No han sido fáciles para Matko Koljatic (68) estos primeros días a la cabeza de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA). Llegó con la misión de devolverle legitimidad al organismo y avanzar hacia una ley con menos vacíos, luego de que la fiscalía iniciara una investigación en contra de su ex presidente Luis Eugenio Díaz y los ex rectores de la Universidad del Mar y Pedro de Valdivia, por supuestos pagos de sobornos para conseguir la acreditación. Sin embargo, a la semana, la institución se vio envuelta en un nuevo bochorno: como no envió  al Ministerio de Educación la información de cinco carreras acreditadas en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (Umce), los jóvenes que acceden a la Beca Vocación de Profesor por poco no pudieron postular a esa casa de estudios, y él debió salir a dar explicaciones.
Ingeniero comercial y académico de la Facultad de Economía de la Universidad Católica, hay quienes se resistieron a su llegada no sólo por sus cargos en entidades universitarias y por haber sido miembro de la agencia acreditadora Acredita CI (del Colegio de Ingenieros), sino por manifestarse abiertamente en favor del lucro, lo que según algunos de los propios consejeros de la CNA, “condiciona y merma el ‘espíritu’ de la comisión”.
Para el Presidente Piñera, sin embargo, pesó su gran conocimiento y experiencia en este tema: más de cuatro décadas de trabajo en educación superior y una vasta trayectoria en acreditación, con muchos años como miembro del consejo de acreditación de AACSB, que ha entregado certificaciones en España, Portugal, Brasil, México, Argentina, EE.UU. y Chile. “Cuando estalló el escándalo y me llamaron, hablé con mi señora (Soledad Arcos, con quien lleva 41 años casado y tienen cuatro hijos), y Sole me dijo: ‘Tienes que hacerlo; es una responsabilidad ciudadana, ¡y aquí estoy embarcado!”, dice con su estilo muy directo que no es muy de andar cuidando la diplomacia.

SUS PARES DE LA CATÓLICA LO DESCRIBEN como un economista ultraliberal, muy preparado, frontal, que no le teme al terreno políticamente incorrecto. Fue vicerrector económico durante gran parte del período del rector Juan de Dios Vial Correa, y ya entonces se hizo conocido porque las formalidades no eran lo suyo: “Cuando tenía que quebrar huevos, era de los valientes”, recuerda alguien que le siguió la gestión en esa etapa.
Ahora los tiempos han cambiado. Pero la misión de  Koljatic no se presenta nada fácil. Mientras en el Congreso se tramita el proyecto de ley que propone un nuevo sistema de acreditación —que reemplazaría la CNA por una Agencia Nacional—, Koljatic asegura que en la comisión actuarán con la mayor rigurosidad, exigencia y transparencia con ellos y con las instituciones a evaluar. “La forma de avanzar en el camino de la anticorrupción es siendo transparentes, que todos nuestros documentos estén disponibles y nuestras decisiones a la vista”.
—¿Un perfeccionamiento a la ley basta para mejorar el sistema de acreditaciones? Se habla de un proyecto mal concebido en su origen.
—No. Hay áreas de la CNA que han funcionado estupendo como los posgrados; todo lo que es doctorado y magister. Oye, si aquí está involucrado lo mejor de la academia, la inteligencia de Chile. Entre sus 15 miembros hay doctores en física, en robótica, ex rectores, profesores de gestión, abogados. Somos capaces de trabajar con la ley actual y conseguir mejores resultados, centrarnos en temas más de fondo, si realmente estamos entregando una educación de calidad o no. Para eso decidimos visitar todas las universidades y sus sedes. Ahora si hay una mejor ley, ¡bienvenida!
—En concreto, ¿cómo la nueva normativa asegurará esta vez la calidad?
—El gobierno del organismo cambia. Ahora no serán las propias universidades del Cruch, privadas, centros de formación técnica, quienes nombren a los comisionados, sino que lo hará el Senado. Además, se termina la acreditación entre uno a siete años, y habrá certificación única por seis, con seguimiento de las instituciones y una nueva definición de estándares.
—¿Y para evitar el tráfico de influencias?
—Lo mejor para impedir fraudes e ilícitos son los canales de denuncias. Está la página web donde se puede mandar un mail al oficial encargado, quien deberá investigar y tomar las medidas correspondientes. La situación de Eugenio Díaz se dio a conocer justamente por un correo.
—El economista Alvaro Vial y socio de la agencia acreditadora A&C señaló que un ente superior estatal triplicaría la corrupción.
—Nada indica que la corrupción está asociada al hecho de que existan regulaciones. Con una agencia más empoderada, con mayor capacidad fiscalizadora, que desde un principio reglamenta la generación de autoridad, hay menos posibilidad de corrupción. En eso pienso muy distinto a Vial.
—Da la impresión de que una Agencia Nacional —al igual que las superintendencias— norman desde la teoría, pero no tienen atribuciones reales para intervenir.
—No creas. Hasta donde entiendo, esta nueva entidad podrá cerrar universidades. En general, las superintendencias tienen atribuciones muy fuertes; la de Educación acaba de terminar con 38 colegios por no cumplir con las normas básicas. Estas instituciones tienen un poder gigantesco. Cuando se corta la luz en tu barrio, multan fuerte a las compañías eléctricas. Es muy mala idea de que todo lo tengan que hacer los privados. Tenemos ejemplos exitosos de alianzas entre éstos y el Estado como las AFP o la construcción de viviendas sociales. En este país se habla poco de eso, pero hemos hecho un trabajo gigante. Si cuando yo era joven, la gente vivía en callampas; hoy están erradicadas.
—¿Qué pasará con las agencias acreditadoras? También demostraron fuertes conflictos de interés.
—La CNA ha multado a varias en casos de procedimientos incorrectos, no es que los tipos hagan lo que quieran, existe control. Por otro lado, aunque sean privadas, ¿quiénes son los dueños? En su mayoría son gremiales, de la Asociación de Facultades de Medicina, del Colegio de Arquitectos, de ingenieros. ¿Quién podría dudar del Colegio de Ingenieros? Estuve dos años en el área de administración y comercio de la agencia Acredita CI con ellos y trabajábamos muy responsablemente. De hecho, negamos la acreditación a la carrera de ingeniería comercial de una universidad bien conocida, porque tenía falencias. Otra agencia es de un ex rector de la Universidad de Chile, ¿quién puede dudar de ese tipo de personas por conflictos de interés?
—Eso no quita que los haya.
—Es inevitable que haya gente de las universidades en el sistema de acreditación. Ahora, si se da traspaso de información constituye delito, pero siempre te vas a encontrar con Alí Babá y los 40 ladrones.
—Usted es partidario de reducir el número de consejeros de la CNA de quince a siete.
—El gobierno está proponiendo cinco, pero me parece muy poco. Habrá que evaluarlo.
—¿Cómo pretende recuperar la confianza en los comisionados esta vez, cuando la mayoría hizo vista gorda a las malas prácticas de Luis Eugenio Díaz?
—De los 15 consejeros que hay actualmente en la CNA, a excepción del jefe de división de educación superior que es nombrado por el gobierno, el resto fue renovado el último año; algunos renunciaron y otros cumplieron sus plazos.
—¿Cómo explica que hasta hace unos días siguiera ejerciendo Adolfo Arata, brazo derecho de Díaz y hoy imputado por delito? ¿Usted no tenía atribuciones para sacarlo?
—Es cosa de ver la ley: presido la comisión y dirimo cuando en una votación se da empate. Las atribuciones gerenciales y la conducción del organismo recaen en la secretaria ejecutiva Paula Beale. El señor Arata terminó sus funciones hace dos semanas, y en su reemplazo tenemos al profesor de derecho de la UC José Miguel Ried.

—UN 36 POR CIENTO DE LAS UNIVERSIDADES NO CUMPLIRÍA con la nueva normativa, y ya Beyer anticipó que de ser así debieran cerrarse. ¿Comparte ese criterio?
—Esa no es decisión de la CNA. En esos casos deberán pasar a licenciamiento de nuevo, y ahí la comisión decidirá. Nosotros sólo podemos decir si tal o cual universidad entrega o no educación de calidad, ¡punto! No podemos ser juez y parte, ni que todas las instancias queden en nuestras manos.
—La OCDE aconsejó cerrar aquellas entidades que no contaran con acreditación, que serían los casos de la Universidad Bernardo O’Higgins y la Ucinf.
—¿Importa en algo lo que diga la OCDE? Los chilenos debemos tomar nuestras propias decisiones. Esta organización puede decir lo que quiera, pero créeme que muchas veces se equivoca; si no, mira lo que está pasando en el sistema educacional de Europa o Estados Unidos.
—¿Qué pasa con esos alumnos que estudian o postularon a una universidad no acreditada?
—Nada, salvo la señal al mercado que no cumple los requisitos para serlo. La resolución no es definitiva. En un plazo de cinco días pueden pedir reposición, les fundamentamos el rechazo, y luego la comisión tiene 30 días más para dirimir. Si es negativo, entiendo que pueden apelar al Consejo Nacional de Educación.
—Y con marzo encima, ¿qué escenarios les espera a los alumnos de la Universidad del Mar?
—No tengo nada que opinar, eso es materia del ministro de Educación. Sólo puedo decir que esa casa de estudios nunca debió ser autorizada para funcionar porque es un mal proyecto; su problema está en el inicio. Las personas que aparecían empujando este emprendimiento no tenían las características ni las capacidades para hacer una buena universidad, eran empresarios de otros sectores, que no sabían de esto y se metieron a hacer un negociado.
—Lo más insólito que la CNA que estaba para fiscalizar, se lo permitió.
—El negociado se lo permitimos todos los chilenos como país. En una segunda etapa se le dio autonomía cuando tenía tres mil alumnos, y en un plazo de pocos años pasó a tener 16 mil, con sedes en todo el país. ¿Quién permitió eso? ¡La ley pues! Las leyes fueron mal hechas, pero nadie quiere asumir la responsabilidad, y culpan a la CNA de haber funcionado mal.
—¿Acaso la normativa permitía que Díaz metiera las manos para enriquecerse?
—Hay que separar los hechos delictivos o ilícitos, toda esa cosa del señor Díaz de andar pidiendo plata por asesorías… Hay gente mala en el mundo, que hace cosas malas, lo que antes llamaban pecar, pero hoy es muy mal visto usar esa expresión. Por otra parte, la CNA, obedeciendo a la ley —y a diferencia de acreditaciones internacionales—, estaba mucho más preocupada de la forma que del fondo. Nuestra evaluación se centraba en los procedimientos, si tenía un plan de desarrollo, de su gestión, de temas triviales. El foco no estaba en la calidad, sino en el aseguramiento de ésta. Si lo que importa son los resultados: ¿están entregando educación de calidad?, ¿aprenden los alumnos cosas útiles para su vida profesional?, ¿cuáles son las tasas de deserción, de titulación? Hace poco rechazamos la acreditación a la carrera de ingeniería comercial de una universidad que en los últimos cinco años, ¡había dos titulados!

“TODOS SABÍAN LO QUE PASABA”, asegura Koljatic…
—¿Y por qué nadie hizo nada?
—Sé la respuesta, pero no voy a contestar.
—Se apunta a los intereses económicos de mucha gente, incluidos partidos políticos.
—No puedo decir nada de eso.
—¿Cuál es el daño macro que produjo este lucro desenfrenado?
—Terrible, se perdió la confianza, la credibilidad en el sistema, aunque el perjuicio peor es el económico. Mucha gente hizo esfuerzos notables para que sus hijos fueran a este tipo de instituciones, y los embaucaron y engañaron.
—¿Hay una generación perdida?
—No sé, no creo.
—Usted salió de la cuna del pensamiento liberal económico, de la UC, ¿hasta qué punto esta crisis le hace replantearse las debilidades del sistema?
—En Chile se ha instalado que el lucro es satánico, demoníaco; creo que los famosos movimientos estudiantiles están equivocados. El país demanda más inversión privada en Educación, y no veo por qué pueden iniciar proyectos a nivel básico, medio, en centros de formación técnica e institutos profesionales, y no en universidades. Insisto, se requiere más inversión, emprendimiento, innovación —no negociados—; de lo contrario, los países se estancan. Y para que funcione bien, no se necesita regulación, sino que la certificación de que lo que se está haciendo sea de calidad. No se trata de poner cortapisas o controles, lo que importa es que el resultado sea bueno.
—Su postura de que universidades puedan lucrar no se ajusta con la ley ni con su cargo en la CNA.
—Te aclaro: si una institución de educación superior tuviera fines de lucro, ¡haré cumplir la ley! Si descubrimos en el proceso de acreditación que existen entidades que persiguen utilidades y pagarle dividendos a los dueños, informaremos. Pero repito, lo que necesitamos es mayor emprendimiento. Pero bueno, el país decidió otra cosa, hay muchos con anteojeras mentales. Respetaré la normativa.

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