Con su metro ochenta y actitud de modelo hasta para las fotos oficiales —pose sugerente, ojos achinados como si se le escapara algo, labios entreabiertos—, todavía es un misterio cuál será el rol que jugará Melania Trump como primera dama. Lo cierto es que el carácter que le imprima a su cargo puede ser un avance o bien un claro retroceso para la trascendencia de las mujeres en el corazón del poder.

“El trabajo de la primera dama es ‘sentarse atrás de su marido y callar’”, solía decir Bess Truman, la mujer de Harry Truman. Mamie Eisenhower orgullosamente afirmó que solamente tenía una carrera “y su nombre es Ike”, como le decía a su marido, Dwight Eisenhower. En tanto que Jackie Kennedy —por quien Melania confesó su total admiración— afirmaba que “la labor principal de una primera dama es cuidar del Presidente tanto como de sus hijos”.

¿Qué ha dicho Melania Trump? “Mis manos están llenas con mis dos niños, ¡el grande y el pequeño!”, comentó a propósito de su hijo de 10 años, Barron, sin dejar de mencionar humorísticamente los arrebatos infantiles de su marido magnate. ¿Un indicador del papel que pretende jugar o un comentario intrascendente?

Lo cierto es que los ojos, sobre todo el de las mujeres líderes de todo el mundo, están puestos en esta ex modelo eslovena de 45 años, la primera nacida fuera de Estados Unidos que llega al Ala Occidental de la Casa Blanca. Las interrogantes se multiplican, en especial tras el paso de Michelle Obama por el blanco edificio de Washington, y que marcó un antes y un después para las mujeres en el mundo del poder, rompiendo con el machismo instalado en la Casa Blanca.

Aunque para la mujer de Barack lograr este aplaudido rol no fue tarea fácil. Jackie Norris, la primera jefa del equipo de Michelle Obama, reconoció que en sus primeros años la abogada solía recibir una larga lista de nos por respuesta: ‘No, lo siento, no puede hacer esto… No, lo siento, no puede hacer lo otro’.

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Algo similar vivió también Laura Bush. Se suma el aspecto “logístico”: el Ala Oriental, donde se encuentran el círculo de poder y los altos asesores presidenciales, queda a gran distancia del Ala Occidental, destinado a la Primera Dama y su equipo. Tanto que los asesores de Michelle Obama solían llamarlo irónicamente como ‘Guam’ —por la lejanía—, lo que influía en que fuera excluida de las reuniones relevantes, al igual que su jefa de gabinete, que ni siquiera era incorporada a la cita de planificación de las 7:30 A.M., fundamental para definir la agenda diaria del mandatario.

“Es importante que la primera dama defienda a su personal, como Hillary Clinton lo hizo cuando ocupó ese rango o, de lo contrario, te aniquilan. Está por verse si Melania será capaz de dar la lucha por los suyos”, observó Kate Andersen Brower, autora de los libros Primeras Mujeres: La Gracia y el Poder de las Primeras Damas; y La Residencia: Al Interior del Mundo Privado de la Casa Blanca.

Y da en un punto, porque Melania Trump, a diferencia de muchas de sus antecesoras, no estaba familiarizada con el mundo político hasta que su marido entró a la carrera presidencial. “Ya tenemos una gran vida, ¿por qué quieres hacer esto?”, le dijo en junio del 2015, antes de que Donald Trump iniciara su campaña. A lo que el magnate contestó: “Creo que tengo que hacerlo… Podría hacer un gran trabajo”. ¿Será Melania como Mamie Eisenhower o Bess Truman, cuyo poder se limitaba a organizar las cenas estatales y la aprobación de arreglos florales?

“Cuando Hillary Clinton se convirtió en primera dama, colgó en un muro de su Ala Occidental una gran fotografía suya hablando en un podio. Había un mensaje abajo: Eres muy buena, amor. Te amo, Bill”. Era una muestra de admiración por su perspicacia política, que personalmente creo que no se encontrará en la oficina de Melania Trump, como tampoco en el espacio que ocupó Mamie Eisenhower”, opina Kate Andersen Brower. ¿O tal vez Melania limitará su inteligencia política tras bambalinas, tal como se demostró con Jackeline Kennedy?

Conocida por su buen gusto y como una gran aficionada al arte (Melania Trump también estudió Diseño en su juventud), tras el asesinato de John Kennedy trascendió que estaba más conectada de lo pensado con el trabajo del presidente y sabía perfectamente su plan para despedir al director del FBI, J. Edgar Hoover, así como sus decisiones durante la crisis de los misiles con Cuba y la Unión Soviética.

Por eso, si bien en su mirada de modelo suele adivinarse una interrogante, lo que se ha prestado para diversos memes, y sus fotos siempre sexy para la portada de revistas podrían alimentar fácilmente los prejuicios, no hay que engañarse: la eslovena no sólo habla a la perfección el inglés, así como el serbio, el francés y el alemán, lo que demuestra su disciplina y un buen grado de inteligencia. En una íntima entrevista con la cadena CBS, bajo la atenta mirada de su marido, Melania reconoció: “Bueno, son muchas las responsabilidades. Hay mucho trabajo por hacer. Muchas cosas sobre tus hombros. Nos ocuparemos de ello, día tras día. Me mantendré fiel a mí misma. Soy muy fuerte y confiada. Me escucharé y haré lo que es correcto y lo que sienta mi corazón”.

Si su fortaleza y su corazón llevaron a esta inmigrante eslovena a escalar hasta la cumbre del poder mundial, entonces sería un error subestimarla. Con su metro ochenta y actitud de modelo hasta para las fotos oficiales —pose sugerente, ojos achinados como si se le escapara algo, labios entreabiertos—, todavía es un misterio cuál será el rol que jugará Melania Trump como primera dama.

Lo cierto es que el carácter que le imprima a su cargo puede ser un avance o bien un claro retroceso para la trascendencia de las mujeres en el corazón del poder. “El trabajo de la primera dama es ‘sentarse atrás de su marido y callar’”, solía decir Bess Truman, la mujer de Harry Truman. Mamie Eisenhower orgullosamente afirmó que solamente tenía una carrera “y su nombre es Ike”, como le decía a su marido, Dwight Eisenhower. En tanto que Jackie Kennedy —por quien Melania confesó su total admiración— afirmaba que “la labor principal de una primera dama es cuidar del Presidente tanto como de sus hijos”.

¿Qué ha dicho Melania Trump? “Mis manos están llenas con mis dos niños, ¡el grande y el pequeño!”, comentó a propósito de su hijo de 10 años, Barron, sin dejar de mencionar humorísticamente los arrebatos infantiles de su marido magnate. ¿Un indicador del papel que pretende jugar o un comentario intrascendente?

Lo cierto es que los ojos, sobre todo el de las mujeres líderes de todo el mundo, están puestos en esta ex modelo eslovena de 45 años, la primera nacida fuera de Estados Unidos que llega al Ala Occidental de la Casa Blanca. Las interrogantes se multiplican, en especial tras el paso de Michelle Obama por el blanco edificio de Washington, y que marcó un antes y un después para las mujeres en el mundo del poder, rompiendo con el machismo instalado en la Casa Blanca. Aunque para la mujer de Barack lograr este aplaudido rol no fue tarea fácil. Jackie Norris, la primera jefa del equipo de Michelle Obama, reconoció que en sus primeros años la abogada solía recibir una larga lista de nos por respuesta: ‘No, lo siento, no puede hacer esto… No, lo siento, no puede hacer lo otro’”.

Algo similar vivió también Laura Bush. Se suma el aspecto “logístico”: el Ala Oriental, donde se encuentran el círculo de poder y los altos asesores presidenciales, queda a gran distancia del Ala Occidental, destinado a la Primera Dama y su equipo. Tanto que los asesores de Michelle Obama solían llamarlo irónicamente como ‘Guam’ —por la lejanía—, lo que influía en que fuera excluida de las reuniones relevantes, al igual que su jefa de gabinete, que ni siquiera era incorporada a la cita de planificación de las 7:30 A.M., fundamental para definir la agenda diaria del mandatario.

 

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¿Será Melania como Mamie Eisenhower o Bess Truman, cuyo poder se limitaba a organizar las cenas estatales y la aprobación de arreglos florales? “Cuando Hillary Clinton se convirtió en primera dama, colgó en un muro de su Ala Occidental una gran fotografía suya hablando en un podio. Había un mensaje abajo: Eres muy buena, amor. Te amo, Bill”. Era una muestra de admiración por su perspicacia política, que personalmente creo que no se encontrará en la oficina de Melania Trump, como tampoco en el espacio que ocupó Mamie Eisenhower”, opina Kate Andersen Brower.

¿O tal vez Melania limitará su inteligencia política tras bambalinas, tal como se demostró con Jackeline Kennedy? Conocida por su buen gusto y como una gran aficionada al arte (Melania Trump también estudió Diseño en su juventud), tras el asesinato de John Kennedy trascendió que estaba más conectada de lo pensado con el trabajo del presidente y sabía perfectamente su plan para despedir al director del FBI, J. Edgar Hoover, así como sus decisiones durante la crisis de los misiles con Cuba y la Unión Soviética.

Por eso, si bien en su mirada de modelo suele adivinarse una interrogante, lo que se ha prestado para diversos memes, y sus fotos siempre sexy para la portada de revistas podrían alimentar fácilmente los prejuicios, no hay que engañarse: la eslovena no sólo habla a la perfección el inglés, así como el serbio, el francés y el alemán, lo que demuestra su disciplina y un buen grado de inteligencia. En una íntima entrevista con la cadena CBS, bajo la atenta mirada de su marido, Melania reconoció: “Bueno, son muchas las responsabilidades. Hay mucho trabajo por hacer. Muchas cosas sobre tus hombros. Nos ocuparemos de ello, día tras día. Me mantendré fiel a mí misma. Soy muy fuerte y confiada. Me escucharé y haré lo que es correcto y lo que sienta mi corazón”. Si su fortaleza y su corazón llevaron a esta inmigrante eslovena a escalar hasta la cumbre del poder mundial, entonces sería un error subestimarla.