Estamos en la sesión de preguntas posterior al estreno en Gran Bretaña del ultimo documental de Michael Moore Where to invade next? (¿A dónde invadimos ahora?). Una sátira optimista que, si bien no está exenta de la crítica a su país a la que Moore nos tiene acostumbrados, esta vez está hecha con deliberada inocencia, mostrando al director en una imaginaria misión en la que debe “invadir” varias naciones para usurpar ideas que parecen utópicas pero que en ciertos países han funcionado de maravillas y que al director le gustaría llevarse a Estados Unidos. El sistema de cárceles sin rejas de Noruega, donde los gendarmes reciben a los prisioneros cantando “We are the world” o el sistema político igualitario en Islandia o la comida gourmet  en los colegios públicos de Francia entre otras son algunas de las innovadoras ideas que Moore quiere llevarse a casa. El concepto, según el mismo realizador, es que Estados Unidos esta vez cambia la ambición del petróleo, por ideales.

—Hemos esperado seis años para otro documental de Michael Moore y este ha llegado al fin pero con un enfoque positivo, lo que no es su costumbre. ¿Fue su intención dar esperanza a los espectadores?

—Yo no creo en la esperanza. Creo que es una figura inventada por los que están en el poder para poder manipular a la gente.

—Cuál fue la intención entonces detrás del tono optimista, más liviano de este documental? ¿Ha cambiado Michael Moore? 

—Justo antes de comenzar este proyecto pasé por dos pérdidas fuertes, la muerte de mi padre y mi divorcio luego de veintidós años de matrimonio (de la productora Kathleen Glynn) y en vez de caer en depresión dije: “voy a vivir”. Viajé por el mundo en busca de estas ideas y decidí que en esta oportunidad entregaría dos horas de soluciones en vez de problemas.

—La gente se rió mucho durante el estreno. Hay momentos de humor y ternura incluso. ¿Será que ha perdido la rabia y se ha dulcificado?

—Jamás. Este es mi trabajo más furibundo, pero una de las mejores maneras de mostrar lo que nos enoja es a través del humor. Me halaga incluso lo que dices, pues los mejores comediantes son aquellos que están furiosos con el sistema. Piensa en Chaplin, él era un hombre atormentado, enojado con muchas situaciones. La comedia ayuda y si este trabajo es más liviano es porque quise canalizar la ira de un modo que el mensaje llegue a más gente.  

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Las férreas convicciones políticas de Moore se forjaron en su pueblo natal, Flint, en el estado de Michigan, cuna de General Motors donde su padre trabajaba hasta que la compañía cerró varias de sus fábricas para comenzar la producción en el extranjero. Los efectos fueron devastadores para la localidad, dejando miles de cesantes. Así nace su primera película, Roger & Me, que relata el impacto de esta medida. Le sucedieron luego documentales que criticaban diversos aspectos de la política estadounidense, desde la ley de posesión de armas, el sistema de salud, la crisis financiera hasta su gran éxito con Farenheit 9/11 en la cual presenta teorías nuevas acerca de la guerra de terror que el presidente George Bush, según él, ha instigado como excusa para atacar Irak. Con esta producción no solo gano el Oscar, sino la Palma de Oro en Cannes, donde recibió una histórica ovación de 20 minutos.  

—Algo que si vemos en este último documental suyo, como en los anteriores, es lo implacable que es con su país, aseverando que alimenta una cultura del “yo” en vez de una del “nosotros”, que se vive en los países que da como ejemplo en la cinta. ¿Qué sugiere para cambiar esta visión? 

—Más mujeres en el poder. Más gente de color. Más jóvenes. Todos aquellos a los que ataca Trump, creando un ambiente de miedo hacia estos sectores. Su grito es el miedo, el racismo, el nacionalismo. Como Trump,  ellos quieren más poder. Son el 1 por ciento que tiene el dinero y para que el 99 por ciento restante vote por ellos deben confundirlos dándoles la idea de que es otro el que causa los problemas: llámense inmigrantes, Bruselas o musulmanes.

—¿Ve usted a Donald Trump como futuro presidente de Estados Unidos?

—Es una posibilidad muy real. Canadá deberá reforzar sus leyes de inmigración pues nos querremos ir para allá—, bromea muy en su estilo. Es de esperar que no. Estados Unidos no sería el mismo después de cuatro años dirigido por un fascista. Trump es un fascista del siglo XXI. Lo que puede impedir este desastre es el hecho que ha hostigado hasta el cansancio a las mujeres como lo misógino que es y ellas tienen bastante poder como votantes. Y también los jóvenes, esa generación menor de 35 años que no teme a lo diferente ni tiene odio.

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—Usted apoyaba a Bernie Sanders que ya no está en la carrera presidencial. Ha traspasado su simpatía a Hillary Clinton?

—Tengo fe en ella. La comparo con el Papa Francisco. Nos regocijamos cuando este argentino, que había luchado por los derechos humanos durante la dictadura en su país, fue elegido como la cabeza del Vaticano pues obviamente llevaría sus valores allí. Lo mismo me pasa con Hillary. Ella es una joven de los años sesenta, luchó por la igualdad de derechos, ha sufrido discriminacion por ser mujer, es una luchadora.

—En su documental quiere llevarse a su país el sistema de vacaciones de Italia, el modelo de sindicatos de Alemania, la despenalizacion de las drogas de Portugal entre otras medidas.  No obstante ningún país de Latinoamérica es invadido por usted. ¿Ve algo en nuestro continente digno de copiar en Estados Unidos? 

—Creo que Estados Unidos ha interferido bastante ya en su país—, dice con obvia ironía. No incluí Latinoamérica por un tema de tiempo. Pero ayer estuve en la Embajada de Ecuador en Londres, donde hace ya cuatro años se encuentra Julian Assange. Vive en una pequeña oficina y me sorprende que no se haya vuelto loco. Suecia, Estados Unidos y el Reino Unido se han coludido contra él y admiro la posición que Ecuador ha tomado en contraste, defendiendo a un hombre que expone la verdad. 

—¿Cree en una sociedad que bombardee con buenas iniciativas, como las de Where to invade next?, en vez de drones o bombas?

—Absolutamente. Porque el mundo estará en manos de los jóvenes que hoy tienen menos de cuarenta años y que deberían estar más enojados con mi generación por haberles heredado un planeta más caluroso, con el Medio Oriente en total caos, con graves problemas por resolver, pero creo que hay amor en sus corazones y han aprendido las lecciones.