Millaray Viera (27) y Marcelo Díaz (43) provienen de mundos muy distintos: ella, de la televisión y el ambiente artístico, es la hija de la ex modelo Mónica Aguirre y del cantante Gervasio, quien murió en trágicas circunstancias cuando ella era una niña, un tema que le duele y del que habla sólo con algunos de sus más íntimos. El, abogado, ex diputado del Partido Socialista por La Serena, con fama de playboy, se le vinculó con algunas mujeres de farándula. A pesar de la diferencia de edad están enamorados y hace poco partieron como embajadores a Argentina, un anuncio que en los medios se recibió con sorpresa, ya que ninguno cuenta con una carrera diplomática. En ésta, su primera entrevista juntos, aclaran el punto y cuentan su historia cuando ya están prontos a cumplir dos años de relación y tan solo un mes como embajadores en Buenos Aires. 

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“Estamos muy contentos en nuestra destinación. Millaray está feliz, le ha tocado organizar actividades de beneficencia, me ha acompañado en actos diplomáticos, como la visita de la Presidenta Michelle Bachelet. Tuve fortuna de meterme de inmediato en la visita presidencial, tomar conocimiento completo de la agenda bilateral. Nada mejor que partir con una visita de Estado, una tremenda oportunidad”, asegura el embajador. 

La pareja se instaló en la residencia diplomática en el barrio Palermo, una casa antigua ubicada junto al edificio diplomático. Los acompaña la hija de Millaray, Julieta, quien ya se matriculó en el colegio y “está muy contenta, con compañeritos nuevos”, cuenta él. Y agrega que su pareja, además de apoyarlo en esta nueva misión, pretende estudiar y tomar clases de Historia del Arte. 

Se conocieron cuando Millaray tenía 17 años y él 33. Ella militaba en las Juventudes Socialistas y participaba del comando juvenil de la primera campaña de Bachelet. “Desde chica estuve involucrada en política. Un amigo, que era concejal por La Reina, me pidió ayudar a Marcelo con su precandidatura. Tuvimos muy buena onda”, relata ella.

El ex diputado venía de vuelta: había estado casado por cinco años y estaba separado; su única hija vivía junto a su madre en París. Por eso, cuando conoció a Millaray pensó: “Es una niñita”. Ella, en cambio, lo encontró guapo: “Pero fue algo platónico…: él tenía 33, ¡cómo!”. 

Siempre pensó complementar sus intereses en política siguiendo la carrera de leyes o ciencias políticas. Pero al salir del colegio, cambió sus planes radicalmente y partió a México. “Fue una crisis. Quería vivir otras cosas, estudiar música. México era un muy buen lugar; tengo un tío que vive allá, así que al menos tendría un lugar donde dormir”. Y partió con sólo diez mil pesos.

Se las arregló como pudo. Participó de un casting de Televisa y quedó como coanimadora en el noticiero musical Fama. Fueron tres años. Entretanto conoció al chileno Álvaro López, vocalista de Los Búnkers y se casaron en 2008 cuando ella ya estaba embarazada de su hija Julieta. Pero a los cuatro años vino la ruptura. “Me sentía estresada, sola, estaba colapsada… No tenía nana, no estaba mi familia y a Julieta la cuidaba una baby sitter”, recuerda. Ese fue el fin de sus seis años en tierras aztecas y el punto de retorno a Chile. “Todas las separaciones son dolorosas —admite sin ganas de entrar en las razones de la ruptura—; lo más duro fue tener que alejar a mi hija de su padre. Pero fue algo conversado. Regresé a Chile con ganas de ser apapachada, cargarme de energías. No pensaba andar buscando pololo…”. 

Sin embargo, a los seis meses se reencontró con Marcelo Díaz. “Entonces se dio, conectamos y nos quisimos. No había mucho más que cuestionarse”, cuenta ella.

“Ahora era una mujer y tenía una hija. Nos reencontramos en el momento justo”, dice Marcelo Díaz.

La joven, a sus 24 años, no se intimidó ante la fama farandulera del entonces parlamentario.  

“Yo sabía cómo era él como persona. Si hay algo que siempre me gustó es su manera sencilla de enfrentar la vida, su sentido del humor. Es un hombre encantador, capaz de tener a cualquier mujer. Eso nunca me incomodó, además porque yo soy la más guapa (ríe). Tampoco me ha dado motivos para sentir celos y menos voy a sentirlo por una mujer que ya fue”, dice con total aplomo.

Durante ocho meses mantuvieron el secreto. “No queríamos que se farandulizara nuestra relación. Tampoco nos andábamos escondiendo, pero salíamos muy poco”, dice él.

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Laboralmente, ella se dedicó a distintas funciones, desde animación de eventos a la filmación de una película sobre suicidios de Tongoy, filme en el que también fue la autora y compositora del tema principal. En 2013, cuando protagonizó el musical Blancanieves, la imagen de ellos besándose en bambalinas salió en la portada de LUN. La noticia sorprendió, aunque a esas alturas ya eran una pareja resuelta. “Toda nuestra familia lo sabía, nuestros amigos, entonces fue muy natural. Lo manejamos súper bien, aunque siempre están los comentarios a veces malintencionados de gente que no nos conoce o que no sabe de nuestra historia…”.

Y Millaray agrega: “Fue muy chistoso porque en un par de programas de farándula decían: ‘no van a durar porque ella es muy joven, se va a aburrir, va a querer carretear con sus amigos y él no va a ir…’. ¡Pero es al revés! Yo soy más casera y es él al que le gusta ir a bares”.

La relación también se ha prestado para suspicacias. Durante las pasadas actividades de Michelle Bachelet como candidata presidencial, Millaray animó tres o cuatro de los actos de cierre de campaña. “Me decían que yo la había propuesto —asegura Marcelo—, pero a ella la contactaron del comando porque había estado en la anterior campaña”. Y ella argumenta: “O sea, yo conocí a Bachelet antes que a Marcelo, de hecho, fue gracias a ella que nos encontramos cuando me pidieron apoyarlo en su precandidatura a diputado. Me había ganado mi espacio hace rato”. 

—¿Le gusta el mundo político Millaray? 

—Sí, y me ha tocado conocer este ambiente más de adentro. Hay gente que hace muy buena política y otros que hacen todo lo contrario…

Un duro momento fue en 2013, cuando el ex parlamentario se vio forzado a ceder su cupo pese a que las encuestas indicaban que podía ganar la reelección. “Lo peor fue cuando por movidas partidarias él se quedó sin opción de entrar a primarias para un cupo como senador por Coquimbo”, agrega. Para él fue una derrota: “No fui capaz de presionar; tenía la convicción de que doblábamos, y que iba a ganar, pero la vida no siempre es como uno quiere”, añade Díaz. 

Luego le ofrecieron competir por Santiago Centro, pero tras conversar con Bachelet, la decisión fue que la Nueva Mayoría se restara en esa zona y así facilitar la elección de Giorgio Jackson que se presentaba por Revolución Democrática. “Eso nos permitió establecer puentes con mundos con los que las confianzas se habían quebrado y construir espacios de interlocución más amplios para las reformas que hay que hacer. Fue una decisión meditada, jamás he tenido el más mínimo arrepentimiento”.

—¿Usted negoció y cedió a cambio de un rol en este gobierno?

—No hubo transacción, yo no pedí nada.

—Se habló de usted como una carta para el gabinete y terminó como embajador… 

—No planteé ninguna condición. 

—¿Entonces planeaba irse para la casa?

—No, no me iba a marginar… Más bien había pensado —y me había organizado— para estar un trimestre sin actividad. Llevaba ocho años intensos; los jueves partía a La Serena y regresaba sábado o domingo a Santiago; había disfrutado poco a mi hija que vive en Francia y que sólo viene a Chile un par de veces en el año. Tenía algunas ofertas laborales del mundo privado, como abogado, y también en algunas consultorías. No me arrepiento de nada de lo que hice ni de las decisiones que tomé y estoy entusiasmado con lo que me toca hacer ahora…

—Las embajadas son vistas como una forma de pagar favores, incluso como un premio de consuelo…

Millaray es quien contesta:

—Me parece que es subestimar las capacidades de Marcelo.

Y él, sin inmutarse, agrega: 

—Lecturas así habrá siempre y no tengo ninguna capacidad de disolver aquellos juicios. La Presidenta me hizo un encargo que me honra, como es encabezar la embajada de uno de nuestros tres países vecinos, con el que compartimos la segunda frontera más grande del mundo, con un país con el que tenemos una tremenda agenda bilateral, un país al que además le tengo mucho cariño. Fui presidente del grupo parlamentario chileno-argentino hasta el 11 de marzo de 2014 y he sido parte de él durante los ocho años en los que fui diputado. Tengo una enorme vinculación con Argentina, amigos y he hecho trabajos políticos. En cuanto a mis capacidades, tengo un posgrado en la Universidad Complutense de Madrid en relaciones internacionales y fui director de planificación de la Cancillería, no soy nuevo en estos temas. Esto no es un destino termal. Me siento tremendamente honrado y si alguien lo quiere ver como pago de favor, bueno, no puedo hacerme cargo de todo.

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—Y usted Millaray, ¿está preparada?

—Tengo una personalidad camaleónica, puedo adecuarme al escenario que sea. Me siento cómoda donde esté y sé asumir el rol que sea.

Y Marcelo, mirando fijamente a su pareja, declara:

—Somos un equipo, partners, quiero contar con su apoyo en todo lo que pueda para la función de embajador.