En Iguales no olvidan que en campaña prometió apoyar el Acuerdo de Vida en Común pero llegado el momento votó en contra. “Claramente él pone sus principios religiosos sobre otras consideraciones a la hora de legislar —dice Luis Larraín, presidente de Iguales—; en el proyecto de Identidad de Género bloqueó cada avance. Incluso se opuso a que pudiéramos entrar como público. En cuanto a mérito mismo del proyecto, pidió que las personas trans que estuvieran casadas no pudieran hacer el cambio de nombre y sexo registral; y quienes sí lo hubieran hecho no pudieran casarse porque entonces sería un matrimonio igualitario encubierto”. También lo enrostran por referirse de los heterosexuales como ‘los normales’… “¿Quiere decir que nosotros no lo somos? Es inexplicable que con esa mentalidad esté en una comisión de DD.HH. El no está preparado para ser el presidente de todos los chilenos”.

En los pasillos del Congreso también mencionan que se habría opuesto a la iniciativa del presidente del Senado, Patricio Walker, de subir a la página las sesiones (de audio y televisivas) de las comisiones. Esto como parte de una serie de medidas para contribuir a la transparencia de la actividad legislativa. Hoy, la comisión de DD.HH. es la única que no exhibe sus registros en la web. “Tanto que habla de transparencia, pero sus actuaciones son muy distintas”, dice un parlamentario.
Y Jaime Mañalich afirma que mientras él era ministro de Salud, el entonces alcalde de Puente Alto se negó a cumplir con la Ley N° 20.418 que obliga a los consultorios y servicios de salud a entregar la píldora del día después. “No la tengo disponible y no la voy a entregar —dijo entonces Ossandón—. Mi decisión como alcalde es respetar la vida”.
Según un analista de su sector, más que sumar, su visión tradicional le resta posibilidades: “Es un conservador acérrimo en una sociedad cada vez más pluralista y moderna y eso tarde o temprano le estallará en la cara”.

Al senador no le entran balas. Dice a CARAS: “A fines de 2015 estuve en una comida con 80 compadres del Tabancura porque se cumplían 35 años de nuestra generación. De ellos 79 querían matarme, pero la mayoría reconocía que digo la verdad porque nuestro sector hoy representa a la derecha económica. Creo en una doctrina social-cristiana y en un país más humano y solidario”.

—También se dice que ha basado su estrategia en atacar a Piñera… ¿Nunca le perdonó que no lo integrara al gobierno?
—Nada que ver. Me habría encantado haber sido parte del gobierno desde un principio, pero con Hinzpeter ellos le sacaron la mugre a toda la gente que trabajó en campaña y a mí me ningunearon porque soy un técnico agrícola y para ellos solo valen los que tienen un máster… Pero también hay un tema político porque soy el senador y alcalde con más votos de Chile. Cuando Piñera ganó fue a celebrar a la plaza de Puente Alto y desayunó con las viejas de mi sector. Políticamente le aporté mucho. Pero él siempre tuvo claro que no aguanto que me manden como a un perro.

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—En la derecha dura también lo resisten…
—Por supuesto, si fui de los primeros que denunció las colusiones y que el sector estaba secuestrado por los poderes económicos, tal como la Nueva Mayoría. Si queremos una nueva coalición (dice por Vamos Chile) lo mínimo que se requiere es recuperar la ética. En ese sentido el reconocimiento de Hernán Larraín me pareció penoso; la UDI debió haber sido la primera en pedirle la renuncia a Jovino Novoa.

—¿Cómo cree entonces que logrará respaldo institucional si los dirigentes lo resisten?
—Ellos se tendrán que sumar a lo que digan las bases. Ahora están con Piñera pero a él le ha ido muy mal en las encuestas y a mí bien: él tiene una fortuna, una fundación, tiene un montón de gente trabajando para él y marca un 38% en la última CEP. Es para llorar a mares. Yo en cambio soy un desconocido y figuro quinto. Que se afirmen.