Se ve confiada, de buen humor, pese a que en el comando el andar es frenético; sus integrantes corren por los pasillos y salen de una reunión para entrar a otra. Ella, en cambio, instalada detrás del escritorio de una sencilla oficina, está relajada y no evita referirse a algunas de sus definiciones clave  frente a un posible nuevo gobierno, sus aprendizajes, errores y del apetito que en algunos despierta el poder…  “Tengo un buen radar para distinguir a las personas que están en algo por un interés colectivo de aquellas que lo hacen por un interés personal”, reconoce un tanto disfónica luego de ocho meses de campaña… a los que ahora deberá sumar otras cuatro semanas más.

Imposible no preguntarse cuánto ha cambiado Michelle Bachelet desde que ganó la presidencia hace 8 años.
“Sin duda que he cambiado —reconoce—; es muy distinto cuando se ha sido Presidenta. Yo, después de estar en La Moneda, nunca más perdí la perspectiva de la estadista, en el sentido que si uno es Presidenta, va a serlo para todos y no solamente de los que votaron por uno. En ese sentido, hay gustitos que uno no se puede dar”.

—Eso sin contar con que ya no tiene la misma libertad que tuvo en Nueva York, donde podía ir a comprar en shorts y hawaianas a la panadería de la esquina… No podrá darse ese gustito.
Ríe:
—En mi casa ando en hawaianas y tal vez saldría a comprar con ellas si es que la panadería quedara bien cerquita, ahí sí (reconoce). Pero en esencia soy la misma Michelle; me gusta bailar, bromear, participar, y no prometo lo que sé que no puedo hacer. O sea, soy la misma, sólo que tal vez más sabia, con más experiencia, porque sé lo que funciona y lo que no. Y tengo claro que es clave elegir muy bien para (si soy electa) contar con los mejores equipos y poder cumplir con los compromisos que he tomado con la gente.

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—¿Un aprendizaje del gobierno anterior?

—Los aprendizajes son a lo largo de toda la vida, y a pesar de que existen proyectos como el de la Nueva Mayoría que a mí me toca encabezar, las personas cuentan, importan, y hay quienes tienen distintas maneras de enfrentar las cosas. Me gustaría que aquellos que encabezaran mi equipo tuvieran un sentido de urgencia, las cosas no pueden esperar. Cuatro años son cortos y deben hacerse las cosas lo mejor posible para sacar todo lo que se pueda adelante. Hay asuntos que demoran más en consolidarse, pero que se inician en estos cuatro años; y otros que se inician y se completan en ese lapso. Por lo tanto es muy importante contar con gente comprometida, que ponga en el centro de sus preocupaciones a las personas.

—¿Caras nuevas o los mismos de siempre? ¿Ya tiene claro de quiénes se va a rodear?
—No tengo idea quiénes van a estar en mi futuro gobierno.

—¿No lo ha pensado?

—No, ¡nada! De verdad que no. En un medio se publicó un reportaje con los ministros posibles y ni siquiera quise leerlo…

—¿Para no dejarse influir?

—Mire, los mexicanos tienen una muy buena frase: el que se mueve no sale en la foto. Vale decir, el que anda buscando un cargo se desecha de inmediato. Por otro lado, hay personas que quieren quemar a otros y los nombran para que el futuro o futura (Presidente) se enoje y los saque. Así es que de verdad no tiene sentido ponerse a pensar en quién podría hacer qué mientras no haya ganado las elecciones.
Pero agrega:
—Obviamente, en el transcurso de la campaña uno va conociendo gente y creo que siempre tiene que haber una mezcla. Más allá del criterio, ‘rostros nuevos’ o ‘los mismos de siempre’, nunca son los mismos; las cosas cambian, ¡ni siquiera yo soy la misma de siempre! Además que conozco rostros nuevos y a gente joven que tiene los peores vicios de la política. Por tanto, no es un tema de juventud, sino de quién de verdad tiene el compromiso de trabajar por el país, de ponerlo en primera línea, y de hacerlo de una manera transparente.

—Seguramente leyó la columna de Carlos Peña donde hablaba de las expectativas que ha generado su candidatura y de cómo la gente las “transfiere” a intención de voto, y espera aún más de lo prometido en su programa. ¿Cómo pretende manejar eso para que, a la hora de la verdad, no se sientan defraudados?
—Es cierto (reflexiona). En la experiencia anterior aprendí que las expectativas son siempre mayores de lo que uno puede ofrecer o comprometer. Le voy a dar un ejemplo que entonces me dolió en el alma: una señora me dijo: ‘yo sé que si usted sale electa mi marido no me va a pegar nunca más…’  ¡Tremendo! Porque uno no puede meterse al interior de los hogares; lo que uno puede hacer es generar programas contra la violencia intrafamiliar, apoyar a que las mujeres víctimas de maltrato puedan tener opciones, pero no es que instantáneamente, por el hecho de llegar a La Moneda, pudiera resolver el problema de esa señora. Ahí me daba cuenta del peso de las expectativas, pero sólo hay una manera de enfrentarlo: decir primero lo que quiero hacer y jamás prometer lo que sé que es imposible. Luego, decir que tengo toda la voluntad pero que eso no basta, que se requiere un Parlamento que acompañe porque Chile es un país serio, y la gran mayoría de las medidas requieren leyes, presupuestos, etc. En cuatro años no podré hacer todo al día siguiente; hay cosas que toman tiempo; mejorar la calidad de la educación va a demorar. Y también aprendí lecciones del Transantiago: imposible concretar todo así ‘schuaz’ (de una) sino que, en algunos casos, hay que ir implementando gradualmente.

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—En ese sentido, entonces fue una lección el Transantiago para usted.
—¡Sin duda! Pero lo que quiero decir es que la única manera de que la gente no se sienta defraudada es que uno hable con la verdad y les cuente lo que se puede hacer y las dificultades. Por eso les hablo del Presupuesto del próximo año…

—Ha dicho que la administración de Piñera le dejará menos plata…
—Así es. Por eso vamos a tener que aprobar la reforma tributaria, porque no tendremos recursos. Y ojalá que este gobierno deje más dineros de libre disposición porque los gobernantes nuevos llegan con un presupuesto aprobado por el mandato anterior, de repente con otras prioridades. Pero mi intención no es buscar que no se defrauden sino hacer todo lo posible por cumplir, no sólo porque sean compromisos míos sino porque estoy convencida de que a Chile le va a hacer bien una sociedad mejor, más justa. Se necesita seguir mejorando en términos económicos, pero también debemos superarnos en lo moral, político, social y humano. Son desafíos grandes que requieren experiencia, y yo la tengo después de cuatro años; no será fácil, al contrario, pero tengo experiencia para conducir este proceso con responsabilidad y gobernabilidad, porque tampoco nadie quiere una crisis en el país.
Empieza a toser. Comenta: “¿Sabe lo que pasa? A veces estoy en lugares donde el micrófono no tiene mucha potencia, y como yo tampoco soy cantante de ópera, fuerzo las cuerdas, y las mujeres hablamos desde la garganta. Llevo casi ocho meses en campaña…”.

—Usted mencionaba el tema de la confianza en las instituciones, pero usted misma también ha tenido que hacer un proceso más personal para confiar luego de una serie de traiciones que vivió en lo familiar para el Golpe militar. ¿Cómo se maneja en esas aguas?
—Hay dos cosas: primero, soy súper realista, muy perceptiva; no me compro cuentos ni espero mucho más. Lo segundo es que tengo buen radar para distinguir a quienes están en algo por un interés colectivo de las que están por un interés personal. Uno se da cuenta. La clave para eso —aunque al final el poder es solitario y es uno quien tiene que tomar la decisión— es rodearse de personas que no sean yesman o yeswomen sino que digan las cosas como son, con los problemas que existen y con lo que se debe mejorar. Lo que menos necesita un Presidente son personas que le aseguren que las cosas están estupendo cuando no es así. Siempre me he rodeado de gente para quienes “lealtad” es decir las cosas tal cual son. Lo otro lo encuentro tremendamente desleal. Para lo único que estoy aquí es para trabajar por la gente, no tengo otro objetivo.

—Si es electa, ¿qué es lo primero que hará?

—De las 50 primeras medidas, el proyecto de ley de reforma educacional y la reforma tributaria; eso apenas estén escritos. Necesitamos una educación de calidad, gratis y lo más luego posible; son iniciativas grandes que requieren enviarse lo antes posible para que ojalá estén aprobados a más tardar en 2015.

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—¿Y cambiar la Constitución a un período presidencial más largo, con reelección?
—Esas cosas tienen que regir del próximo gobierno en adelante, nunca he creído en hacer una Constitución a la medida. Los trajes a la medida no han estado nunca conmigo.
Recuerda:
—Cuando terminaba mi anterior mandato algunos me paraban en la calle y me decían: ¿Por qué no cambia la Constitución y se repostula? Pero las discusiones no deben ser pensando en personas determinadas sino en lo que es mejor para el país.

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