El exministro de Bachelet y uno de los mejor evaluados de su gobierno se encuentra recorriendo Chile, dando charlas y partiendo donde lo inviten para hablar de su libro: Revolución Energética.

Un trabajo de más de 600 páginas y que escribió con otros 14 especialistas del área y donde cuenta su experiencia como titular de la cartera y sobre todo las lecciones para generar el salto cualitativo como país desarrollado. Todo mediante una pluma ágil porque, confiesa, le gusta escribir. En el lanzamiento en el Salón de Honor del Congreso Nacional en Santiago, no cabía ni un alfiler; muchos se quedaron fuera, como Ricardo Lagos Weber, Bernardo Matte Larraín, Rodrigo Valdés, Marta Lagos o la periodista Andrea Vial, por mencionar sólo algunos, mientras que adentro, el libro era presentado por Michelle Bachelet, el parlamentario del FA Gabriel Boric, el empresario Juan Antonio Guzmán y el senador PS Carlos Montes.

Con tan amplia y transversal convocatoria, muchos vieron este evento como el despegue de Máximo Pacheco como líder de la hasta ahora desarticulada coalición opositora. Otros, los más agudos, la tienen clara: ese fue el punto de partida de la precandidatura presidencial de este socialista, ex Mapu, ex ejecutivo de la multinacional International Paper —y que lo tuvo 10 años viviendo en el extranjero—, e hijo del jurista y diplomático Máximo Pacheco Gómez; mientras que por el lado de su madre, Adriana Matte Alessandri, lleva genes presidenciales: es bisnieto de Arturo Alessandri y sobrino nieto de Jorge Alessandri.

En el gobierno pasado se convirtió tal vez en el único del gabinete que logró mantenerse firme en su cartera, ajeno a los conflictos políticos, económicos, sociales y, sobre todo, internos; apoyado tanto por los empresarios y líderes de la centro-derecha como por Bachelet, a quien defiende de forma irrestricta tanto a nivel político y, muy especialmente, como amigo. Con todo, Pacheco dice que no está en ningún concurso, tampoco en campaña, aunque no niega los rumores que ven en la actitud “energética” que ha desplegado en el último tiempo exista un objetivo presidencial.

“Me alegra que se vea así —admite—. Reconozco que quiero contribuir al debate y a lo que pueda ser el diseño de nuestras propuestas de políticas públicas, de visión de país, en este nuevo Chile. Y creo haber hecho un esfuerzo claro en esa dirección, porque no sólo impulsamos la revolución energética, sino que tenemos un libro de 600 páginas que se está agotando su primera edición. Estoy comprometido a ser un aporte para el mejoramiento de la política y diseñar las propuestas para el Chile del futuro”.

Generalísimo de la candidatura de Ricardo Lagos —quien fue prácticamente ignorado por el presidente del PS, Alvaro Elizalde, y que en votación secreta optó por respaldar a Alejandro Guillier, lo que habría marcado una clara fisura en la relación—, Pacheco no duda en reconocer que la presidencial “fue una derrota superior a todo lo que imaginamos”.

—¿Con Lagos habría sido menos estrepitosa?

—No sé, sólo puedo decir que Piñera ganó ¡por más de 10 puntos! Una derrota rotunda, categórica, que nos obliga a mirarla y no hacerle el quite.

—¿Cuál es su mea culpa?

—Descuidamos la economía; no me referio al valor de la UF, el tipo de cambio o lo que pasa con la Bolsa, sino de cómo la gente llega a fin de mes con sueldos tan bajos; porque en Chile los sueldos son malos; eso explica las bajas pensiones y los altos niveles de endeudamiento. A mucha gente le cuesta llegar a fin de mes. Eso lo planteé en el Comité Central del PS, porque es el partido de los trabajadores.

—¿Lo dijo cuando estaba en el gobierno? Porque hubo tres ministros de Hacienda, dos de Economía, y se le regaló ese terreno a Piñera.

—Piñera llegó a ser gobierno con dos ideas muy claras: que cuando fuera electo habría mejores sueldos y también más empleos, mientras que con Guillier nos convertiríamos en Venezuela. Dos conceptos muy básicos que le permitieron derrotarnos ampliamente.

—Sin embargo, fueron cuatro años en que Chile creció al 1,7% ¿qué pasó ahí?

—Esta es una economía extraordinariamente abierta, pequeña y dependiente de la actividad internacional.

—¿La teoría de la mala pata de Eyzaguirre, entonces?

—No, no es mala pata. Necesitamos estar menos expuestos a los ciclos del cobre, por eso hay que devolverle competitividad a través de una revolución energética, pensar en una matriz productiva con mayor valor agregado, un estado que dé un nuevo impulso a la investigación y desarrollo para terminar con la dependencia.

—¿Qué más cree que falló?

—Creo que no fuimos capaces de leer bien la profunda transformación que nosotros mismos impulsamos y que convirtió a Chile en un país de clase media. Tenemos un problemón si no nos hacemos cargo.

—Hasta ahora el que ha sabido interpretar mejor el fenómeno es Sebastián Piñera.

—Pero ojo, en los temas valóricos, como el feminismo, la centroizquierda cuenta con una mayor sintonía frente a una derecha conservadora, reaccionaria, patriarcal y oligárquica. Eso es porque permanentemente hemos impulsado avances en igualdad para la sociedad.

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—Aunque tal parece que en las últimas elecciones a la gente le importó más la economía que los temas valóricos.

—Lo discuto. ¿Por qué tenemos hoy gratuidad en la educación superior? Este país casi se incendió, se levantaron fantasmas atroces por parte de la centroderecha, hasta la segunda vuelta presidencial terminaron los dos candidatos (Piñera y no sólo Guillier) apoyando el acceso sin costo. ¿Por qué tenemos la interrupción del embarazo en tres causales? Entre los conservadores de la derecha se llegó a decir que había unos en favor de la vida y otros de la muerte. Y de repente una idea que era nuestra hoy cuenta con apoyo mayoritario de la sociedad. ¿Por qué tenemos revolución energética en Chile, no se nos dijo acaso que las fuentes renovables eran para los países ricos porque ellos contaban con subsidios? Pamplinas: empezamos con 6% de generación eólica solar y tras 4 años quedamos en 20%. No estoy de acuerdo con que nuestras ideas sean fallidas; tenemos mucho que construir todavía y hemos hecho una tremenda contribución en el plano de las ideas y en la lectura del tipo de sociedad.

—Sin embargo, lo que campea hoy en su sector es la falta de propuestas, donde la vigencia está puesta en los reclamos frente al TC para marcar algunos puntos. ¿Ve realmente ideas, liderazgos?

—Ser de oposición significa fiscalizar, hacer contrapeso, debatir, cuestionar. Entonces que esta posición sea fiscalizadora me parece muy sano, deseable y propio de un sistema democrático.

—Usted dice que las ideas del feminismo pertenecen a la centro izquierda, sin embargo, en el Frente Amplio también trataron de arrogarse el derecho y las mismas líderes del movimiento lo rechazaron por considerarlo una actitud patriarcal.

—Hoy, más que apropiarse de esos movimientos hay que ser capaces de crear una concertación de actores, porque tenemos intereses, ideas comunes que compartir. Unico hombre entre seis hermanas, padre de cuatro hijas y con tres nietas mujeres —que lo deja a él y a uno de sus nietos como los únicos hombres del clan—, Máximo Pacheco sigue con interés la evolución del movimiento feminista.

“Me siento muy cómodo en esta sociedad, donde las mujeres están haciendo un esfuerzo serio para terminar con el patriarcado y la idea de que su rol es cuidar de los niños y de los viejos. Hay un nivel de abuso de poder inaceptable… Vi las fotos del directorio de Codelco ¡puros hombres! Qué vergüenza que la empresa número uno de Chile no cuente con mujeres en su directorio, cuando ellas componen la mitad del país”. Asegura que mientras estuvo en el gobierno pudo ver el maltrato que sufrió la Presidenta Michelle Bachelet.

“Siempre me pareció una expresión de esta sociedad, tan clasista, elitista, descalificadora y machista el trato que ella recibió. Me parecía repulsiva la forma en que se la trataba, no sólo en el campo de las ideas sino que en lo personal; los motes que le ponían nunca se han visto en el caso de los presidentes hombres. El Presidente Piñera se destacó por el maltrato permanente hacia ella. Tenemos que cuidar el lenguaje y mientras más alta es la responsabilidad que uno tenga, más cuidadoso hay que ser, porque estamos en proceso de mutación cultural”.

Y agrega: —Siento un profundo aprecio por la Presidenta Bachelet, en gran parte por su valentía, y no tengo ninguna duda de que vio deteriorada severamente su calidad de vida al aceptar volver a Chile para ser candidata presidencial. Por razones profesionales —y porque una de mis hijas vivía ahí—, debía viajar casi todos los meses a NY; conversaba mucho con líderes de opinión americanos e internacionales y constantemente me pedían que tratara de convencerla de que se quedara en EE.UU. porque ella iba a ser la próxima secretaria general de Naciones Unidas. Me lo dijo gente de primer nivel que sabía que conocía y hablaba con la Presidenta.

—Y a usted, de cara a una posible carrera presidencial, ¿no le juega en contra provenir de una elite? Hoy la gente quiere figuras nuevas, como Camila Vallejo, Gabriel Boric o Giorgio Jackson.

—La gente tiene todo el derecho, yo no estoy en ningún concurso en este momento, simplemente estoy intentando compartir mis experiencias, mis ideas y en eso me he sentido muy bien tratado y escuchado, principalmente por jóvenes en todo Chile. Francamente, no tengo el problema que señalas.