Fue quizás el primer dirigente de la centroizquierda que hace cinco años supo capitalizar el desencanto hacia una Concertación desgastada. El hijo de Miguel Enríquez fue el niño terrible que renunció al PS en 2009 para emprender su primera carrera presidencial con un discurso que renegaba de su familia política, lo que lo dejó en un nada despreciable tercer lugar con el 20 por ciento de la votación. Consciente de que la clave de su éxito era alejarse de su propia historia reciente —el conglomerado que venía en franco descenso—, Marco fue quien se negó a darle su apoyo inmediato a Eduardo Frei para la segunda vuelta. Para una inmensa parte de la centroizquierda, el principal culpable también de haber perdido La Moneda por primera vez desde la llegada de la democracia en 1990. En definitiva, ME-O fue un vanguardista de su generación que apostó por deshacer los cordones umbilicales, con destreza y sentido de la oportunidad, lo que dejó con la boca abierta a muchos de los dirigentes de su misma edad que miraron embobados y cierta rabia el atrevimiento. En privado, muchos de los que rondan los 40 dicen despreciarlo, sobre todo en el PS.

Pero de todo eso ha pasado un lustro. En estos años la Concertación se extinguió y se transformó en otra fórmula llamada Nueva Mayoría, que ha mostrado que no hace falta tener demasiadas cosas en común para unirse con el objetivo de recuperar el poder. Desde los democratacristianos a los comunistas reconocen que nadie sabe qué ocurrirá con el bloque una vez que termine este gobierno, porque fue precisamente el interés en volver a La Moneda lo que les hizo unirse detrás de la socialista. Los desacuerdos de estos primeros meses en el oficialismo sólo muestran que existen fisuras que no deberían ser inmunes al paso del tiempo.

Marco es el personaje político mejor evaluado de Chile, según la encuesta CEP. Marco supera por primera vez en el listado a Michelle Bachelet, que parecía imbatible. Marco nuevamente muestra su destreza y sentido de la oportunidad y poco a poco regresa al redil del que renegó. “Son muchos más los puntos que nos unen que los que nos separan”, señaló en una entrevista respecto a la DC. La novedad, sin embargo, no radica en su actitud pragmática: él siempre la ha tenido. Sabe que si existe una elección donde realmente tiene posibilidades de llegar a La Moneda, es la de 2017. Y como dice el analista Jorge ‘Pirincho’ Navarrete, su éxito sólo pasa por regresar al que fue su domicilio político.

Lo nuevo radica, más bien, en la actitud de esta centroizquierda que parece olvidar su rabia hacia el hijo pródigo que lo abandonó todo para embarcarse en una solitaria aventura que, según pensaban, les hizo tanto daño. Lo llamativo es que esta Nueva Mayoría, tan práctica como ha demostrado ser, parece decidida a mantenerse en el poder. Si el ex senador Frei llegara a perdonar a ME-O y a abrirle el paso a un eventual apoyo DC a su candidatura, no habría mucho más que ver. Los buenos políticos, dicen, no guardan rencor. Y Marco, en una aparente victoria, recoge los frutos de esa premisa.