Pero ahora las cosas llegaron a un nivel distinto: fue elegida como la primera mujer presidenta de Interpol, al reemplazar a Khoo Boon Hui (Singapur), y la segunda francesa en el cargo, después de Ivan Barbot, quien sirvió allí entre 1988 y 1992.
Esta institución internacional se fundó en 1923 con el objetivo de facilitar el intercambio entre las fuerzas policiales de los 190 países miembros. Es como “una especie de mujer policía internacional”, dice Ballestrazzi en un juego con su rol en ese lugar y dando género al organismo.

La presidencia era un camino lógico en su trayectoria. A los 22 años, Mireille fue una de las ocho mujeres que se graduaron en la National Police College en Francia (ENSP), que capacita a los comisionados en Saint-Cyr-au-Mont-d’Or, en los suburbios de Lyon. Era parte de la segunda promoción que incluía mujeres. Y su prometedora carrera la llevó hasta el cargo de subdirectora de la Policía Judicial francesa (DCPJ), brazo que se ocupa principalmente de la aplicación de la ley e investigación de delitos.
Dado su trabajo impecable, Frédéric Peche-nard, director general de la Policía Nacional hasta junio de 2011, y Christian Lothion, director central de la Policía Judicial, la estuvieron alentando durante tres años para que postulara al máximo cargo de Interpol.
Animada por este apoyo interno, la candidatura fue muy bien acogida por sus compañeros. Y desde mayo pasado ni el ministro del Interior Manuel Valls ocultó su patrocinio. Fuera de la fuerza policial, además tuvo el respaldo de los agentes de seguridad galos en muchas ciudades y del cuerpo de embajadores. “Fui presentada por Francia”, dice ella con orgullo.

CREÓ UN ESCUADRÓN ANTICRIMEN EN BURDEOS a dos años de graduarse y pasó toda su carrera en el servicio de la Policía Judicial. De esa primera destinación se trasladó a la rama de Montpellier, antes de ser nombrada jefa de la Oficina Central Contra Robo de Arte. Allí su perseverancia le llevó hasta Japón, donde en 1984 recuperó cuatro obras robadas del maestro francés del siglo XIX Jean-Baptiste-Camille Corot. Ese episodio ayudó a consolidar su reputación fuera de Francia. “El tiempo que estuve al frente de ese departamento me mostró lo eficaz de la colaboración con los servicios policiales extranjeros y la asistencia que la Interpol puede ofrecer”, admitió.
En 1993, como jefa de la rama Ajaccio, se enfocó en luchar contra los nacionalistas subterráneos en Córcega. Y tocó directamente al Ministerio del Interior —bajo la dirección del polémico Charles Pasqua—, que negociaba con estos mismos nacionalistas en secreto. Para 1998 asumió la subdirección del área de asuntos financieros, donde persiguió a los criminales de cuello y corbata.

MADRE DE DOS HIJOS, CONTÓ SU ASCENSO en el mundo policial en el libro Madame le commissaires. Hace un par de años, en una entrevista con la agencia The Associated Press, abordó directamente el tema del machismo en su entorno laboral. Reconoció que había pocas mujeres en puestos estratégicos como los que ella había ostentado, pero fue clara para no poner el género sobre el trabajo: “No hay una mirada femenina de la labor policial. Soy tan operacional como cualquiera. Y no siento suspicacia especial entre quienes me rodean”.
La Interpol no es territorio desconocido para Mireille: llega a la presidencia luego de ocupar la vicepresidencia para Europa del Comité Ejecutivo de esta misma organización y también el de integrante de la Comisión de Control de Fichas.
Eso sí, la presidenta de la Interpol no estará demasiado involucrada en la gestión del día a día, ya que esa tarea recaerá en el secretario general, el estadounidense Ronald Noble.

¿Cuáles serán sus prioridades en los cuatro años de su mandato? Ayudar a los países africanos en su lucha contra las redes de tráfico —que van desde maderas y cuernos de rinoceronte—, combatir la ciberdelincuencia y la corrupción en el deporte. Para enfrentar estos retos la Interpol ya está creando una nueva sede en Singapur.
La tarea que le espera requiere un compromiso total. Pero Ballestrazzi conservará su puesto en la Policía Judicial francesa: es su manera de mantener viva esa mujer policía que lleva dentro.