Marx los crió y el neoliberalismo los juntó. Así se podría resumir la historia de estos dos Conversos, como se autodenominan el abogado y ex mirista Mauricio Rojas, junto al escritor y otrora miembro de las Juventudes Comunistas, Roberto Ampuero.

Se conocieron en un seminario y nunca más dejaron de hablar, al punto que han publicado ya dos libros (Conversos y Diálogos de Conversos 2, ambos de editoral Sudamericana), donde explican su radical cambio de visión y por qué pasaron de apoyar la lucha armada a defender hoy —y a brazo partido— la candidatura de Sebastián Piñera y la ideología neoliberal. Eso a riesgo de ser catalogados de traidores.

“Es una carga muy fuerte que ya es parte de nuestro pasado —asume Mauricio Rojas—; cuando sales de estos grupos revolucionarios lo vives con una sensación de traición, de haber dejado algo muy respetado, a gente súper buena a sabiendas de que habían tomado un camino equivocado. Así viví durante una década, muy solo además, porque no pasas de una tribu a otra. Estamos hablando de gente que cree que tiene el paraíso al alcance de la mano y renunciar a eso es muy fuerte. Sientes que te devalúas como persona. Tienes que salir de esa secta y hacerlo es muy difícil. Yo viví con el estigma del desertor durante el exilio, del cobarde que dejó la lucha, porque yo estaba tan convencido que estuve a punto de irme a Cuba a entrenarme en las armas”.

Ampuero pasó por un proceso similar. “Viví en Alemania Oriental y en Cuba; y me daba cuenta de que la libertad que hubo en Chile antes del Golpe de Estado era infinitamente superior a la que tenían ellos; los alemanes de mi edad lo único que querían era cruzar el muro. Era deprimente, te iba sembrando algo en que decías: ¿quiero esto para Chile o no? No. ¿Y a un Pinochet? ¡No, tampoco!”.

A y R

Así fue como ambos llegaron a abrazar la corriente liberal como su tabla de salvación. “Para mí representa la defensa de la dignidad del ser humano. No es economía, tampoco mercado, sino una defensa intransigente del pequeño ser humano frente a las grandes propuestas que lo han aplastado”, afirma Rojas. Y agrega: “Cuando vienes de la experiencia marxista y la has vivido profundamente, sabes que en tu interior has albergado a un posible dictador y, que afortunadamente, te desviaste del camino. Así me fui acercando a lo que es la definición más tradicional del liberal, que tiene más que ver con una forma de ser, un respeto al ser humano y a la diversidad. Y eso para mí es esencial”. Ampuero continúa la idea: “Pienso que los liberales, en el sentido integral de la palabra, somos de por sí seres incómodos, sobre todo cuando se trata de ordenarlo todo bajo una etiqueta. Entonces, cuando a mí la izquierda más militante me intenta crear el concepto de que soy de derecha, lo desmiento tajante”. Y continúa más serio: “Quiero dejar una cosa muy clara: cuando fui parte del gobierno de Sebastián Piñera, yo entraba a las reuniones de gabinete como Roberto Ampuero, con toda mi historia, como independiente que condena a la dictadura de Pinochet y a las dictaduras de izquierda. En esa categoría llegué a su gobierno”.

Rojas y Ampuero eran dos lobos solitarios que, de pronto, empezaron a acompañarse y a darse cuenta que no eran los únicos. Tras sus dos publicaciones les pareció fascinante encontrar muchas personas como ellos, con las mismas desilusiones, caminos y ganas de hablar y escribir. “Tal vez los chilenos necesitamos dialogar más, hablar sobre nuestras ilusiones y decepciones; lo que significó para nosotros vagar por el mundo buscando una nueva verdad. Pero eso no ocurre mucho; se nota especialmente en el marco político de hoy: no somos capaces de dialogar”, sentencia el escritor conocido principalmente por sus novelas policiacas protagonizadas por el detective privado Cayetano Brulé.

PRUEBA DE ADN

Rojas y Ampouero juegan de memoria. Se pasan la pelota con elegancia. Es el turno de los temas valóricos y parte Rojas: “Yo no soy religioso, soy agnóstico y no tengo ningún problema con el matrimonio del mismo sexo. Es más, he vivido en otros países donde estos temas ya están superados y hoy son realidades. En la adopción de personas del mismo sexo y el aborto tengo visiones que obviamente a cualquier persona de derecha no le resultan cómodas. Desde ese punto de vista no pertenezco a ese ADN de derecha”.

El ex parlamentario por el Partido Popular Liberal sueco desde 2002 hasta noviembre de 2008, refuerza su posición: “Yo creo en la tolerancia, en los derechos de la minoría y creo que no hay que idealizar por completo el concepto de la mayoría, en el sentido de la democracia. Considero que es muy importante que en un país se le garantice el derecho de propiedad y el pluralismo. Le temo al Estado, porque siempre veo un deseo por ampliarse, por crecer, por empezar a ordenar a las personas cómo debe ser su vida… En ese sentido, mi transición fue larga. De ser un joven comunista a alguien que empieza a buscar una alternativa, y de pronto  donde se siente cómodo y donde se encuentra consigo mismo es en esta posición, liberalismo integral.

—Desde esa mirada liberal, ¿qué opinan del saliente gobierno de Bachelet? 

Ampuero responde: “El daño más importante es el que hace a las pequeñas libertades que son fundamentales para la gente común, que es tener un mayor ingreso, un mejor trabajo… Cuando dañas el desarrollo económico de un país, cuando precarizas el empleo, lo que estás haciendo es reducir la libertad real de muchísima gente. Ese es el gran impacto”. 

Continúa Rojas: “Lo más importante para salir de la pobreza no es que alguien te dé un bono, es la creación de trabajo y, cuando tú afectas eso, cuando dañas la inversión que mañana va a dar esos trabajos, le estás haciendo el peor favor a las personas más vulnerables, y se lo estás haciendo a su libertad, porque no va a poder elegir su barrio, cambiar su vivienda… Para mí lo más importante son las pequeñas libertades, que es salir a la calle sin sentirse amenazado, no viajar tres horas para llegar al trabajo. Eso es lo que a mí me interesa en el programa de Sebastián Piñera”.

—Admiran a Mario Vargas Llosa, ¿qué opinan de que haya calificado de ‘cavernaria’ a la derecha chilena por su posición en cuanto al aborto?

—Discrepar no es dejar de respetar y yo creo que él generalizó y fue poco considerado. Porque si una persona cree que el valor de la vida es súper importante, y que debe ser considerado como algo que hay que tener presente, ¿es eso no ser liberal o ser cavernario? Yo estoy sin ninguna duda por las tres causales de aborto, pero no dejo de respetar la otra posición, especialmente por una cosa: en muchos países europeos, la vida fue tratada como una especie de identidad manipulable, si era defectuoso, te podíamos eliminar. Sin embargo, en los países católicos nunca penetró esa idea. Tengo que ver esa historia, ¿por qué en ciertos países, sobre todo en los protestantes, se llegó a un tratamiento de la vida que fue el que vimos?  Son cosas que hay que considerar en esa discusión.

Ampuero toma la posta: “Yo admiro profundamente a Vargas Llosa como novelista, pero creo que en el caso de Chile su concepto de derecha carvenaria no permite hacer un análisis más fino de la realidad chilena. Además, es un concepto que se utilizó mucho por la izquierda más dura de Chile en la época de la Unidad Popular. Así como dentro de la izquierda hay izquierdas muy duras irreductibles, también en la derecha hay sectores que, por apego a sus dogmas, son igualmente irreductibles. Una sociedad democrática tiene que saber convivir con aquello. Lo que sí es importante para Chile es que la derecha como tal se atreva a soltar un poco sus ataduras y no le tema a la diversidad porque ahí hay  tolerancia y diálogo.

–¿Cómo ven el surgimiento del Frente Amplio?

Rojas: Cuando se renuncia a hacer política sobre aquello contra lo cual hay que revelarse se deja un tremendo espacio para que otro lo ocupe. Puede ser el populismo de derecha, el populismo de izquierda, el Frente Amplio, Donald Trump… son fenómenos muy parecidos. Pero tú dejas ahí un terreno que en el libro llamamos ‘perro suelto’, como sucede con estos animalitos callejeros que lo único que quieren es cariño y cuando alguien viene y se los da, lo siguen aunque esa persona tenga las ideas que tenga. Eso también sucede con el movimiento No + AFP; la gente no quiere llegar a viejo y ser pobre, y como nadie los escucha, dicen no más AFP.