Lo que podría parecer un (mal) juego de palabras es lo que, según José Yuraszeck –presidente de Azul Azul– le habría dicho Sergio Jadue, presidente de la ANFP, sobre el supuesto acuerdo ante el llamado de jugadores de la U a la selección. O sea, una supuesta respuesta en una supuesta conversación sobre un supuesto acuerdo. ¿Complejo? Por supuesto.

No digamos que los personajes involucrados tienen un prontuario muy limpio, claro. No extraña verlos involucrados en cosas no del todo claras, pero más allá de eso, la frase viene a rescatar una antigua tradición nacional, casi una línea de pensamiento: la de hacerse el tonto. El huevón, para honrar la expresión más común. El de las chacras, si quiere un vocablo más clásico.

El punto es que tenemos, los chilenos, tradición en este arte. No va a faltar el viajado que me diga que en todas partes es igual, que en tal o cual país son peores y todo eso. Puede ser, pero no voy a entrar en discusiones de ese tipo, no vaya a ser que generemos una crisis internacional. Volvamos a nuestros personajes locales: el mismo Yuraszeck, sin ir más lejos, tuvo un gran chispazo en esto de hacerse el tonto. Jadue, varios. Pero no son los únicos. Sin un afán documental, se me ocurren varios casos notables en la historia reciente. Veamos.

El más fresco (me refiero a que ocurrió hace poco, ojo) es el del senador Navarro y su percance en una moto de nieve. Tratar de hacerlo pasar como accidente laboral –hasta el día de hoy insiste en su teoría– es, claramente, un ejemplo de libro. No es tan difícil asumir que andaba paseando. Pero no, él tiene que  –con una facilidad asombrosa–, por cierto que estaba trabajando, pese a las evidencias que indican lo contrario. Y de ahí no hay cómo sacarlo, porque cualquiera que sepa de esto conoce la regla básica: mantenerse firme en la actitud hasta el final.

Otro ejemplo: Augusto Pinochet (o Daniel López, si prefiere), cuando fue consultado sobre si él era jefe directo de la DINA, se despachó una frase (in)digna de ser escu(l)pida: “No me acuerdo, pero no es cierto. No es cierto, y si fuera cierto, no me acuerdo.” No estoy seguro si es efectivamente una frase original de Pinochet o una cita a Cantinflas, pero decir algo así es como que te den el Doctorado Honoris Causa de hacerse el huevón. Medalla de oro.

Siguiendo con los políticos: cómo olvidar al ex honorable Jaime Naranjo (se les quita el título de honorables al dejar el cargo, ¿no?) cuando, consultado sobre el parentesco con una persona determinada, a quien tenía contratada con asignaciones parlamentarias, preguntó: ¿pariente en qué sentido? La persona en cuestión era su esposa, claro. Me imagino las recriminaciones en la casa –su negación es digna de Judas– y a él contestando: ¿te negué en qué sentido? Este ejemplo cae claramente (bueno, los otros también) en esa otra tradición de la cara dura/de palo/de raja, según prefiera.

Recordado también, en otro ámbito, es el episodio Coté López – Mauricio Pinilla. Por si no lo recuerda, el futbolista fue visto saliendo a altas horas de la madrugada del departamento de la… ehhhh… bueno, de ella, que era (y es) la legítima cónyuge de Luis Jiménez, compañero de profesión de Pinilla. La explicación, para todos los mal pensados, es que estaban en el departamento viendo “El Rey León”. Así, como lo lee. Algo muy normal, por cierto. Indesmentible, casi.

Son pocos ejemplos (el espacio no da para más, y el listado es interminable), pero todos conocemos otros. De famosos y no tanto, y por cierto propios. No me va a decir, señor, señora, que usted nunca lo ha hecho. A fin de cuentas, hacerse el de las chacras (¿de dónde vendrá la expresión? Tarea para Velis-Meza) es nuestro deporte nacional. Mucho más popular que el fútbol, que las rayuelas –larga y corta–, que el rodeo (aunque en eso de dar rodeos hay eximios exponentes). Dudo que exista alguien que no lo haya hecho, aunque fuera en su infancia, cuando mirando el techo y poniendo la mejor cara de inocente, se negaba la travesura recién consumada. Y si usted está libre de culpa, no tire la primera piedra: simplemente mire al infinito y hágase el huevón.

 

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