Martita Larraechea (69) hace rato que le viene tomando el gustito a una vida distante de la primera línea. Está dedicada a cultivar cuerpo, alma “y cabeza, mira que a estas alturas ¡pucha que es necesario!”. Practica Pilates, estudia inglés, resuelve puzzles, viaja con sus amigas… “Como presidenta del Instituto del Envejecimiento aconsejo hacer a esta edad lo que tienes pendiente. Yo leo, veo películas, me junto a almorzar, a comer, voy al cine. Fíjate que no he sentido ningún nido vacío, estoy profundamente feliz sola, ¡que no me oigan mis hijas!”, confiesa muerta de la risa sobre sus cuatro ‘niñitas’, que ya le han dado doce nietos.




Aunque siente un profundo alivio de que no sea su marido quien esté en La Moneda ni ella sea la Primera Dama —“me sentía responsable hasta que de alguien se cayera en la calle”—, sigue atenta al escenario político. Por su personalidad avasalladora, en los cables secretos de Estados Unidos (WikiLeaks) la tildaron de metiche e incontinente. A ella le resbala. Se ha enfrascado en polémicas —con Eugenio Tironi, Francisco Vidal, Soledad Alvear, entre otros—, pero no se arrepiente. “Ha sido sin mala intención”, asegura.




—Su marido dijo que con lo del Senado cierra un ciclo. ¿Se abre otro para ustedes, como matrimonio?

—Eduardo no se ha ido ni se irá de la política. Deja la senaturía, pero tiene bastantes planes en el extranjero para ser puente entre Chile y otros países. Me encanta la idea; al fin sales de la primera línea. Oye, si no es fácil… la gente se siente con el derecho de opinar sobre ti, como mujer del presidente o de senador, piensan que te gastas la plata de ellos; es muy incómodo. Están pendientes de dónde andas, qué haces. Por fortuna cuando Eduardo fue Presidente no estaban las redes sociales. Imagínate con cuatro niñitas solteras, que bailaban, fiestaban, pololeaban, ¡cómo habría sido!




martita-horizontal—¿Qué se viene ahora?
—No tengo un plan especial; seguir siendo feliz, hacer lo que quiero, el día que quiero, a la hora que quiero.
—En la presidencial 2010 usted dijo que si ganaba la derecha el país se iría al despeñadero.
—No sé por qué lo dije. Cuando salió Sebastián Piñera, la verdad, pensé que haría un súper buen gobierno, se estaban preparando bien, me tocó ver en municipios del sur a chiquillos enviados de Santiago a mojarse las patitas, a aprender; otros fueron a capacitarse al extranjero… Entonces, me imaginaba una excelencia muy grande, no comulgando con su forma de ver el mundo. Pero con el tiempo nos dimos cuenta de que no era tal. No tengo recuerdos que en este país hayan sacado a cuatro senadores en ejercicio, ¡por favor! No contaban con gente para tomar esas responsabilidades. Al poco tiempo los más jóvenes empezaron a retirarse, ¿no le gustó el pago o qué?




—¿Poca vocación de servicio público?
—Bueno, no es fácil. Las primeras veces que íbamos a Viña, a Cerro Castillo, para comprar las papas y verduras había que pedir tres presupuestos y mandarlos a Santiago, ¡te lo juro! Y un señor en su escritorio le daba el visto bueno.





—¿Con Piñera los más jóvenes no soportaron la burocracia?

—No había espíritu, porque si bien es todo lento, si tienes voluntad de servicio, aprendes, te machacas, como lo hicimos nosotros. Otra cosa es que tú no puedes llegar al gobierno y hacer como que Chile partió contigo, y lo anterior era malo. Chile lo hemos construido entre todos, desde muchos años atrás.





—¿Le reconoce algo bueno a este gobierno?

—Sí, el 7 por ciento de los jubilados. En Salud andamos más o menos nomás. La vacuna de la Influenza para adultos mayores la traje yo con Alex Figueroa. Me acuerdo que para que la gente se atreviera, ¡me vacuné como cuatro veces! El ministro Mañalich se comprometió conmigo a hacer un hospital geriátrico —‘Olvídate, de todas maneras’, aseguró en la puerta de mi casa—, ¡y nada!




“La gente se queja de que no tiene trabajo y el gobierno dice que las cifras andan bien; habrá que creerle. Pero el país ha avanzado, eso es importante”.




—¿Cree que al Presidente le pasó la cuenta el conflicto estudiantil?

—No sé fíjate, cada vez que hay una mala encuesta decían ‘¡ah no!, esto fue por los estudiantes; esta otra por el fútbol de Bielsa’, siempre tienen un por qué. Las marchas estudiantiles no van a retroceder, como dijo un muchacho el otro día, la única forma que tienen de conseguir cosas es mediante la presión. Y en democracia, está bien.




martita-vertical—No debe ser fácil para Cecilia Morel que su marido 24/7, con desgaste físico evidente, no consiga el cariño de la gente.

—No sé qué pensará, la encuentro una gran persona, súper centrada, inteligente, una tremenda compañera. A Piñera debe desilusionarlo esforzarse y que las cosas no resulten. Pero hay algo que se tiene o no: la cercanía.
(…)




—Muchos creían que de vuelta acá, Michelle Bachelet bajaría su popularidad.

—La mejor propaganda que le han hecho son las declaraciones de la derecha; hablan todo el día de ella, la ‘candidata socialista’. Será muy complicado para Píñera ponerle la banda. Como Mafalda, un harakiri al orgullo.




—Ella habló de cambio constitucional, matrimonio homo, reforma tributaria profunda, ¿cuál sería la prioridad?
—Constitución nueva, de todas maneras, antes que el binominal. La actual la vienen parchando año tras año. También subir los impuestos, una tendencia mundial; hay que ponerse porque tenemos una desigualdad muy fuerte.




—¿Matrimonio homosexual?

—Concuerdo con que se legalice por un asunto de derechos patrimoniales y herencias, pero no sé si matrimonio. Hay que partir step by step.




—¿Legalizar la marihuana?

—Por lo que me han explicado, deteriora, y es el primer paso a otras drogas…




—¿Nunca se ha fumado un pito?

—Nunca. La otra vez comenté que en mi época no había y Nelson Avila dijo que sí, que quizá no llegaba a Curicó. No tengo recuerdo. Sí fumé un cigarrillo desde los 12-13 años, a escondidas. Y no como postre porque me paraba antes para fumar en el baño. Lo dejé hace 18 años.




“Es curioso que Andrés Velasco dijera que él no iba a las presidenciales si se presentaba Bachelet y, de repente, cambió el discurso”, comenta entrando en arenas políticas, aunque se resiste a decir si Velasco le puede hacer más daño que MEO. “Como dijo Bachelet: ¡paso!” (ríe).





—Frente a ella, ¿quién es más competitivo: Golborne o Allamand?

—Allamand, tiene más carrete. Del otro candidato no tengo mayores antecedentes.