Casi todo el país (o algo así) esperaba este anuncio. La Alianza (y sus candidatos, claro) con algo de miedo y ansiedad que se transformó probablemente en pánico y corridas al baño. La Concertación con ansiedad, también, porque hoy Bachelet es su opción más clara de volver al gobierno. Eso es evidente.

¿Qué pasará ahora? Es difícil (bueno, no tanto) preverlo. Sin ser Yolanda Sultana, acá van mis predicciones:

Allamand ataca. Y ataca. Y vuelve a atacar. Duro contra Bachelet, por su gobierno, su rol el 27 de febrero, su peinado, sus trajes dos piezas. Lo que sea. Él es el candidato duro, y eso se tiene que notar.

Golborne se hace el loco. Como si Bachelet no existiera, no se refiere a ella. No le importa, dice, que no hable. No es problema suyo. Lo importante es mantener la sonrisa. Mal que mal, a Bachelet ser simpática, cercana, buena onda, la ha ayudado. Hay que mantener la sonrisa a toda costa. Y recalcar que es de Maipú, claro.

Bachelet tiene remojando en blanqueador 12 delantales de doctor (no, no digo médico. Sí, sé que doctor es un grado académico y todo eso). Luego los pasará por almidón y saldrá a recorrer las calles, sonriendo y abrazando gente. Sacándose fotos. Muchas más fotos que Golborne.

Osvaldo Andrade destapa una botella de champaña diaria. Celebra todos los días. Seguirá celebrando hasta nuevo aviso. Lo mismo hace Camilo Escalona. Nunca celebran juntos, eso sí.

Alejandro Navarro también celebra. En su felicidad, y aprovechando que “le llegó una platita”, se arranca por unos días a Aspen, donde todavía queda nieve. Sufre un accidente que, se apura en aclarar, se dio en el contexto de su participación en un congreso internacional en el que se encontraba en comisión de servicio, por lo que se trata de un accidente laboral.

En la ACHS se ríen.

Los próceres de la UDI se culpan unos a otros por el inminente desastre. “Debimos tener un candidato propio, aunque no fuera de Maipú”, se escucha en una discusión. Se juramentan para llevar uno en la próxima elección. Suena fuerte Labbé.

En la ACHS se siguen riendo.

Piñera comienza su despedida pensando en su regreso. “Si Bachelet pudo, yo también puedo”, repite 12 veces cada mañana frente al espejo. Luego lo hace sin espejo, desde que los tics lo desconcentraron de su mantra.

En la ACHS se siguen riendo, y se reirán mucho tiempo más.

 

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