Escribir y denunciar es la manera de Mario Waissbluth (68) para hacer catarsis, cuando la rabia y la pasión se apoderan de él. Tal como en 2008 —cuando hastiado por la mala calidad de la enseñanza— publicó su primera columna incendiaria sobre el estado de la educación en Chile, que derivó en un masivo apoyo estudiantil y en la posterior creación de la fundación Educación 2020. Luego vino su libro Tejado de vidrio, ‘detonado’ por los casos Caval, Penta y Soquimich donde el ingeniero civil y profesor de la Universidad de Chile habla de la deshonestidad generalizada de nuestra sociedad y, de paso, propone medidas para recuperar la confianza. El lanzamiento fue en septiembre del año pasado, el mismo mes en que le reapareció el cáncer por cuarta vez. “Tengo una correlación comprobada médicamente entre el estrés crónico y la reaparición del cáncer, entonces los doctores me dijeron: ‘o te divorcias del estrés o no sacamos nada con tratarte’”.

Esta vez Waissbluth se lo tomó en serio; renunció a la presidencia de 2020 (aunque sigue siendo parte del directorio), se retiró de todos los proyectos de la universidad que le exigieran responsabilidad y se “autosuicidó” de Twitter. Solo se mantuvo en un par de directorios de empresas, comenzó a practicar yoga, meditación, aunque siguió con su Facebook abierto, desde donde despotrica  y denuncia las irregularidades que observa. Y no se va con chicas; inicia verdaderas campañas para presionar y generar cambios, como la de intervenir el Sename, destituir a la ministra Javiera Blanco o poner fin al cuoteo político, entre otras. Se ha ido apasionando en el camino, al punto que —reconoce— recayó en el estrés con el tema de la infancia. “Como el 99% de los chilenos no lo tenía en mi radar. Y cuando, a raíz de la denuncia de René Saffirio, empecé a ver lo que pasaba dentro del Sename, ¡quedé en shock! Los ocho años que estuve en Educación, actué impulsado por la rabia de que los jóvenes salieran de cuarto medio sin entender lo que leen, pero ver niños violados, muertos, además de otros miles que viven un infierno en la tierra, ahí la cosa es de otro nivel”.

Para Waissbluth, la política pública que debiera priorizarse es la destinada a evitar que se sigan abusando, torturando y muriendo los menores en el Sename. “Es lo urgente en materia de derechos humanos. En el largo plazo, si tenemos un desafío para el futuro, son nuestros niños, en este país donde la violencia intrafamiliar es de 75%; y de ese porcentaje, un 25% sufre violencia física grave o abuso sexual, ¡hablamos de un millón de niños! No es coincidencia entonces que un 28% de ellos tenga alguna patología siquiátrica severa… El alma de Chile está enferma y nuestro futuro amenazado si no respetamos sus derechos ni los educamos para que entiendan lo que leen”.

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—¿Por qué el Estado no fue capaz de detectar lo que ocurría en el Sename?

—Porque esos niños no marchan ni votan, y sus madres están tan jodidas, que tampoco. O sea, no tienen fuerza política y el país funciona con votos. Estamos reeditando el tango Cambalache, el que no chilla no mama; y el que no afana, ¡es gil! Además, no hay stock de profesionales ni presupuesto suficiente en las instituciones que debieran hacerse cargo, y tampoco nadie quiere hacer un estudio serio; es peligroso. Entonces el gobierno se las saca con que mandará un proyecto de ley, ¡¿de dónde?!, ¿con qué plata? Se le baja el tono porque no tiene importancia política; por lo mismo, se lo reparten entre los partidos y cuotean entre operadores rascas, más preocupados de campañas parlamentarias, que de los niños.

—¿Con esta misma lógica se nombró como directora a Solange Huerta?

—No la conozco, y hasta ahora lo único que hemos visto de la ministra Blanco es una actitud reactiva, ¿qué planes tiene para la infancia? Lo que sí me gustó de Solange Huerta, es que dijo que ojalá el próximo director sea seleccionado por la Alta Dirección Pública (ADP). Todo el personal debiera escogerse por concurso y no por cuoteo, que es generalizado en el Estado. Con la diferencia que el cuoteo en el SII se traduce en un mal servicio, pero en el Sename termina, ¡con la muerte de niños! Lo mejor de Bachelet en su primer gobierno fue crear el programa Chile Crece Contigo; sin embargo, sólo se quedó en el concepto por falta de recursos y profesionales. Y quien era la presidenta de los niños, ahora decide dar tres mil millones de dólares para gratuidad universitaria en desmedro de éstos, ¡un despropósito monumental!

—Ustedes como Educación 2020 asesoraron al gobierno en esa reforma.

—Trabajamos años en preparar una propuesta, en que contemplamos la gratuidad para el 60 por ciento más vulnerable. La gente no está consciente de que este porcentaje estudia carreras que cuestan uno a dos millones anuales; el 40% faltante cursa las que valen 4 a 5 millones anuales, o sea el costo se dispara al cielo. Cuando le entregamos el proyecto a la Presidenta en el comando, nos agradeció y juntos dimos una conferencia donde dijo que no le daría gratuidad a un hijo de ella. Pasaron las semanas cuando veo una gigantografía suya diciendo: educación pública gratuita y de calidad para todos, ¡me paralicé! Es una promesa incumplible.

—¿Qué pasó ahí?

—No tengo una explicación. La Presidenta está poseída por un ataque de insensatez.  Es una obsesión de ella, su caballo de batalla, que impide recursos a otras cosas. Por qué se empeña en comprometer por ley la gratuidad, sin saber si contará con  los recursos y ensartando a otros gobiernos. El daño político es que deja las expectativas instaladas en las hordas estudiantiles por los próximos 20 años. Entonces, si se aprueba ese pedazo insensato de la ley, la presión política por la gratuidad universitaria se perpetuará en desemedro de los niños de Chile forever and ever.

—Se le ve afectado.

—Me frustra, enrabia, confunde. Lo único que te digo que esto en la Cámara de Diputados será una carnicería, los próximos seis meses serán de puñales, cuchillos y dagas. Lástima que se gobierna para la galería. Con el avance de la democracia los partidos tradicionales están corruptos…

—¿De echarse plata al bolsillo?

—El objetivo central de las cúpulas es autoperpetuarse en el poder y para eso recurren a cualquier posición demagógica y así dejar contento a algún grupo de presión. El Senado acaba de aprobar que no hay límite para las pensiones de los funcionarios de Gendarmería, ¡explícame eso! ¿Por qué no se desarrolla el ferrocarril en Chile ni se le sube el impuesto al diésel, que es equitativo y podría recaudar un montón de plata?, ¡para que los camioneros no se tomen las carreteras! ¡¿Cómo es posible que no haya al menos un tren de carga en un país de 4 mil kilómetros de largo?!

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“Chile se jodió el 2005, con la reforma constitucional de Ricardo Lagos que acortó el período presidencial a cuatro años y con una elección municipal al medio, que fue suscrito por parlamentarios entre cuatro paredes. Habrán dicho: ‘¿Cómo nos repartimos el poder más rápido?, ¡acortemos el período presidencial’. Y al acortarlo, esto se convirtió en una carrera enloquecida de los políticos por buscar medidas populistas, armar sus redes para la próxima campaña y agarrarse de la teta. Si revisas los índices de confianza interpersonal, productividad de factores, índice de competitividad, todos empiezan a caer a partir del 2005”. 

—Dijo que los únicos que podían cambiar el sistema político eran la Presidenta y Nicolás Eyzaguirre.

—Se farrearon esa oportunidad. El rol de Eyzaguirre ha sido triste. Las leyes se terminan de arreglar en la oficina de ambos. Cuando el senador Quintana acuñó el termino retroexcavadora, le puso nombre a una opereta cuya autora es Michelle Bachelet: ella llegó montada en ella, así me lo dijeron altos funcionarios del gobierno. El primer proyecto sobre la ley de inclusión que mandaron al Congreso era delirante.  Aún recuerdo una reunión que tuve en La Moneda con la jefa de prensa Paula Walker, a quien le advertí lo que desataría el fin al lucro; que se armaría una Confepa y le incendiarían el país, ¡eran tres millones y medio de apoderados! Me dijo que lo que yo no entendía era que Bachelet tenía 18 meses para transformar este país en todo, porque después venían las municipales y se acaba el gobierno. Por eso la improvisación de  las reformas; un apuro desquiciado y desprolijo que ha causado mucho daño. 

—Dijo estar arrepentido de haber votado por la Presidenta.

—Sí, desde ese día me convertí en un enemigo del Estado. Soy un caballero retirado que escribe y le importa un carajo que se enojen conmigo. Cuando los parlamentarios —en medio de la Comisión Engel— se juntaron y aprobaron en 24 horas rebajar de cinco a dos años la prescripción a los delitos de financiamiento electoral,  sentí que debía dar un cornete fuerte para que se escuche, porque más que propuestas, lo único que repercute son los insultos, ya que estamos en un período de revolcarnos en la mierda. Y escribí en mi Facebook: ¡¿Qué se han creído estos hueones frescos de raja?!  

—¿Ve salida a esta crisis política?

—Reenrielar  Chile en su sistema político, inequidad e infancia, requiere de un pacto nacional a 20 años. Partiría por cambiar el régimen de gobierno, y pondría en discusión si seguir con uno presidencial o uno semiparlamentario. Si es presidencial, volver a los seis años, aunque prefiero el semipresidencial: con presidente y un primer ministro, y con Parlamento unicameral. De aprobarse esa reforma constitucional, se pone en renuncia al Congreso y llamaría a elecciones generales. 

—¿Y habría agua en la piscina?

—No es loco jugársela por una reforma constitucional, pero si seguimos con la actual generación de caciques políticos, esto no tendrá remedio. 

—Los presidenciables mejores posicionados son Piñera y Ricardo Lagos.

—No quiero a Piñera de vuelta, no por ideología, sino porque ha vivido al borde de la ética. Lo último que necesita Chile —vapuleado por los temas éticos— es un presidente que juega al límite. 

—¿Y Lagos?

—No quiero entrar en nada que tenga olor a inclinación por alguna candidatura. Tengo claro eso sí que si la Presidenta hubiera abordado las reformas a un ritmo sensato, aclarándole al país que esto demorará 15, 20 años, hubiera asegurado la reelección de su coalición y pasado a la historia como la mandataria que enrieló a Chile hacia la social democracia. Pero se lo farreó, desmoronando, de paso, a su propia coalición. La hizo pedazos políticamente, dejándola sin credibilidad y atomizada.