En el sofá, el regazo cubierto por un chal y las brasas a un costado, María Angélica Pérez Zujovic Yoma recuerda a su padre. La calidez del entorno, las flores puestas con gracia en cada rincón contrastan con la crudeza del relato, con el dolor que brota al describir la muerte de Edmundo Pérez Zujovic, en pleno gobierno de la Unidad Popular.

“El martes 8 de junio de 1971 estaba nublado —recuerda en su libro La gran testigo—. Faltaba un cuarto para las 11 de la mañana cuando nos subimos al Mercedes que él tenía hacía diez años. Tomamos desde La Brabanzón, donde vivíamos, y enfilamos hacia Lota con Hernando de Aguirre. Cuando íbamos por esta calle, al llegar a Carlos Antúnez, vi que un auto rojo se acercaba cada vez más. Nos estaban siguiendo. Eran tres jóvenes con la tensión reflejada en sus caras. Hacía unos días que mi papá estaba al tanto de un plan para asesinarlo. Miré en panorámica: había gente en la calle, unas diez personas, un colegio de niños, autos que circulaban. No, no se atreverían a actuar. El auto que nos seguía se puso por el lado izquierdo. El copiloto se asomó por la ventanilla y observó a mi papá detenidamente, como para confirmar que era él. Ahí él decidió detenerse, a ver si lo adelantaban, pero el auto se cruzó por delante y nos bloqueó el paso. Estábamos atrapados”.

Lo que ocurrió luego, Marisi no lo olvidará nunca. Las imágenes vuelven en cámara lenta. “Dos de los hombres se bajaron rápido mientras un tercero quedó al volante. Uno se acercó con una metralleta y a culatazos rompió la ventanilla. Mi papá intentó avanzar. A menos de medio metro de distancia el asesino comenzó a disparar mientras con la cara contraída de odio gritó: ¡Muere, perro desgraciado!”.

Marisi tenía 23 años, su padre 59. A partir de ese día algo se trizó en su interior y la convirtieron en La gran testigo. “Nunca se hizo justicia”, dice en voz baja. Sin embargo, en su libro reconoce que no titubeó cuando tuvo que reconocer al asesino: “Tenía demasiado grabada en mi mente su cara. Al revisar las fotos que había seleccionado, uno de los detectives me dijo: ‘Todas estas son fotos de la misma persona, en distintas situaciones y con aspectos diferentes’. Ahí supe su nombre: Ronald Rivera Calderón, alias el Campillay, uno de los fundadores de la VOP. Nunca he olvidado su mirada de odio”.

Wp-marisi-450-3

En otro pasaje del libro, admite que la investigación era complicada para Allende: “Antes, en una de las primeras actividades que realizó al asumir, entre una lista de más de 40 extremistas que había indultado, estaba uno de los asesinos. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo evitar que los testigos que presenciaron los hechos reconocieran a estos sujetos? ¿Cómo impedir que los pocos diarios que no estaban bajo el control de la UP publicaran lo que estaban descubriendo? El país exigía explicaciones. Los asesinos estaban prófugos y había que encontrarlos… Alguien quería que no hablaran”.

Y luego, en otras páginas, asegura: “Hasta hoy siento que no se ha esclarecido la muerte de mi padre y que no deja de ser extraño, sintomático, que sus asesinos hayan sido muertos en extrañas circunstacias justamente por miembros del Servicio de Investigaciones del cual el partido (DC) declaraba su total desconfianza”.

La familia no volvió a ser la misma. Los nueve hermanos recibieron un feroz golpe. Pero Marisi, la mayor de las hijas y segunda de los nueve hermanos, no se echó a morir. Ya se había graduado de periodista en la U. de Chile y, como aún no pretendía casarse, viajó por el mundo. El 11 de septiembre de 1973 estudiaba en Georgetown, Washington, y reconoce que lamentó no haber estado en Chile para celebrar con champaña el abrupto fin de la UP. “Hay muchos que no vivieron en esos tiempos y no saben lo horrible que fue, el odio que había. No apoyé nunca las desapariciones, las torturas, las consideraba un exceso, pero por supuesto que estaba mucho más contenta con los militares”, dice.

Wp-marisi-450-2

Para ella su libro representa el esfuerzo por mantener viva la memoria. “Lo hice por el papá, porque estaban sacando su imagen de la historia. Se ha intentado borrar el pasado”, asegura. Y ejemplifica: “Cuando él era ministro del Interior de Eduardo Frei Montalva varias veces fui a La Moneda. Había un lugar llamado la Galería de los Presidentes, con fotos de todos los mandatarios. Años después volví cuando mi hermano Edmundo —entonces ministro de Defensa de Eduardo Frei Ruiz Tagle, y posteriormente de Interior con Michelle Bachelet— me invitó a un desayuno; me encontré con fotos de Allende por todas partes: en la pieza donde se suicidó, una estatua más allá, imágenes suyas por doquier”.

—Y llegó a convencerse de que todo esto se debe a un plan mayor de lavado de imagen…
—¡Obvio! Dirigido por el Partido Socialista y Comunista, son expertos… Han querido borrar de la Historia el asesinato de mi padre, que fue la mayor muestra de la odiosidad de aquella época, para dejar al Golpe —que a mi juicio era necesario, pero no los asesinatos y torturas— como algo aislado, sin motivación de fondo, y a Allende como víctima.

Por eso se indigna cuando, 40 años más tarde, la mayoría de los reportajes en TV se hagan a partir del 11 y no de los hechos que lo desencadenaron. “Si me encontrara con Benjamín Vicuña —conductor de Chile: Las Imágenes prohibidas de CHV— lo primero que haría sería increparlo: ¿Cómo se le ocurre partir la serie con 1973?”.
—Seguramente la decisión no fue suya.
—Entonces que no haga el programa porque es una falta de respeto y de responsabilidad.

Según Marisi, la historia tiene su punto de partida en plena reforma agraria, con Eduardo Frei Montalva en La Moneda y la agitación popular abriéndose paso con cientos de tomas ilegales. “Estaban todos alzados; sin embargo, Frei tenía en Interior a Bernardo Leighton que era un santo, pero no hacía nada —asegura durante la entrevista—. Cuántas veces tuvieron que pedirle a Frei que sacara a Jacques Chonchol, entonces vicepresidente de Indap, reconocido comunista, que propiciaba una revolución agraria rápida, drástica y masiva, que estaba dejando la escoba. Las cosas llegaron a tal punto que finalmente mi papá y Juan de Dios Carmona, ministro de Defensa, le dijeron: ‘O usted lo echa o nos vamos nosotros’. Para la renuncia de Leighton, quien se fue a Europa argumentando agotamiento extremo, Frei le pidió a mi papá que dejara el ministerio de Economía —donde llevaba sólo 5 meses— y asumiera como jefe de Gabinete; ahí tuvo la misión de poner orden; llegó justo en los momentos más complejos, con conflictos sociales, paros, tomas urbanas y rurales, con la guerrilla del MIR y otros grupos. Ahí se ganó el apelativo de El duro”.

Corría 1968, un año después de la muerte del Che, con la influencia de la revolución cubana expandiéndose por Latinoamérica. “Era difícil sustraerse de un ambiente donde lo políticamente correcto era ser revolucionario, luchar contra el imperialismo norteamericano y los pulpos capitalistas —dice en su libro—. La izquierda endurecía posturas, el socialismo se declaró partidario de la vía armada para alcanzar el poder, una parte de la juventud DC se radicalizó mientras que en el partido se encontraban en un punto crítico, porque algunos rebeldes consideraban que su propio gobierno estaba frenando la revolución. El MIR se jactaba de sus asaltos a bancos y de las bombas en edificios públicos. Una nueva organización extremista comenzó a actuar sin escrúpulos: la Vanguardia Organizada del Pueblo, VOP. Ellos mataron al papá”.

Cuando Frei salió del poder y asumió Salvador Allende por estrechísimo margen frente a Arturo Alessandri —triunfo que debió definir el Congreso Pleno—, Edmundo Pérez Zujovic era visto por algunos como un obstáculo para profundizar el socialismo. Marisi cuenta que lo apreciaban en los circuitos de derecha y el propio Alessandri le había ofrecido deponer su candidatura y apoyarlo si es que él se presentaba por la DC. “Pero mi papá también tenía muy claro que su partido jamás le daría la pasada; a muchos ahí dentro no les gustaba que dijera siempre lo que pensaba. Obvio que había un montón de gente que lo apoyaba, pero también muchos DC lo odiaban”, cuenta.

Cuando el ’70 Allende obtuvo una relativa mayoría frente a Alessandri, Pérez Zujovic propuso que la DC gobernara con la UP, como una estrategia para cautelar el sistema democrático. “Lo reté: ¡Cómo se le ocurre gobernar con esos comunistas, papá! Me dijo que era mucho más seguro que dejarlos solos y que a cambio del apoyo exigía que el partido se quedara con cinco ministerios. Por eso los comunistas lo odiaban: era un peligro que pudiera convencer a Allende porque eso le bajaba el nivel a la revolución”.
Wp-marisi-193

En los días previos a su muerte, dedicado a sus negocios y fuera de los cargos y del poder, Pérez Zujovic planeaba recomenzar su vida. “Quería disfrutar de su familia, tenía muchos proyectos”.

—¿Cómo sobrellevó su muerte considerando que, como usted acusa, tampoco se hizo justicia?
—A diferencia de otros atentados a los DD.HH. yo sabía quiénes eran los culpables y, también, que nunca se llegaría a ellos porque estaban al más alto nivel. En mi libro cuento que existe una grabación que deja claro que se trató de una conspiración urdida desde la propia Moneda. Mi papá supo a través de un embajador que planeaban matarlo; éste incluso lo ayudó para que se reuniera con el informante que lo alertó, y quien estaba al tanto del contenido preciso de esta conversación y de quiénes participaron. Ese testimonio el papá lo grabó. Luego le comunicó del contenido a algunos cercanos, como Pepe Musalem, Juan de Dios Carmona y Andrés Zaldívar, y dejó la cinta en una notaría, por si le pasaba algo…

—¿Qué pasó con el audio?
—Mi hermano Edmundo dice que no recuerda dónde está…

Y a continuación agrega que cuando se cumplieron los 40 años de la muerte (el 8 de junio de 2011) sólo ella se preocupó de llamar a los medios de comunicación. “He sido la única de los nueve hermanos que ha hablado públicamente del asesinato y quizás eso les ha molestado”.

—Tal vez pensaron que estar con su padre al momento del asesinato la afectó mucho.
—Un siquiatra una vez me dijo: ¡Qué bueno que te bloqueaste porque o si no te habrías vuelto loca! Yo vi todo, luego identifiqué a los asesinos con total tranquilidad. Nunca me desequilibré.

—Volviendo a los 40 años del ’73, ¿qué le parecen el perdón de algunas figuras de derecha, como el senador Hernán Larraín?
—¿Y a él quién se lo solicitó?

—¿No encuentra necesario el gesto considerando que ellos callaron frente a los atropellos a los DD.HH.? El Presidente Piñera dijo, hubo “cómplices pasivos”.
—Pero alguien tenía que gobernar, la gente que trabajó con Pinochet eran profesionales de alta estima, graduados en el extranjero… lo hicieron muy bien. Lo que realizó Pinochet en lo económico continúa hasta hoy. ¿Por qué están pidiendo perdón?

Wp-marisi-450

—¿No es un paso necesario para la reconciliación?
—Aquí los únicos que deberían pedir perdón al país son los que participaron de la UP.