El 6 de diciembre, Claudio Orrego (45, casado con la sicóloga Francisca Morales, cuatro hijos) va a colgar su clásica parka roja de alcalde todoterreno (estuvo dos períodos en Peñalolén), entregará el mando a su par DC Carolina Leitao e intentará imponerse como el abanderado presidencial de la Democracia Cristiana por sobre Ximena Rincón.
Hace rato viene masticando la idea de llegar a La Moneda y que cobró fuerza tras la derrota de Eduardo Frei en las presidenciales 2009. Entonces se reunió con los otros ex voceros de la campaña freísta —Carolina Tohá, Ricardo Lagos Weber y Oscar Landerretche— y como parte de la camada más joven de la Concertación, se propusieron refundar la política e influir en sus partidos.
Orrego partió creando el Movimiento Amplio de Renovación (MAR) con Ignacio Walker a la cabeza, cuya lista se impuso en la DC. Como gestor, jefe de campaña y tesorero de MAR recorrió Chile, valoró la importancia de los partidos y comprobó el divorcio entre la política y la gente.
“Ahí pensé que tenía que hacer algo, reencantar, proponer un proyecto país. Que lo hecho con tanta alegría y buenos resultados en Peñalolén, podía replicarse a nivel nacional. Las manifestaciones estudiantiles mostraron un nuevo Chile, uno donde la desigualdad es relevante. No puede ser que la gente no se sienta tratada con dignidad, que esté la idea de que si no tengo plata, ¡no valgo nada! Alguien debía hacerse cargo del descontento y proponer algo nuevo”.

SABE QUE ES UN SALTO GRANDE el de alcalde a presidente, pero ya ha estado en las lides del poder como ex ministro de Vivienda y de Bienes Nacionales bajo el mandato de Ricardo Lagos. Con la decisión tomada, en enero comunicó sus intenciones a la DC, donde no lo miraron con buenos ojos porque torpedeaba a Michelle Bachelet disparada en las encuestas.
Para su mujer tampoco fue una noticia fácil de digerir. Ella ha reconocido varias crisis matrimoniales por la entrega absoluta de su marido al servicio público. “Aprendimos —desde que pololeábamos— que las parejas que salen adelante no son las que no tienen crisis, sino las que saben pedir ayuda. Ha sido nuestro gran activo. Soy intenso, tenemos personalidades muy distintas, pero nos amamos entrañablemente”.
—¿Y ha conseguido el equilibrio?
—No sé si lo logras. Siempre pensaba que uno tiene deberes de marido y padre, pero lo notable ha sido descubrir mis necesidades como tal. Ese ha sido el punto de conexión, ¡y mi salvación! (ríe). Con ellos nada es un deber, ¡los necesito!, por algo elegí a Francisca cuando tenía 18. Me da pausa, tranquilidad, me aporta lo estético, los detalles, el sentido más personal de las cosas. En mi sangre llevo lo colectivo, lo comunitario, lo nacional; ella me enseñó que no puedes construir una comuna y un país nuevo si eres incapaz de tocar la vida de las personas con nombre y apellido…
—¿Qué le manifestó su mujer sobre la aspiración presidencial?
—Siempre lo sospechó, oye, si el que nace chicharra, ¡muere cantando! Me dijo: tu vida es una elección. Participo en ellas desde primero medio, después en la universidad… Francisca tiene el dilema de que por un lado la lleno de orgullo, pero por el otro, lo mío significa riesgos y sacrificios.
—Pero no será incondicional, ¿qué le pidió a cambio?
—Tiempo con ella, con los niños, momentos sin celular… Cuando logramos irnos un fin de semana al mes a nuestro campo en Bucalemu, te juro que entro al camino de tierra, y ya me desconecto. Aprendimos a negociar lo doméstico, le interesa que no me las dé de dueño de casa si no lo soy, pero que tampoco me desligue porque los vínculos se generan en lo cotidiano.
—No me diga que es de los que no sabe freír un huevo, a lo Francisco Vidal.
—Shh ¡por favor! Viví tres años solo; hago desde un locro falso (sin carne) hasta una carbonada.
—Por lo visto la DC se complicó más que su mujer con sus ganas de ser candidato.
—Lo que más hay es escepticismo, dudas sobre si mi candidatura será en serio o un volador de luces.
—Lo que mucha gente piensa es que está midiendo fuerzas para el 2018…
—Vivo el día. Mi padre murió a los 42; siempre pensé que yo también moriría joven, entonces no me planifico a cuatro años. Siento que estoy viviendo de yapa, por eso no postergo lo que creo debo hacer, aunque puede parecer un mal momento. Está la figura de Michelle Bachelet, y muchos creen que si ella vuelve, ¿para qué competir y enemistarse si podemos estar en la lista de los ‘beneficiados’? Oye, perdón, si algo hemos aprendido es que luchando puedes ganar aun contra las encuestas. Un partido que renuncia a competir, a liderar un país y una coalición, empieza a decaer.

—¿POR QUÉ LOS DC DEBIERAN VOTAR POR USTED Y NO POR XIMENA RINCÓN? Ella dice que es muy conservador.
—Si reafirmar que soy social-cristiano es ser conservador, ¡bienvenido sea! Quienes reducen lo ético-moral y lo valórico a matrimonio homosexual y aborto, no entienden nada de la Doctrina Social de la Iglesia, y minimizan el rol de la ética en la política. Cómo se reparten las utilidades del cobre, cómo negocian los sindicatos, ¡también es ética! Para muchos, ésta se juega en la píldora del día después, pero no el salario que le pagan a sus nanas. Sin embargo, mis diferencias con Ximena no van por ahí. Si quiere definirse como liberal, allá ella; yo defiendo mis posturas a cara descubierta: no creo en el aborto, estoy a favor de la píldora y defiendo la no discriminación a homosexuales, minorías étnicas, inmigrantes, a las mujeres en el trabajo y a los mapuches.
—¿Dónde radica la diferencia con Rincón?
—En nuestros programas. Es hora de hacerse cargo de la tremenda sensación de inseguridad de los chilenos, en parte producto de 500 mil jóvenes que no trabajan ni estudian, lo que constituye una caldera de tiempo para una explosión social. Postulo una reforma carcelaria, policial y a un sistema de alerta temprana. Sobre Educación es re fácil hablar, pero yo ‘he tenido camiones’. Como alcalde, enfrenté un sistema público, con la competencia desleal y engaño de los particulares subvencionados y la tremenda segregación existente. Todos los niños pobres y vulnerables con algún problema de aprendizaje no tienen cobertura ni ayuda estatal. Hay que poner más plata, hacer una reforma tributaria en serio de 6 mil millones de dólares y cambiar el estatuto docente. ¿Sabías que el 45 por ciento de la enseñanza media en Chile y el 40 por ciento de la educación superior es técnico profesional? Sin embargo, existe un absoluto desacople entre la enseñanza que reciben y el mercado de trabajo. A la Sofofa le faltan 700 mil técnicos.

“MEO ES SÚPER INCONSECUENTE. Reclamó con razón su legítimo derecho a participar y ha dicho que lo importante es el debate programático. Bueno, tenemos ley de primarias, estamos todos de acuerdo en debatir, pero él no puede salir ahora con que ‘o me aceptan el 100 por ciento de lo que pienso, o me voy solo’. Eso es de llanero solitario, de caudillo, del que se cree poseedor absoluto de la verdad. Comete el error de crear argumentos que él mismo desarma”.
—Debe estar apostando a esos cinco millones de nuevos electores.
—Apunta al desencanto. Marco es súper bueno para denunciar lo que no le gusta ni a él ni a los chilenos, pero no tanto para proponer soluciones. No puedes gobernar desde la rabia —que todos son unos ‘traidores’—, debes ser capaz de sumar gente. No me interesa ser presidente para mi currículo, sino para conseguir un Chile más justo y feliz. A MEO le falta superar esa fase adolescente de creer que el que está solo es coherente con sus principios.
—El discurso de Andrés Velasco es por sobre partidos y políticos.
—Andrés tiene enormes talentos, títulos académicos y profesionales, pero le falta calle. Es un lujo de intelectual, de persona, pero ser ministro de Hacienda no te transforma en político. El partió con el pie izquierdo por hablar en contra, cuando más encima aspira al cargo político por excelencia. Ese error se lo perdono a Parisi, ¡pero no a él! Se equivoca quien piensa que se puede representar a los chilenos porque fue un ministro exitoso.
—Con Bachelet se le pone difícil la pista.
—Parte de su popularidad tiene que ver con los buenos recuerdos de su gobierno, pero también la gente hace el contraste con Sebastián Piñera, y están por Bachelet ¡35 veces! Piñera ha degradado la institución del Presidente de la República. Hoy vale menos el cargo. Muchas personas celebran que no tenga credibilidad; a mí,¡me da pena! Ha hecho cosas que no se debe en política…
—¿Cómo cuáles?
—Cuando gobiernas, tienes que ir con la verdad, no puedes decir se acabó la puerta giratoria para los delincuentes, y cuando no te resultan las cosas, echarle la culpa a los fiscales, jueces, Corte Suprema… O decir vamos a reconstruir el país en un año, si era imposible, y nadie se lo pedía. Ahora, la ciudadanía no quiere un gobierno de la Concertación como los de antes, tampoco a los mismos de vuelta, por eso debemos dar a conocer liderazgos distintos. No es Bachelet o el caos, hay más alternativas.
—Pero es ella la que tiene el respaldo.
—Yo estoy partiendo… Michelle tiene la adhesión, cuando empiece a definirse, habrá que ver qué pasa. Nadie puede pretender pasar de Nueva York a La Moneda sin debate. Es lo complejo. Calladita le ha ido súper bien, pero en algún minuto algo tendrá que decir, esto no puede ser un cheque en blanco, tenemos que construir un proyecto, y liderarlo. Yo no sé si ella quiera… Me han dicho que capaz que no llegue en marzo, ni en abril.
—Max Colodro, asesor suyo, dijo que un nuevo mandato de Bachelet le haría mal a Chile.
—No cualquier gobierno de Bachelet sería bueno. Para eso debemos ponernos de acuerdo qué queremos. A veces predominan más las ansias de llegar al poder sobre el ‘para qué’ queremos volver.
—El también señaló que la Concertación no tiene ideas, y que sigue un liderazgo (Bachelet) que tampoco las tiene. ¿Comparte esa tesis?
—Ideas hay, pero no están articuladas. Para eso es este proceso, el debate nos permitirá mostrar cartas, de lo contrario, será un concurso de popularidad; y el gobierno, una caja de pandora. Debemos ser realistas eso sí, no haremos todo en cuatro años: asamblea constituyente, reforma constitucional, reforma tributaria, educacional. Decir otra cosa, profundizaría el desencanto y malestar. El desafío de Bachelet ahora es cómo transformar el afecto en liderazgo, para eso son las primarias. No centraré mi campaña en atacarla, pese a que —me imagino— tendremos diferencias…
—¿Cuáles?
—No sé lo que piensa. Sí tengo claro que sería terrible para Chile que gobernara con los mismos de siempre. Necesitamos una nueva generación.
—¿Con quien gobernaría usted?
—Tengo excelentes relaciones con el PS, PPD, hasta contaría con gente de la centroderecha. Como alcalde tuve los cojones de prevalecer el sentido de equipo, misión y calidad por sobre el partidismo y de la presión de los viejos estandartes.
—¿Y los comunistas?
—Celebro que el PC esté hoy en la mesa, tenga alcaldes, diputados, porque no es bueno para Chile que un 6 por ciento se sienta excluido. Pero el desencanto también es con ellos; acaban de perder la Fech. No soy anticomunista. En Peñalolén trabajé con ellos, hemos llegado a acuerdos sociales; la gran pregunta es ¿tendremos una postura común en temas claves como los DD.HH.? No lo sé. No estoy dispuesto a llegar a La Moneda sin debatir con el candidato más popular. Con esa fórmula puedes ganar la presidencia, pero no es suficiente para gobernar bien.
“Somos un país distinto, Radomiro Tomic perdió las elecciones del ’70 porque venía de ser embajador en EE.UU., y Chile era otro. Puede que no se repita la historia, pero las primarias garantizan el encuentro con el país. Recordemos que para las marchas estudiantiles, en la casa central de la U. de Chile, junto a la cara de Piñera estaba también la de Bachelet. Tenemos que hacernos cargo. El que diga que el problema estudiantil partió con el gobierno de derecha, falta a la verdad. Que Piñera lo manejó pésimo como pocos lo pudieron haber hecho, eso otro tema, pero las causas profundas son anteriores. Y alguien tiene que decir en qué nos equivocamos”.
—Es el proceso que le falta a la Concertación: reconocer sus errores.
—Se ha hecho en parte, y la gente quiere que quien gane la primaria cumpla ese rol. El que aspire a ser presidente debe tener la noción y convicción de que es importante liderar los partidos de la coalición. En el período de la ex presidenta se desacoplaron, lo que fue bueno para ella, pero malos para los partidos.
—Falta alguien que cumpla el papel articulador. ¿Ve a Ricardo Lagos en ese rol?
—El aporta desde las ideas, no es justo pedirle más.Los aspirantes a liderar tenemos esa misión.
—¿Fue un error el voto voluntario?
—Nunca estuve de acuerdo. Se debería corregir, quizás ahora sería muy apresurado, considerando que hubo demasiados problemas de implementación. En esto no ha habido ninguna autocrítica del gobierno. Y no lo digo sólo por Ñuñoa, pero que al miércoles siguiente de las municipales aún faltara el 25 por ciento de las mesas escrutadas, es de una gravedad e incompetencia absoluta.

—¿QUIÉN SERÁ EL CANDIDATO DE LA DERECHA: Golborne o Allamand?
—No creo que Golborne resista la campaña…
—Tiene a la UDI detrás.
—Me acuerdo cuando Piñera tenía que proclamar a Joaquín Lavín en la junta nacional de RN, ¿y sabes lo que salió de ahí?, él como candidato. Así es la derecha, como una mesa de dinero. Y si Golborne baja y Allamand sube, ¿no ves a Longueira como la nueva carta UDI? Lo más increíble es que Laurence esconde su currículo empresarial y queda como que pasó de la ferretería de Maipú a los mineros, ya que de Cencosud y del Jumbo, ¡no se habla! La misma empresa que paga 600 pesos de patente, mientras que los quioscos 80 lucas. El no se refiere a eso. Es el único de clase media que vive en La Dehesa. Pero la sonrisa se desgasta y tendrá que definirse. Gobernar no es administrar, y eso quedó claro con Piñera que fue senador y dirigió R.N. Golborne salió de una mina nomás. Dime, ¿qué hizo como ministro?, ¿qué logro tiene?, ¡ninguno!