La exprimera dama de los Estados Unidos ha estado rompiendo récords mundialmente con la venta de su libro autobiográfico Becoming. En esta sincera conversación, Michelle Obama habla sobre su camino al éxito y los obstáculos que ha tenido que sobrellevar durante su carrera. También, cuenta sobre su matrimonio con el expresidente Barack Obama, desde cómo se conocieron, hasta las presiones que significaron vivir en la Casa Blanca y el equilibrio que tuvo que hacer entre su trabajo y la maternidad.

—Michelle, descubrimos en su libro que la consejera de su escuela le dijo que no tenía lo suficiente para la universidad de Princeton.

—Sí, es verdad. Hace poco volví a mi escuela y el rector me dijo: ‘ella ya no trabaja más acá’ (risas). Pero está bien, fue algo que ya pasó.

—¿Cómo alguien logra pasar por alto un comentario así? Especialmente si no tiene un sistema de soporte en su casa o con sus amigos.

—Es una situación que describe a mucha gente, de hecho a la gran mayoría, ¿verdad?, que vienen de lugares lejanos y que se esfuerzan por superarse. Sientes como si estuvieras solo, pero siempre hay alguien en tu vida que cree en ti.

—Habla y describe en su libro a personas exitosas que conoce. Dice que la confianza en uno mismo es todo ¿Cuándo comenzó a creer en usted misma?

—Cuando eres mujer y eres parte de una minoría, escuchas lo contrario, los “no puedes hacerlo”. Por otro lado, hay personas que nadie nunca les ha dicho que no pueden hacer algo. Por ejemplo, Princeton: miras a tu alrededor y dices: “¿Esto es un una broma? ¿Estas personas entraron y yo no puedo?” Y eso es lo que no entiendo, las universidades debiesen querer diversidad, pero cuando se trata de raza u orientación sexual, la cosa cambia.

—Luego de Princeton fue a Harvard. Alguien llamado Barack Obama también fue a Harvard. Usted no lo conoció ahí, sino cuando le asignaron supervisarlo a él en el buffet de abogados donde usted trabajaba. Cuéntenos cómo fue cuando lo conoció por primera vez.

—Bueno, vi el nombre de Barack Obama por primera vez y pensé: “De donde vendrá este nombre?” Empecé a hacerme una imagen visual en mi cabeza sobre cómo un hombre negro llamado Barack Obama, que creció en Hawaii, terminó estudiando en Harvard. Me hice una imagen física, me lo imaginaba nerd, sin gusto a nada. Un día tuve que llamarlo y me esperaba la voz de Barack Obama que yo me había imaginado, de pronto alguien por el otro lado del teléfono dice: “Habla Barack Obama”, con la voz que todos conocemos (risas). Francamente, no era lo que esperaba. Me acuerdo que él llegó tarde. Yo estaba hablando con mi secretaria cuando él cruzó la puerta y quedé “¡Ooh! Pensé, definitivamente no era lo que me esperaba” (risas) pero yo estaba trabajando, así que tenía que comportarme, lo tuve durante mucho tiempo en la friendzone. Yo estaba muy concentrada en mi camino y estaba mentalizada en convertirme en asociada; tenía todo pensado. Yo tenía claras mis metas, mientras que él no seguía ningún camino ni tenía ningún plan elaborado para su vida. Eso me llamó mucho la atención porque era una contradicción gigante a como yo estaba viviendo mi vida. Al tiempo, me invitó a salir y yo le respondí que no, que eso era muy cursi. Básicamente porque yo pensaba: “¿dos personas negras de Harvard saliendo?” No, eso parecía muy loco; además, sabía que las personas blancas de la universidad iban a decir: “¡Vieron! ¡Todos ellos se gustan y salen entre ellos!” (risas).

michelleinterior

—¿Cuándo supo que Barack era el hombre con el que se quería casar?

—Tú no conoces a tu pareja en un tiempo corto, por eso es que personalmente no creo en el amor a primera vista. Creo que si te gusta alguien y al principio se muestra buena persona, necesitas darte el tiempo de conocerlo realmente, porque solo el tiempo muestra cómo realmente es la persona. Por ejemplo, como tratan a su mamá. Yo quería ver a Barack en su casa con su abuela. Todas esas cosas no las aprendes en la primera cita o a través de un beso o lo que sea.

—Usted escribe sobre sus altos y bajos amorosos de su relación de pareja. ¿Había ciertas expectativas que tuvo que dejar ir para poder seguir adelante?

—Claro, esa fue una de las razones de por qué escribo sobre el matrimonio y los desafíos y batallas que hay que enfrentar. La gente ve parejas como nosotros y nos ven como un modelo a seguir. Nos ven como un matrimonio luminoso y, créeme, la gran mayoría del tiempo lo somos, amo a mi esposo, pero la vida matrimonial es difícil. No quiero que las parejas jóvenes que nos ven piensen que todas las relaciones son todo el tiempo como una luna de miel de Michelle y Barack Obama, porque no lo es, sobre todo cuando construyes una vida en conjunto con personas que son totalmente independientes. Quizás suene duro, pero yo soy una persona independiente y él también lo es. Intentamos hacer las cosas juntos, de vivir en la misma casa, pero queramos o no, criamos a nuestras hijas de forma diferente, tenemos diferentes inseguridades y fortalezas. El matrimonio es difícil y, como la gran mayoría de las cosas, requiere trabajo. El matrimonio es una elección, es una elección que tomas todos los días y más te vale estar con alguien que también quiera tomar esa decisión. Así que para las parejas jóvenes, si cuesta, es porque están en el camino correcto (risas)… Van a estar bien. Pero sí, ambos nos hemos encontrado en una posición en que tenemos que hacer grandes concesiones.

—Lo que nos lleva a Barack Obama siendo Presidente, haciendo historia política. ¿Cómo se acercaron ambos a tomar sus respectivos cargos?

—Creo que nos acercamos pensando en que teníamos que ser mejores, trabajando en conjunto porque sabíamos que para nosotros la vara sería diferente. Lo sabíamos. En el vuelo final, luego del cambio de mando, vi como todo se alejaba, lloré durante aproximadamente 30 minutos. Pero no era solo por ese día en específico, sino porque era la culminación de ocho o diez años de sentir que teníamos que ser perfectos, de tener que cuidar cada palabra que decíamos, de no poder cometer ningún error. Tuvimos que demostrarnos que éramos capaces de todas esas cosas. Estoy tan orgullosa de mi esposo y de lo de que fue su administración. Por otro lado, el margen de error era mínimo, y sentimos esa presión. Pero no solo Barack y yo, sino todos los que trabajaron con nosotros. Todos sabíamos que si una persona cometía un error, Barack sería el perjudicado. Sentí que tenía que ser sobresaliente todo el tiempo, como muchas de nosotras, mujeres de color pertenecientes a una minoría, sentimos que no podemos cometer errores, porque si lo hacemos no van a dejar que nadie más tenga las oportunidades que nosotros sí tuvimos.

—El título del libro Becoming es muy importante. Uno nunca deja de crecer. ¿Usted está en constante evolución? ¿A dónde cree que la llevará su camino? ¿Si pudiera, qué le diría a su yo más joven?

—Le diría a mi yo más joven que no se deje llevar por el miedo. Que aprenda a convivir con el miedo. Porque es el miedo lo que no nos permite crecer. No tengo idea de cuál es el próximo capítulo que me espera, y eso me tiene ansiosa. Ahora me voy a embarcar en un nuevo viaje, en pocos días cumpliré 55 años y no tengo idea de lo que eso conllevará. Lo que sí tengo claro es que estoy preparada para cualquier, oportunidad que venga. Para terminar, quiero leer una cita del libro muy significativa para mí: “Muchos de nosotros pasamos por la vida con nuestras historias ocultas, sintiéndonos avergonzados o asustados cuando creemos que no estamos a la altura de los ideales establecidos. Crecemos con mensajes que nos dicen que solo hay una manera de ser, que si nuestra piel es oscura o nuestras caderas son anchas, que si no experimentamos el amor de una manera particular o si hablamos otro idioma o venimos de otro país, entonces no pertenecemos. Eso es hasta que alguien se atreva a comenzar a contar esa historia de manera diferente”. Esa es mi esperanza. Que todas nuestras historias sean igual de importantes y que todos nos podamos sentir identificados con el otro.

Vicky Dearden / The Interview People
Traducción y adaptación: Fernanda Zúñiga